Mazda CX-7

Discreto en cuanto su aspecto visual el CX-7 presenta una configuración mecánica que le permite conjugar las cualidades dinámicas de un deportivo con la practicidad y polivalencia de un SUV.
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Mazda CX-7
Mazda CX-7

Si circulamos a cruceros prudentes, a velocidades legales, el CX-7 mantiene las formas y nos ofrece unas cifras de consumo relativamente moderadas, que son lógicas con relación a su potencia y tamaño, a pesar de lo cual, nos moveremos en el entorno de los 11 litros.

Si en nuestros desplazamientos predominan los recorridos urbanos la cifra sube y se mantendrá entre los 13 y 14 litros. El tema se complica si practicamos una conducción más exigente. Al límite, no es extraño que la cosa se dispare hasta los 18 litros cada 100 km y en una conducción decidida por carretera nos podemos mover entre los 14 y los 15 litros por cada 100 km. En resumen, no es ninguna “bicoca”, pero es el “peaje” que debemos pagar por disfrutar de unas prestaciones de un deportivo compacto, en una carrocería de 4,7 metros y casi dos toneladas de peso.

Con suspensión independiente delante y detrás, unos tarados de amortiguación suaves y bien asentado sobre los neumáticos de 235 de sección en perfil 60, montados en llantas de 18 pulgadas, las sensaciones al volante que transmite el CX-7 son extraordinarias. Por un lado, la geometría se encarga de mantener la rueda en contacto con el asfalto con unos ángulos favorables, los 2,75 m de batalla proporcionan el aplomo necesario en recta y curvas rápidas y el perfil 60, que también ayuda a que las reacciones al límite se produzcan de manera muy progresiva.

Los resultados se ajustan como un guante a ese planteamiento teórico y, tanto en lo que se refiere a eficacia, como en lo relativo a facilidad de conducción, el CX-7 es una delicia. Nunca nos mete en líos. Y para ello no recurre a un tren delantero torpe o a un subviraje acusado.

Su actitud es muy neutra y el tren trasero también pone su granito de arena a la hora de facilitar la agilidad en terrenos virados. Cualquier problema con él es solucionado por un ESP que sorprendentemente no resulta nada intrusivo, lo que dice mucho en favor del chasis en un modelo de este tamaño y peso. Es cierto que los neumáticos mixtos también se encargan de dulcificar las reacciones ya que no ofrecen una adherencia demasiado elevada en asfalto, con lo que el coche “avisa” con suficiente antelación de que nos vamos acercando al límite. Esa falta de adherencia, con relación a unas gomas puras de asfalto no tiene demasiados efectos negativos y, sin ser excepcional, ofrece unas buenas distancias de detención, que en la mejor medición se ha quedado por debajo de los 75 m —a 140 km/h—. La resistencia es correcta y en nuestro recorrido el pedal ha mantenido la altura adecuada, incluso en condiciones bastante duras de trabajo. A este respecto hemos de alabar también el grado de asistencia disponible que, sin obligarnos a hacer un esfuerzo excesivo sobre el pedal, permite una capacidad de dosificación notable, lo que se agradece en conducción rápida.

Si exteriormente el Mazda destaca por una imagen particular no exenta de atractivo, en el interior llama la atención una cierta simplicidad en el diseño, que al final, se agradece. Para camuflar la notable superficie de plástico entre el volante y la base del parabrisas, el salpicadero muestra un diseño que lo divide en tres partes y que resta pesadez visual al conjunto. Los mandos de la climatización y del equipo de sonido están generosamente dimensionados y son muy intuitivos, con lo que su accionamiento no plantea problemas. Además, el volante multifunción, con los interruptores principales de la radio y del control de crucero nos sitúa aún más a mano esas funciones.

La calidad percibida es buena y el refinamiento está acentuado por la tapicería de cuero incluida en la dotación de serie. Esta no merece ningún reproche salvo por la falta de opciones, como podría ser por ejemplo la posibilidad de disponer de navegador integrado en la instrumentación.

El habitáculo es correcto. Un tanto justo de anchura para las plazas traseras, con relación al tamaño exterior, pero muy holgado en la cota longitudinal. En definitiva un conjunto muy homogéneo y con un precio que, para lo que ofrece, se nos antoja sumamente competitivo.

LO MEJOR
LO PEOR

– Refinamiento general
– Prestaciones excelentes
– Comportamiento eficaz

– Consumos elevados
– Respuesta a bajo régimen
– Rueda de emergencia

Si circulamos a cruceros prudentes, a velocidades legales, el CX-7 mantiene las formas y nos ofrece unas cifras de consumo relativamente moderadas, que son lógicas con relación a su potencia y tamaño, a pesar de lo cual, nos moveremos en el entorno de los 11 litros.

Si en nuestros desplazamientos predominan los recorridos urbanos la cifra sube y se mantendrá entre los 13 y 14 litros. El tema se complica si practicamos una conducción más exigente. Al límite, no es extraño que la cosa se dispare hasta los 18 litros cada 100 km y en una conducción decidida por carretera nos podemos mover entre los 14 y los 15 litros por cada 100 km. En resumen, no es ninguna “bicoca”, pero es el “peaje” que debemos pagar por disfrutar de unas prestaciones de un deportivo compacto, en una carrocería de 4,7 metros y casi dos toneladas de peso.

Con suspensión independiente delante y detrás, unos tarados de amortiguación suaves y bien asentado sobre los neumáticos de 235 de sección en perfil 60, montados en llantas de 18 pulgadas, las sensaciones al volante que transmite el CX-7 son extraordinarias. Por un lado, la geometría se encarga de mantener la rueda en contacto con el asfalto con unos ángulos favorables, los 2,75 m de batalla proporcionan el aplomo necesario en recta y curvas rápidas y el perfil 60, que también ayuda a que las reacciones al límite se produzcan de manera muy progresiva.

Los resultados se ajustan como un guante a ese planteamiento teórico y, tanto en lo que se refiere a eficacia, como en lo relativo a facilidad de conducción, el CX-7 es una delicia. Nunca nos mete en líos. Y para ello no recurre a un tren delantero torpe o a un subviraje acusado.

Su actitud es muy neutra y el tren trasero también pone su granito de arena a la hora de facilitar la agilidad en terrenos virados. Cualquier problema con él es solucionado por un ESP que sorprendentemente no resulta nada intrusivo, lo que dice mucho en favor del chasis en un modelo de este tamaño y peso. Es cierto que los neumáticos mixtos también se encargan de dulcificar las reacciones ya que no ofrecen una adherencia demasiado elevada en asfalto, con lo que el coche “avisa” con suficiente antelación de que nos vamos acercando al límite. Esa falta de adherencia, con relación a unas gomas puras de asfalto no tiene demasiados efectos negativos y, sin ser excepcional, ofrece unas buenas distancias de detención, que en la mejor medición se ha quedado por debajo de los 75 m —a 140 km/h—. La resistencia es correcta y en nuestro recorrido el pedal ha mantenido la altura adecuada, incluso en condiciones bastante duras de trabajo. A este respecto hemos de alabar también el grado de asistencia disponible que, sin obligarnos a hacer un esfuerzo excesivo sobre el pedal, permite una capacidad de dosificación notable, lo que se agradece en conducción rápida.

Si exteriormente el Mazda destaca por una imagen particular no exenta de atractivo, en el interior llama la atención una cierta simplicidad en el diseño, que al final, se agradece. Para camuflar la notable superficie de plástico entre el volante y la base del parabrisas, el salpicadero muestra un diseño que lo divide en tres partes y que resta pesadez visual al conjunto. Los mandos de la climatización y del equipo de sonido están generosamente dimensionados y son muy intuitivos, con lo que su accionamiento no plantea problemas. Además, el volante multifunción, con los interruptores principales de la radio y del control de crucero nos sitúa aún más a mano esas funciones.

La calidad percibida es buena y el refinamiento está acentuado por la tapicería de cuero incluida en la dotación de serie. Esta no merece ningún reproche salvo por la falta de opciones, como podría ser por ejemplo la posibilidad de disponer de navegador integrado en la instrumentación.

El habitáculo es correcto. Un tanto justo de anchura para las plazas traseras, con relación al tamaño exterior, pero muy holgado en la cota longitudinal. En definitiva un conjunto muy homogéneo y con un precio que, para lo que ofrece, se nos antoja sumamente competitivo.

LO MEJOR
LO PEOR

– Refinamiento general
– Prestaciones excelentes
– Comportamiento eficaz

– Consumos elevados
– Respuesta a bajo régimen
– Rueda de emergencia

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