Ford S-Max 2.0 TDCI Titanium

En un segmento en proceso de renovación, como demuestran las nuevas generaciones del Peugeot 807, Citroën C8 o Renault Espace, el Ford S-Max viene abrir un camino nuevo a golpe de imagen y comportamiento dinámico.
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Ford S-Max 2.0 TDCI Titanium
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('http://multimedia.terra.es/viewer/portada.cfm?cod_media=54537&mapnivel1=MUS','','width=765,height=470') ">Ford S-Max

Sin despreciar las características propias de los monovolúmenes de medio y gran tamaño, esto es modularidad y mucho espacio interno, el S-Max introduce un planteamiento novedoso en el mercado. Al fin y al cabo, su hermano mayor, el Galaxy, renovado recientemente, y con quien comparte plataforma, ya se ocupa de entablar batalla con realizaciones dirigidas a clientes más convencionales.

Así, mientras aquél acude a la misma línea de fuego, el S-Max puede dedicarse a otros menesteres en la retaguardia y captar a una tipología de compradores que busca nuevos horizontes en los vehículos versátiles familiares, tales como originalidad estética y dinamismo en carretera.

¿Quién ha visto antes un monovolumen de 4,76 metros de longitud de aspecto alargado y afilado, con un coeficiente aerodinámico a la altura de ciertos modelos de corte deportivo y con un comportamiento que ya querrían para así algunas berlinas de su tamaño?

El S-Max es original en sus fundamentos y en su planteamiento, cuenta con una imagen llamativa y, como ha sido de los últimos en llegar, viene con la lección bien aprendida en materia de soluciones prácticas y modularidad.

Se acabaron las formas cuadradas y la estética al servicio de la funcionalidad. Ahora las suaves líneas redondeadas, los detalles dinámicos y la ecléctica imagen del S-Max –dado que toma prestados elementos de las berlinas y de los coupés- abren caminos hasta ahora desconocidos en los monovolumen de grandes dimensiones. Esta primera incursión en lo que Ford dio en llamar “diseño cinético”, ha dado como resultado un modelo llamativo que disimula perfectamente sus dimensiones en aras de la proporcionalidad, sin menoscabo del espacio a disposición de los ocupantes.

Los diseñadores de la compañía se han esmerado tanto en conjugar diseño y funcionalidad que ambas han quedado fundidas en una sola. El S-Max es un compendio de cómo integrar ambos conceptos sin estridencias, sin que se note, es decir, armónicamente. Así, los pilares A y B han sido adelgazados y en lugar de conectar directamente con la ventanilla de conductor y acompañante dan paso a una luna triangular, en los ángulos derecho e izquierdo, que mejora la visibilidad lateral. La parrilla ha sido reducida hasta la mínima expresión con el objeto de afilar el morro y mejorar su aerodinámica.

Otros detalles como los faros antiniebla situados hacia adentro, las branquias que flanquean la parrilla, las luces de intermitencia integradas en los espejos retrovisores y la luz de freno, en la parte superior del portón trasero denotan una deportividad raramente vista en un monovolumen. El esbozo deportivo continúa en el perfil, con una marcada forma de cuña, en el que destacan los adornos simulando tomas de aire sobre los pronunciados pasos de rueda delanteros.

El dinamismo queda acentuado con el techo que se curva levemente desde la mitad del vehículo, imitando la carrocería coupé, hasta descansar en un portón trasero de considerable tamaño.

Estas formas suaves, ligeramente redondeadas, permiten al S-Max disimular sus verdaderas dimensiones. Es un modelo grande, apreciable, como veremos, en la habitabilidad interna, pero que sabe, exteriormente, esconder sus más de 4,7 metros de longitud, sus casi 2 metros de anchura y sus 1,65 metros de altura.

El modelo de Ford es, en sí mismo, un manual de cómo hacer un monovolumen que, exteriormente, no parezca un monovolumen.

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Sin despreciar las características propias de los monovolúmenes de medio y gran tamaño, esto es modularidad y mucho espacio interno, el S-Max introduce un planteamiento novedoso en el mercado. Al fin y al cabo, su hermano mayor, el Galaxy, renovado recientemente, y con quien comparte plataforma, ya se ocupa de entablar batalla con realizaciones dirigidas a clientes más convencionales.

Así, mientras aquél acude a la misma línea de fuego, el S-Max puede dedicarse a otros menesteres en la retaguardia y captar a una tipología de compradores que busca nuevos horizontes en los vehículos versátiles familiares, tales como originalidad estética y dinamismo en carretera.

¿Quién ha visto antes un monovolumen de 4,76 metros de longitud de aspecto alargado y afilado, con un coeficiente aerodinámico a la altura de ciertos modelos de corte deportivo y con un comportamiento que ya querrían para así algunas berlinas de su tamaño?

El S-Max es original en sus fundamentos y en su planteamiento, cuenta con una imagen llamativa y, como ha sido de los últimos en llegar, viene con la lección bien aprendida en materia de soluciones prácticas y modularidad.

Se acabaron las formas cuadradas y la estética al servicio de la funcionalidad. Ahora las suaves líneas redondeadas, los detalles dinámicos y la ecléctica imagen del S-Max –dado que toma prestados elementos de las berlinas y de los coupés- abren caminos hasta ahora desconocidos en los monovolumen de grandes dimensiones. Esta primera incursión en lo que Ford dio en llamar “diseño cinético”, ha dado como resultado un modelo llamativo que disimula perfectamente sus dimensiones en aras de la proporcionalidad, sin menoscabo del espacio a disposición de los ocupantes.

Los diseñadores de la compañía se han esmerado tanto en conjugar diseño y funcionalidad que ambas han quedado fundidas en una sola. El S-Max es un compendio de cómo integrar ambos conceptos sin estridencias, sin que se note, es decir, armónicamente. Así, los pilares A y B han sido adelgazados y en lugar de conectar directamente con la ventanilla de conductor y acompañante dan paso a una luna triangular, en los ángulos derecho e izquierdo, que mejora la visibilidad lateral. La parrilla ha sido reducida hasta la mínima expresión con el objeto de afilar el morro y mejorar su aerodinámica.

Otros detalles como los faros antiniebla situados hacia adentro, las branquias que flanquean la parrilla, las luces de intermitencia integradas en los espejos retrovisores y la luz de freno, en la parte superior del portón trasero denotan una deportividad raramente vista en un monovolumen. El esbozo deportivo continúa en el perfil, con una marcada forma de cuña, en el que destacan los adornos simulando tomas de aire sobre los pronunciados pasos de rueda delanteros.

El dinamismo queda acentuado con el techo que se curva levemente desde la mitad del vehículo, imitando la carrocería coupé, hasta descansar en un portón trasero de considerable tamaño.

Estas formas suaves, ligeramente redondeadas, permiten al S-Max disimular sus verdaderas dimensiones. Es un modelo grande, apreciable, como veremos, en la habitabilidad interna, pero que sabe, exteriormente, esconder sus más de 4,7 metros de longitud, sus casi 2 metros de anchura y sus 1,65 metros de altura.

El modelo de Ford es, en sí mismo, un manual de cómo hacer un monovolumen que, exteriormente, no parezca un monovolumen.

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