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Hyundai Sonata 2.0 CRDi Style

Frente a la gran evolución de las nuevas berlinas, el Hyundai Sonata opta por el continuismo. Consolidado por amplitud y gran confort, ahora suma más refinamiento y leves ajustes mecánicos. Ha perdido alguna baza, como ser la excepción por tamaño, pero conserva el principal valor de su éxito: al final, da mucho por lo que aún cuesta.
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Hyundai Sonata 2.0 CRDi Style
Hyundai Sonata 2.0 CRDi Style

Cuando un producto funciona, quizás lo más inteligente sea no tocarlo. Al menos no en profundidad, especialmente en tiempos de remangarse y aunque tus rivales den auténticas lecciones de superación. Entre los compactos, eso nos ha enseñado Volkswagen con su renovado Golf… y, salvando las distancias, eso nos muestra también Hyundai al subirnos al Sonata.

Su evolución es tan discreta —cuesta identificarlo por una parrilla rediseñada, grupos ópticos revisados y nuevos tiradores cromados—, que abre incluso un paréntesis en la profunda transformación de Hyundai. Tras el i30 y futuro i20, parecía turno del anunciado i40. El fabricante coreano, sin embargo, ha relajado la evolución de su berlina, retrasando el estreno de esta denominación hasta una próxima nueva generación. ¿Quiere decir que al agradable y aceptado Sonata puede el tiempo pasarle factura en pérdida de atractivo? Creemos que no, ya que sus modificaciones también implican mejoras. ¿Suficientes para compensar los 800 euros de sobreprecio de sus versiones? Puede que sí.

No queda pues duda de que, frente a la exhuberancia de los nuevos Opel Insignia, Skoda Superb, Citroën C5 o Ford Mondeo, Hyundai impone su juego de equilibrio. Entre lo que realmente el cliente de berlina demanda… y lo que ofrece. Ahí, el Hyundai Sonata siempre ha jugado muy bien las cartas, y ahora, más que nunca, deberá levantarlas recalcando los todavía más de 2.000 euros que ahorrará su propietario respecto a sus rivales a igualdad de equipamiento.

Claro que no todo en el Hyundai Sonata es precio, pero su otro histórico gran valor añadido ya no lo es tanto. Hablamos de tamaño, donde siempre ha partido con ventaja. El estirón de sus contrincantes ha puesto el listón de la categoría en sus 4,8 metros de longitud, que ya no son coto privado. Incluso su batalla de 2,73 metros casi queda pequeña frente a los 2,80 m que disponen muchos rivales.

Aun así, el Hyundai Sonata sigue superando el envite con una exhibición de aprovechamiento de espacio: salvo el gigante Skoda Superb, nadie le supera en espacio para piernas ni en anchura, fantástica para que cinco pasajeros viajen holgadamente… y, lo mejor, con equipaje, ya que sus más de 600 litros de maletero —ampliables abatiendo la fila trasera— son la auténtica referencia. Nos gusta además por sus formas, diáfanas y sin recovecos, capaz hasta de albergar bajo el piso rueda normal de repuesto.

Hasta aquí lo que era y sigue siendo el Hyundai Sonata, porque a pesar de que mantiene plataforma, con mismas cotas y dimensiones, la marca ha reforzado su chasis con mejores materiales y sistemas de soldaduras que anuncian más rigidez torsional.

Sin embargo, significativas nos parecen otras ganancias del Hyundai Sonata: la primera en peso, donde cuenta con más equipamiento pero 20 kg menos en báscula; y la segunda en aislamiento acústico, recortando su sonoridad en hasta 2 decibelios a velocidades constantes y situándose entre los mejores valores del segmento, próximos a los que brindan Audi, BMW o Mercedes.

El Hyundai Sonata refuerza así su magnífico confort de marcha. Porque no será la berlina técnicamente más avanzada, ni de mejor tacto (la dirección no es la más precisa, algo pesada sobre todo en ciudad), pero sigue mimando a los ocupantes con unas suspensiones de excelente flexibilidad. Y es verdad que esta configuración castiga el dinamismo: si pretendemos ir rápido en carreteras reviradas o con firme irregular, la sujeción de la carrocería —con claros balanceos y oscilaciones verticales— dificultará la trayectoria.

En ese sentido nada ha cambiado en el Hyundai Sonata, con misma geometría de trenes, estabilizadoras y frenos que cumplen sin más su cometido, ayudados por neumáticos muy anchos, un seguro control de estabilidad y su conocida tendencia subviradora. Pero lo suyo es otra batalla, la de la comodidad, donde pocos presumen de tan buen rendimiento: lo que, al fin y al cabo, debe exigirse a estas berlinas.

La elasticidad de muelles suaviza la traslación del movimiento de carrocería al ocupante del Hyundai Sonata, que viaja prácticamente envuelto en seda. Y es que los asientos merecen también atención. De suave mullido y con buenas regulaciones —incluso lumbar—, resultan comodísimos… y lo confirmamos tras 1.200 kilómetros. El ambiente interior es ahora más agradable. Ofrece detalles prácticos como una pantalla táctil con información del trayecto —tiempo en movimiento y en parado, velocidad media y máxima…— o parasoles extensibles. Sólo echamos en falta salidas traseras de aire.

No diga comodidad, diga Sonata. Mucho espacio, suspensiones absorbentes, asientos de gran mullido, baja sonoridad y –salvo en los pedales- práctica ausencia de vibraciones. Tiene casi todo para hacer del viaje una profesión.

Más potencia Diesel

Cuando un producto funciona, quizás lo más inteligente sea no tocarlo. Al menos no en profundidad, especialmente en tiempos de remangarse y aunque tus rivales den auténticas lecciones de superación. Entre los compactos, eso nos ha enseñado Volkswagen con su renovado Golf… y, salvando las distancias, eso nos muestra también Hyundai al subirnos al Sonata.

Su evolución es tan discreta —cuesta identificarlo por una parrilla rediseñada, grupos ópticos revisados y nuevos tiradores cromados—, que abre incluso un paréntesis en la profunda transformación de Hyundai. Tras el i30 y futuro i20, parecía turno del anunciado i40. El fabricante coreano, sin embargo, ha relajado la evolución de su berlina, retrasando el estreno de esta denominación hasta una próxima nueva generación. ¿Quiere decir que al agradable y aceptado Sonata puede el tiempo pasarle factura en pérdida de atractivo? Creemos que no, ya que sus modificaciones también implican mejoras. ¿Suficientes para compensar los 800 euros de sobreprecio de sus versiones? Puede que sí.

No queda pues duda de que, frente a la exhuberancia de los nuevos Opel Insignia, Skoda Superb, Citroën C5 o Ford Mondeo, Hyundai impone su juego de equilibrio. Entre lo que realmente el cliente de berlina demanda… y lo que ofrece. Ahí, el Hyundai Sonata siempre ha jugado muy bien las cartas, y ahora, más que nunca, deberá levantarlas recalcando los todavía más de 2.000 euros que ahorrará su propietario respecto a sus rivales a igualdad de equipamiento.

Claro que no todo en el Hyundai Sonata es precio, pero su otro histórico gran valor añadido ya no lo es tanto. Hablamos de tamaño, donde siempre ha partido con ventaja. El estirón de sus contrincantes ha puesto el listón de la categoría en sus 4,8 metros de longitud, que ya no son coto privado. Incluso su batalla de 2,73 metros casi queda pequeña frente a los 2,80 m que disponen muchos rivales.

Aun así, el Hyundai Sonata sigue superando el envite con una exhibición de aprovechamiento de espacio: salvo el gigante Skoda Superb, nadie le supera en espacio para piernas ni en anchura, fantástica para que cinco pasajeros viajen holgadamente… y, lo mejor, con equipaje, ya que sus más de 600 litros de maletero —ampliables abatiendo la fila trasera— son la auténtica referencia. Nos gusta además por sus formas, diáfanas y sin recovecos, capaz hasta de albergar bajo el piso rueda normal de repuesto.

Hasta aquí lo que era y sigue siendo el Hyundai Sonata, porque a pesar de que mantiene plataforma, con mismas cotas y dimensiones, la marca ha reforzado su chasis con mejores materiales y sistemas de soldaduras que anuncian más rigidez torsional.

Sin embargo, significativas nos parecen otras ganancias del Hyundai Sonata: la primera en peso, donde cuenta con más equipamiento pero 20 kg menos en báscula; y la segunda en aislamiento acústico, recortando su sonoridad en hasta 2 decibelios a velocidades constantes y situándose entre los mejores valores del segmento, próximos a los que brindan Audi, BMW o Mercedes.

El Hyundai Sonata refuerza así su magnífico confort de marcha. Porque no será la berlina técnicamente más avanzada, ni de mejor tacto (la dirección no es la más precisa, algo pesada sobre todo en ciudad), pero sigue mimando a los ocupantes con unas suspensiones de excelente flexibilidad. Y es verdad que esta configuración castiga el dinamismo: si pretendemos ir rápido en carreteras reviradas o con firme irregular, la sujeción de la carrocería —con claros balanceos y oscilaciones verticales— dificultará la trayectoria.

En ese sentido nada ha cambiado en el Hyundai Sonata, con misma geometría de trenes, estabilizadoras y frenos que cumplen sin más su cometido, ayudados por neumáticos muy anchos, un seguro control de estabilidad y su conocida tendencia subviradora. Pero lo suyo es otra batalla, la de la comodidad, donde pocos presumen de tan buen rendimiento: lo que, al fin y al cabo, debe exigirse a estas berlinas.

La elasticidad de muelles suaviza la traslación del movimiento de carrocería al ocupante del Hyundai Sonata, que viaja prácticamente envuelto en seda. Y es que los asientos merecen también atención. De suave mullido y con buenas regulaciones —incluso lumbar—, resultan comodísimos… y lo confirmamos tras 1.200 kilómetros. El ambiente interior es ahora más agradable. Ofrece detalles prácticos como una pantalla táctil con información del trayecto —tiempo en movimiento y en parado, velocidad media y máxima…— o parasoles extensibles. Sólo echamos en falta salidas traseras de aire.

No diga comodidad, diga Sonata. Mucho espacio, suspensiones absorbentes, asientos de gran mullido, baja sonoridad y –salvo en los pedales- práctica ausencia de vibraciones. Tiene casi todo para hacer del viaje una profesión.

Más potencia Diesel

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