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Lexus CT 200h vs Audi A3 Sportback 1.6 TDI

Que un coche de gasolina consuma igual o menos que un Diesel similar no es habitual pero sí convincente. Que además ofrezca mejores prestaciones puede resultar decisivo. Eso es lo que sucede con el CT 200h al compararlo con el A3 Sportback 1.6 TDi. Cierto que el Lexus es más caro y potente que el Audi, pero no faltan razones de peso a favor del japonés.
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Lexus CT 200h vs Audi A3 Sportback 1.6 TDI
Lexus CT 200h vs Audi A3 Sportback 1.6 TDI

Cuentan que, durante un funeral en un pueblo de La Alcarria, una viejecita se acercó a Camilo José Cela y, con la pesadumbre de las circunstancias, le dijo: «Ay, Don Camilo, pesan los años, ¿eh?». El Premio Nobel se volvió y espetó a bocajarro: «¡No! ¡Pesan los c…!». No sé por qué, pero recordé esta anécdota cuando me subí al Lexus CT 200h y pensé para mis adentros que, si el coche me gustaba, era un claro indicio de que a mí también ya me pesaban los… años.

Porque resulta que el CT 200h me gusta. Debe ser porque corren verdes y ecológicos tiempos de corrección política y, lo que es peor si cabe, de presunción de culpabilidad para los conductores. Para mí es un dilema. Me encanta conducir y disfruto como un marrano en un charco cuando me subo a un coche con más de 200 CV, pero en mis desplazamientos diarios voy (casi) siempre dentro de los límites legales y buscando un consumo mínimo. Dicho de otro modo, soy potencial cliente del CT 200h —también del A3 1.6 TDi—, pero mis gustos personales van por otro camino.

Resulta obvio que Lexus pretende hacerse un hueco entre los compactos premium con su CT 200h, rivalizando con Audi A3 y BMW Serie 1. Ambos modelos alemanes cuentan con sendas versiones de gasolina (A3 1.4 TFSi y 116i) con la misma potencia «global» (136 CV), que anuncia Lexus para su CT 200h. Frente a ellos, el japonés es bastante más caro, pierde con cierta dignidad en prestaciones —sobre todo ahora que el BMW tiene un 1.6 turbo— y gana por goleada en consumo y bajas emisiones, que a fin de cuentas es la verdadera razón de ser de este híbrido. Por ello hemos pensado que había que ponerle las cosas más complicadas al CT 200h y compararlo con un A3 1.6 TDi de 105 CV, que pregona un consumo medio oficial casi idéntico4,2 l/100 km frente a 4,1—, aunque las emisiones de CO2 sean algo superiores al ser un Diesel112 g/km del A3 por 94 del CT 200h—, pero siempre por debajo del límite fiscal. De todas maneras, ambos modelos son compactos premium, y entrar a discutir diferencias de calidad de acabado o equipamiento resulta un asunto baladí.  

Y, ya que el rendimiento es el factor clave —con especial atención al consumo más que a las prestaciones en sí—, empezaré por centrarme en este aspecto. Tanto el A3 como el CT 200h llevan stop&start y sistema de recuperación de energía en frenada. La principal y obvia diferencia —tipo de neumáticos aparte— es el sistema de propulsión. Como buen híbrido, el Lexus marca una distancia considerable cuando se mueve por ciudad, que es el ámbito donde mejor partido saca de la posibilidad de moverse en modo eléctrico. Además, las constantes frenadas y paradas permiten en cierta manera que las baterías alarguen el margen de utilización del motor eléctrico, por lo que el de gasolina interviene menos. El resultado es que, sin hacer un gran esfuerzo ni empeñarnos en salir de los semáforos con el pie a tabla, el consumo rara vez pasa de los 4 l/100 km en recorrido urbano. El A3, en el mismo escenario, se acerca a los 6, una cifra muy frugal, pero lejos en cualquier caso de los números que es capaz de ofrecer el CT 200h.

En carretera abierta, en cambio, los resultados dependen sobremanera del tipo de recorrido y del estilo de conducción. Si vamos de viaje por autovía o autopista a velocidad constante, las baterías acaban por quedar prácticamente exhaustas y el sistema híbrido se convierte más en un lastre que en una ayuda. En este mismo panorama, el Audi va como un reloj e, incluso, aprovecha mejor el combustible a medida que aumentamos el crucero. También la amplitud interior o la capacidad de carga juegan a favor del A3, mientras que la baja sonoridad del CT 200h resulta sorprendente, factores ambos a tener en cuenta a la hora de viajar.

El horizonte no es el mismo si ante nosotros tenemos una ruta virada o una carretera en la que no es necesario o no se puede mantener un ritmo constante. En tal caso, el Lexus sí que se beneficia del empuje extra que aporta el motor eléctrico y, al tener sucesivas fases de frenada y retención, las baterías no se agotan como sucede en autopista a 120 km/h mantenidos. Así, el CT 200h suele arrojar un consumo inferior, que normalmente llega como mucho a un litro menos cada 100 kilómetros. Todo ello siempre y cuando circulemos a ritmo razonable y dentro de los límites legales, porque si queremos exprimir toda la potencia disponible en ambos modelos, entonces el Audi no gasta mucho más que el Lexus y las diferencias se reducen a medida que exigimos más, sobre todo en subida. Es más, en tales circunstancias y debido al tipo de caja de cambios que lleva el Lexus, también es normal que el confort sonoro —factor que siempre está a favor del modelo japonés—, se vuelva en contra del Lexus.

Al final, la media global de consumo sale favorable al Lexus, una vez que hemos considerado todos los escenarios posibles de utilización, pero el resultado se debe sobre todo a la clara desventaja en ciudad que arrastra el Audi. Como es natural en una comparativa en la que rendimiento, coste por kilómetro y plazo de amortización pueden ser factores decisivos, el precio de venta también tiene mucho que decir. El CT 200h es más caro, en nuestro caso concreto, 2.190 euros más. Con ese dinero y según nuestros cálculos y datos de consumo, habría que hacer más de 400.000 km con el Lexus antes de empezar a amortizarlo. Demasiada tela.

Dinámicamente, y aunque ambos motores no permiten considerarlos otra cosa que vehículos de transporte, el A3 es superior. Va más por el sitio, inspira más confianza, frena mejor y con un tacto inequívoco, el tren trasero es más progresivo y la amortiguación, ligeramente más firme, sujeta con mayor eficacia la carrocería aunque los muelles puedan parecer igual o más blandos que los del Lexus. De hecho, no tiene mucho sentido montar la suspensión deportiva que ofrece Audi —menos aún la S Line—, dadas las características del coche. El CT 200h va francamente bien —muy bien en realidad, todo hay que decirlo—, pero tiene matices peculiares, como su pedal de freno que solo parece tener dos modos (todo o nada). También el eje posterior se insinúa más —algo nada preocupante pero sí perceptible—, aunque en este sentido cabe achacarlo más al tipo y sección de neumáticos que monta cada uno. De la misma manera, el tacto de la dirección Servotronic de Audi aporta mayor confianza y precisión que la EPS de Lexus como ya he comentado.

Resumiendo, repito que el CT 200h me gusta porque tiene indudables atractivos y se ajusta perfectamente al concepto de compacto premium, con el valor añadido de su avanzada tecnología y el hecho de que anda lo suficiente y gasta poco o muy poco. Sin embargo, el A3 1.6 TDi aguanta bien el envite e impone menos condicionantes de uso en cualquier circunstancia. Al final va a resultar que no me pesan tanto los… años.

¿Me dejo seducir por la moderna tecnología de Lexus o soy pragmático y me conformo con el eficaz 1.6 TDi de Audi? Pues depende. Para uso urbano o recorridos cortos y variados con poco equipaje, me quedo con el CT 200h. Para viajar e, incluso, para disfrutar conduciendo en la medida de sus posibilidades, prefiero el A3. Y, si es por precio, la respuesta es obvia.

Cuentan que, durante un funeral en un pueblo de La Alcarria, una viejecita se acercó a Camilo José Cela y, con la pesadumbre de las circunstancias, le dijo: «Ay, Don Camilo, pesan los años, ¿eh?». El Premio Nobel se volvió y espetó a bocajarro: «¡No! ¡Pesan los c…!». No sé por qué, pero recordé esta anécdota cuando me subí al Lexus CT 200h y pensé para mis adentros que, si el coche me gustaba, era un claro indicio de que a mí también ya me pesaban los… años.

Porque resulta que el CT 200h me gusta. Debe ser porque corren verdes y ecológicos tiempos de corrección política y, lo que es peor si cabe, de presunción de culpabilidad para los conductores. Para mí es un dilema. Me encanta conducir y disfruto como un marrano en un charco cuando me subo a un coche con más de 200 CV, pero en mis desplazamientos diarios voy (casi) siempre dentro de los límites legales y buscando un consumo mínimo. Dicho de otro modo, soy potencial cliente del CT 200h —también del A3 1.6 TDi—, pero mis gustos personales van por otro camino.

Resulta obvio que Lexus pretende hacerse un hueco entre los compactos premium con su CT 200h, rivalizando con Audi A3 y BMW Serie 1. Ambos modelos alemanes cuentan con sendas versiones de gasolina (A3 1.4 TFSi y 116i) con la misma potencia «global» (136 CV), que anuncia Lexus para su CT 200h. Frente a ellos, el japonés es bastante más caro, pierde con cierta dignidad en prestaciones —sobre todo ahora que el BMW tiene un 1.6 turbo— y gana por goleada en consumo y bajas emisiones, que a fin de cuentas es la verdadera razón de ser de este híbrido. Por ello hemos pensado que había que ponerle las cosas más complicadas al CT 200h y compararlo con un A3 1.6 TDi de 105 CV, que pregona un consumo medio oficial casi idéntico4,2 l/100 km frente a 4,1—, aunque las emisiones de CO2 sean algo superiores al ser un Diesel112 g/km del A3 por 94 del CT 200h—, pero siempre por debajo del límite fiscal. De todas maneras, ambos modelos son compactos premium, y entrar a discutir diferencias de calidad de acabado o equipamiento resulta un asunto baladí.  

Y, ya que el rendimiento es el factor clave —con especial atención al consumo más que a las prestaciones en sí—, empezaré por centrarme en este aspecto. Tanto el A3 como el CT 200h llevan stop&start y sistema de recuperación de energía en frenada. La principal y obvia diferencia —tipo de neumáticos aparte— es el sistema de propulsión. Como buen híbrido, el Lexus marca una distancia considerable cuando se mueve por ciudad, que es el ámbito donde mejor partido saca de la posibilidad de moverse en modo eléctrico. Además, las constantes frenadas y paradas permiten en cierta manera que las baterías alarguen el margen de utilización del motor eléctrico, por lo que el de gasolina interviene menos. El resultado es que, sin hacer un gran esfuerzo ni empeñarnos en salir de los semáforos con el pie a tabla, el consumo rara vez pasa de los 4 l/100 km en recorrido urbano. El A3, en el mismo escenario, se acerca a los 6, una cifra muy frugal, pero lejos en cualquier caso de los números que es capaz de ofrecer el CT 200h.

En carretera abierta, en cambio, los resultados dependen sobremanera del tipo de recorrido y del estilo de conducción. Si vamos de viaje por autovía o autopista a velocidad constante, las baterías acaban por quedar prácticamente exhaustas y el sistema híbrido se convierte más en un lastre que en una ayuda. En este mismo panorama, el Audi va como un reloj e, incluso, aprovecha mejor el combustible a medida que aumentamos el crucero. También la amplitud interior o la capacidad de carga juegan a favor del A3, mientras que la baja sonoridad del CT 200h resulta sorprendente, factores ambos a tener en cuenta a la hora de viajar.

El horizonte no es el mismo si ante nosotros tenemos una ruta virada o una carretera en la que no es necesario o no se puede mantener un ritmo constante. En tal caso, el Lexus sí que se beneficia del empuje extra que aporta el motor eléctrico y, al tener sucesivas fases de frenada y retención, las baterías no se agotan como sucede en autopista a 120 km/h mantenidos. Así, el CT 200h suele arrojar un consumo inferior, que normalmente llega como mucho a un litro menos cada 100 kilómetros. Todo ello siempre y cuando circulemos a ritmo razonable y dentro de los límites legales, porque si queremos exprimir toda la potencia disponible en ambos modelos, entonces el Audi no gasta mucho más que el Lexus y las diferencias se reducen a medida que exigimos más, sobre todo en subida. Es más, en tales circunstancias y debido al tipo de caja de cambios que lleva el Lexus, también es normal que el confort sonoro —factor que siempre está a favor del modelo japonés—, se vuelva en contra del Lexus.

Al final, la media global de consumo sale favorable al Lexus, una vez que hemos considerado todos los escenarios posibles de utilización, pero el resultado se debe sobre todo a la clara desventaja en ciudad que arrastra el Audi. Como es natural en una comparativa en la que rendimiento, coste por kilómetro y plazo de amortización pueden ser factores decisivos, el precio de venta también tiene mucho que decir. El CT 200h es más caro, en nuestro caso concreto, 2.190 euros más. Con ese dinero y según nuestros cálculos y datos de consumo, habría que hacer más de 400.000 km con el Lexus antes de empezar a amortizarlo. Demasiada tela.

Dinámicamente, y aunque ambos motores no permiten considerarlos otra cosa que vehículos de transporte, el A3 es superior. Va más por el sitio, inspira más confianza, frena mejor y con un tacto inequívoco, el tren trasero es más progresivo y la amortiguación, ligeramente más firme, sujeta con mayor eficacia la carrocería aunque los muelles puedan parecer igual o más blandos que los del Lexus. De hecho, no tiene mucho sentido montar la suspensión deportiva que ofrece Audi —menos aún la S Line—, dadas las características del coche. El CT 200h va francamente bien —muy bien en realidad, todo hay que decirlo—, pero tiene matices peculiares, como su pedal de freno que solo parece tener dos modos (todo o nada). También el eje posterior se insinúa más —algo nada preocupante pero sí perceptible—, aunque en este sentido cabe achacarlo más al tipo y sección de neumáticos que monta cada uno. De la misma manera, el tacto de la dirección Servotronic de Audi aporta mayor confianza y precisión que la EPS de Lexus como ya he comentado.

Resumiendo, repito que el CT 200h me gusta porque tiene indudables atractivos y se ajusta perfectamente al concepto de compacto premium, con el valor añadido de su avanzada tecnología y el hecho de que anda lo suficiente y gasta poco o muy poco. Sin embargo, el A3 1.6 TDi aguanta bien el envite e impone menos condicionantes de uso en cualquier circunstancia. Al final va a resultar que no me pesan tanto los… años.

¿Me dejo seducir por la moderna tecnología de Lexus o soy pragmático y me conformo con el eficaz 1.6 TDi de Audi? Pues depende. Para uso urbano o recorridos cortos y variados con poco equipaje, me quedo con el CT 200h. Para viajar e, incluso, para disfrutar conduciendo en la medida de sus posibilidades, prefiero el A3. Y, si es por precio, la respuesta es obvia.