Kia Picanto 1.1

Sus medidas le especializan en el desplazamiento urbano. El pequeño Picanto se aparca bien, se conduce fácilmente, consumo poco y transmite una acorde modernidad técnica y funcional.
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Kia Picanto 1.1
Kia Picanto 1.1

En marcha, su conducción resulta muy sencilla. Ya hemos comentado el acertado tacto de su dirección (eléctrica, para que otros fabricantes aprendan), cambio, etc. Sin ruidos y sin vibraciones, el Picanto se mueve por la ciudad con enorme soltura. Pisa bien, gira bien, frena bien, se domina el entorno bien, se aparca bien… es un coche que no extraña por nada, que se conduce de forma muy natural, sin ninguna exigencia ni atención extra. El tarado revisado de la suspensión le da cierta solidez de marcha, de pisada asentada, y sin comprometer el confort, le da un tacto de coche dinámicamente cuidado, algo de lo que no siempre los utilitarios básicos han podido presumir.

Por todo esto, el Picanto en carretera sorprende aun más por su corrección dinámica. Desde la perspectiva de lo que es, un coche pequeño y ligero, el Picanto tiene una estabilidad lineal y una entrada y aplomo en curva que no le excluye de plantearse largos recorridos con solvencia y comodidad. Esta generación Picanto puede montar opcionalmente el control de estabilidad, que sería bienvenido para asegurarse un plus de seguridad en trayectos en carretera. Nuestra unidad montaba neumáticos Kumho, y extraemos dos lecturas de ello: que el bastidor del Picanto no necesita ayudas extras de neumáticos renombrados, y que la industria coreana de neumáticos siguen la buena velocidad de crucero de la industria automovilística de su país.

Aun sin cambios oficiales anunciados, la versión probada 1.1 de gasolina ha sido homologada con menos emisiones de C02 que la versión saliente. Con 118 gramos está excluido de cualquier tipo impositivo (a partir de 120 gramos) del actual impuesto de matriculación y esto le permite prácticamente mantener la tarifa del modelo saliente. Esta variante, para seguir la línea notable del modelo, presenta un comportamiento muy correcto, sin deslumbrar por sus números, pero sin desagradar lo más mínimo por su funcionamiento. Es más, quizás lo más sorprendente de este motor es lo silencioso que resulta a ralentí y a bajos regímenes.

En movimiento su empuje está en consonancia con los números que anuncia. Es un motor pequeño, que no débil. Empuja bien, sin ahogos y sin baches en su rango de giro. La caja de cambios se adapta a estas circunstancias, con desarrollos adecuados para primar la buena respuesta del motor. En su nivel, pero el Picanto se conduce, por motor, con igual despreocupación que su bastidor. En ciudad siempre garantiza la agilidad suficiente para aprovechar huecos y en carretera los cruceros legales los afronta con total normalidad. Aquí, su limitación está en los adelantamientos, que exigen tiempo y dedicación para afrontarlos con seguridad. Los consumos, sin ser excepcionalmente bajos, se mueven en la lógica marcada por un motor pequeño moviendo un coche que en nuestra báscula ha pesado menos de 1.000 kilos.

En función al acabado, el Picanto 1.1i parte de una factura inferior a los 10.000 euros (9.700). Es cierto que dependiendo del variado clima de nuestra geografía, el aire acondicionado (707 euros) puede convertirse en una opción obligatoria a sumar, pero en cualquier caso hablamos de unos precios que marcan el listón por abajo. Curiosamente, esta versión se puede pedir con cambio automático, una opción que remata la faceta inminentemente urbana del Picanto, pero curiosamente con esta opción el Picanto pasa a estar penalizado en el impuesto de matriculación un 4,75 por ciento, que rompe con una factura total de 12.465 euros sin aire acondicionado el buen equilibrio del Picanto. En cualquier caso, este Picanto no es sólo una alternativa por precio. Su buen funcionamiento crea buena empatía por el coche.

— Funcionamiento general
— Maniobrabilidad urbana
— Garantía comercial

— Maletero pequeño
— Kit reparapinchazos
— Modularidad limitada

En marcha, su conducción resulta muy sencilla. Ya hemos comentado el acertado tacto de su dirección (eléctrica, para que otros fabricantes aprendan), cambio, etc. Sin ruidos y sin vibraciones, el Picanto se mueve por la ciudad con enorme soltura. Pisa bien, gira bien, frena bien, se domina el entorno bien, se aparca bien… es un coche que no extraña por nada, que se conduce de forma muy natural, sin ninguna exigencia ni atención extra. El tarado revisado de la suspensión le da cierta solidez de marcha, de pisada asentada, y sin comprometer el confort, le da un tacto de coche dinámicamente cuidado, algo de lo que no siempre los utilitarios básicos han podido presumir.

Por todo esto, el Picanto en carretera sorprende aun más por su corrección dinámica. Desde la perspectiva de lo que es, un coche pequeño y ligero, el Picanto tiene una estabilidad lineal y una entrada y aplomo en curva que no le excluye de plantearse largos recorridos con solvencia y comodidad. Esta generación Picanto puede montar opcionalmente el control de estabilidad, que sería bienvenido para asegurarse un plus de seguridad en trayectos en carretera. Nuestra unidad montaba neumáticos Kumho, y extraemos dos lecturas de ello: que el bastidor del Picanto no necesita ayudas extras de neumáticos renombrados, y que la industria coreana de neumáticos siguen la buena velocidad de crucero de la industria automovilística de su país.

Aun sin cambios oficiales anunciados, la versión probada 1.1 de gasolina ha sido homologada con menos emisiones de C02 que la versión saliente. Con 118 gramos está excluido de cualquier tipo impositivo (a partir de 120 gramos) del actual impuesto de matriculación y esto le permite prácticamente mantener la tarifa del modelo saliente. Esta variante, para seguir la línea notable del modelo, presenta un comportamiento muy correcto, sin deslumbrar por sus números, pero sin desagradar lo más mínimo por su funcionamiento. Es más, quizás lo más sorprendente de este motor es lo silencioso que resulta a ralentí y a bajos regímenes.

En movimiento su empuje está en consonancia con los números que anuncia. Es un motor pequeño, que no débil. Empuja bien, sin ahogos y sin baches en su rango de giro. La caja de cambios se adapta a estas circunstancias, con desarrollos adecuados para primar la buena respuesta del motor. En su nivel, pero el Picanto se conduce, por motor, con igual despreocupación que su bastidor. En ciudad siempre garantiza la agilidad suficiente para aprovechar huecos y en carretera los cruceros legales los afronta con total normalidad. Aquí, su limitación está en los adelantamientos, que exigen tiempo y dedicación para afrontarlos con seguridad. Los consumos, sin ser excepcionalmente bajos, se mueven en la lógica marcada por un motor pequeño moviendo un coche que en nuestra báscula ha pesado menos de 1.000 kilos.

En función al acabado, el Picanto 1.1i parte de una factura inferior a los 10.000 euros (9.700). Es cierto que dependiendo del variado clima de nuestra geografía, el aire acondicionado (707 euros) puede convertirse en una opción obligatoria a sumar, pero en cualquier caso hablamos de unos precios que marcan el listón por abajo. Curiosamente, esta versión se puede pedir con cambio automático, una opción que remata la faceta inminentemente urbana del Picanto, pero curiosamente con esta opción el Picanto pasa a estar penalizado en el impuesto de matriculación un 4,75 por ciento, que rompe con una factura total de 12.465 euros sin aire acondicionado el buen equilibrio del Picanto. En cualquier caso, este Picanto no es sólo una alternativa por precio. Su buen funcionamiento crea buena empatía por el coche.

— Funcionamiento general
— Maniobrabilidad urbana
— Garantía comercial

— Maletero pequeño
— Kit reparapinchazos
— Modularidad limitada

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