Lexus CT 200h

Bandera verde…y dos coches en pista a los que Lexus quiere dar alcance. Fijación sobre A3 y Serie 1, referencia obligada en refinamiento y rendimiento. Pero el CT200h abandera ecología en este segmento que ahora pisa con sigiloso rodar eléctrico para echar por tierra, desde ya, el futuro del motor tradicional. Buen comienzo de carrera.
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Lexus CT 200h
Lexus CT 200h

Agítese en la coctelera la base híbrida del Prius y el tratamiento que hace Lexus de sus coches y tendrá, más o menos, el CT200h en sus manos. Fácil, ¿no?. O no tanto. Con el Auris se daba un gran salto al refinar un producto orientado a la eficiencia mientras que el nuevo compacto de Lexus se encierra en una categoría en la que la calidad no sólo justifica el valor del coche. Consumos, prestaciones, tacto de conducción o posibilidades de equipamiento sin olvidarse de la componente emocional tienen, en conjunto, demasiado peso específico en esa parcela a la que apunta Lexus. A3 y Serie 1, esos dicen ser sus enemigos, horquillando el precio de su coche en línea directa con ellos. Curioso, dos de los automóviles más estimulantes del mercado, sea por gama de motores, comportamiento o tacto de conducción, capaces de cerrar ese círculo que el cliente de élite puede exigir: todo cuanto quepa entre estimulación al volante y posibilidades de personalización, pasando por eficiencia y eficacia.

Todo en el mismo coche; aquellos tienen versiones de sobra para lograr semejante compromiso a precios incluso inferiores. Difícil para Lexus con una única versión híbrida cuyos 136 extraños caballos asociados a una transmisión por “falso” variador desagrada cuando, por gusto o imperiosa necesidad, hay que exprimirlos a fondo. Una lástima que la transformación llevada a cabo a nivel de texturas, tacto y bastidor no concluyera también con una posible transmisión por etapas capaz de lograr una relación más natural entre el hombre y la máquina y además darían sentido al modo Sport. Punto débil, tal vez la única crítica constructiva que, precios al margen, merece este gran coche que dicen siempre estará sustentado sobre una arquitectura híbrida — en menos de un par de años estará ahí la competencia— capaz de transformar los hábitos de conducción adquiridos con cualquier otro automóvil «convencional». Porque a sus mandos, la obsesión ecológica acaba convirtiéndose en un sencillo juego y, a la postre, en la mejor de sus posibles prestaciones.

 

La urbana, donde el híbrido se saca ases bajo la manga y ensombrece a los mejores Diesel. Nacido por y para la eficiencia, y lo demuestra. Prius/Auris aquí eran intratables y vuelve a confirmarlo este Lexus. Arranques y marcha en absoluto silencio hasta donde las baterías dan de sí, más o menos, hasta un par de kilómetros en riguroso trazado urbano, donde cualquier otro coche convencional tiene que poner demasiados elementos en juego, mientras que aquí el par de arranque es formidable. Aparece otra ventaja más del sistema híbrido que el sector profesional no ha descuidado: a la economía de uso se añade la de mantenimiento; no sólo menos combustible por trayecto, también menor desgaste mecánico. Estima Lexus un coste de mantenimiento inferior que el de sus rivales con el añadido de que los precios de sus revisiones son de generalista. Aunque si hablamos de precios, al CT200h se le pone la cosa cuesta arriba. Como ahorrador, el mismo Toyota Auris HSD cumple por un coste infinitamente menor, y al combinar un motor 1.4 TSi con el cambio de doble embrague en A3 o Golf tendremos toda una tentación ante nuestras manos, sobrando dinero para el combustible de toda una vida. Disfrute al volante con la mejor relación  prestaciones/consumo de un gasolina «a secas». Aquí, en la ciudad, con traicioneros parches de asfalto desquebrajado, es donde la calidad de amortiguación y el tacto general de coche empieza marcar claras distancias con sus homólogos de Toyota… Y donde el CT200h empieza a sentirse realmente a la altura de la competencia. Calidad aparente y real, se ve, se siente y se agradece.

El ordenador de viaje no miente: salimos con menos de cuatro litros de la ciudad. Con un Prius en nuestra redacción para una prueba de larga duración y siguen sorprendiéndonos semejantes cifras. La súbita intervención eléctrica es inapreciable también en carretera abierta pero, de nuevo, la irritante transmisión crispa: todo o nada hasta que se estabiliza la velocidad de crucero o se acelera con decisión para ganar rápidamente ritmo, y ninguno de los posibles modos de conducción hace por cambiar el panorama. Prometen mayor asistencia eléctrica en modo Sport, así como diferente asistencia en la dirección y acelerador aunque la cosa no pasa de un mero efecto placebo. Y seguimos «jugando», a lo nuestro: pronto nos veremos ajenos al tráfico rodando  a ritmo estable en el que el motor necesita las revoluciones estrictamente necesarias para la potencia requerida. A veces, no será lo que pide el cuerpo, pero sí el coche, por más que su comportamiento diga lo contrario. Instintivamente, recae de nuevo la atención en las cifras de consumos: su A3 2.0 TDi será más estimulante y su 118d más divertido, pero ¿pueden llegar a gastar tan poco? Bajo la premisa de ecología, refinamiento y nivel de representación, Lexus encabeza la categoría… Pero, ¡a qué precios! 

Apuesta más alto que el Golf y tiene caché para ello, aunque el precio se da de bruces con el coste de uso. Hay calidad y cualidades, chasis delicioso y la fórmula Prius se afina para lograr consumos Diesel con el máximo refinamiento, aunque falta, como poco, un mínimo componente «deportivo». 

Sin quererlo acabaremos sucumbiendo a la influencia del híbrido sobre nuestra conducta, entendiendo como mayor prestación posible la menor cifra de consumo en el ordenador de viaje y el máximo aprovechamiento eléctrico. 

Notable alto. Por su doble airbag de rodilla y nobleza en su comportamiento. A sumar, lo exigible en activa, aunque este moderno Lexus que tecnológicamente se adelanta a la competencia se ve claramente superado por los asistentes que Focus, Astra o C4 aportan al segmento. Cuesta entender determinadas carencias en la lista de opciones.

Bastan cien metros para dejar constancia de que Lexus ha echado el resto en el tratamiento de este coche: cuida, mima. Hace falta rigidez y calidad en suspensiones y geometrías para ofrecer el rodar que exige la categoría, y las tiene. En aspectos estrictamente funcionales, ninguna novedad en el segmento C dado el aprovechamiento real de las plazas traseras, aunque el maletero no cubre las necesidades de una familia media.

Difícil de amortizar y la política de opciones impide sumar elementos de forma independiente. Los otros híbridos de «la casa» se lo pueden poner demasiado difícil si el objetivo es el mínimo gasto.

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