Land Rover Freelander2 2.2 Td4 frente a VW Tiguan 2.0 TDI

Los SUV están de moda y, por este motivo, en Autopista hemos enfrentado dos modelos de última generación con muchos atractivos. Automóviles para todo, aunque no para todos.
-
Land Rover Freelander2 2.2 Td4 frente a VW Tiguan 2.0 TDI
Land Rover Freelander2 2.2 Td4 frente a VW Tiguan 2.0 TDI

El motor de 2,2 litros del Freelander supera en prestaciones al 2 litros del Tiguan. Esta afirmación podría parecer demasiado tajante y, en parte, así es. Los 20 CV teóricos que hay de diferencia entre ambos, parecen ser más, puesto que pese a los casi 200 kg de peso de más del Freelander sobre el Tiguan, las prestaciones son mejores en el Land Rover. En este caso hemos enfrentado ambos modelos en versiones con cambio automático de seis relaciones. En las inserciones de marchas, la transmisión del modelo germano se muestra más rápida, lo que también ocurre cuando se maneja en modo manual. Con los datos de prestaciones en la mano, el Freelander es más rápido en todas las mediciones. Como contrapartida, todos los consumos son más elevados que en su rival, con diferencias bastante abultadas, tal como se refleja, por ejemplo, en el consumo urbano.

En cuanto a la sonoridad y rumorosidad de los propulsores, lo tienen complicado para disimular su dependencia del gasóleo. El Tiguan cuenta con un 2 litros TDI con inyección directa por conducto común, un avance que ha servido para disminuir la sonoridad y las vibraciones con respecto al sistema de inyección por inyector-bomba, aunque todavía tienen que ganar mucho en refinamiento para acercarse a los últimos propulsores de gasolina. En el cuatro cilindros del Freelander destaca el par disponible a bajo régimen, lo que permite que desde pocas vueltas empuje con contundencia.

El Land Rover aventaja en lo relacionado a la habitabilidad a su rival. Las cotas de altura interior son similares, no así las de anchura, más reducidas en el Tiguan. Tres pasajeros sentados en las plazas traseras del Tiguan irán apretados y, en este caso, el maletero podría resultar escaso. Un elemento muy interesante es la banqueta trasera con regulación longitudinal, lo que permite adaptar a las necesidades puntuales, la relación entre volumen de maletero y espacio para las piernas de los pasajeros de las plazas traseras. Si bien el acabado del Tiguan se corresponde con el tope de gama, en el caso del Freelander existen todavía dos niveles más por encima, el SE y el HSE. Aún así, el equipamiento es muy completo en esta versión, con elementos de serie como el “Terrain Response” –selección manual del programa electrónico de tracción-, o sensores de luz y lluvia, por citar algunos. En el Tiguan, el equipamiento de la versión probada es aún más completo, con asientos con reglaje eléctrico y calefactables, y faros bixenón. En el puesto de conducción del Freelander vamos sentados a una altura más elevada que la habitual en un turismo, en el Tiguan apenas existen diferencias en este sentido. Además, los asientos nos han parecido más cómodos y con una mayor sujeción lateral.

En cuanto a seguridad, la nota en ambos es elevada. Y eso que consideramos que, a igualdad de elementos de seguridad activa y pasiva, los SUV no llegan a alcanzar el nivel de seguridad de una berlina equivalente, con menor peso y un centro de gravedad más bajo. En cualquier caso, estamos ante dos modelos de última generación en este sentido, con elementos de serie como los airbags de rodilla o el control de descenso de pendientes. La ventaja de medio punto a favor del Tiguan se debe al comportamiento en carretera, con más aplomo en cualquier tipo de conducción. Otra de las diferencias que dan la ventaja en este apartado al Tiguan son los frenos. No sólo la distancia de detención es mejor, sino que por tacto y resistencia también lo supera.

En el apartado económico, siendo dos modelos de precios similares -y no baratos precisamente-, el Freelander se ve perjudicado por el reciente cambio impositivo derivado de las nueva normativa de emisiones de C02. Mientras que el Tiguan se mantienen justo en los 199 gr/km y, por tanto, en el 9,75 % de impuesto de matriculación, el Freelander, por montar cambio automático y aumentar ligeramente las emisiones, pasa al siguiente tramo de cotización, es decir, a un 14,75 por ciento. Es por ello que, respecto al Freelander con cambio manual la diferencia de precio asciende casi a 2.600 euros para el mismo nivel de equipamiento. Encima, las opciones que se elijan en el Freelander CommandShift estarán gravadas con un 14,75 por ciento en lugar del 9,75. En resumen, frente al Tiguan, el Freelander es menos competitivo con el cambio automático que con el manual.

Land Rover Freelander
— Aptitudes camperas
— Calidad de realización
— Confort de marcha
Volkswagen Tiguan
— Consumo contenido
— Equipamiento completo
— Comportamiento

Land Rover Freelander
— Dirección lenta
— Pocas opciones
— Precio con cambio automático
Volkswagen Tiguan
— Prestaciones mejorables
— Altura libre al suelo
— Reposabrazos del asiento trasero

Coches para todo...
No te pierdas los vídeos

El motor de 2,2 litros del Freelander supera en prestaciones al 2 litros del Tiguan. Esta afirmación podría parecer demasiado tajante y, en parte, así es. Los 20 CV teóricos que hay de diferencia entre ambos, parecen ser más, puesto que pese a los casi 200 kg de peso de más del Freelander sobre el Tiguan, las prestaciones son mejores en el Land Rover. En este caso hemos enfrentado ambos modelos en versiones con cambio automático de seis relaciones. En las inserciones de marchas, la transmisión del modelo germano se muestra más rápida, lo que también ocurre cuando se maneja en modo manual. Con los datos de prestaciones en la mano, el Freelander es más rápido en todas las mediciones. Como contrapartida, todos los consumos son más elevados que en su rival, con diferencias bastante abultadas, tal como se refleja, por ejemplo, en el consumo urbano.

En cuanto a la sonoridad y rumorosidad de los propulsores, lo tienen complicado para disimular su dependencia del gasóleo. El Tiguan cuenta con un 2 litros TDI con inyección directa por conducto común, un avance que ha servido para disminuir la sonoridad y las vibraciones con respecto al sistema de inyección por inyector-bomba, aunque todavía tienen que ganar mucho en refinamiento para acercarse a los últimos propulsores de gasolina. En el cuatro cilindros del Freelander destaca el par disponible a bajo régimen, lo que permite que desde pocas vueltas empuje con contundencia.

El Land Rover aventaja en lo relacionado a la habitabilidad a su rival. Las cotas de altura interior son similares, no así las de anchura, más reducidas en el Tiguan. Tres pasajeros sentados en las plazas traseras del Tiguan irán apretados y, en este caso, el maletero podría resultar escaso. Un elemento muy interesante es la banqueta trasera con regulación longitudinal, lo que permite adaptar a las necesidades puntuales, la relación entre volumen de maletero y espacio para las piernas de los pasajeros de las plazas traseras. Si bien el acabado del Tiguan se corresponde con el tope de gama, en el caso del Freelander existen todavía dos niveles más por encima, el SE y el HSE. Aún así, el equipamiento es muy completo en esta versión, con elementos de serie como el “Terrain Response” –selección manual del programa electrónico de tracción-, o sensores de luz y lluvia, por citar algunos. En el Tiguan, el equipamiento de la versión probada es aún más completo, con asientos con reglaje eléctrico y calefactables, y faros bixenón. En el puesto de conducción del Freelander vamos sentados a una altura más elevada que la habitual en un turismo, en el Tiguan apenas existen diferencias en este sentido. Además, los asientos nos han parecido más cómodos y con una mayor sujeción lateral.

En cuanto a seguridad, la nota en ambos es elevada. Y eso que consideramos que, a igualdad de elementos de seguridad activa y pasiva, los SUV no llegan a alcanzar el nivel de seguridad de una berlina equivalente, con menor peso y un centro de gravedad más bajo. En cualquier caso, estamos ante dos modelos de última generación en este sentido, con elementos de serie como los airbags de rodilla o el control de descenso de pendientes. La ventaja de medio punto a favor del Tiguan se debe al comportamiento en carretera, con más aplomo en cualquier tipo de conducción. Otra de las diferencias que dan la ventaja en este apartado al Tiguan son los frenos. No sólo la distancia de detención es mejor, sino que por tacto y resistencia también lo supera.

En el apartado económico, siendo dos modelos de precios similares -y no baratos precisamente-, el Freelander se ve perjudicado por el reciente cambio impositivo derivado de las nueva normativa de emisiones de C02. Mientras que el Tiguan se mantienen justo en los 199 gr/km y, por tanto, en el 9,75 % de impuesto de matriculación, el Freelander, por montar cambio automático y aumentar ligeramente las emisiones, pasa al siguiente tramo de cotización, es decir, a un 14,75 por ciento. Es por ello que, respecto al Freelander con cambio manual la diferencia de precio asciende casi a 2.600 euros para el mismo nivel de equipamiento. Encima, las opciones que se elijan en el Freelander CommandShift estarán gravadas con un 14,75 por ciento en lugar del 9,75. En resumen, frente al Tiguan, el Freelander es menos competitivo con el cambio automático que con el manual.

Land Rover Freelander
— Aptitudes camperas
— Calidad de realización
— Confort de marcha
Volkswagen Tiguan
— Consumo contenido
— Equipamiento completo
— Comportamiento

Land Rover Freelander
— Dirección lenta
— Pocas opciones
— Precio con cambio automático
Volkswagen Tiguan
— Prestaciones mejorables
— Altura libre al suelo
— Reposabrazos del asiento trasero

Coches para todo...
No te pierdas los vídeos

El motor de 2,2 litros del Freelander supera en prestaciones al 2 litros del Tiguan. Esta afirmación podría parecer demasiado tajante y, en parte, así es. Los 20 CV teóricos que hay de diferencia entre ambos, parecen ser más, puesto que pese a los casi 200 kg de peso de más del Freelander sobre el Tiguan, las prestaciones son mejores en el Land Rover. En este caso hemos enfrentado ambos modelos en versiones con cambio automático de seis relaciones. En las inserciones de marchas, la transmisión del modelo germano se muestra más rápida, lo que también ocurre cuando se maneja en modo manual. Con los datos de prestaciones en la mano, el Freelander es más rápido en todas las mediciones. Como contrapartida, todos los consumos son más elevados que en su rival, con diferencias bastante abultadas, tal como se refleja, por ejemplo, en el consumo urbano.

En cuanto a la sonoridad y rumorosidad de los propulsores, lo tienen complicado para disimular su dependencia del gasóleo. El Tiguan cuenta con un 2 litros TDI con inyección directa por conducto común, un avance que ha servido para disminuir la sonoridad y las vibraciones con respecto al sistema de inyección por inyector-bomba, aunque todavía tienen que ganar mucho en refinamiento para acercarse a los últimos propulsores de gasolina. En el cuatro cilindros del Freelander destaca el par disponible a bajo régimen, lo que permite que desde pocas vueltas empuje con contundencia.

El Land Rover aventaja en lo relacionado a la habitabilidad a su rival. Las cotas de altura interior son similares, no así las de anchura, más reducidas en el Tiguan. Tres pasajeros sentados en las plazas traseras del Tiguan irán apretados y, en este caso, el maletero podría resultar escaso. Un elemento muy interesante es la banqueta trasera con regulación longitudinal, lo que permite adaptar a las necesidades puntuales, la relación entre volumen de maletero y espacio para las piernas de los pasajeros de las plazas traseras. Si bien el acabado del Tiguan se corresponde con el tope de gama, en el caso del Freelander existen todavía dos niveles más por encima, el SE y el HSE. Aún así, el equipamiento es muy completo en esta versión, con elementos de serie como el “Terrain Response” –selección manual del programa electrónico de tracción-, o sensores de luz y lluvia, por citar algunos. En el Tiguan, el equipamiento de la versión probada es aún más completo, con asientos con reglaje eléctrico y calefactables, y faros bixenón. En el puesto de conducción del Freelander vamos sentados a una altura más elevada que la habitual en un turismo, en el Tiguan apenas existen diferencias en este sentido. Además, los asientos nos han parecido más cómodos y con una mayor sujeción lateral.

En cuanto a seguridad, la nota en ambos es elevada. Y eso que consideramos que, a igualdad de elementos de seguridad activa y pasiva, los SUV no llegan a alcanzar el nivel de seguridad de una berlina equivalente, con menor peso y un centro de gravedad más bajo. En cualquier caso, estamos ante dos modelos de última generación en este sentido, con elementos de serie como los airbags de rodilla o el control de descenso de pendientes. La ventaja de medio punto a favor del Tiguan se debe al comportamiento en carretera, con más aplomo en cualquier tipo de conducción. Otra de las diferencias que dan la ventaja en este apartado al Tiguan son los frenos. No sólo la distancia de detención es mejor, sino que por tacto y resistencia también lo supera.

En el apartado económico, siendo dos modelos de precios similares -y no baratos precisamente-, el Freelander se ve perjudicado por el reciente cambio impositivo derivado de las nueva normativa de emisiones de C02. Mientras que el Tiguan se mantienen justo en los 199 gr/km y, por tanto, en el 9,75 % de impuesto de matriculación, el Freelander, por montar cambio automático y aumentar ligeramente las emisiones, pasa al siguiente tramo de cotización, es decir, a un 14,75 por ciento. Es por ello que, respecto al Freelander con cambio manual la diferencia de precio asciende casi a 2.600 euros para el mismo nivel de equipamiento. Encima, las opciones que se elijan en el Freelander CommandShift estarán gravadas con un 14,75 por ciento en lugar del 9,75. En resumen, frente al Tiguan, el Freelander es menos competitivo con el cambio automático que con el manual.

Land Rover Freelander
— Aptitudes camperas
— Calidad de realización
— Confort de marcha
Volkswagen Tiguan
— Consumo contenido
— Equipamiento completo
— Comportamiento

Land Rover Freelander
— Dirección lenta
— Pocas opciones
— Precio con cambio automático
Volkswagen Tiguan
— Prestaciones mejorables
— Altura libre al suelo
— Reposabrazos del asiento trasero

Coches para todo...
No te pierdas los vídeos

El motor de 2,2 litros del Freelander supera en prestaciones al 2 litros del Tiguan. Esta afirmación podría parecer demasiado tajante y, en parte, así es. Los 20 CV teóricos que hay de diferencia entre ambos, parecen ser más, puesto que pese a los casi 200 kg de peso de más del Freelander sobre el Tiguan, las prestaciones son mejores en el Land Rover. En este caso hemos enfrentado ambos modelos en versiones con cambio automático de seis relaciones. En las inserciones de marchas, la transmisión del modelo germano se muestra más rápida, lo que también ocurre cuando se maneja en modo manual. Con los datos de prestaciones en la mano, el Freelander es más rápido en todas las mediciones. Como contrapartida, todos los consumos son más elevados que en su rival, con diferencias bastante abultadas, tal como se refleja, por ejemplo, en el consumo urbano.

En cuanto a la sonoridad y rumorosidad de los propulsores, lo tienen complicado para disimular su dependencia del gasóleo. El Tiguan cuenta con un 2 litros TDI con inyección directa por conducto común, un avance que ha servido para disminuir la sonoridad y las vibraciones con respecto al sistema de inyección por inyector-bomba, aunque todavía tienen que ganar mucho en refinamiento para acercarse a los últimos propulsores de gasolina. En el cuatro cilindros del Freelander destaca el par disponible a bajo régimen, lo que permite que desde pocas vueltas empuje con contundencia.

El Land Rover aventaja en lo relacionado a la habitabilidad a su rival. Las cotas de altura interior son similares, no así las de anchura, más reducidas en el Tiguan. Tres pasajeros sentados en las plazas traseras del Tiguan irán apretados y, en este caso, el maletero podría resultar escaso. Un elemento muy interesante es la banqueta trasera con regulación longitudinal, lo que permite adaptar a las necesidades puntuales, la relación entre volumen de maletero y espacio para las piernas de los pasajeros de las plazas traseras. Si bien el acabado del Tiguan se corresponde con el tope de gama, en el caso del Freelander existen todavía dos niveles más por encima, el SE y el HSE. Aún así, el equipamiento es muy completo en esta versión, con elementos de serie como el “Terrain Response” –selección manual del programa electrónico de tracción-, o sensores de luz y lluvia, por citar algunos. En el Tiguan, el equipamiento de la versión probada es aún más completo, con asientos con reglaje eléctrico y calefactables, y faros bixenón. En el puesto de conducción del Freelander vamos sentados a una altura más elevada que la habitual en un turismo, en el Tiguan apenas existen diferencias en este sentido. Además, los asientos nos han parecido más cómodos y con una mayor sujeción lateral.

En cuanto a seguridad, la nota en ambos es elevada. Y eso que consideramos que, a igualdad de elementos de seguridad activa y pasiva, los SUV no llegan a alcanzar el nivel de seguridad de una berlina equivalente, con menor peso y un centro de gravedad más bajo. En cualquier caso, estamos ante dos modelos de última generación en este sentido, con elementos de serie como los airbags de rodilla o el control de descenso de pendientes. La ventaja de medio punto a favor del Tiguan se debe al comportamiento en carretera, con más aplomo en cualquier tipo de conducción. Otra de las diferencias que dan la ventaja en este apartado al Tiguan son los frenos. No sólo la distancia de detención es mejor, sino que por tacto y resistencia también lo supera.

En el apartado económico, siendo dos modelos de precios similares -y no baratos precisamente-, el Freelander se ve perjudicado por el reciente cambio impositivo derivado de las nueva normativa de emisiones de C02. Mientras que el Tiguan se mantienen justo en los 199 gr/km y, por tanto, en el 9,75 % de impuesto de matriculación, el Freelander, por montar cambio automático y aumentar ligeramente las emisiones, pasa al siguiente tramo de cotización, es decir, a un 14,75 por ciento. Es por ello que, respecto al Freelander con cambio manual la diferencia de precio asciende casi a 2.600 euros para el mismo nivel de equipamiento. Encima, las opciones que se elijan en el Freelander CommandShift estarán gravadas con un 14,75 por ciento en lugar del 9,75. En resumen, frente al Tiguan, el Freelander es menos competitivo con el cambio automático que con el manual.

Land Rover Freelander
— Aptitudes camperas
— Calidad de realización
— Confort de marcha
Volkswagen Tiguan
— Consumo contenido
— Equipamiento completo
— Comportamiento

Land Rover Freelander
— Dirección lenta
— Pocas opciones
— Precio con cambio automático
Volkswagen Tiguan
— Prestaciones mejorables
— Altura libre al suelo
— Reposabrazos del asiento trasero

Coches para todo...
No te pierdas los vídeos
Te recomendamos

Con un diseño deportivo, el mayor espacio de su clase, los motores con menor consumo ...

Nuevo rival en circuito para el Kia Stinger GT, la versión más deportiva de la berlin...

El Ford Focus siempre ha sido un compacto de retos y récords, y su cuarta generación ...

El fabricante japonés sigue buscando los límites de su compacto y parece no hallarle ...