Jaguar XF SV8

Su poderosa estética llama la atención allá por donde pasa, aunque no es nada en comparación con el precioso sonido del motor V8 de 416 CV sobrealimentado por compresor. Si lo conduces estás perdido.
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Jaguar XF SV8
Jaguar XF SV8

Más cercano por estética al coupé XK que a las tradicionales berlinas de la marca, el nuevo XF apuesta por la modernidad y la frescura en el diseño para “robar” clientes a los alemanes A6, Serie 5 y Clase E. La versión que nos ocupa es la tope de gama, dotada del ya conocido propulsor V8 4.2 sobrealimentado por compresor, que en este caso incrementa su rendimiento oficial hasta los 416 CV, asomándose al terreno de las variantes S, M y AMG de los modelos antes mencionados. Exteriormente no se diferencia apenas de sus hermanos menos prestacionales, excepto por el distintivo trasero SV8 y por unas espectaculares llantas de 20”. A pesar de su relativa discreción, la fuerte presencia del coche llama la atención de peatones y conductores.

El interior supone un verdadero salto adelante respecto a su antecesor S-Type y, sin perder ni una gota de elegancia, resulta mucho más actual y atractivo. Piel, madera y aluminio se combinan en un agradable y lujoso ambiente en el que la consola central cobra una gran importancia. En ella se encuentra el nuevo selector giratorio del cambio, que permite insertar las posiciones típicas de una caja automática (P, R, N, D y S), en combinación con levas adosadas al volante, mediante las que es posible elegir las marchas manualmente en cualquier momento. Una vez habituados, su manejo resulta intuitivo y fácil.

En cuanto a la transmisión automática, es la misma ZF de 6 relaciones que equipa BMW en algunos de sus modelos. Destaca por su intachable funcionamiento, suavidad y rapidez, sobre todo en reducciones. A diferencia de lo habitual, es capaz de descender dos marchas de una vez saltándose la intermedia, con el consiguiente ahorro de tiempo. Su gestión electrónica es acertada y se adapta perfectamente a las necesidades del momento. El modo Sport es bastante activo y supone un buen aliado incluso a la hora de aventurarse a explorar los límites del bastidor en una carretera de montaña, ya que siempre mantiene el motor en torno al régimen de par máximo, y hasta reduce en frenadas fuertes para retener, llegando a superar las 5.000 rpm la aguja del cuentavueltas.

Junto a la rueda del cambio está el pulsador de “modo dinámico” exclusivo del SV8, con el que la personalidad del XF se transforma sutilmente. Lo más apreciable es que se acentúa la respuesta a las insinuaciones que realizamos sobre el acelerador electrónico, que se torna más sensible, aunque también se endurecen ligeramente los amortiguadores y la dirección. También se vuelve un poco más permisivo —sin llegar a ser deportivo— el programa electrónico de estabilidad, pues se desactiva el control de tracción. La metamorfosis afecta incluso a la pantalla multifunción del tablero de instrumentos, en la que aparece una pequeña bandera a cuadros y, si llevamos el cambio a la posición S y hacemos uso de las levas, junto a la mencionada bandera se mostrará, un número indicador de la marcha insertada a tamaño mucho mayor de lo habitual, para indicar que con esta combinación de modos tenemos control total sobre el cambio. Cuando el motor se acerca a la zona roja este número pasa de blanco a naranja para indicar el momento apropiado de insertar la siguiente velocidad; si a pesar de las indicaciones seguimos acelerando, llegaremos al corte de inyección, a 6.100 rpm. Por otra parte, el carácter deportivo se incrementa mediante un golpe de gas en reducciones, emulando la maniobra de doble embrague.

En segunda alcanza unos 110 km/h, y en tercera estaremos circulando muy por encima de las velocidades legales si nos dejamos embaucar por el buen sonido y la asombrosa capacidad de subir vueltas del motor, que desde medio régimen empuja como un avión. A medida que la aguja del cuentavueltas avanza, el característico bramido del compresor volumétrico se va haciendo más agudo y cobra mayor protagonismo. La sexta es de desahogo y está pensada para realizar largos viajes sin que los consumos se disparen. A poco que aceleremos, el cambio automático reduce a quinta para lograr algo más de viveza en la respuesta, lo que viene acompañado de un grave ronroneo proveniente de las salidas de escape. El excelente aislamiento acústico impide apreciar con nitidez todos los matices sonoros, que se escuchan mejor y cobran un tono más deportivo en el exterior del habitáculo.

— Motor y prestaciones
— Confort de marcha
— Frenada eficaz

— Rueda de emergencia
— Visibilidad en maniobras
— Precio opciones

Equilibrio y nobleza

Más cercano por estética al coupé XK que a las tradicionales berlinas de la marca, el nuevo XF apuesta por la modernidad y la frescura en el diseño para “robar” clientes a los alemanes A6, Serie 5 y Clase E. La versión que nos ocupa es la tope de gama, dotada del ya conocido propulsor V8 4.2 sobrealimentado por compresor, que en este caso incrementa su rendimiento oficial hasta los 416 CV, asomándose al terreno de las variantes S, M y AMG de los modelos antes mencionados. Exteriormente no se diferencia apenas de sus hermanos menos prestacionales, excepto por el distintivo trasero SV8 y por unas espectaculares llantas de 20”. A pesar de su relativa discreción, la fuerte presencia del coche llama la atención de peatones y conductores.

El interior supone un verdadero salto adelante respecto a su antecesor S-Type y, sin perder ni una gota de elegancia, resulta mucho más actual y atractivo. Piel, madera y aluminio se combinan en un agradable y lujoso ambiente en el que la consola central cobra una gran importancia. En ella se encuentra el nuevo selector giratorio del cambio, que permite insertar las posiciones típicas de una caja automática (P, R, N, D y S), en combinación con levas adosadas al volante, mediante las que es posible elegir las marchas manualmente en cualquier momento. Una vez habituados, su manejo resulta intuitivo y fácil.

En cuanto a la transmisión automática, es la misma ZF de 6 relaciones que equipa BMW en algunos de sus modelos. Destaca por su intachable funcionamiento, suavidad y rapidez, sobre todo en reducciones. A diferencia de lo habitual, es capaz de descender dos marchas de una vez saltándose la intermedia, con el consiguiente ahorro de tiempo. Su gestión electrónica es acertada y se adapta perfectamente a las necesidades del momento. El modo Sport es bastante activo y supone un buen aliado incluso a la hora de aventurarse a explorar los límites del bastidor en una carretera de montaña, ya que siempre mantiene el motor en torno al régimen de par máximo, y hasta reduce en frenadas fuertes para retener, llegando a superar las 5.000 rpm la aguja del cuentavueltas.

Junto a la rueda del cambio está el pulsador de “modo dinámico” exclusivo del SV8, con el que la personalidad del XF se transforma sutilmente. Lo más apreciable es que se acentúa la respuesta a las insinuaciones que realizamos sobre el acelerador electrónico, que se torna más sensible, aunque también se endurecen ligeramente los amortiguadores y la dirección. También se vuelve un poco más permisivo —sin llegar a ser deportivo— el programa electrónico de estabilidad, pues se desactiva el control de tracción. La metamorfosis afecta incluso a la pantalla multifunción del tablero de instrumentos, en la que aparece una pequeña bandera a cuadros y, si llevamos el cambio a la posición S y hacemos uso de las levas, junto a la mencionada bandera se mostrará, un número indicador de la marcha insertada a tamaño mucho mayor de lo habitual, para indicar que con esta combinación de modos tenemos control total sobre el cambio. Cuando el motor se acerca a la zona roja este número pasa de blanco a naranja para indicar el momento apropiado de insertar la siguiente velocidad; si a pesar de las indicaciones seguimos acelerando, llegaremos al corte de inyección, a 6.100 rpm. Por otra parte, el carácter deportivo se incrementa mediante un golpe de gas en reducciones, emulando la maniobra de doble embrague.

En segunda alcanza unos 110 km/h, y en tercera estaremos circulando muy por encima de las velocidades legales si nos dejamos embaucar por el buen sonido y la asombrosa capacidad de subir vueltas del motor, que desde medio régimen empuja como un avión. A medida que la aguja del cuentavueltas avanza, el característico bramido del compresor volumétrico se va haciendo más agudo y cobra mayor protagonismo. La sexta es de desahogo y está pensada para realizar largos viajes sin que los consumos se disparen. A poco que aceleremos, el cambio automático reduce a quinta para lograr algo más de viveza en la respuesta, lo que viene acompañado de un grave ronroneo proveniente de las salidas de escape. El excelente aislamiento acústico impide apreciar con nitidez todos los matices sonoros, que se escuchan mejor y cobran un tono más deportivo en el exterior del habitáculo.

— Motor y prestaciones
— Confort de marcha
— Frenada eficaz

— Rueda de emergencia
— Visibilidad en maniobras
— Precio opciones

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