Ford Focus y sus rivales

El gasóleo continúa siendo el rey en el segmento compacto, por eso hemos enfrentado al renovado Focus 2.0 TDCi con sus rivales más vendidos. ¿Siguen estando a la altura?
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Ford Focus y sus rivales
Ford Focus y sus rivales

En Ford se jactan de haber reducido significativamente en las versiones Diesel del nuevo Focus la rumorosidad, las asperezas y la suavidad de funcionamiento, lo que se conoce como nivel NVH, un factor que, cuando es bueno, da la sensación subjetiva de “más coche”. Se nota una mejora palpable en la calidad de rodadura, y la sensación de robustez que transmite es mayor que la de sus rivales. Incluso en zonas muy bacheadas, no surge el más mínimo crujido o desajuste dentro del habitáculo. En cuanto al motor, que mantiene las especificaciones ya conocidas, su sonido y las vibraciones en fase de aceleración se han mitigado mucho, y en trayectos urbanos es donde mejor se aprecia, pues a velocidades reducidas ha mejorado la calidad del ruido percibido. Las elaboradas suspensiones también se encuentran a un nivel muy destacable y son, junto con las del 308 y el Auris, las que consiguen un mejor compromiso entre confort y eficacia. El interior cuenta con algunas modificaciones que maquillan un poco el exceso de sobriedad del anterior modelo. Puede llevar un enchufe de 230 V y 150 W.

Lo más criticable en comparación con su competencia es el espacio disponible para las piernas de los pasajeros traseros, que es algo limitado, y lo mismo le pasa al maletero, el más pequeño junto con el del Mégane, cuyos 350 litros distan mucho de los 420 ofrecidos por el Focus, el mejor en este campo. El moderno diseño, tanto interior como exterior, sigue estando plenamente vigente, aunque cuesta acostumbrarse al esponjoso tacto del cambio y al manejo de los mandos del volante, que además no resulta demasiado ergonómico en maniobras. El comportamiento es muy efectivo, siempre supervisado por un control de estabilidad no desconectable por encima de 50 km/h que actúa de forma poco perceptible y únicamente cuando es necesario. El filtrado que proporcionan las suspensiones también es digno de mención, aunque dentro del habitáculo se escucha más de lo deseable el sonido del motor al acelerar y, al pasar por baches prominentes, algún “grillo” que denota la falta de consistencia en algunos ajustes.

Aunque sigue siendo una opción recomendable, los años se notan y en algunos aspectos ha sido superado por sus rivales más modernos. Para tener una potencia de 120 CV su precio de partida resulta elevado, pero hay que tener en cuenta la promoción que ofrece la marca en el momento de escribir esta prueba, que consiste en un descuento de 3.200 euros, a los que hay que sumar 1.000 más si entregamos a cambio un coche con más de 10 años de antigüedad. En lo que no se ha quedado atrás es en las grandes posibilidades de equipamiento que ofrece, entre las que destacan los faros direccionales o la suspensión activa, un sistema que mejora la estabilidad y que no incorpora ninguno de sus competidores. Del interior hay que criticar la complejidad de los sistemas telemáticos, es decir, radio, navegador y ordenador de viaje, cuyo manejo es poco intuitivo. Por otro lado, no vendría mal un hueco en la consola central para dejar objetos cotidianos como llaves o móvil.

El acabado Premium del 308 dispone de un interior muy bien presentado, y más con la tapicería de piel de nuestra unidad de pruebas. Las plazas delanteras son las que más espacio ofrecen en anchura y el habitáculo dispone de un nivel de equipamiento completísimo en el que no falta el techo panorámico. También resulta uno de los más agradables de conducir de esta comparativa, ya que es el que mejor relación ofrece entre comportamiento y confort, pues con unos tarados de suspensión muy suaves consigue un paso por curva de lo más eficaz. Es con el que más fácil resulta ir rápido, ya que obedece fielmente y al instante las órdenes del volante, pero sin poner en apuros a su conductor con reacciones bruscas. En consonancia con el resto de mandos, la dirección está muy asistida, aunque lo que realmente tiene un tacto decepcionante es el cambio, demasiado blando e impreciso, con mucha holgura de la palanca. El motor es muy silencioso y apenas transmite vibraciones.

Es uno de los veteranos del segmento y eso se nota. A pesar de todo sigue dando guerra y puede presumir del buen nivel de refinamiento mecánico característico de los Renault Diesel y de un alto confort de marcha, gracias al buen aislamiento que consigue la suspensión. La motorización dCi de 130 CV, pese a no ser de las más potentes del grupo, consigue un rendimiento ejemplar. Como en el resto, el generoso equipamiento es uno de sus atractivos. El maletero es uno de sus puntos flacos, situándose en la cola, junto con el C4, en cuanto a capacidad de carga. También hay algunos detalles del interior que no transmiten la calidad esperada en cuanto a terminación, aunque en líneas generales está bien realizado. Lo más desfavorable para el Mégane es el tacto de la dirección eléctrica, que no acaba de convencernos. Aparte de no informar en absoluto, la sensación que se percibe es como si nuestras manos no tuviesen una conexión directa con las ruedas; en curvas rápidas parece que el tren delantero va flotando.

Con el acabado Sport-Up que analizamos en esta prueba sus pretensiones son las más deportivas del conjunto, para lo que dispone de una suspensión rebajada en altura y con unos tarados de apreciable dureza. Los amantes de una conducción lo más dinámica posible y sin compromisos, que no lo duden, pues sus maneras son impecables, al igual que su agilidad en el paso por curva, en parte lograda gracias a que el eje trasero redondea lo justo, pero sin dejar de ir muy asentado. El tacto de los pedales y del cambio es muy preciso y la dirección es de las mejores, además la postura de conducción es perfecta. El motor, compartido con el Golf, ya va teniendo sus años y a pesar de lograr unas prestaciones notables con un consumo muy reducido, es el más brusco en la entrega de potencia. Resulta ruidoso y transmite algunas vibraciones al habitáculo al acelerar. El interior cuenta con una presentación correcta y prácticos huecos en los que guardar objetos. Los montantes delanteros restan algo de visibilidad hacia los laterales.

El compacto japonés es el menos potente de los ocho, pero el siguiente escalón mecánico en su gama se distancia hasta los 177 CV. No es el más rápido, pero a cambio sí que es, con diferencia, el más cómodo y silencioso, lo que representa una gran ventaja respecto al resto en este apartado y puede suponer una decisión de compra para quien valore estas cualidades por encima de otras. El funcionamiento del motor no es tan suave como el del Ford o los modelos de PSA. Tampoco agrada en exceso el tacto de los frenos, que son demasiado sensibles a las insinuaciones del pedal. El comportamiento está muy conseguido y se muestra eficaz en todo tipo de situaciones, con una facilidad de conducción total. No hay que esperar sensaciones deportivas ni emoción al conducirlo, pero la estabilidad es elevada, al igual que el agarre en curva. Los ocupantes traseros disponen de un generoso espacio para las piernas, además los respaldos posteriores se pueden reclinar ligeramente.

Siempre ha sido la referencia del segmento y parece que por fin algunos de sus eternos contrincantes han conseguido destronarle en una serie de aspectos. Aun así, en conjunto es un modelo de lo más apetecible, sobre todo si está equipado con la terminación GT Sport. Entre sus elementos específicos se encuentra un tarado de suspensiones específico, con la altura de la carrocería ligeramente rebajada. Su bastidor sigue estando en forma y proporciona una estabilidad muy alta. En carretera lo único que empaña el resultado final es la alta rumorosidad, más acusada cuanto más se incrementa el ritmo de marcha. Los próximos motores 2.0 TDI del Grupo VAG, dotados de common-rail en vez de conjuntos inyector-bomba, logran un refinamiento muy superior, como ya hemos podido constatar en el Volkswagen Tiguan. En el interior no hay demasiadas florituras, pero la calidad de los ajustes es impecable. Es el más parco en equipamiento de serie y su precio de partida es el menos asequible. La postura de conducción es muy buena, aunque los reposacabezas han dejado de ser regulables.

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