Jeep Wrangler

El “rey del campo” estrena nueva generación. Ahora es algo más cómodo, incorpora un motor Diesel y apuesta más por la seguridad; no obstante sus carencias dentro del asfalto, sobre todo frente a los SUV, se notan. Eso sí, fuera de la carretera no hay quien le tosa.
Autopista -
Jeep Wrangler
Jeep Wrangler

En los últimos tiempos, los fabricantes han optado por centrarse en el nicho de los llamados todo caminos. Este tipo de vehículos, como bien sabemos, están diseñados especialmente para circular por carretera, aunque mantienen ciertas habilidades en zonas camperas.

No obstante, pocos vehículos quedan como el Jeep Wrangler, protagonista de nuestra toma de contacto, un auténtico y rudo todo terreno, de los de antes.

Esta nueva generación del 4x4 americano no ha querido abandonar sus orígenes y ha evitado aburguesarse en exceso. Cierto es que se han realizado ciertas concesiones, como la llegada de una variante de cuatro puertas, la aparición del Diesel o el incremento de los dispositivos electrónicos (en aras de la utilidad, la economía y la seguridad, respectivamente), aunque no se pierde el espíritu de este vehículo

Esta nueva generación del Wrangler no cambia apenas sus diseño exterior. Mantiene las mismas características que le han adornado en los últimos años: parrilla de grandes dimensiones, faros circulares, pasos de rueda sobredimensionados… Los cambios son poco reconocibles para el ojo inexperto, aunque el verdadero aficionado sí verá las diferencias.

Lo que crece de manera importante son las dimensiones del modelo. En aras a una mayor habitabilidad, el nuevo Wrangler, en su versión de tres puertas, mide 34 centímetros más de longitud, 14 cm más de anchura y es ligeramente más alto (entre dos y seis centímetros) que su antecesor. A esto hay que añadir la llegada de una necesaria carrocería de cuatro puertas, algo que, según los responsables de la marca, responde a una demanda por parte de sus clientes con familia.

Se mantiene la sobriedad y dureza del interior, especialmente concebido para soportar las condiciones más duras de uso: barro, agua, etc. No esperes inserciones en madera o carbono ni materiales nobles; está bien acabado pero con la sobriedad de la que puede hacer gala un hombre de campo.

Los asientos nos siguen pareciendo algo incómodos, por la dureza del mullido, y la postura de conducción no se encuentra con facilidad por la ausencia de regulación en profundidad del volante y la dureza y los incómodos que son los mandos para variar la posición del respaldo. A esto hay que sumar que el acceso a las plazas traseras en la variante de tres puertas es más que incómodo por la falta de espacio de entrada, siendo recomendable incluso acceder a esta zona –si hemos quitado el techo, posibilidad de la que hablaremos más adelante- saltando a través del maletero.

Nos ponemos en marcha –recorrido por autopista- y salen a relucir las carencias del Wrangler. Es capaz de mantener velocidades legales y superiores, pero no se le ve cómodo. El motor hace ruido, la aerodinámica le penaliza –a pesar de que se ha mejorado este aspecto con la introducción de un parabrisas curvado frente al recto de toda la vida- y las suspensiones hacen que nuestros empastes tiemblen en el primer badén que pasamos a mayor velocidad de la debida. En la ciudad, más de lo mismo, con otros nuevos inconvenientes: la torpeza de reacciones y un ángulo de giro elevado, algo que pagaremos sobre todo en zonas estrechas o en cascos antiguos de las ciudades.

La buena noticia para los que quieran ahorrarse un dinerillo en combustible es la incorporación de un nuevo propulsor Diesel que alargará los plazos de visita a las estaciones de servicio y que, además, como hemos podido comprobar es un complemento perfecto, por su mayor par, a la hora de afrontar situaciones difíciles off road.

El Diesel elegido para animar al Wrangler es un viejo conocido dentro de la marca. Se trata de un 2.8 CRD potenciado hasta los 177 CV, que puede estar asociado a una caja de cambios manual de seis relaciones o a una automática de cinco. Sus prestaciones son modestas, aunque, como decimos, el salto adelante es importante a la hora de sobrepasar trialeras complicadas: sus 40,8 mkg de par máximo entre 1.600 y 2.800 rpm son una ayuda esencial cuando necesitas un plus de potencia.

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p> El consumo es otro de los grandes beneficiados. A pesar del peso y la mala resistencia al aire del Wrangler, según mediciones de la marca, éste gasta, de media 10,3 litros (10,2 en el automático), 8,6 (8,6) en un recorrido interurbano y 13,2 (12,9) en ciudad. En nuestra toma de contacto, en un recorrido que combinaba carretera, pistas, trialeras y zonas off road complicadas, el consumo, según el ordenador de viaje, se elevó hasta los 14,2, una cifra que, teniendo en cuenta las circunstancias y lo que exigimos al propulsor, no está nada mal.

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