Mazda2 1.3 86 CV

Si no fuera por el nombre, y que también comparte bastidor con el futuro Ford Fiesta, podríamos decir que el nuevo Mazda 2 es otro coche; ha dejado de lado el concepto monovolumen para ser más emocional, atractivo, estable y... pequeño. Con el motor 1.3 de 86 CV se mueve bien y muestra algo más que carácter ciudadano.
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Mazda2 1.3 86 CV
Mazda2 1.3 86 CV

Con este motor, sólo hay un acabado disponible, denominado Active+, aunque se puede complementar con dos packs de equipamiento que conviene analizar bien. De serie cuenta con elementos tan interesantes como el climatizador automático, los airbag de cortina y laterales, un cargador de 6 CD's, el ordenador, anclajes Isofix, los elevalunas traseros eléctricos o 6 altavoces. En opción quedan las llantas de aleación de 16 pulgadas, los faros antiniebla y el volante y pomo en piel, agrupados en un pack denominado Premium, por 920 euros, y el control de estabilidad y tracción DSC, más la tapicería deportiva -como la que lleva nuestra unidad en las imágenes- en otro pack llamado Premium II -830 euros-, que sólo se puede pedir conjuntamente con el primero.

El problema es que para optar por el control de estabilidad, hay que pagar la friolera de 1.750 euros. De acuerdo, tenemos a cambio mucho más equipamiento, pero... ¿y si sólo se quiere el control de estabilidad o los faros de niebla?

El nuevo Mazda 2 con este motor de 86 CV cuesta 13.750 euros. Con el equipamiento completo, su precio asciende hasta los 15.500 euros. Llegado a ese punto, compensa pagar 490 euros más y acceder a este mismo coche pero con el motor 1.5 de 103 CV y su único acabado, el tope de gama Sportive, que incluye en su precio toda la dotación opcional antes mencionada, más un kit deportivo -con distinto spoiler, faldones y escape-, sensor de lluvia y tarjeta llave inteligente.

Se trata de un buen coche, estable, que anda bien y muy agradable en el día a día. No cuenta con una extraordinaria habitabilidad en las plazas traseras pero cumple. Está bien equipado de serie aunque, como hemos visto, se deja en el aire algunos detalles como el para nosotros indispensable, control de estabilidad. Con todo, su precio base es competitivo y el cambio de generación, sin duda, ha sido a mejor.

Las nuevas dimensiones exteriores -2 cm más corto y 6 cm más bajo- se traducen en un interior un poco más justo. Entendemos que se haya querido hacer un coche diferente, pero en un segmento en el que están todos aumentando de tamaño, tener las peores cotas en las plazas traseras no le ayuda mucho. Mide por fuera prácticamente lo mismo que un Polo, pero su interior, mejor dicho, en sus plazas traseras, hay menos espacio. Comparado con el vehículo al que sustituye, tiene 5 cm menos de espacio para las piernas de los ocupantes traseros, con 6 cm menos de anchura. Por ejemplo, un Renault Clio ofrece el mismo espacio para las piernas, pero a cambio da 4 cm más de anchura, y se nota. Así y todo, dos adultos entran perfectamente; y tres si se precisa -cuentan con sus respectivos reposacabezas y cinturones-, pero mejor para trayectos urbanos o cortos.

Delante no hay ningún problema. Los asientos son cómodos y se dispone de espacio como en cualquiera de sus rivales. El maletero es 10 litros más pequeño que en el anterior Mazda 2 y también menor que el de un Clio o un 207, pero empata en capacidad con el del Corsa y supera a los del Colt o Getz. Dispone de un práctico hueco compartimentado en el fondo. Bajo él se sitúa la rueda de repuesto, que lamentablemente es de emergencia. El interior tiene un diseño cuidado y encontramos detalles interesantes: la guantera incluye un revistero y entre los asientos hay una conexión universal para un sistema de audio externo. Por contra echamos de menos unas bolsas detrás de los asientos, que no se regule el volante en profundidad o la ausencia de asideros detrás.

Con este motor, sólo hay un acabado disponible, denominado Active+, aunque se puede complementar con dos packs de equipamiento que conviene analizar bien. De serie cuenta con elementos tan interesantes como el climatizador automático, los airbag de cortina y laterales, un cargador de 6 CD's, el ordenador, anclajes Isofix, los elevalunas traseros eléctricos o 6 altavoces. En opción quedan las llantas de aleación de 16 pulgadas, los faros antiniebla y el volante y pomo en piel, agrupados en un pack denominado Premium, por 920 euros, y el control de estabilidad y tracción DSC, más la tapicería deportiva -como la que lleva nuestra unidad en las imágenes- en otro pack llamado Premium II -830 euros-, que sólo se puede pedir conjuntamente con el primero.

El problema es que para optar por el control de estabilidad, hay que pagar la friolera de 1.750 euros. De acuerdo, tenemos a cambio mucho más equipamiento, pero... ¿y si sólo se quiere el control de estabilidad o los faros de niebla?

El nuevo Mazda 2 con este motor de 86 CV cuesta 13.750 euros. Con el equipamiento completo, su precio asciende hasta los 15.500 euros. Llegado a ese punto, compensa pagar 490 euros más y acceder a este mismo coche pero con el motor 1.5 de 103 CV y su único acabado, el tope de gama Sportive, que incluye en su precio toda la dotación opcional antes mencionada, más un kit deportivo -con distinto spoiler, faldones y escape-, sensor de lluvia y tarjeta llave inteligente.

Se trata de un buen coche, estable, que anda bien y muy agradable en el día a día. No cuenta con una extraordinaria habitabilidad en las plazas traseras pero cumple. Está bien equipado de serie aunque, como hemos visto, se deja en el aire algunos detalles como el para nosotros indispensable, control de estabilidad. Con todo, su precio base es competitivo y el cambio de generación, sin duda, ha sido a mejor.

Las nuevas dimensiones exteriores -2 cm más corto y 6 cm más bajo- se traducen en un interior un poco más justo. Entendemos que se haya querido hacer un coche diferente, pero en un segmento en el que están todos aumentando de tamaño, tener las peores cotas en las plazas traseras no le ayuda mucho. Mide por fuera prácticamente lo mismo que un Polo, pero su interior, mejor dicho, en sus plazas traseras, hay menos espacio. Comparado con el vehículo al que sustituye, tiene 5 cm menos de espacio para las piernas de los ocupantes traseros, con 6 cm menos de anchura. Por ejemplo, un Renault Clio ofrece el mismo espacio para las piernas, pero a cambio da 4 cm más de anchura, y se nota. Así y todo, dos adultos entran perfectamente; y tres si se precisa -cuentan con sus respectivos reposacabezas y cinturones-, pero mejor para trayectos urbanos o cortos.

Delante no hay ningún problema. Los asientos son cómodos y se dispone de espacio como en cualquiera de sus rivales. El maletero es 10 litros más pequeño que en el anterior Mazda 2 y también menor que el de un Clio o un 207, pero empata en capacidad con el del Corsa y supera a los del Colt o Getz. Dispone de un práctico hueco compartimentado en el fondo. Bajo él se sitúa la rueda de repuesto, que lamentablemente es de emergencia. El interior tiene un diseño cuidado y encontramos detalles interesantes: la guantera incluye un revistero y entre los asientos hay una conexión universal para un sistema de audio externo. Por contra echamos de menos unas bolsas detrás de los asientos, que no se regule el volante en profundidad o la ausencia de asideros detrás.

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