Maserati Quattroporte S

La imagen clásica de su carrocería, esconde en el Maserati Quattroporte S un alma deportiva y de generación de emociones poco habitual entre las berlinas de representación. Un motor V8 potenciado y una presentación suntuosa marcan su personalidad única.
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Maserati Quattroporte S
Maserati Quattroporte S

Desde su aparición, en otoño de 2003, el Maserati Quattroporte ha demostrado una personalidad única en el mercado, combinación de su imagen de berlina lujosa y de una vibrante alma latina. Esta simbiosis le ha permitido llegar a superar los quince mil ejemplares vendidos pero, como todo lo bueno debe mejorarse, llega ahora la versión S, con una ganancia de 30 CV, hasta un total de 430. La cilindrada del V8 sube hasta los 4,7 litros y, como trabajos más específicos se armonizan los flujos de gases en las culatas, los árboles de levas de admisión poseen sistemas de variación continua de la distribución y se ha optimizado la cámara de combustión con el resultado anunciado de la disponibilidad de un 82 por ciento del par máximo a 2.500 rpm. Ahora, el régimen máximo llega hasta las 7.200 rpm, momento en que esta mecánica aúlla hasta hacer hervir la sangre.

Lamentablemente, el tipo de transmisión que equipa este modelo nos ha impedido pasarlo por nuestro banco de potencia, con lo que nos tenemos que fiar de esta afirmación. Puestos en acción, esta nueva definición del motor V8 no nos sorprende por su elasticidad, pese a lo anteriormente declarado. Por ello, es bastante frecuente la reducción de marcha para salir con la presteza que el conductor desea. La rapidez del cambio no es la de un deportivo de última hornada en el modo normal y se aprovechan mucho mejor las cualidades del motor en la Sport, como lo demuestran los tiempos conseguidos en las pruebas de prestaciones. Acelerar durante un kilómetro en menos de 25 segundos son palabras mayores, como llegar a 100 km/h en 5,58 segundos, pero no lo es menos pasar de 80 a 120 km/h en ¡3,54 segundos! o de 60 a 120 km/h en 5,01. Como rápido, este Quattroporte S es muy rápido.

Pese a que los bajos del V8 no son espectaculares, su asociación con el cambio automático evita cualquier repercusión negativa en las prestaciones.

Pero todo en la vida tiene su precio. Esta emocionante mecánica, capaz de hacernos bajar la ventanilla sólo para oír su sonido de escape, gasta mucho combustible. Sí, sabemos que quien compra uno de estos vehículos no tiene problemas para pagar la gasolina que consume, pero es justo que lo juzguemos como cualquier otro apartado. Las cifras obtenidas por nuestro Centro Técnico están significadas en su cuadro correspondiente, pero podemos complementarlas con otras dos: una en un uso global tranquilo, si rebasar ningún límite de velocidad y otra en el recorrido exigente que realizamos con todos los modelos que probamos. Si la primera cifra es aceptable -13,3 l/100 km-, la segunda nos deja casi helados, 31,3 l/100 km sin exigir al máximo el motor, puesto que en muchísimas ocasiones se nos "acababa" la carretera y era necesario cambiar bastante por debajo del régimen máximo o mantener el acelerador a medio recorrido porque, si no, el coche se "comía" las curvas. Entre una y otra se encontraría lo que podríamos llamar el "uso adecuado" de esta berlina deportiva, lo que nos llevaría a hablar de más de 20 l/100 km, sin exagerar, lo que trae consigo una elevada emisión de CO2 a la atmósfera, ahora que está tan mal vista.

¿Cómo ha digerido el bastidor esta ganancia de potencia y par? De entrada, comentar que la amortiguación posee dos niveles de dureza, ambas no especialmente rígidas, o, al menos, incómodas. De hecho, incluso en la posición Sport, hay que tener cuidado con el paragolpes delantero en los "ralentizadores" urbanos para no golpear aquéllos contra el suelo. En el modo normal, la suspensión muestra una suavidad casi excesiva, sientiendose como si los "silent-block" permitiesen excesivo juego a la propia suspensión, por lo que los movimientos laterales de la carrocería son perceptibles. En el modo deportivo, esta sensación no acaba de desaparecer del todo, en particular, sobre firmes irregulares, donde también la dirección parece "husmear", exigiendo cierta concentración para mantener la trayectoria rectilínea. Quizás, en acción, donde más gusta el Quattroporte es en las curvas, lugar en el que parece recortarse en longitud, entrando en ellas con decisión y precisión. Eso sí, buscando sus límites, el coche no es fácil de manejar y exige mucha atención porque la tendencia de la zaga a sobrevirar no es nimia aunque, eso sí, limitada por el siempre presente control de estabilidad, de actuación nada tímida.

En ninguna de las dos posiciones de suspensión resulta duro como para incomodar a sus ocupantes.

A nuestro juicio, sin embargo, el apartado más destacado de este Quattorporte es su presentación. Su imagen externa podrá gustar o no -el habitáculo destaca mucho sobre la línea de cintura- pero no se parece a ninguna otra berlina de la categoría, lo que ya es un buen tanto a favor. Destacan las luces de tecnología LED junto con el sistema bi-xenón. Pero la gran sorpresa aparece al introducirnos en su habitáculo, recubierto de materiales de elevada calidad y lujo. El salpicadero es impresionante -quizás con excesivos mandos secundarios, algunos no muy bien colocados- y se dispone de serie del sistema de acceso fácil al puesto de conducción, que retrasa automáticamente la posición del asiento y eleva el volante. Curiosamente, una vez aposentados, puede llegar a ser difícil alcanzar la puerta para cerrarla, pero esto no deja de ser una anécdota.

La relativa veteranía del diseño impide la disponibilidad de airbags de rodilla o asiento.

La posición del volante se regula de forma eléctrica y destacan tras el volante las grandes palancas de actuación sobre el cambio. Por cierto, hablando del volante no podemos dejar de decir que, a través suyo, parecen percibirse los movimientos de la suspensión delantera pero no en forma de vibraciones visibles en él sino transmitidas a través de la columna y sentidas en las manos. Algo que escrito parece nimio pero que en un coche de casi 140.000 euros se amplifica porque es una sensación continuada. Tampoco nos parece lógico que tengamos que elegir, moviendo la palanquita, la posición del retrovisor -día o noche- cuando coches de la quinta parte del precio ya poseen espejos electrocrómicos.

Este Maserati coincide casi al euro, en precio, con el Audi A8 W12, algo más potente y con tracción quattro.

Con todo, el entorno satisface la sensación de estar en un vehículos de muy alto "standing" y las plazas traseras pueden disfrutar de reglaje eléctrico y calefacción en los asientos, configurándose así como adecuado coche de chófer. El buen confort de marcha y un razonable silencio interior también ayudan en este apartado.

Dentro del escueto segmento de las berlinas de representación, el Maserati es único. Puede que su línea no esté ya con las tendencias más actuales, pero su refinamiento en la presentación y el cúmulo de sensaciones que transmite no se encuentran con facilidad en el mercado.

Desde su aparición, en otoño de 2003, el Maserati Quattroporte ha demostrado una personalidad única en el mercado, combinación de su imagen de berlina lujosa y de una vibrante alma latina. Esta simbiosis le ha permitido llegar a superar los quince mil ejemplares vendidos pero, como todo lo bueno debe mejorarse, llega ahora la versión S, con una ganancia de 30 CV, hasta un total de 430. La cilindrada del V8 sube hasta los 4,7 litros y, como trabajos más específicos se armonizan los flujos de gases en las culatas, los árboles de levas de admisión poseen sistemas de variación continua de la distribución y se ha optimizado la cámara de combustión con el resultado anunciado de la disponibilidad de un 82 por ciento del par máximo a 2.500 rpm. Ahora, el régimen máximo llega hasta las 7.200 rpm, momento en que esta mecánica aúlla hasta hacer hervir la sangre.

Lamentablemente, el tipo de transmisión que equipa este modelo nos ha impedido pasarlo por nuestro banco de potencia, con lo que nos tenemos que fiar de esta afirmación. Puestos en acción, esta nueva definición del motor V8 no nos sorprende por su elasticidad, pese a lo anteriormente declarado. Por ello, es bastante frecuente la reducción de marcha para salir con la presteza que el conductor desea. La rapidez del cambio no es la de un deportivo de última hornada en el modo normal y se aprovechan mucho mejor las cualidades del motor en la Sport, como lo demuestran los tiempos conseguidos en las pruebas de prestaciones. Acelerar durante un kilómetro en menos de 25 segundos son palabras mayores, como llegar a 100 km/h en 5,58 segundos, pero no lo es menos pasar de 80 a 120 km/h en ¡3,54 segundos! o de 60 a 120 km/h en 5,01. Como rápido, este Quattroporte S es muy rápido.

Pese a que los bajos del V8 no son espectaculares, su asociación con el cambio automático evita cualquier repercusión negativa en las prestaciones.

Pero todo en la vida tiene su precio. Esta emocionante mecánica, capaz de hacernos bajar la ventanilla sólo para oír su sonido de escape, gasta mucho combustible. Sí, sabemos que quien compra uno de estos vehículos no tiene problemas para pagar la gasolina que consume, pero es justo que lo juzguemos como cualquier otro apartado. Las cifras obtenidas por nuestro Centro Técnico están significadas en su cuadro correspondiente, pero podemos complementarlas con otras dos: una en un uso global tranquilo, si rebasar ningún límite de velocidad y otra en el recorrido exigente que realizamos con todos los modelos que probamos. Si la primera cifra es aceptable -13,3 l/100 km-, la segunda nos deja casi helados, 31,3 l/100 km sin exigir al máximo el motor, puesto que en muchísimas ocasiones se nos "acababa" la carretera y era necesario cambiar bastante por debajo del régimen máximo o mantener el acelerador a medio recorrido porque, si no, el coche se "comía" las curvas. Entre una y otra se encontraría lo que podríamos llamar el "uso adecuado" de esta berlina deportiva, lo que nos llevaría a hablar de más de 20 l/100 km, sin exagerar, lo que trae consigo una elevada emisión de CO2 a la atmósfera, ahora que está tan mal vista.

¿Cómo ha digerido el bastidor esta ganancia de potencia y par? De entrada, comentar que la amortiguación posee dos niveles de dureza, ambas no especialmente rígidas, o, al menos, incómodas. De hecho, incluso en la posición Sport, hay que tener cuidado con el paragolpes delantero en los "ralentizadores" urbanos para no golpear aquéllos contra el suelo. En el modo normal, la suspensión muestra una suavidad casi excesiva, sientiendose como si los "silent-block" permitiesen excesivo juego a la propia suspensión, por lo que los movimientos laterales de la carrocería son perceptibles. En el modo deportivo, esta sensación no acaba de desaparecer del todo, en particular, sobre firmes irregulares, donde también la dirección parece "husmear", exigiendo cierta concentración para mantener la trayectoria rectilínea. Quizás, en acción, donde más gusta el Quattroporte es en las curvas, lugar en el que parece recortarse en longitud, entrando en ellas con decisión y precisión. Eso sí, buscando sus límites, el coche no es fácil de manejar y exige mucha atención porque la tendencia de la zaga a sobrevirar no es nimia aunque, eso sí, limitada por el siempre presente control de estabilidad, de actuación nada tímida.

En ninguna de las dos posiciones de suspensión resulta duro como para incomodar a sus ocupantes.

A nuestro juicio, sin embargo, el apartado más destacado de este Quattorporte es su presentación. Su imagen externa podrá gustar o no -el habitáculo destaca mucho sobre la línea de cintura- pero no se parece a ninguna otra berlina de la categoría, lo que ya es un buen tanto a favor. Destacan las luces de tecnología LED junto con el sistema bi-xenón. Pero la gran sorpresa aparece al introducirnos en su habitáculo, recubierto de materiales de elevada calidad y lujo. El salpicadero es impresionante -quizás con excesivos mandos secundarios, algunos no muy bien colocados- y se dispone de serie del sistema de acceso fácil al puesto de conducción, que retrasa automáticamente la posición del asiento y eleva el volante. Curiosamente, una vez aposentados, puede llegar a ser difícil alcanzar la puerta para cerrarla, pero esto no deja de ser una anécdota.

La relativa veteranía del diseño impide la disponibilidad de airbags de rodilla o asiento.

La posición del volante se regula de forma eléctrica y destacan tras el volante las grandes palancas de actuación sobre el cambio. Por cierto, hablando del volante no podemos dejar de decir que, a través suyo, parecen percibirse los movimientos de la suspensión delantera pero no en forma de vibraciones visibles en él sino transmitidas a través de la columna y sentidas en las manos. Algo que escrito parece nimio pero que en un coche de casi 140.000 euros se amplifica porque es una sensación continuada. Tampoco nos parece lógico que tengamos que elegir, moviendo la palanquita, la posición del retrovisor -día o noche- cuando coches de la quinta parte del precio ya poseen espejos electrocrómicos.

Este Maserati coincide casi al euro, en precio, con el Audi A8 W12, algo más potente y con tracción quattro.

Con todo, el entorno satisface la sensación de estar en un vehículos de muy alto "standing" y las plazas traseras pueden disfrutar de reglaje eléctrico y calefacción en los asientos, configurándose así como adecuado coche de chófer. El buen confort de marcha y un razonable silencio interior también ayudan en este apartado.

Dentro del escueto segmento de las berlinas de representación, el Maserati es único. Puede que su línea no esté ya con las tendencias más actuales, pero su refinamiento en la presentación y el cúmulo de sensaciones que transmite no se encuentran con facilidad en el mercado.

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