Land Rover Defender 2007

El Land Rover Defender es el modelo que viene a la mente de todo el mundo cuando se cita la palabra Land Rover. Casi 60 años de permanencia en el mercado le sitúan como el modelo más longevo de la historia de los todo terreno y el que menos modificaciones ha experimentado desde que se inicio su producción. Repasamos el ayer y el hoy de este emblemático modelo.
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Land Rover Defender 2007
Land Rover Defender 2007

Cinco años después de su última puesta al día, Land Rover ha afrontado una nueva renovación del Defender, su modelo más carismático, que, intencionadamente, conserva prácticamente invariado su aspecto visual y sus características estructurales básicas para seguir ofreciendo las cualidades que le han mantenido en la brecha durante todo este tiempo.

Es difícil, muy difícil, encontrar en la actualidad un modelo de todo terreno en estado tan puro como el que mantiene el Land Rover Defender. Desde que la electrónica desembarcó en la industria del automóvil ninguna categoría se ha librado de su intervención. Es cierto que ello ha representado múltiples ventajas en el confort y fundamentalmente en la sencillez de manejo, que sin embargo, no han ido parejas al mantenimiento de la robustez y fiabilidad que siempre se ha esperado, e incluso exigido, a los modelos de todoterreno. Es más cómodo apretar un botón que mover una palanca para conectar la reductora y es más fácil confiar a un control de tracción la motricidad en condiciones extremas que desarrollar determinadas habilidades como conductor. Pero lo cierto es que la mayoría de los profesionales y los amantes del todo terreno extremo prefieren superar determinadas incomodidades que quedarse empantanados porque alguna centralita o algún sensor se halla “acatarrado” al vadear un río.

El Land Rover Defender ha mantenido esa fiabilidad y esas extraordinarias aptitudes camperas a lo largo de toda su historia, pero los tiempos cambian y las exigencias del mercado requerían una serie de cambios que la marca ha afrontado con especial cuidado de no perturbar las cualidades intrínsecas del modelo.

Cinco años después de su última puesta al día, Land Rover ha afrontado una nueva renovación del Defender, su modelo más carismático, que, intencionadamente, conserva prácticamente invariado su aspecto visual y sus características estructurales básicas para seguir ofreciendo las cualidades que le han mantenido en la brecha durante todo este tiempo.

Es difícil, muy difícil, encontrar en la actualidad un modelo de todo terreno en estado tan puro como el que mantiene el Land Rover Defender. Desde que la electrónica desembarcó en la industria del automóvil ninguna categoría se ha librado de su intervención. Es cierto que ello ha representado múltiples ventajas en el confort y fundamentalmente en la sencillez de manejo, que sin embargo, no han ido parejas al mantenimiento de la robustez y fiabilidad que siempre se ha esperado, e incluso exigido, a los modelos de todoterreno. Es más cómodo apretar un botón que mover una palanca para conectar la reductora y es más fácil confiar a un control de tracción la motricidad en condiciones extremas que desarrollar determinadas habilidades como conductor. Pero lo cierto es que la mayoría de los profesionales y los amantes del todo terreno extremo prefieren superar determinadas incomodidades que quedarse empantanados porque alguna centralita o algún sensor se halla “acatarrado” al vadear un río.

El Land Rover Defender ha mantenido esa fiabilidad y esas extraordinarias aptitudes camperas a lo largo de toda su historia, pero los tiempos cambian y las exigencias del mercado requerían una serie de cambios que la marca ha afrontado con especial cuidado de no perturbar las cualidades intrínsecas del modelo.

Cinco años después de su última puesta al día, Land Rover ha afrontado una nueva renovación del Defender, su modelo más carismático, que, intencionadamente, conserva prácticamente invariado su aspecto visual y sus características estructurales básicas para seguir ofreciendo las cualidades que le han mantenido en la brecha durante todo este tiempo.

Es difícil, muy difícil, encontrar en la actualidad un modelo de todo terreno en estado tan puro como el que mantiene el Land Rover Defender. Desde que la electrónica desembarcó en la industria del automóvil ninguna categoría se ha librado de su intervención. Es cierto que ello ha representado múltiples ventajas en el confort y fundamentalmente en la sencillez de manejo, que sin embargo, no han ido parejas al mantenimiento de la robustez y fiabilidad que siempre se ha esperado, e incluso exigido, a los modelos de todoterreno. Es más cómodo apretar un botón que mover una palanca para conectar la reductora y es más fácil confiar a un control de tracción la motricidad en condiciones extremas que desarrollar determinadas habilidades como conductor. Pero lo cierto es que la mayoría de los profesionales y los amantes del todo terreno extremo prefieren superar determinadas incomodidades que quedarse empantanados porque alguna centralita o algún sensor se halla “acatarrado” al vadear un río.

El Land Rover Defender ha mantenido esa fiabilidad y esas extraordinarias aptitudes camperas a lo largo de toda su historia, pero los tiempos cambian y las exigencias del mercado requerían una serie de cambios que la marca ha afrontado con especial cuidado de no perturbar las cualidades intrínsecas del modelo.

Cinco años después de su última puesta al día, Land Rover ha afrontado una nueva renovación del Defender, su modelo más carismático, que, intencionadamente, conserva prácticamente invariado su aspecto visual y sus características estructurales básicas para seguir ofreciendo las cualidades que le han mantenido en la brecha durante todo este tiempo.

Es difícil, muy difícil, encontrar en la actualidad un modelo de todo terreno en estado tan puro como el que mantiene el Land Rover Defender. Desde que la electrónica desembarcó en la industria del automóvil ninguna categoría se ha librado de su intervención. Es cierto que ello ha representado múltiples ventajas en el confort y fundamentalmente en la sencillez de manejo, que sin embargo, no han ido parejas al mantenimiento de la robustez y fiabilidad que siempre se ha esperado, e incluso exigido, a los modelos de todoterreno. Es más cómodo apretar un botón que mover una palanca para conectar la reductora y es más fácil confiar a un control de tracción la motricidad en condiciones extremas que desarrollar determinadas habilidades como conductor. Pero lo cierto es que la mayoría de los profesionales y los amantes del todo terreno extremo prefieren superar determinadas incomodidades que quedarse empantanados porque alguna centralita o algún sensor se halla “acatarrado” al vadear un río.

El Land Rover Defender ha mantenido esa fiabilidad y esas extraordinarias aptitudes camperas a lo largo de toda su historia, pero los tiempos cambian y las exigencias del mercado requerían una serie de cambios que la marca ha afrontado con especial cuidado de no perturbar las cualidades intrínsecas del modelo.

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