Jaguar XF 2.2 Diesel Luxury

Junto a una nueva cara con faros rediseñados, la puesta al día del XF ha traído consigo un motor Diesel de acceso, de 190 CV, en combinación con la aclamada caja automática ZF de 8 velocidades de serie. Es sin duda la versión destinada a conseguir mayor éxito comercial.
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Jaguar XF 2.2 Diesel Luxury
Jaguar XF 2.2 Diesel Luxury

Desde su nacimiento el Jaguar XF apostó por el diseño y, con el reciente restyling aplicado al modelo, se ha potenciado aún más esta cualidad. Sus faros delanteros adoptan ahora la estética del buque insignia XJ, además incorporan unas personales luces diurnas de tipo LED que resultan muy llamativas y visibles para el resto del tráfico, otorgándole una mirada algo más agresiva. En el caso de los pilotos traseros, también se ha modernizado ligeramente su apariencia con la citada tecnología LED. El resultado sigue siendo la misma berlina de estética deportiva de antes, pero rejuvenecida muy acertadamente.

Sin embargo, hay otros cambios que no resultan tan visibles. Por un lado, algunos elementos funcionales del habitáculo se han revisado, como el menú de la pantalla táctil desde la que se controla el equipo de sonido, el navegador —de serie en el acabado superior Premium Luxury que nos ocupa—, la climatización o la calefacción y ventilación de los asientos. Dicho menú mejora su apariencia y es un poco más intuitivo, aunque su funcionamiento es algo lento y sigue requiriendo más atención de la que nos gustaría, por no hablar de que cuando le da el sol no se ve. El material de algunos botones también ha cambiado, se abandona su color metalizado a favor de un recubrimiento negro de mejor tacto. También se ha sustituido el discreto sensor táctil que abría la guantera por un pequeño pulsador de mejor funcionamiento y, sobre todo, más fácil de accionar sin tener que apartar la vista de la carretera. Ahora no falla, aunque la tapa de la guantera sigue rozando las rodillas del acompañante cuando se abre. El resto de elementos del interior apenas cambia. Aluminio, cuero y madera siguen aportando el toque de distinción que no puede faltar en un Jaguar.

A pesar de ser el motor menos potente de la gama (190 CV), el apartado dinámico queda perfectamente solventado, y más si tenemos en cuenta que se trata de una versión de acceso. El peso se nota, pero no tanto como cabría esperar. Son, según nuestra báscula, 1.830 kg frente a los respectivos 1.661 y 1.770 kg de sus rivales Audi A6 2.0 TDI (177 CV) y BMW 520d (184 CV) —únicamente hemos pesado y tomado mediciones de sus versiones manuales, en el momento de escribir esta prueba—, sin embargo, la diferencia de prestaciones entre ellos no es excesivamente acusada, salvo por un consumo ligeramente peor en el XF: 7,2 l/100 km de media, frente a 6,3 del A6 y 6,6 del 520d (no hay que olvidar que son datos de las versiones manuales). La caja automática ZF de 8 marchas del Jaguar es un aliado definitivo a la hora de extraer el jugo de su propulsor. Su funcionamiento es impecable, suave y rapidísimo, ya sea en modo manual, normal o deportivo. Este último se adapta perfectamente incluso a una conducción muy exigente por carreteras de montaña, reduciendo en los momentos precisos en las frenadas, casi como si nos leyera la mente. El modo manual sigue siendo únicamente mediante las levas del volante, ya que se mantiene el original selector del cambio por rueda, en lugar de la clásica palanca. Lidiar con 8 relaciones en modo manual requiere cierta costumbre, no obstante la gestión del cambio facilita las cosas; por un lado, inserta la marcha más corta posible al pisar el botón de "kick down" al final del recorrido del acelerador, por otro, cambia a la siguiente velocidad al llegar a la zona roja, a 4.100 rpm y, por último, en reducciones cuenta con suficiente memoria como para insertar la marcha deseada una vez que el régimen del motor lo permita, sin que tengamos que repetir la orden sobre la leva izquierda. Esto último viene muy bien a la hora de disfrutar al volante, y más si tenemos en cuenta la notable capacidad de frenada del modelo: 71,1 metros en el paso de 140 a 0 km/h.

También el comportamiento del Jaguar XF pone las cosas fáciles. No requiere manos expertas para ir rápido, ni una trazada especialmente precisa. Da la sensación de que el coche lo hace todo solo, y de la forma más adecuada, siempre con un alto margen de seguridad y capacidad para asimilar correcciones en plena curva. Una vez apoyado se muestra muy inmediato a nuestras solicitudes, lo que aporta mucha confianza. El límite de agarre es muy alto y la puesta a punto del bastidor, muy equilibrada. Por otro lado, el ESP —no desconectable totalmente— resulta muy intrusivo y sólo en modo "Track" permite una mayor participación al conductor, aunque nada de excesos, para no generar desasosiego alguno, ni siquiera cuando le buscamos las cosquillas. Es muy neutro, incluso si mantenemos el acelerador a fondo en determinadas curvas de montaña, pues la potencia del motor no llega a poner en apuros la capacidad de tracción del tren trasero, sólo lo justo para inducir un ligero redondeo que no suele ir a más, por mucho que lo intentemos. El coche prácticamente ni se mueve de la trazada indicada por la dirección y, cuando lo provocamos entrando demasiado rápido en una curva, apenas se desvía de su trayectoria, ya que el eje trasero desliza lo justo para cerrar el giro. Eso sí, a la mínima que realicemos algo de contravolante el ESP toma las riendas. El buen tacto general del conjunto y unas suspensiones que brindan una excelente comodidad de marcha ponen la guinda a un modelo muy agradable de conducir. En resumen, una perfecta combinación de deportividad y confort, aunque los más avezados podrán echar en falta, en ciertas ocasiones, más potencia y algo más de permisibilidad por parte de la electrónica.

Como no podía ser de otra manera, cuenta con dispositivo Stop/Start. Su funcionamiento es rapidísimo y no se deja notar demasiado, pero hay que habituarse a algunas cosas. Si arrancamos acelerando en lugar de únicamente levantando el pie del freno se produce una leve brusquedad, ya que el sistema de ayuda de arranque en pendiente —que se activa siempre que se detiene el motor incluso en llano, salvo si llevamos el cambio en manual— tarda unas fracciones de segundo de más en liberar los frenos. Nada grave ni que empañe el buen sabor de boca que nos ha dejado este XF, todo un ejemplo de que Jaguar va por el buen camino.

  • Silencio y confort de marcha
  • Comportamiento
  • Cambio de 8 marchas
  • Peso elevado
  • Plaza central trasera
  • Visibilidad en maniobras
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