Kia Carnival 2.9 CRDI EX I

La segunda generación del Carnival da un salto cualitativo importante, con unos mejores acabados, mayor equipamiento, un motor más ambicioso y un dinamismo superior. Lo que no hay es salto cuantitativo, porque ahora es más pequeño, para hacerlo más manejable, y su precio no ha variado en exceso.
Autopista -
Kia Carnival 2.9 CRDI EX I
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('http://multimedia.terra.es/viewer/portada.cfm?cod_media=51419&mapnivel1=MUS','','width=765,height=470') ">Kia Carnival

Hay determinadas familias que no pueden conformarse con los monovolúmenes convencionales de cinco plazas. Es entonces cuando cualquier tipo de desplazamiento de toda la "tropa" se convierte casi en un drama. Cábalas y cálculos para organizar el espacio del coche y para ver quién es el "afortunado" que tiene que desplazarse en transporte público.

No obstante, para solucionar estos problemas existen determinados vehículos que, aunque no son superventas, cumplen con creces la especial misión que se les encomienda. Son los grandes monovolumenes, enormes moles de metal que nos recuerdan a furgonetas pero que se han refinado con el objetivo de transportar con la máxima comodidad posible a sus ocupantes.

La mayoría de constructores generalistas cuentan en sus gamas con modelos de este corte, aunque los reyes del segmento, por volumen de ventas, son el Chrysler Voyager, el Renault Grand Espace y el modelo que protagoniza nuestro análisis, el Kia Carnival, que acaba de estrenar nueva generación.

Respecto a la primera entrega, este nuevo Kia Carnival es, contrariamente a lo que cabría imaginar y a lo que se lleva en el mercado automovilístico, más pequeño. Sí, no nos equivocamos ni un ápice. Kia ha querido hacer un Carnival más manejable y le ha restado 12 centímetros de longitud, dos de batalla y cinco de altura, aunque la anchura ahora es mayor, exactamente ocho centímetros más.

Este "encogimiento" no significa que los pasajeros cuenten con menor espacio a su disposición. Las plazas delanteras y traseras gozan de un gran desahogo, incrementado además por la ausencia del túnel central de la transmisión. Comparado con sus principales rivales, y metro en mano, la habitabilidad es muy similar, aunque los pasajeros de la segunda y tercera fila encontrarán más confort en el Grand Espace.

El Carnival cambia la configuración de los asientos. Se abandona la banqueta corrida y ahora cada una de las butacas es individual, organizadas en un sistema 2+3+2 (anteriormente 2+2+3). La última fila de asientos es bastante aprovechable y el acceso a la misma no presenta demasiadas dificultades. En ella pueden viajar dos adultos, aunque con menor comodidad que en el resto de las zonas, sobre todo por altura, aunque son totalmente aprovechables por adultos.

El principal perjudicado de que el Carnival sea ahora más corto es, indudablemente, el maletero. Cuando están desplegados los siete asientos, el espacio de carga que nos queda es mínimo -apenas 214 litros- , por lo que hay que recurrir a jugar al mecano con las butacas para incrementar esa cifra. Si desplazamos la tercera fila de asientos los 16 centímetros que permite, obtendremos 400 litros. Para lograr mayor capacidad, ya nos tenemos que meter en faena y abatir la tercera fila (1.068 litros), desmontarla (1.485 litros), abatir las cinco plazas traseras (2.324 litros) o quitar todos los asientos de las plazas traseras (3.423 litros). La operación necesaria para quitar los asientos no es complicada, aunque el peso de cada butaca –24,2 kg- sí es elevado.

El interior del Carnival tiene mejor aspecto que el de la anterior edición. Se nota un trabajo importante en Kia con el fin de dotar a sus vehículos de ajustes de mayor calidad y mejores materiales. Aun así, todavía nos encontramos con plásticos que están a la altura de un coche que cuesta más de 30.000 euros. Lo que no admite reproches es la cantidad espacios para depositar objetos (dos guanteras, las tradicionales bolsas de las puertas y los asientos, más diversos cofres que jalonan el salpicadero y los numerosos –hasta seis- espacios para las bebidas). Por lo demás, los principales mandos y el cambio –con un tacto no muy agradable-, en la consola central, están muy a mano.

El puesto de conducción es el típico de un monovolumen, con una posición elevada que permite una mejor visión del tráfico. La ausencia de regulación en profundidad del volante no impide que logremos una buena postura al volante, que se complementa con unos asientos cómodos, aunque con un agarre lateral insuficiente.

La climatización de las plazas traseras, tanto en la segunda como en la tercera fila, ha sido uno de los aspectos más cuidados en la nueva generación del Carnival. Se ha cambiado la ubicación de las salidas de aire, antes en los laterales, ahora en el centro del techo, lo que se mantiene es la posibilidad de que los propios ocupantes de estas plazas controlen el flujo y la temperatura de aire que les llega. Además, como novedad, la puerta corredera permite la apertura de su cristal de manera casi completa. Todo esto, unido a que las ventanas de la segunda y tercera fila están tintadas, para dificultar la entrada del sol, asegura una buena climatización de la zona posterior del Carnival.

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Hay determinadas familias que no pueden conformarse con los monovolúmenes convencionales de cinco plazas. Es entonces cuando cualquier tipo de desplazamiento de toda la "tropa" se convierte casi en un drama. Cábalas y cálculos para organizar el espacio del coche y para ver quién es el "afortunado" que tiene que desplazarse en transporte público.

No obstante, para solucionar estos problemas existen determinados vehículos que, aunque no son superventas, cumplen con creces la especial misión que se les encomienda. Son los grandes monovolumenes, enormes moles de metal que nos recuerdan a furgonetas pero que se han refinado con el objetivo de transportar con la máxima comodidad posible a sus ocupantes.

La mayoría de constructores generalistas cuentan en sus gamas con modelos de este corte, aunque los reyes del segmento, por volumen de ventas, son el Chrysler Voyager, el Renault Grand Espace y el modelo que protagoniza nuestro análisis, el Kia Carnival, que acaba de estrenar nueva generación.

Respecto a la primera entrega, este nuevo Kia Carnival es, contrariamente a lo que cabría imaginar y a lo que se lleva en el mercado automovilístico, más pequeño. Sí, no nos equivocamos ni un ápice. Kia ha querido hacer un Carnival más manejable y le ha restado 12 centímetros de longitud, dos de batalla y cinco de altura, aunque la anchura ahora es mayor, exactamente ocho centímetros más.

Este "encogimiento" no significa que los pasajeros cuenten con menor espacio a su disposición. Las plazas delanteras y traseras gozan de un gran desahogo, incrementado además por la ausencia del túnel central de la transmisión. Comparado con sus principales rivales, y metro en mano, la habitabilidad es muy similar, aunque los pasajeros de la segunda y tercera fila encontrarán más confort en el Grand Espace.

El Carnival cambia la configuración de los asientos. Se abandona la banqueta corrida y ahora cada una de las butacas es individual, organizadas en un sistema 2+3+2 (anteriormente 2+2+3). La última fila de asientos es bastante aprovechable y el acceso a la misma no presenta demasiadas dificultades. En ella pueden viajar dos adultos, aunque con menor comodidad que en el resto de las zonas, sobre todo por altura, aunque son totalmente aprovechables por adultos.

El principal perjudicado de que el Carnival sea ahora más corto es, indudablemente, el maletero. Cuando están desplegados los siete asientos, el espacio de carga que nos queda es mínimo -apenas 214 litros- , por lo que hay que recurrir a jugar al mecano con las butacas para incrementar esa cifra. Si desplazamos la tercera fila de asientos los 16 centímetros que permite, obtendremos 400 litros. Para lograr mayor capacidad, ya nos tenemos que meter en faena y abatir la tercera fila (1.068 litros), desmontarla (1.485 litros), abatir las cinco plazas traseras (2.324 litros) o quitar todos los asientos de las plazas traseras (3.423 litros). La operación necesaria para quitar los asientos no es complicada, aunque el peso de cada butaca –24,2 kg- sí es elevado.

El interior del Carnival tiene mejor aspecto que el de la anterior edición. Se nota un trabajo importante en Kia con el fin de dotar a sus vehículos de ajustes de mayor calidad y mejores materiales. Aun así, todavía nos encontramos con plásticos que están a la altura de un coche que cuesta más de 30.000 euros. Lo que no admite reproches es la cantidad espacios para depositar objetos (dos guanteras, las tradicionales bolsas de las puertas y los asientos, más diversos cofres que jalonan el salpicadero y los numerosos –hasta seis- espacios para las bebidas). Por lo demás, los principales mandos y el cambio –con un tacto no muy agradable-, en la consola central, están muy a mano.

El puesto de conducción es el típico de un monovolumen, con una posición elevada que permite una mejor visión del tráfico. La ausencia de regulación en profundidad del volante no impide que logremos una buena postura al volante, que se complementa con unos asientos cómodos, aunque con un agarre lateral insuficiente.

La climatización de las plazas traseras, tanto en la segunda como en la tercera fila, ha sido uno de los aspectos más cuidados en la nueva generación del Carnival. Se ha cambiado la ubicación de las salidas de aire, antes en los laterales, ahora en el centro del techo, lo que se mantiene es la posibilidad de que los propios ocupantes de estas plazas controlen el flujo y la temperatura de aire que les llega. Además, como novedad, la puerta corredera permite la apertura de su cristal de manera casi completa. Todo esto, unido a que las ventanas de la segunda y tercera fila están tintadas, para dificultar la entrada del sol, asegura una buena climatización de la zona posterior del Carnival.

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