Jeep Compass

La tradicional marca de todo terreno hace su primera incursión en el terreno de los todo terreno ligeros, denominados SUV, con su nuevo Compass, un vehículo enfocado claramente al mundo del asfalto pero que no tiene ningún reproche cuando se trata de abandonarlo y adentrarse en los caminos de tierra.
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Jeep Compass
Jeep Compass

O más bien en el caso de una marca tradicionalista en el mundo del todo terreno, como es Jeep, perder cuota de mercado, algo que no están dispuestos sus responsables a que suceda. La moda del todo terreno “puro y duro” hace tiempo que ha ido perdiendo parte de sus potenciales clientes ante la llegada de los nuevos modelos que aunque no cuentan con las mismas cualidades para superar pasos complicados en el campo, sí que son más cómodos en carretera, tienen un diseño mucho más atractivo, y, además, también valen para hacer una excursión fuera del asfalto gracias a su tracción total, aunque con ausencia de una caja de cambios con reductora. Los llamados todo terreno ligero –SUV- han ido ganando cuota de mercado a pasos agigantados y para muestra no hay más que ver las estadísticas de ventas de años pasados -344.000 unidades en el año 2005 en Europa occidental- que, además, estiman un crecimiento sostenido en los próximos cinco años hasta alcanzar los 400.000 modelos matriculados. Eso en Europa, porque en los EE.UU. la previsión para el año 2010 es de alrededor de los 600.000 y de más de 800.000 en el año 2016.

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p>Con estas cifras de ventas, no es de extrañar que Jeep no quiera quedarse fuera de juego ante un pastel tan suculento como es el de los SUV y, por ello, pone en el terreno de juego a su nuevo Compass, un vehículo que se articula a partir de la plataforma del Dodge Caliber y que ofrece una imagen joven y moderna sin perder los rasgos característicos de la marca americana. Eso sí, según reconocen en la propia marca, el Compass está pensado, diseñado y fabricado para atraer a un público que, hasta ahora, no había tenido en cuenta la marca Jeep como una de las posibilidades de compra de su futuro vehículo.

La imagen del nuevo Compass mantiene en la parrilla las típicas siete barras verticales propias de todos los modelos de la marca americana, los faros redondos y los pasos de rueda ensanchados con forma trapezoidal, como suele ser habitual en todos los modelos de la firma. Lo que sí cambia con respecto a la imagen tradicional de Jeep es, sobre todo, su vista lateral ya que cuenta con un parabrisas muy inclinado, algo que no es habitual en el resto de los modelos que componen la gama Jeep. En su parte trasera el Compass lleva inscrito su nombre en el paragolpes y, sobre éste, se encuentra un escalón de color negro dotado de un material antideslizante que facilita la carga/descarga de objetos pesados.

Dicen que para gustos están los colores y que sobre este tema no hay nada escrito y, en el caso del Compass, hemos encontrado tanto opiniones a favor como en contra. Para nuestro gusto, el Compass tiene “un toque de personalidad” que le hace distinto a lo ya visto hasta ahora en la marca, pero sin perder parte de ese ADN propio que cada fabricante imprime en sus modelos para que sean fácilmente reconocibles como miembros de una marca automovilística. Aunque tiene un cierto “sabor amargo” en algunas vistas, no negamos que el Compass nos convence estéticamente.

El habitáculo del Compass también recibe su dosis de genética Jeep con una nueva concepción de diseño. Así, del primero recibe los plásticos de tacto duro que, si bien no dudamos de su calidad, sí que ponemos en entredicho su calidad visual ya que no están de acorde con lo que nos encontramos en modelos de corte moderno como pueden ser sus rivales, tanto japoneses, como coreanos o europeos. Una lástima porque sin llegar a ser un ejercicio de estilo –como sería en un coche italiano-, lo cierto es que el salpicadero del Compass está bien resuelto con su combinación de plástico bitono y unas formas bastante agradables a la vista.

El salpicadero cuenta con un cuadro de instrumentación de buen tamaño que, sin embargo, sólo aloja velocímetro, cuentarrevoluciones e indiadores de combustible y temperatura del refrigerante motor. La palanca de cambios se sitúa en la parte baja del salpicadero en lugar de la tradicional posición en el suelo con lo que se ha ganado espacio entre los asientos para colocar un reposabrazos que sirve, además, como soporte para el teléfono o el reproductor de música MP3. El volante, como consecuencia del tamaño del cuadro de instrumentos, también tiene un buen tamaño. Su regulación solo es posible en altura, con lo que para algunas tallas resultará un pequeño inconveniente. Sólo encontramos un “pero” a este diseño del interior del Compass y es que la guantera siempre nos dará en las rodillas cuando la abramos ya que cae mucho ofreciendo un ángulo de apertura ciertamente exagerado.

Los asientos son amplios y cómodos aunque no ofrecen una gran sujeción lateral en curvas. Su regulación en altura mitiga en parte la ausencia de regulación del volante en profundidad, con lo que encontrar una posición cómoda no resulta del todo complicado. El respaldo del asiento del acompañante se puede plegar hacia delante con lo que se gana un buen espacio si necesitamos llevar un objeto largo. Los asientos traseros se pliegan en dos partes asimétricas (60/40) aunque sólo lo hace el respaldo con lo que la superficie resultante no es plana completamente. Cuestiones de ahorro suponemos. A cambio, el Compass permite alojar una rueda de repuesto –de emergencia, por supuesto- junto con la correspondiente herramienta para su sustitución en caso de pinchazo. No estamos de acuerdo con esta política en un automóvil convencional y menos en uno que nos permite circular fuera del asfalto y, por consiguiente, con mayores posibilidades de pinchar. Eso sí, hemos de agradecer que, al menos, no sea de las denominadas de galleta, sino de una medida distinta a las que lleva el Compass de serie.

O más bien en el caso de una marca tradicionalista en el mundo del todo terreno, como es Jeep, perder cuota de mercado, algo que no están dispuestos sus responsables a que suceda. La moda del todo terreno “puro y duro” hace tiempo que ha ido perdiendo parte de sus potenciales clientes ante la llegada de los nuevos modelos que aunque no cuentan con las mismas cualidades para superar pasos complicados en el campo, sí que son más cómodos en carretera, tienen un diseño mucho más atractivo, y, además, también valen para hacer una excursión fuera del asfalto gracias a su tracción total, aunque con ausencia de una caja de cambios con reductora. Los llamados todo terreno ligero –SUV- han ido ganando cuota de mercado a pasos agigantados y para muestra no hay más que ver las estadísticas de ventas de años pasados -344.000 unidades en el año 2005 en Europa occidental- que, además, estiman un crecimiento sostenido en los próximos cinco años hasta alcanzar los 400.000 modelos matriculados. Eso en Europa, porque en los EE.UU. la previsión para el año 2010 es de alrededor de los 600.000 y de más de 800.000 en el año 2016.

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p>Con estas cifras de ventas, no es de extrañar que Jeep no quiera quedarse fuera de juego ante un pastel tan suculento como es el de los SUV y, por ello, pone en el terreno de juego a su nuevo Compass, un vehículo que se articula a partir de la plataforma del Dodge Caliber y que ofrece una imagen joven y moderna sin perder los rasgos característicos de la marca americana. Eso sí, según reconocen en la propia marca, el Compass está pensado, diseñado y fabricado para atraer a un público que, hasta ahora, no había tenido en cuenta la marca Jeep como una de las posibilidades de compra de su futuro vehículo.

La imagen del nuevo Compass mantiene en la parrilla las típicas siete barras verticales propias de todos los modelos de la marca americana, los faros redondos y los pasos de rueda ensanchados con forma trapezoidal, como suele ser habitual en todos los modelos de la firma. Lo que sí cambia con respecto a la imagen tradicional de Jeep es, sobre todo, su vista lateral ya que cuenta con un parabrisas muy inclinado, algo que no es habitual en el resto de los modelos que componen la gama Jeep. En su parte trasera el Compass lleva inscrito su nombre en el paragolpes y, sobre éste, se encuentra un escalón de color negro dotado de un material antideslizante que facilita la carga/descarga de objetos pesados.

Dicen que para gustos están los colores y que sobre este tema no hay nada escrito y, en el caso del Compass, hemos encontrado tanto opiniones a favor como en contra. Para nuestro gusto, el Compass tiene “un toque de personalidad” que le hace distinto a lo ya visto hasta ahora en la marca, pero sin perder parte de ese ADN propio que cada fabricante imprime en sus modelos para que sean fácilmente reconocibles como miembros de una marca automovilística. Aunque tiene un cierto “sabor amargo” en algunas vistas, no negamos que el Compass nos convence estéticamente.

El habitáculo del Compass también recibe su dosis de genética Jeep con una nueva concepción de diseño. Así, del primero recibe los plásticos de tacto duro que, si bien no dudamos de su calidad, sí que ponemos en entredicho su calidad visual ya que no están de acorde con lo que nos encontramos en modelos de corte moderno como pueden ser sus rivales, tanto japoneses, como coreanos o europeos. Una lástima porque sin llegar a ser un ejercicio de estilo –como sería en un coche italiano-, lo cierto es que el salpicadero del Compass está bien resuelto con su combinación de plástico bitono y unas formas bastante agradables a la vista.

El salpicadero cuenta con un cuadro de instrumentación de buen tamaño que, sin embargo, sólo aloja velocímetro, cuentarrevoluciones e indiadores de combustible y temperatura del refrigerante motor. La palanca de cambios se sitúa en la parte baja del salpicadero en lugar de la tradicional posición en el suelo con lo que se ha ganado espacio entre los asientos para colocar un reposabrazos que sirve, además, como soporte para el teléfono o el reproductor de música MP3. El volante, como consecuencia del tamaño del cuadro de instrumentos, también tiene un buen tamaño. Su regulación solo es posible en altura, con lo que para algunas tallas resultará un pequeño inconveniente. Sólo encontramos un “pero” a este diseño del interior del Compass y es que la guantera siempre nos dará en las rodillas cuando la abramos ya que cae mucho ofreciendo un ángulo de apertura ciertamente exagerado.

Los asientos son amplios y cómodos aunque no ofrecen una gran sujeción lateral en curvas. Su regulación en altura mitiga en parte la ausencia de regulación del volante en profundidad, con lo que encontrar una posición cómoda no resulta del todo complicado. El respaldo del asiento del acompañante se puede plegar hacia delante con lo que se gana un buen espacio si necesitamos llevar un objeto largo. Los asientos traseros se pliegan en dos partes asimétricas (60/40) aunque sólo lo hace el respaldo con lo que la superficie resultante no es plana completamente. Cuestiones de ahorro suponemos. A cambio, el Compass permite alojar una rueda de repuesto –de emergencia, por supuesto- junto con la correspondiente herramienta para su sustitución en caso de pinchazo. No estamos de acuerdo con esta política en un automóvil convencional y menos en uno que nos permite circular fuera del asfalto y, por consiguiente, con mayores posibilidades de pinchar. Eso sí, hemos de agradecer que, al menos, no sea de las denominadas de galleta, sino de una medida distinta a las que lleva el Compass de serie.

O más bien en el caso de una marca tradicionalista en el mundo del todo terreno, como es Jeep, perder cuota de mercado, algo que no están dispuestos sus responsables a que suceda. La moda del todo terreno “puro y duro” hace tiempo que ha ido perdiendo parte de sus potenciales clientes ante la llegada de los nuevos modelos que aunque no cuentan con las mismas cualidades para superar pasos complicados en el campo, sí que son más cómodos en carretera, tienen un diseño mucho más atractivo, y, además, también valen para hacer una excursión fuera del asfalto gracias a su tracción total, aunque con ausencia de una caja de cambios con reductora. Los llamados todo terreno ligero –SUV- han ido ganando cuota de mercado a pasos agigantados y para muestra no hay más que ver las estadísticas de ventas de años pasados -344.000 unidades en el año 2005 en Europa occidental- que, además, estiman un crecimiento sostenido en los próximos cinco años hasta alcanzar los 400.000 modelos matriculados. Eso en Europa, porque en los EE.UU. la previsión para el año 2010 es de alrededor de los 600.000 y de más de 800.000 en el año 2016.

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p>Con estas cifras de ventas, no es de extrañar que Jeep no quiera quedarse fuera de juego ante un pastel tan suculento como es el de los SUV y, por ello, pone en el terreno de juego a su nuevo Compass, un vehículo que se articula a partir de la plataforma del Dodge Caliber y que ofrece una imagen joven y moderna sin perder los rasgos característicos de la marca americana. Eso sí, según reconocen en la propia marca, el Compass está pensado, diseñado y fabricado para atraer a un público que, hasta ahora, no había tenido en cuenta la marca Jeep como una de las posibilidades de compra de su futuro vehículo.

La imagen del nuevo Compass mantiene en la parrilla las típicas siete barras verticales propias de todos los modelos de la marca americana, los faros redondos y los pasos de rueda ensanchados con forma trapezoidal, como suele ser habitual en todos los modelos de la firma. Lo que sí cambia con respecto a la imagen tradicional de Jeep es, sobre todo, su vista lateral ya que cuenta con un parabrisas muy inclinado, algo que no es habitual en el resto de los modelos que componen la gama Jeep. En su parte trasera el Compass lleva inscrito su nombre en el paragolpes y, sobre éste, se encuentra un escalón de color negro dotado de un material antideslizante que facilita la carga/descarga de objetos pesados.

Dicen que para gustos están los colores y que sobre este tema no hay nada escrito y, en el caso del Compass, hemos encontrado tanto opiniones a favor como en contra. Para nuestro gusto, el Compass tiene “un toque de personalidad” que le hace distinto a lo ya visto hasta ahora en la marca, pero sin perder parte de ese ADN propio que cada fabricante imprime en sus modelos para que sean fácilmente reconocibles como miembros de una marca automovilística. Aunque tiene un cierto “sabor amargo” en algunas vistas, no negamos que el Compass nos convence estéticamente.

El habitáculo del Compass también recibe su dosis de genética Jeep con una nueva concepción de diseño. Así, del primero recibe los plásticos de tacto duro que, si bien no dudamos de su calidad, sí que ponemos en entredicho su calidad visual ya que no están de acorde con lo que nos encontramos en modelos de corte moderno como pueden ser sus rivales, tanto japoneses, como coreanos o europeos. Una lástima porque sin llegar a ser un ejercicio de estilo –como sería en un coche italiano-, lo cierto es que el salpicadero del Compass está bien resuelto con su combinación de plástico bitono y unas formas bastante agradables a la vista.

El salpicadero cuenta con un cuadro de instrumentación de buen tamaño que, sin embargo, sólo aloja velocímetro, cuentarrevoluciones e indiadores de combustible y temperatura del refrigerante motor. La palanca de cambios se sitúa en la parte baja del salpicadero en lugar de la tradicional posición en el suelo con lo que se ha ganado espacio entre los asientos para colocar un reposabrazos que sirve, además, como soporte para el teléfono o el reproductor de música MP3. El volante, como consecuencia del tamaño del cuadro de instrumentos, también tiene un buen tamaño. Su regulación solo es posible en altura, con lo que para algunas tallas resultará un pequeño inconveniente. Sólo encontramos un “pero” a este diseño del interior del Compass y es que la guantera siempre nos dará en las rodillas cuando la abramos ya que cae mucho ofreciendo un ángulo de apertura ciertamente exagerado.

Los asientos son amplios y cómodos aunque no ofrecen una gran sujeción lateral en curvas. Su regulación en altura mitiga en parte la ausencia de regulación del volante en profundidad, con lo que encontrar una posición cómoda no resulta del todo complicado. El respaldo del asiento del acompañante se puede plegar hacia delante con lo que se gana un buen espacio si necesitamos llevar un objeto largo. Los asientos traseros se pliegan en dos partes asimétricas (60/40) aunque sólo lo hace el respaldo con lo que la superficie resultante no es plana completamente. Cuestiones de ahorro suponemos. A cambio, el Compass permite alojar una rueda de repuesto –de emergencia, por supuesto- junto con la correspondiente herramienta para su sustitución en caso de pinchazo. No estamos de acuerdo con esta política en un automóvil convencional y menos en uno que nos permite circular fuera del asfalto y, por consiguiente, con mayores posibilidades de pinchar. Eso sí, hemos de agradecer que, al menos, no sea de las denominadas de galleta, sino de una medida distinta a las que lleva el Compass de serie.

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