Ford Ka

El nuevo Ford Ka viene dispuesto a conquistar al cada vez más exigente público joven, para lo que cuenta con un precio bastante ajustado, un consumo muy reducido y unas posibilidades de equipamiento dignas de un modelo de segmento superior.
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Ford Ka
Ford Ka

A primera vista nadie diría que el Ford Ka toma prestada la plataforma del también coqueto Fiat 500, ya que en Ford se han preocupado mucho de dar un estilo propio a su nuevo modelo urbano Ka. Ambos se fabrican en Polonia, en la misma factoría, lo que ha permitido compartir costes de producción para poder ofrecer un precio muy competitivo. En este caso la ventaja es para el Ford Ka, que es más barato que su primo italiano, ya que parte de 10.600 euros con un nivel de equipamiento muy completo. A España sólo llegará con el acabado más alto, es decir el Titanium, que incluye de serie airbags frontales, aire acondicionado, equipo de sonido MP3, faros antiniebla y elevalunas eléctricos. Opcionalmente puede llevar también elementos propios de automóviles de segmentos superiores, como ESP, ayuda de arranque en pendiente, sensor de aparcamiento, techo panorámico de cristal, parabrisas calefactado, Bluetooth, puerto USB, órdenes vocales, airbags laterales y de cortina. La rueda de repuesto es también un extra, porque de serie incorpora kit reparapinchazos, algo que ayuda a lograr un maletero muy digno, de 224 litros de capacidad. Abatiendo los respaldos traseros aumenta hasta los 747 litros.

El vanguardista interior es uno de los puntos más atractivos del diseño del Ford Ka. Resulta relativamente amplio delante, con una postura de conducción muy conseguida y con todos los mandos muy a mano. La palanca de cambios está en una posición muy cómoda que evita en gran medida rozar el codo del acompañante cada vez que insertamos una marcha. Como pega, el volante sólo se regula en altura. En cuanto a las plazas traseras, únicamente están pensadas para albergar a dos ocupantes —sólo hay dos cinturones de seguridad—, eso sí, con mucha anchura y espacio para las piernas, además bajo los asientos delanteros queda un amplio hueco en el que meter los pies. Lo que resulta justo es la altura posterior, algo que unido a unas ventanillas traseras pequeñas da como resultado un emplazamiento algo agobiante. Con el techo de cristal la cosa mejora mucho. Los más atrevidos podrán hacerse con un Ford Ka personalizado. Hay tres tipos: Digital Art, Grand Prix y Tatoo, a cual más desenfadado y colorista, y con detalles estéticos propios.

Las motorizaciones disponibles para el Ford Ka serán dos, una de gasolina y una turbodiésel, ambas con un contenido consumo y con unas emisiones de CO2 por debajo de los 120 gr/km, por lo que quedan exentas de Impuesto de Matriculación. El primero, posicionado en 10.600 euros, es un 1.2 que rinde 69 CV y supone una opción más que interesante, ya que resulta bastante más barato que el turbodiésel 1.3 TDCi de 75 CV, cuyo precio sube hasta 12.200 euros. La diferencia de prestaciones es mínima, aunque el consumo en el caso del gasolina es más sensible al tipo de conducción que hagamos. Aun así, resulta muy poco gastón, con 5,1 l/100 km homologados de media, frente a 4,2 del Diesel.

El comportamiento es muy bueno en ambos, ya que la marca pretende que el nuevo Ford Ka sea la referencia de su segmento en cuanto a deportividad. De hecho, su conducción resulta gratificante y permite una buena dosis de diversión al volante, ya que es tipo kart. La rápida y precisa dirección se une a una gran agilidad de reacciones, con un tren trasero participativo y un buen equilibrio general. Da confianza al conductor y transmite sensaciones de coche más grande, además es bastante cómodo. Es recomendable incorporar un elemento de seguridad fundamental como el control de estabilidad ESP, pues aunque sea opcional supone una buena inversión que nos puede sacar de un apuro en situaciones complicadas. No es desconectable —sólo el control de tracción—, pero su funcionamiento apenas resta eficacia ni interfiere con la conducción, ya que permite exprimir sin problemas la deportividad del bastidor, hasta el punto de dejarnos hacer algo de contravolante si hemos abordado una curva con exceso de alegría. Para ser un coche tan pequeño se muestra bastante noble de reacciones. En definitiva, tiene todos los ingredientes para invadir las calles de tu ciudad, pero también para salir de viaje sin complejos y defenderse sin problemas en carretera. Todo un gran urbanita.

A primera vista nadie diría que el Ford Ka toma prestada la plataforma del también coqueto Fiat 500, ya que en Ford se han preocupado mucho de dar un estilo propio a su nuevo modelo urbano Ka. Ambos se fabrican en Polonia, en la misma factoría, lo que ha permitido compartir costes de producción para poder ofrecer un precio muy competitivo. En este caso la ventaja es para el Ford Ka, que es más barato que su primo italiano, ya que parte de 10.600 euros con un nivel de equipamiento muy completo. A España sólo llegará con el acabado más alto, es decir el Titanium, que incluye de serie airbags frontales, aire acondicionado, equipo de sonido MP3, faros antiniebla y elevalunas eléctricos. Opcionalmente puede llevar también elementos propios de automóviles de segmentos superiores, como ESP, ayuda de arranque en pendiente, sensor de aparcamiento, techo panorámico de cristal, parabrisas calefactado, Bluetooth, puerto USB, órdenes vocales, airbags laterales y de cortina. La rueda de repuesto es también un extra, porque de serie incorpora kit reparapinchazos, algo que ayuda a lograr un maletero muy digno, de 224 litros de capacidad. Abatiendo los respaldos traseros aumenta hasta los 747 litros.

El vanguardista interior es uno de los puntos más atractivos del diseño del Ford Ka. Resulta relativamente amplio delante, con una postura de conducción muy conseguida y con todos los mandos muy a mano. La palanca de cambios está en una posición muy cómoda que evita en gran medida rozar el codo del acompañante cada vez que insertamos una marcha. Como pega, el volante sólo se regula en altura. En cuanto a las plazas traseras, únicamente están pensadas para albergar a dos ocupantes —sólo hay dos cinturones de seguridad—, eso sí, con mucha anchura y espacio para las piernas, además bajo los asientos delanteros queda un amplio hueco en el que meter los pies. Lo que resulta justo es la altura posterior, algo que unido a unas ventanillas traseras pequeñas da como resultado un emplazamiento algo agobiante. Con el techo de cristal la cosa mejora mucho. Los más atrevidos podrán hacerse con un Ford Ka personalizado. Hay tres tipos: Digital Art, Grand Prix y Tatoo, a cual más desenfadado y colorista, y con detalles estéticos propios.

Las motorizaciones disponibles para el Ford Ka serán dos, una de gasolina y una turbodiésel, ambas con un contenido consumo y con unas emisiones de CO2 por debajo de los 120 gr/km, por lo que quedan exentas de Impuesto de Matriculación. El primero, posicionado en 10.600 euros, es un 1.2 que rinde 69 CV y supone una opción más que interesante, ya que resulta bastante más barato que el turbodiésel 1.3 TDCi de 75 CV, cuyo precio sube hasta 12.200 euros. La diferencia de prestaciones es mínima, aunque el consumo en el caso del gasolina es más sensible al tipo de conducción que hagamos. Aun así, resulta muy poco gastón, con 5,1 l/100 km homologados de media, frente a 4,2 del Diesel.

El comportamiento es muy bueno en ambos, ya que la marca pretende que el nuevo Ford Ka sea la referencia de su segmento en cuanto a deportividad. De hecho, su conducción resulta gratificante y permite una buena dosis de diversión al volante, ya que es tipo kart. La rápida y precisa dirección se une a una gran agilidad de reacciones, con un tren trasero participativo y un buen equilibrio general. Da confianza al conductor y transmite sensaciones de coche más grande, además es bastante cómodo. Es recomendable incorporar un elemento de seguridad fundamental como el control de estabilidad ESP, pues aunque sea opcional supone una buena inversión que nos puede sacar de un apuro en situaciones complicadas. No es desconectable —sólo el control de tracción—, pero su funcionamiento apenas resta eficacia ni interfiere con la conducción, ya que permite exprimir sin problemas la deportividad del bastidor, hasta el punto de dejarnos hacer algo de contravolante si hemos abordado una curva con exceso de alegría. Para ser un coche tan pequeño se muestra bastante noble de reacciones. En definitiva, tiene todos los ingredientes para invadir las calles de tu ciudad, pero también para salir de viaje sin complejos y defenderse sin problemas en carretera. Todo un gran urbanita.

A primera vista nadie diría que el Ford Ka toma prestada la plataforma del también coqueto Fiat 500, ya que en Ford se han preocupado mucho de dar un estilo propio a su nuevo modelo urbano Ka. Ambos se fabrican en Polonia, en la misma factoría, lo que ha permitido compartir costes de producción para poder ofrecer un precio muy competitivo. En este caso la ventaja es para el Ford Ka, que es más barato que su primo italiano, ya que parte de 10.600 euros con un nivel de equipamiento muy completo. A España sólo llegará con el acabado más alto, es decir el Titanium, que incluye de serie airbags frontales, aire acondicionado, equipo de sonido MP3, faros antiniebla y elevalunas eléctricos. Opcionalmente puede llevar también elementos propios de automóviles de segmentos superiores, como ESP, ayuda de arranque en pendiente, sensor de aparcamiento, techo panorámico de cristal, parabrisas calefactado, Bluetooth, puerto USB, órdenes vocales, airbags laterales y de cortina. La rueda de repuesto es también un extra, porque de serie incorpora kit reparapinchazos, algo que ayuda a lograr un maletero muy digno, de 224 litros de capacidad. Abatiendo los respaldos traseros aumenta hasta los 747 litros.

El vanguardista interior es uno de los puntos más atractivos del diseño del Ford Ka. Resulta relativamente amplio delante, con una postura de conducción muy conseguida y con todos los mandos muy a mano. La palanca de cambios está en una posición muy cómoda que evita en gran medida rozar el codo del acompañante cada vez que insertamos una marcha. Como pega, el volante sólo se regula en altura. En cuanto a las plazas traseras, únicamente están pensadas para albergar a dos ocupantes —sólo hay dos cinturones de seguridad—, eso sí, con mucha anchura y espacio para las piernas, además bajo los asientos delanteros queda un amplio hueco en el que meter los pies. Lo que resulta justo es la altura posterior, algo que unido a unas ventanillas traseras pequeñas da como resultado un emplazamiento algo agobiante. Con el techo de cristal la cosa mejora mucho. Los más atrevidos podrán hacerse con un Ford Ka personalizado. Hay tres tipos: Digital Art, Grand Prix y Tatoo, a cual más desenfadado y colorista, y con detalles estéticos propios.

Las motorizaciones disponibles para el Ford Ka serán dos, una de gasolina y una turbodiésel, ambas con un contenido consumo y con unas emisiones de CO2 por debajo de los 120 gr/km, por lo que quedan exentas de Impuesto de Matriculación. El primero, posicionado en 10.600 euros, es un 1.2 que rinde 69 CV y supone una opción más que interesante, ya que resulta bastante más barato que el turbodiésel 1.3 TDCi de 75 CV, cuyo precio sube hasta 12.200 euros. La diferencia de prestaciones es mínima, aunque el consumo en el caso del gasolina es más sensible al tipo de conducción que hagamos. Aun así, resulta muy poco gastón, con 5,1 l/100 km homologados de media, frente a 4,2 del Diesel.

El comportamiento es muy bueno en ambos, ya que la marca pretende que el nuevo Ford Ka sea la referencia de su segmento en cuanto a deportividad. De hecho, su conducción resulta gratificante y permite una buena dosis de diversión al volante, ya que es tipo kart. La rápida y precisa dirección se une a una gran agilidad de reacciones, con un tren trasero participativo y un buen equilibrio general. Da confianza al conductor y transmite sensaciones de coche más grande, además es bastante cómodo. Es recomendable incorporar un elemento de seguridad fundamental como el control de estabilidad ESP, pues aunque sea opcional supone una buena inversión que nos puede sacar de un apuro en situaciones complicadas. No es desconectable —sólo el control de tracción—, pero su funcionamiento apenas resta eficacia ni interfiere con la conducción, ya que permite exprimir sin problemas la deportividad del bastidor, hasta el punto de dejarnos hacer algo de contravolante si hemos abordado una curva con exceso de alegría. Para ser un coche tan pequeño se muestra bastante noble de reacciones. En definitiva, tiene todos los ingredientes para invadir las calles de tu ciudad, pero también para salir de viaje sin complejos y defenderse sin problemas en carretera. Todo un gran urbanita.

A primera vista nadie diría que el Ford Ka toma prestada la plataforma del también coqueto Fiat 500, ya que en Ford se han preocupado mucho de dar un estilo propio a su nuevo modelo urbano Ka. Ambos se fabrican en Polonia, en la misma factoría, lo que ha permitido compartir costes de producción para poder ofrecer un precio muy competitivo. En este caso la ventaja es para el Ford Ka, que es más barato que su primo italiano, ya que parte de 10.600 euros con un nivel de equipamiento muy completo. A España sólo llegará con el acabado más alto, es decir el Titanium, que incluye de serie airbags frontales, aire acondicionado, equipo de sonido MP3, faros antiniebla y elevalunas eléctricos. Opcionalmente puede llevar también elementos propios de automóviles de segmentos superiores, como ESP, ayuda de arranque en pendiente, sensor de aparcamiento, techo panorámico de cristal, parabrisas calefactado, Bluetooth, puerto USB, órdenes vocales, airbags laterales y de cortina. La rueda de repuesto es también un extra, porque de serie incorpora kit reparapinchazos, algo que ayuda a lograr un maletero muy digno, de 224 litros de capacidad. Abatiendo los respaldos traseros aumenta hasta los 747 litros.

El vanguardista interior es uno de los puntos más atractivos del diseño del Ford Ka. Resulta relativamente amplio delante, con una postura de conducción muy conseguida y con todos los mandos muy a mano. La palanca de cambios está en una posición muy cómoda que evita en gran medida rozar el codo del acompañante cada vez que insertamos una marcha. Como pega, el volante sólo se regula en altura. En cuanto a las plazas traseras, únicamente están pensadas para albergar a dos ocupantes —sólo hay dos cinturones de seguridad—, eso sí, con mucha anchura y espacio para las piernas, además bajo los asientos delanteros queda un amplio hueco en el que meter los pies. Lo que resulta justo es la altura posterior, algo que unido a unas ventanillas traseras pequeñas da como resultado un emplazamiento algo agobiante. Con el techo de cristal la cosa mejora mucho. Los más atrevidos podrán hacerse con un Ford Ka personalizado. Hay tres tipos: Digital Art, Grand Prix y Tatoo, a cual más desenfadado y colorista, y con detalles estéticos propios.

Las motorizaciones disponibles para el Ford Ka serán dos, una de gasolina y una turbodiésel, ambas con un contenido consumo y con unas emisiones de CO2 por debajo de los 120 gr/km, por lo que quedan exentas de Impuesto de Matriculación. El primero, posicionado en 10.600 euros, es un 1.2 que rinde 69 CV y supone una opción más que interesante, ya que resulta bastante más barato que el turbodiésel 1.3 TDCi de 75 CV, cuyo precio sube hasta 12.200 euros. La diferencia de prestaciones es mínima, aunque el consumo en el caso del gasolina es más sensible al tipo de conducción que hagamos. Aun así, resulta muy poco gastón, con 5,1 l/100 km homologados de media, frente a 4,2 del Diesel.

El comportamiento es muy bueno en ambos, ya que la marca pretende que el nuevo Ford Ka sea la referencia de su segmento en cuanto a deportividad. De hecho, su conducción resulta gratificante y permite una buena dosis de diversión al volante, ya que es tipo kart. La rápida y precisa dirección se une a una gran agilidad de reacciones, con un tren trasero participativo y un buen equilibrio general. Da confianza al conductor y transmite sensaciones de coche más grande, además es bastante cómodo. Es recomendable incorporar un elemento de seguridad fundamental como el control de estabilidad ESP, pues aunque sea opcional supone una buena inversión que nos puede sacar de un apuro en situaciones complicadas. No es desconectable —sólo el control de tracción—, pero su funcionamiento apenas resta eficacia ni interfiere con la conducción, ya que permite exprimir sin problemas la deportividad del bastidor, hasta el punto de dejarnos hacer algo de contravolante si hemos abordado una curva con exceso de alegría. Para ser un coche tan pequeño se muestra bastante noble de reacciones. En definitiva, tiene todos los ingredientes para invadir las calles de tu ciudad, pero también para salir de viaje sin complejos y defenderse sin problemas en carretera. Todo un gran urbanita.

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