Lexus GS 300 President

El Lexus GS 300 es uno de los coches más confortables entre las berlinas premium, un segmento que se caracteriza por mimar a sus ocupantes. Lujo y tecnología son sus otras dos armas para arañar ventas a los “capos” alemanes BMW, Mercedes y Audi.
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('http://multimedia.terra.es/viewer/portada.cfm?cod_media=47449&mapnivel1=MUS','','width=765,height=470') ">Lexus GS 300

En un segmento dominado por BMW, Audi y Mercedes, la automovilística Lexus es algo menos conocida por el público español. Sin embargo, si decimos que es la marca de lujo de Toyota, que es una de las que menos problemas mecánicos dan y que está entre las más valoradas por los usuarios en los Estados Unidos, no parece que tenga nada que envidiar a los tres representantes alemanes.

Los convencionalismos, las ideas preconcebidas y la falta de conocimiento por parte del cliente serán, con casi toda seguridad, los principales enemigos del GS 300 frente al trío alemán, porque, probado a fondo, no vemos que desmerezca ni un ápice frente a ellos.

Lo primero que llama la atención del GS es su atractivo diseño. Mantiene el señorío de las berlinas de representación, pero no deja de lado las líneas con aristas y una trasera con un innegable estilo coupé. Una vez dentro, el habitáculo es verdaderamente impresionante. El uso de materiales nobles (madera, cuero, plásticos acolchados de buen tacto y presencia) y un diseño clásico, pero acertado hace que ponerse a los mandos del modelo japonés se convierta en un verdadero placer. A ello colaboran también unos asientos tapizados en cuero de gran comodidad y con múltiples regulaciones eléctricas, aunque, eso sí, con una sujeción en curva mejorable.

El cuadro de instrumentos presenta unas grafías muy legibles -retroiluminadas- y una información bastante completa. Como apoyo, en la consola central, tenemos una pantalla táctil que nos permite controlar la climatización, el navegador, el equipo de sonido o el teléfono y verificar el estado en el que se encuentra el coche y, por ejemplo, los plazos de mantenimiento. También el habitáculo es como una caja de sorpresas. Prueba de ello es un cofre semi-escondido y escamoteable a la izquierda del volante donde se alojan los botones para mover los retrovisores, abrir el depósito de combustible o activar/desactivar el sensor de parking, entre otros).

Una vez que lo arrancamos, a través de un botón de arranque y sin necesidad de sacar la llave del bolsillo, echamos de menos algo: el ruido. La combinación de una mecánica silenciosa y el buen trabajo realizado por Lexus a la hora de insonorizar el habitáculo consigue que tanto conductor como pasajeros viajen, incluso a velocidades elevadas, con un gran confort sonoro. Hemos medido la sonoridad que se percibe en el interior y es la más baja del segmento, por debajo de las registradas en modelos de Audi, BMW o Mercedes.

El propulsor que anima esta berlina deportiva es un nuevo V6 de tres litros de cubicaje con inyección directa de gasolina que, como otros modelos de la marca y de Toyota, incorpora un sistema de distribución variable en admisión y escape, otro de admisión variable y, finalmente, otro más que temporiza la actuación de las válvulas de escape. El objetivo, para los neófitos en la materia, es lograr una mayor elasticidad de la mecánica, para que cuente con el mayor par posible a diferentes rangos de revoluciones, y el consumo y las emisiones sean aceptables.

En nuestra opinión, los ingenieros de Lexus han cumplido con su propósito y, para comprobarlo, sólo hay que ponerse en marcha con el GS 300. Desde el rango de revoluciones más bajo, la respuesta es contundente y hasta casi 7.000 rpm contaremos con el par necesario como para mover con alegría esta berlina. El problema, sin embargo, es que apenas nos damos cuenta. Es decir, la entrega de potencia se hace con tal suavidad y tal silencio que nos podemos asustar cuando miremos el velocímetro o veamos que nos acercamos al coche que nos precede más deprisa de lo que el sentido común aconseja.

Pero que no te engañe su finura, pues, si analizamos las prestaciones que ha obtenido nuestro Centro Técnico, comprobamos que la deportividad también es parte de su ADN. No una deportividad de chandal y sudor, sino de polo Lacoste y whisky reserva. Así, acelera de 0 a 100 km/h en 7,7 segundos y alcanza el kilómetro desde parado en apenas 28,2 segundos. Las recuperaciones, gracias al citado sistema de distribución variable y al encomiable trabajo de la caja de cambios automática -de seis relaciones y de gran delicadeza-, también son buenas y gana los 120 km/h desde 80 km/h en 5,2 segundos, tanto en cuarta como en quinta velocidad.

Comparados con los de sus principales rivales, estos números quedan algo deslucidos, aunque la comparación no es justa, pues el 3.0 V6 del GS 300 se enfrenta a motores de mayor potencia y par. De esta manera, el 3.5 V6 de Mercedes, tanto en Clase E como en CLS, y el 3.0 del Serie 5 de BMW, ofrecen mejores cifras, aunque, el Lexus salva la honra e incluso bate al 3.2 V6 FSI de Audi, que oficialmente declara 6 CV más.

No obstante, en el apartado del consumo, el modelo japonés no tiene rival. En nuestras mediciones, hemos obtenido un gasto de combustible medio inferior al de sus contrincantes alemanes en más de un litro. Así, el GS 300 gasta 9,8 litros de media cada 100 km -sus rivales no bajan de los 11 litros- y se vanagloria de sólo consumir 7,7 litros a velocidades constantes cercanas a los 100 km/h.

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En un segmento dominado por BMW, Audi y Mercedes, la automovilística Lexus es algo menos conocida por el público español. Sin embargo, si decimos que es la marca de lujo de Toyota, que es una de las que menos problemas mecánicos dan y que está entre las más valoradas por los usuarios en los Estados Unidos, no parece que tenga nada que envidiar a los tres representantes alemanes.

Los convencionalismos, las ideas preconcebidas y la falta de conocimiento por parte del cliente serán, con casi toda seguridad, los principales enemigos del GS 300 frente al trío alemán, porque, probado a fondo, no vemos que desmerezca ni un ápice frente a ellos.

Lo primero que llama la atención del GS es su atractivo diseño. Mantiene el señorío de las berlinas de representación, pero no deja de lado las líneas con aristas y una trasera con un innegable estilo coupé. Una vez dentro, el habitáculo es verdaderamente impresionante. El uso de materiales nobles (madera, cuero, plásticos acolchados de buen tacto y presencia) y un diseño clásico, pero acertado hace que ponerse a los mandos del modelo japonés se convierta en un verdadero placer. A ello colaboran también unos asientos tapizados en cuero de gran comodidad y con múltiples regulaciones eléctricas, aunque, eso sí, con una sujeción en curva mejorable.

El cuadro de instrumentos presenta unas grafías muy legibles -retroiluminadas- y una información bastante completa. Como apoyo, en la consola central, tenemos una pantalla táctil que nos permite controlar la climatización, el navegador, el equipo de sonido o el teléfono y verificar el estado en el que se encuentra el coche y, por ejemplo, los plazos de mantenimiento. También el habitáculo es como una caja de sorpresas. Prueba de ello es un cofre semi-escondido y escamoteable a la izquierda del volante donde se alojan los botones para mover los retrovisores, abrir el depósito de combustible o activar/desactivar el sensor de parking, entre otros).

Una vez que lo arrancamos, a través de un botón de arranque y sin necesidad de sacar la llave del bolsillo, echamos de menos algo: el ruido. La combinación de una mecánica silenciosa y el buen trabajo realizado por Lexus a la hora de insonorizar el habitáculo consigue que tanto conductor como pasajeros viajen, incluso a velocidades elevadas, con un gran confort sonoro. Hemos medido la sonoridad que se percibe en el interior y es la más baja del segmento, por debajo de las registradas en modelos de Audi, BMW o Mercedes.

El propulsor que anima esta berlina deportiva es un nuevo V6 de tres litros de cubicaje con inyección directa de gasolina que, como otros modelos de la marca y de Toyota, incorpora un sistema de distribución variable en admisión y escape, otro de admisión variable y, finalmente, otro más que temporiza la actuación de las válvulas de escape. El objetivo, para los neófitos en la materia, es lograr una mayor elasticidad de la mecánica, para que cuente con el mayor par posible a diferentes rangos de revoluciones, y el consumo y las emisiones sean aceptables.

En nuestra opinión, los ingenieros de Lexus han cumplido con su propósito y, para comprobarlo, sólo hay que ponerse en marcha con el GS 300. Desde el rango de revoluciones más bajo, la respuesta es contundente y hasta casi 7.000 rpm contaremos con el par necesario como para mover con alegría esta berlina. El problema, sin embargo, es que apenas nos damos cuenta. Es decir, la entrega de potencia se hace con tal suavidad y tal silencio que nos podemos asustar cuando miremos el velocímetro o veamos que nos acercamos al coche que nos precede más deprisa de lo que el sentido común aconseja.

Pero que no te engañe su finura, pues, si analizamos las prestaciones que ha obtenido nuestro Centro Técnico, comprobamos que la deportividad también es parte de su ADN. No una deportividad de chandal y sudor, sino de polo Lacoste y whisky reserva. Así, acelera de 0 a 100 km/h en 7,7 segundos y alcanza el kilómetro desde parado en apenas 28,2 segundos. Las recuperaciones, gracias al citado sistema de distribución variable y al encomiable trabajo de la caja de cambios automática -de seis relaciones y de gran delicadeza-, también son buenas y gana los 120 km/h desde 80 km/h en 5,2 segundos, tanto en cuarta como en quinta velocidad.

Comparados con los de sus principales rivales, estos números quedan algo deslucidos, aunque la comparación no es justa, pues el 3.0 V6 del GS 300 se enfrenta a motores de mayor potencia y par. De esta manera, el 3.5 V6 de Mercedes, tanto en Clase E como en CLS, y el 3.0 del Serie 5 de BMW, ofrecen mejores cifras, aunque, el Lexus salva la honra e incluso bate al 3.2 V6 FSI de Audi, que oficialmente declara 6 CV más.

No obstante, en el apartado del consumo, el modelo japonés no tiene rival. En nuestras mediciones, hemos obtenido un gasto de combustible medio inferior al de sus contrincantes alemanes en más de un litro. Así, el GS 300 gasta 9,8 litros de media cada 100 km -sus rivales no bajan de los 11 litros- y se vanagloria de sólo consumir 7,7 litros a velocidades constantes cercanas a los 100 km/h.

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