Isuzu D-Max

Regresa a su denominación original D-Max tras un breve periodo como Rodeo, envuelto en una imagen más moderna y atractiva, con un interior de mayor calidad y, lo más importante, con nuevos motores de 2,5 y 3,0 litros de 136 y 163 CV que ofrecen buen nivel de prestaciones y consumos contenidos. La gama de precios 4x4 arranca en 22.000 euros y llega hasta los 28.829 de la variante automática.
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('http://multimedia.terra.es/viewer/portada.cfm?cod_media=59085&mapnivel1=MUS','','width=765,height=470') ">Isuzu D-Max

Para todos los públicos
El D-Max se inscribe en la nueva generación de pick-up de alta gama que parece ponerse de moda en el mercado europeo. En lo que va de año, las ventas de este tipo de vehículos han aumentado un 26 por ciento y la tendencia parece optimista de cara al futuro. Los modelos de última hornada han mostrado el suficiente refinamiento y confort como para no limitarse exclusivamente a meros vehículos comerciales. Prueba de ello es que en los últimos tiempos, la demanda de las variantes doble cabina entre los pick-up ofrecidos en Europa alcanza el 80 por ciento de las ventas, lo que habla del enfoque “turismo” que le da la mayor parte de sus usuarios.

No ha cambiado mucho respecto a la generación anterior, pero las modificaciones estéticas practicadas le dan un aire más deportivo, moderno y juvenil. Lo más significativo es el frontal, que recibe una parrilla delantera más atractiva y discreta, nuevos grupos ópticos con diferente disposición de elementos y una toma superior en el capó para el intercooler. Los paragolpes son de nuevo diseño, así como los espejos retrovisores –que incluyen indicadores de dirección en la carcasa- y los pasos de rueda, que no tienen forma circular y son más prominentes.

La actualización de la imagen exterior también tiene su continuidad en el habitáculo del nuevo D-Max. Llama la atención el ambiente más refinado que se percibe con el empleo de materiales de mayor calidad y colores más oscuros en salpicadero, volante, tapicerías de asientos y paneles de puertas. Nuevos aireadores circulares y un cuadro de instrumentos con nuevos relojes le dan un toque más juvenil y desenfadado al interior, que presenta buenos remates y aspecto atractivo en general.

La disposición de mandos e instrumentos es prácticamente idéntica a la mostrada en la anterior generación, con las funciones bien agrupadas y fácilmente identificables de forma intuitiva. Destaca el cuadro de instrumentos, retroiluminado y dotado de una pequeña pantalla de cristal líquido donde se muestran los datos referentes al ordenador de a bordo. Lo que no resulta tan sencillo es su manejo, pues la operación se realiza desde un pulsador situado en el propio cuadro de instrumentos. Otro de los aspectos a mejorar es la regulación del volante, que sólo varía el ángulo de inclinación mediante pivote sobre la parte superior de la caña de dirección.

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p> Las cotas interiores no han variado y, como en la mayoría de los pick-up, el acceso al interior –dada la altura útil de la cabina en los modelos de cuatro puertas- sigue siendo uno de los puntos más criticables, especialmente para usuarios de gran envergadura. Más difícil aún resulta el acceso a las miniplazas posteriores de las versiones con cabina extendida, pues el espacio para los ocupantes es mínimo.

En el apartado mecánico es donde más se aprecian las modificaciones. Los motores sigue siendo los conocidos de 2,5 y 3,0 litros Diesel de la anterior generación, pero se han actualizado convenientemente para ofrecer mayor rendimiento (136 y 163 CV, respectivamente), menor nivel de ruido y emisiones contaminantes y consumos inferiores. Cuenta con sistema de inyección directa Diesel por conducto común de segunda generación (1.800 bares), culata de cuatro válvulas por cilindro y turbocompresor de geometría variable.

Gracias a estas innovaciones se ha conseguido incrementar la cifra de potencia hasta 136 CV en el caso del motor 2.5 y hasta 163 CV en el 3.0, mientras que las cifras de par alcanza los 30 mkg en el primer motor y los 36,7 en el segundo. En ambos casos se consigue a un régimen de 1.800 rpm, de forma que asegura una mejor respuesta del motor en todo el margen de utilización. Sorprendentemente, los consumos, según anuncia la marca, han descendido de forma considerable en todas las mediciones homologadas, logrando una media en uso mixto de 8,2 y 8,4 l/100 km, respectivamente.

De serie incorpora de una caja de cambios manual de cinco velocidades (sólo Nissan se desmarca de la competencia con una caja de seis) con unas relaciones en cortas bien escalonadas para circular a plena carga o fuera de carretera por terrenos escarpados. Como en la anterior edición, dispone del sistema “Shift on the fly” que permite conectar la tracción total siempre que circulemos por debajo de 95 km/h. Basta con apretar un botón en el salpicadero, lo mismo que para accionar la relación corta.

La configuración de transmisión es la habitual en este tipo de vehículos, es decir, propulsión trasera con tren delantero conectable. Nos ha gustado bastante el funcionamiento del motor, mucho más silencioso y contundente que el de la anterior edición, si bien en el 2.5 llega a. Ofrece buena entrega de potencia desde prácticamente el ralentí hasta el régimen máximo y permite un elevado nivel de prestaciones. Destaca la suavidad, el refinamiento y el confort de marcha que ofrece, muy orientado al enfoque “turismo” que le da la mayor parte de los usuarios de este tipo de vehículos, cada vez más recreacional y menos comercial.

El nuevo D-Max está disponible los concesionarios de la marca en versiones de dos o cuatro ruedas motrices con motores Diesel 2.5 y 3.0 en carrocería cabina sencilla, cabina extendida y doble cabina (este último con caja de cambios manual o automática). Los precios de las versiones de propulsión posterior arrancan en 18.669 euros y ascienden hasta 21.360 de la variante 3.0 de doble cabina.

Las variantes dotadas de tracción total van desde 22.029 euros de la versión cabina sencilla 3.0 hasta los 28.829 euros del 3.0 de doble cabina con transmisión automática.

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Para todos los públicos
El D-Max se inscribe en la nueva generación de pick-up de alta gama que parece ponerse de moda en el mercado europeo. En lo que va de año, las ventas de este tipo de vehículos han aumentado un 26 por ciento y la tendencia parece optimista de cara al futuro. Los modelos de última hornada han mostrado el suficiente refinamiento y confort como para no limitarse exclusivamente a meros vehículos comerciales. Prueba de ello es que en los últimos tiempos, la demanda de las variantes doble cabina entre los pick-up ofrecidos en Europa alcanza el 80 por ciento de las ventas, lo que habla del enfoque “turismo” que le da la mayor parte de sus usuarios.

No ha cambiado mucho respecto a la generación anterior, pero las modificaciones estéticas practicadas le dan un aire más deportivo, moderno y juvenil. Lo más significativo es el frontal, que recibe una parrilla delantera más atractiva y discreta, nuevos grupos ópticos con diferente disposición de elementos y una toma superior en el capó para el intercooler. Los paragolpes son de nuevo diseño, así como los espejos retrovisores –que incluyen indicadores de dirección en la carcasa- y los pasos de rueda, que no tienen forma circular y son más prominentes.

La actualización de la imagen exterior también tiene su continuidad en el habitáculo del nuevo D-Max. Llama la atención el ambiente más refinado que se percibe con el empleo de materiales de mayor calidad y colores más oscuros en salpicadero, volante, tapicerías de asientos y paneles de puertas. Nuevos aireadores circulares y un cuadro de instrumentos con nuevos relojes le dan un toque más juvenil y desenfadado al interior, que presenta buenos remates y aspecto atractivo en general.

La disposición de mandos e instrumentos es prácticamente idéntica a la mostrada en la anterior generación, con las funciones bien agrupadas y fácilmente identificables de forma intuitiva. Destaca el cuadro de instrumentos, retroiluminado y dotado de una pequeña pantalla de cristal líquido donde se muestran los datos referentes al ordenador de a bordo. Lo que no resulta tan sencillo es su manejo, pues la operación se realiza desde un pulsador situado en el propio cuadro de instrumentos. Otro de los aspectos a mejorar es la regulación del volante, que sólo varía el ángulo de inclinación mediante pivote sobre la parte superior de la caña de dirección.

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p> Las cotas interiores no han variado y, como en la mayoría de los pick-up, el acceso al interior –dada la altura útil de la cabina en los modelos de cuatro puertas- sigue siendo uno de los puntos más criticables, especialmente para usuarios de gran envergadura. Más difícil aún resulta el acceso a las miniplazas posteriores de las versiones con cabina extendida, pues el espacio para los ocupantes es mínimo.

En el apartado mecánico es donde más se aprecian las modificaciones. Los motores sigue siendo los conocidos de 2,5 y 3,0 litros Diesel de la anterior generación, pero se han actualizado convenientemente para ofrecer mayor rendimiento (136 y 163 CV, respectivamente), menor nivel de ruido y emisiones contaminantes y consumos inferiores. Cuenta con sistema de inyección directa Diesel por conducto común de segunda generación (1.800 bares), culata de cuatro válvulas por cilindro y turbocompresor de geometría variable.

Gracias a estas innovaciones se ha conseguido incrementar la cifra de potencia hasta 136 CV en el caso del motor 2.5 y hasta 163 CV en el 3.0, mientras que las cifras de par alcanza los 30 mkg en el primer motor y los 36,7 en el segundo. En ambos casos se consigue a un régimen de 1.800 rpm, de forma que asegura una mejor respuesta del motor en todo el margen de utilización. Sorprendentemente, los consumos, según anuncia la marca, han descendido de forma considerable en todas las mediciones homologadas, logrando una media en uso mixto de 8,2 y 8,4 l/100 km, respectivamente.

De serie incorpora de una caja de cambios manual de cinco velocidades (sólo Nissan se desmarca de la competencia con una caja de seis) con unas relaciones en cortas bien escalonadas para circular a plena carga o fuera de carretera por terrenos escarpados. Como en la anterior edición, dispone del sistema “Shift on the fly” que permite conectar la tracción total siempre que circulemos por debajo de 95 km/h. Basta con apretar un botón en el salpicadero, lo mismo que para accionar la relación corta.

La configuración de transmisión es la habitual en este tipo de vehículos, es decir, propulsión trasera con tren delantero conectable. Nos ha gustado bastante el funcionamiento del motor, mucho más silencioso y contundente que el de la anterior edición, si bien en el 2.5 llega a. Ofrece buena entrega de potencia desde prácticamente el ralentí hasta el régimen máximo y permite un elevado nivel de prestaciones. Destaca la suavidad, el refinamiento y el confort de marcha que ofrece, muy orientado al enfoque “turismo” que le da la mayor parte de los usuarios de este tipo de vehículos, cada vez más recreacional y menos comercial.

El nuevo D-Max está disponible los concesionarios de la marca en versiones de dos o cuatro ruedas motrices con motores Diesel 2.5 y 3.0 en carrocería cabina sencilla, cabina extendida y doble cabina (este último con caja de cambios manual o automática). Los precios de las versiones de propulsión posterior arrancan en 18.669 euros y ascienden hasta 21.360 de la variante 3.0 de doble cabina.

Las variantes dotadas de tracción total van desde 22.029 euros de la versión cabina sencilla 3.0 hasta los 28.829 euros del 3.0 de doble cabina con transmisión automática.

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