Ford Galaxy

Siete plazas reales, comportamiento de berlina y buena calidad de terminación. La nueva generación del Galaxy, que ya está a la venta, tiene grandes virtudes y pocos defectos, lo que le convierte en una gran compra… por 33.765 euros.
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Ford Galaxy
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Ford ha puesto toda la carne en el asador para impulsar su gama de monovolúmenes grandes. Lo ha hecho creando el S-MAX, una variante de diseño vanguardista y directrices deportivas, y renovando el Galaxy, su siete plazas más familiar.

Ambos modelos comparten plataforma, componentes y rasgos estilísticos, pero su enfoque es diferente, sobre todo en materia de comportamiento y motorizaciones. Si el S-MAX puede montar mecánicas de gasolina de hasta 220 CV y suspensiones de bastante firmeza, el Galaxy opta por ser más tranquilo y decantarse por un uso más familiar y racional: suspensiones más confortables, sólo un propulsor Diesel, siete plazas…. Un enfoque quizás más acorde a sus dimensiones.

El nuevo Galaxy es bastante más grande que su antecesor, que era fruto de una alianza con el Grupo Volkswagen y que es “hermano gemelo” del Seat Alhambra y del VW Sharan. Ha crecido 18 centímetros en su longitud (ahora alcanza los 4,82 metros) y siete centímetros de ancho (1,85 m), mientras que la altura es menor en tres centímetros (1,72 m). La batalla y las vías también son mayores: 1,5 cms superior la distancia entre ejes, 5,7 cms más la vía delantera y 8,7 cms más la trasera.

Todo este incremento es vital para poder ofrecer un mayor espacio interior, con siete plazas reales y un maletero decente con todos los asientos a pleno uso, y un comportamiento más aplomado.

Hablemos del interior. La evolución producida dentro del habitáculo ha sido muy positiva. Hace un par de meses probábamos el nuevo S-MAX y lo cierto que los interiores son muy parecidos, por no decir idénticos. El hecho de “tenerlo visto” no puede empañar el enorme salto de calidad que supone respecto a la anterior generación del Galaxy, un modelo que se había quedado viejo en su diseño. El nuevo mononovolumen grande de Ford, que sólo se venderá asociado al acabado de mayor clase, el Ghia, destaca por una estética fresca y vanguardista, con inserciones de aluminio en la consola central, el volante y las toberas de la climatización y detalles en madera en las puertas y en el frontal. Más calidad y mejor acabado que en la generación que le antecede.

Lo que no sobran son los huecos para dejar objetos, aparte de una guantera de grandes dimensiones. Para paliar esto, el vehículo con el que realizamos la toma de contacto contaba con una interesante opción, denominada Panorama Roof, que Ford regala dentro del Paquete Ghia durante los primeros meses de comercialización. Se trata de un de techo panorámico mixto. Es decir, cuenta con “ventanas” para que entre luz y con cajones para guardar llaves, móvil, revistas, etc.

La postura de conducción es algo elevada, pero muy similar a la de un turismo convencional, con unos asientos y un volante, ambos regulables en altura y profundidad, que favorecen que nuestro cuerpo logre la posición más cómoda posible. Además, la palanca de cambios, de buen tacto, está más a mano.

La segunda fila de asientos posee butacas individuales y el espacio es más que suficiente para albergar a tres adultos, tanto por altura como por espacio para las piernas (si el problema reside en este apartado, se pueden desplazar longitudinalmente cinco centímetros). La anchura es algo más justa, sobre todo si los tres pasajeros son corpulentos.

La tercera fila, compuesta de dos asientos individuales, es muy aprovechable, pues en ella pueden viajar también dos personas altas ya que no falta altura y la posición de éstos es más natural. Que las dotemos de mayor o menor confort también depende de si los desplazamos hacia delante o atrás los seis centímetros que nos permiten y, en esta acción, debemos valorar si nos interesa restar centímetros a la segunda fila de asientos o quitar espacio al maletero. Incluso podremos regular la inclinación de éstos en torno a unos 45 grados.

Como si de un mecano se tratara, podemos “jugar” con todas las filas, tanto abatirlas, moverlas hacia delante y atrás, e, incluso, hacerlas “desaparecer” a ras de suelo. Con ello, las posibilidades de carga del maletero se multiplican. Así, con las siete plazas utilizadas contamos con 308 litros poco utilizables (es un espacio alto pero estrecho) y con 435 si desplazamos hacia delante la tercera fila de butacas. Escondiendo esta tercera fila, la capacidad llega hasta los 830 litros y si también ponemos a ras de suelo la segunda, alcanzamos los 2.325 litros. Enorme. Además, la boca de carga está muy baja, lo que facilita la introducción de objetos pesados.

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