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Jaguar XF SV8

Su poderosa estética llama la atención allá por donde pasa, aunque no es nada en comparación con el precioso sonido del motor V8 de 416 CV sobrealimentado por compresor. Si lo conduces estás perdido.
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Jaguar XF SV8
Jaguar XF SV8

El bastidor transmite sensación de seguridad y agrado de uso, ya que es muy equilibrado en cualquier situación. A pesar de las dimensiones del XF, el agarre en curva y la agilidad en zonas tortuosas están a la altura de lo que sugiere su silueta, aunque el peso en el eje delantero acaba imponiendo sus límites si nos pasamos de optimistas. Destaca por su facilidad de conducción y aplomo, pero en ocasiones se echa de menos un control de estabilidad más permisivo, ya que ni siquiera el programa dinámico consiente una libertad de movimientos suficiente con la que poder involucrarnos un paso más allá en la conducción. Para ello es necesario desconectar por completo el sistema DSC pulsando el correspondiente botón durante unos 8 segundos, momento en el que sale a relucir su espíritu de propulsión trasera, aderezado con una gran nobleza de reacciones y progresividad, pero que requiere cierta experiencia para domar tanta caballería bajo el pie derecho a la salida de las curvas.

Más que una eficacia pura se ha tratado de buscar una impecable relación entre comodidad y dinamismo, algo que se consigue incluso en carreteras muy deterioradas, a pesar del bajo perfil de los neumáticos. Lo único que se le podría pedir es una dirección un poco más “sensitiva”, ya que algunas veces no es fácil detectar el límite de adherencia, tanto del tren delantero como del trasero. En autovías se desenvuelve como pez en el agua y con un gran silencio de marcha. Aguzando nuestros sentidos, y sólo en curvas a alta velocidad, podremos notar algunas ligerísimas oscilaciones de la carrocería provocadas por el eje trasero —menos firme que el delantero en el inicio del recorrido de la suspensión—, aunque sólo cuando el coche va sin carga y si el asfalto está algo ondulado. Por lo demás, tiene una pisada sólida y sin pegas.

El sistema de frenado está acorde con las altas prestaciones del motor. Las distancias de detención son cortas, a medio camino entre las de un BMW M5 y un M5 Touring, y tanto por potencia como por su gran resistencia al calentamiento, deja el listón muy alto. El freno de estacionamiento, por su parte, es electrónico y en caso de estar accionado se desactiva automáticamente al insertar una marcha; estaría bien que se activase automáticamente al insertar P. Entre los elementos de seguridad del XF cabe mencionar el sistema de protección de peatones que, en caso de atropello, eleva el capó para que éstos queden menos expuestos a partes mecánicas más duras. También puede disponer, de manera opcional, de retrovisores con vigilancia de ángulo muerto (592 €), sensor de presión de los neumáticos (613 €), control de velocidad por radar (1.634 €) o cámara de visión trasera (909 €), un elemento casi indispensable que compensa en cierta medida la mala visibilidad en maniobras.

La vida a bordo es agradable, con sobrada amplitud para todas las plazas y la practicidad de un generoso maletero, ampliable gracias a los respaldos traseros abatibles. El sistema de navegación es de serie y entre sus posibilidades está la de mostrar las gasolineras cuando se enciende la reserva, aunque sólo si la escala del mapa está muy ampliada. Teóricamente también señala y evita los atascos, sin embargo en nuestra prueba no tuvimos suerte con esta función, lo que nos dio oportunidad para comprobar, durante una hora de retención, el funcionamiento del sintonizador de televisión (980 €) y de las conexiones para iPod y memorias USB (879 €) que incorporaba nuestra unidad, las cuales permiten controlar nuestros dispositivos portátiles y acceder a las carpetas de música desde la propia pantalla multifunción táctil del navegador. No obstante, la simplificación de la consola en favor de la limpieza de líneas no acaba de resultar demasiado intuitiva a la hora de manejar algunos de los sistemas, que requieren demasiada atención por parte del conductor para acceder a los diferentes menús a través de la pantalla central.

Con todo, este Jaguar es muy satisfactorio en su uso diario, además rezuma personalidad por los cuatro costados y no resulta tan frío como las berlinas teutonas, a las que les ha salido un serio competidor.

Buen cambio

El bastidor transmite sensación de seguridad y agrado de uso, ya que es muy equilibrado en cualquier situación. A pesar de las dimensiones del XF, el agarre en curva y la agilidad en zonas tortuosas están a la altura de lo que sugiere su silueta, aunque el peso en el eje delantero acaba imponiendo sus límites si nos pasamos de optimistas. Destaca por su facilidad de conducción y aplomo, pero en ocasiones se echa de menos un control de estabilidad más permisivo, ya que ni siquiera el programa dinámico consiente una libertad de movimientos suficiente con la que poder involucrarnos un paso más allá en la conducción. Para ello es necesario desconectar por completo el sistema DSC pulsando el correspondiente botón durante unos 8 segundos, momento en el que sale a relucir su espíritu de propulsión trasera, aderezado con una gran nobleza de reacciones y progresividad, pero que requiere cierta experiencia para domar tanta caballería bajo el pie derecho a la salida de las curvas.

Más que una eficacia pura se ha tratado de buscar una impecable relación entre comodidad y dinamismo, algo que se consigue incluso en carreteras muy deterioradas, a pesar del bajo perfil de los neumáticos. Lo único que se le podría pedir es una dirección un poco más “sensitiva”, ya que algunas veces no es fácil detectar el límite de adherencia, tanto del tren delantero como del trasero. En autovías se desenvuelve como pez en el agua y con un gran silencio de marcha. Aguzando nuestros sentidos, y sólo en curvas a alta velocidad, podremos notar algunas ligerísimas oscilaciones de la carrocería provocadas por el eje trasero —menos firme que el delantero en el inicio del recorrido de la suspensión—, aunque sólo cuando el coche va sin carga y si el asfalto está algo ondulado. Por lo demás, tiene una pisada sólida y sin pegas.

El sistema de frenado está acorde con las altas prestaciones del motor. Las distancias de detención son cortas, a medio camino entre las de un BMW M5 y un M5 Touring, y tanto por potencia como por su gran resistencia al calentamiento, deja el listón muy alto. El freno de estacionamiento, por su parte, es electrónico y en caso de estar accionado se desactiva automáticamente al insertar una marcha; estaría bien que se activase automáticamente al insertar P. Entre los elementos de seguridad del XF cabe mencionar el sistema de protección de peatones que, en caso de atropello, eleva el capó para que éstos queden menos expuestos a partes mecánicas más duras. También puede disponer, de manera opcional, de retrovisores con vigilancia de ángulo muerto (592 €), sensor de presión de los neumáticos (613 €), control de velocidad por radar (1.634 €) o cámara de visión trasera (909 €), un elemento casi indispensable que compensa en cierta medida la mala visibilidad en maniobras.

La vida a bordo es agradable, con sobrada amplitud para todas las plazas y la practicidad de un generoso maletero, ampliable gracias a los respaldos traseros abatibles. El sistema de navegación es de serie y entre sus posibilidades está la de mostrar las gasolineras cuando se enciende la reserva, aunque sólo si la escala del mapa está muy ampliada. Teóricamente también señala y evita los atascos, sin embargo en nuestra prueba no tuvimos suerte con esta función, lo que nos dio oportunidad para comprobar, durante una hora de retención, el funcionamiento del sintonizador de televisión (980 €) y de las conexiones para iPod y memorias USB (879 €) que incorporaba nuestra unidad, las cuales permiten controlar nuestros dispositivos portátiles y acceder a las carpetas de música desde la propia pantalla multifunción táctil del navegador. No obstante, la simplificación de la consola en favor de la limpieza de líneas no acaba de resultar demasiado intuitiva a la hora de manejar algunos de los sistemas, que requieren demasiada atención por parte del conductor para acceder a los diferentes menús a través de la pantalla central.

Con todo, este Jaguar es muy satisfactorio en su uso diario, además rezuma personalidad por los cuatro costados y no resulta tan frío como las berlinas teutonas, a las que les ha salido un serio competidor.

Buen cambio

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