Jaguar XK 8 Coupé

Jaguar es uno de los grandes nombres de la aristocracia automovilística. Emblema de los tiempos dorados de la industria británica, sobrevive ahora bajo el paraguas de Ford con un ojo en su leyenda y otro en la cuenta de resultados, espada de Damocles de nuestros tiempos. La llegada del XK, un lujoso coupé a la vieja usanza, debería ser un alivio para la histórica firma. El público lo esperaba expectante y, tras probarlo, comprendemos por qué. Este coche tiene mucho que decir.
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Jaguar XK 8 Coupé
Jaguar XK 8 Coupé

Por la estampa, uno puede pensar que este Jaguar XK 8 Coupé es un deportivo radical de esos que hacen pensar en cosas serias después de pasar una curva apurando el ritmo.
Y, la verdad, el coche tiene condiciones para serlo, pues cuenta con un chasis de aluminio que le da una gran ligereza y que, además, con 4,79 metros de largo, 1,56 y 1,60 de vías y 2,75 metros de batalla, proporciona una espléndida superficie de rodadura. Si, además, pensamos que nuestra unidad llevaba unos colosales neumáticos 255/35 ZR delante y 285/35 ZR detrás, ambos sobre llantas de 20 pulgadas, con unos indestructibles frenos con discos ventilados en ambos ejes y llamativas pinzas, todo parece apuntar a un coche muy radical.

Sin embargo, el Jaguar no es tan duro como parece. No es que sea un coche blando, tampoco es eso, pero permite viajar con un alto grado de comodidad y conducirlo está al alcance de cualquier conductor con una cierta experiencia.

En esto se nota que Jaguar no ha querido perder clientes. No se ha atrevido a radicalizar el XK, tratando de mantener un espectro de compradores muy amplio que incluya a personas que, buscando un coche poderoso, no quieran sufrir al volante.

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p> Así, los ingenieros han montado unas suspensiones de tacto sorprendente: aparentan ser blandas y cómodas, porque, en extensión, trabajan con ese esquema orientado a los viajes más placenteros. Sin embargo, cuando se apoya el coche con fuerza, algo se transforma y la amortiguación sujeta con firmeza la carrocería, permitiendo que el XK gire plano y seguro.

Con su configuración de tracción trasera y un reparto de pesos que deja más masas sobre el eje delantero, el coche muestra una cierta tendencia subviradora, acrecentada, además, por una dirección que nos ha parecido poco precisa por lenta, un defecto que quizá sea atribuible a lo grande que es el volante.

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p> Sin embargo, que nadie se asuste. Esa querencia a buscar la tangente de las curvas queda neutralizada por el control de estabilidad, que actúa a discreción y con un talante más bien intrusivo. Desconectado éste, el coche marca más la tendencia subviradora, con lo que habrá que estar atentos para levantar gas y cortar la trayectoria.
Y, claro, es un propulsión trasera, lo que quiere decir que, sin el control de estabilidad, se puede uno divertir apretando el acelerador al salir de las curvas lentas: el redondeo de la zaga está asegurado.

Bueno, esto último es normal si pensamos que la propulsíon trasera, al fin y al cabo, recibe el arreón de los 290 CV que ha medido nuestro banco de rodillos, una cantidad que, sea radical el coche o no, es más que respetable.

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p> Estos 290 CV están un poco por debajo de los 298 CV oficiales que anuncia la marca, pero la diferencia es inapreciable. A cambio, los 41,7 mkg de par máximo que hemos medido casi clavan los 41,9 oficiales y constituyen una fuerza descomunal.

Configurado en V8, el motor de 4.2 litros es una variante muy utilizada por Jaguar, pero que, para esta montura, ha recibido varias modificaciones. La más importante ha sido la introducción de inyectores multiorificio, que permiten mejorar el consumo y reducir las emisiones de dióxido de carbono en un cinco por ciento.

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p> Con todo, el motor nos ha encantado por su elasticidad. Sus impactantes cifras de par y potencia se entregan con progresividad, sin enviones violentos, estirándose sobre todo el cuentavueltas. Así, nuestro banco de rodillos deja claro que la inmensa mayoría del par está ya disponible a sólo 2.500 vueltas, un régimen bajísimo para un motor de gasolina tan grande. A partir de ahí, la fuerza es plenamente utilizable hasta más arriba de las 6.000 revoluciones, lo que da una idea del amplio rango de utilización del motor.

Y el hecho de que no sea un motor violento no quiere decir que no tenga armas: gracias a su empuje, el XK cubre el 0-100 km/h en sólo 7 segundos, una marca importante. Además, firma también sorprendentes datos de recuperación, lo que se constata adelantando en la carretera.

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p> Con todo, el motor resulta muy agradable de llevar. A simple punta de gas, sobra energía para mantener cruceros altísimos y, si pisamos a fondo, notamos cómo aparece un sólido empuje que catapulta al coche.

A este buen rendimiento colabora decisivamente la caja de cambios automática de seis relaciones. Dotada de desarrollos bien escalonados, la caja aprovecha hasta el último resquicio del par que entrega el motor. Lo único que no nos ha gustado es el salto entre la segunda y la tercera marchas, que parece demasiado largo cuando se trata de realizar una conducción más atrevida.

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p> Para compensarlo, se puede seleccionar el programa deportivo del cambio, que también se maneja con levas en el volante. Con él, se apuran más las marchas y la respuesta del motor al acelerador es todavía más rápida.

En resumen, el que opte por este coche tendrá un deportivo, sí, pero no un deportivo de esos que dejan la espalda triturada tras un día de curvas. Con el Jaguar quizá no se alcancen los extremos niveles dinámicos de otros modelos, pero no faltará diversión y, además, se puede viajar cómodamente con él. Un equilibrio muy bien buscado.

LO MEJOR
LO PEOR

* Estética deportiva
* Comodidad general
* Motor progresivo

* Rueda de repuesto de emergencia
* Plazas traseras inútiles
* Dirección poco precisa

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