Mazda 3 MPS

En el Mazda 3 MPS destacan los apartados relacionados con el motor y bastidor: prestaciones dinámicas y comportamiento, en particular, gracias a sus 260 CV y su radical chasis. Como interesante complemento, el equipamiento es muy profuso y su imagen, espectacular.
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Mazda 3 MPS
Mazda 3 MPS

Sí, he de reconocer que en la toma de contacto llevada a cabo en Alemania, realizada sobre autopista y carreteras limitadas pero con suelo húmedo y mucho tráfico, habíamos adelantado que la facilidad de conducción era uno de los puntos fuertes del nuevo Mazda 3 MPS. Sin embargo, llegados a nuestro "campo de batalla" habitual, lejos del mundanal ruido y donde podemos escondernos del todopoderoso ojo que todo lo escudriña, las cosas se ven, de otro color. Pero, no adelantemos acontecimientos. El continuismo perfeccionista preside el germen de este Mazda 3 MPS. Aunque no en todos los casos porque, por ejemplo, el Cx de la carrocería ha dado un paso atrás en una centésima, pasando de 0,31 a 0,32. Es más que posible que esta mayor resistencia se haya sustituido por un superior apoyo aerodinámico -al menos así lo aparenta el generoso alerón al final de techo-, puesto que se anuncia una mínima tendencia de la zaga a la elevación. Los neumáticos más anchos y la distinta configuración de los flujos de aire refrigerantes pueden ser, también, responsables del aumento de la resistencia aerodinámica.

La presentación interior conjuga una remarcado aire deportivo con materiales y terminación de lujo.

La mecánica instalada bajo el capó repite respecto al anterior MPS. Pero, tanto la transmisión como la electrónica adosada a la gestión del motor cambian. La primera ve modificar todos sus ingredientes, tanto grupos como relaciones internas, con el objetivo de alargar ligeramente los desarrollos finales de todas las marchas. En cuanto a la electrónica, se ha dispuesto un limitador de par entregado por el motor en función de la marcha engranada -cuanto más corta más limita- y del grado de giro del volante, más límite cuanto más giro. Junto con el mantenimiento del diferencial autoblocante, se busca contener las pérdidas de motricidad y ganar eficacia al recortar el tiempo en el que el control de tracción debe funcionar para impedir el patinado del neumático tractor. ¿El resultado? En la carretera abierta, el coche se muestra más eficaz, pero, al tiempo, más exigente, como suele ser norma en los vehículos deportivos. Este MPS permite salir de las horquillas con el acelerador muy pisado - a tope no es fácil- para aprovechar el caudal impresionante de par motor. Aún así, los más de 40 mkg reales se hacen presentes en muchas ocasiones, lo que obliga a un "ten con ten" con el pie derecho, porque el MPS se come el asfalto de la carretera con apetito depredador. La actuación del diferencial autoblocante puede apreciarse, incluso, en fuertes aceleraciones en línea recta, donde hay que corregir con el volante algunas desviaciones de trayectoria. Vamos, que hay que estar con los cinco sentidos bien despiertos para hacer volar al MPS. Y lo de volar no es una metáfora sin sentido, porque la velocidad de paso por curva es espeluznante, incluso para un modelo de estas características.

No sólo la estética muestra el carácter del Mazda 3 MPS. Su conducción deportiva exige un nivel de aptitud del conductor muy alto.

La precisión del cambio es aceptable, aunque hay una cierta laxitud en la zona del punto muerto, que exige un poco de atención en los cambios de rejilla longitudinal. El conductor dispone de un puesto de trabajo bien diseñado aunque con exceso de mandos, al punto de que hasta el control del sistema de navegación se realiza desde el mismo volante, impidiendo su uso por el acompañante. A éste se le exige una ración extra de sufrimiento. La suspensión de esta versión se ha endurecido hasta límites sólo soportables a cambio del placer de conducción. Si no se está ejercitando esta actividad, hay que tener claro los intereses personales para aguantar períodos de tiempo medios o largos en su interior. El confort en vías urbanas, repletas de limitadores transversales de velocidad, es un infierno y en carretera, cualquier irregularidad es transmitida hasta el cuerpo de los ocupantes mediante un mullido de asientos que se aleja de otra calificación que no sea duro. Como complemento, el ruido soportado en el habitáculo nos recuerda constantemente que estamos en un deportivo radical. Hasta despacio, los neumáticos nos saludan con su incansable rodar.

  • Empuje del motor

  • Efectividad en carretera

  • Equipamiento

  • Sonoridad

  • Reacciones de la dirección

  • Confort de suspensión

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