Ford Focus 2.0 TDCI Powershift

El Ford Focus Sedán que a continuación probamos, combina con acierto el motor Diesel de 2 litros y 136 caballos con la suavidad de cambio de la caja Powershift. Además, aporta un buen maletero a las conocidas excelencias del Focus convencional.
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Ford Focus 2.0 TDCI Powershift
Ford Focus 2.0 TDCI Powershift

Si bien este tipo de transmisiones se caracterizan por la suavidad con la que se realizan los cambios de marcha, en el caso del Focus que ocupa nuestra prueba esta operación destaca aún más por el confort que transmite, hasta tal punto que pone en entredicho a la suavidad de los tradicionales cambios por convertidor de par, con la salvedad que este Powershift añade mayor precisión y control por parte del conductor que estos últimos. La razón la encontramos en la suavidad del motor 2.0 TDCi, que es capaz de ofrecer unas buenas prestaciones siendo mucho más progresivo a la hora de entregar la potencia que los TDI alimentados por inyector-bomba de VW a los que estábamos acostumbrados.

Los cambios se pueden realizar de modo automático en D o manual mediante la palanca. Carece de un modo deportivo o S, que echamos un poco de menos. No se trata de un modelo de corte deportivo, pero no hubiese estado de más que la gestión electrónica se hubiese programado con algo más de retención, puesto que si llegamos a una curva y levantamos el pie del acelerador bruscamente y frenamos, tarda bastante en dar la orden de reducir, obligando al conductor que precise mayor control a reducir en modo manual; quizá sea una cuestión de gustos personales, puesto que así y todo es más rápido y preciso en esta situación que un convertidor de par.

Comparando este mismo Focus pero con cambio manual, las prestaciones son similares pero el consumo medio real aumenta ligeramente, sobre todo en ciudad. El motivo es que cuando está en D parado en un semáforo, el motor consume entre 1 y 2 décimas de litro más que en punto muerto. La razón la encontramos en que, para facilitar las maniobras de aparcamiento, se ha programado el sistema para que no haya situaciones de punto muerto en D ¿Ventaja? Tenemos más control al iniciar la marcha ¿Desventaja? En cuanto soltamos el freno, el coche se pone en movimiento con más velocidad de lo que lo haríamos con un cambio manual. Con todo, se trata de un buen cambio y que combina muy bien con el 2.0 TDCi. Supone un sobreprecio de 1.500 euros, que es aproximadamente lo mismo que se paga por un DSG en Volkswagen.

Con dos embragues

Si bien este tipo de transmisiones se caracterizan por la suavidad con la que se realizan los cambios de marcha, en el caso del Focus que ocupa nuestra prueba esta operación destaca aún más por el confort que transmite, hasta tal punto que pone en entredicho a la suavidad de los tradicionales cambios por convertidor de par, con la salvedad que este Powershift añade mayor precisión y control por parte del conductor que estos últimos. La razón la encontramos en la suavidad del motor 2.0 TDCi, que es capaz de ofrecer unas buenas prestaciones siendo mucho más progresivo a la hora de entregar la potencia que los TDI alimentados por inyector-bomba de VW a los que estábamos acostumbrados.

Los cambios se pueden realizar de modo automático en D o manual mediante la palanca. Carece de un modo deportivo o S, que echamos un poco de menos. No se trata de un modelo de corte deportivo, pero no hubiese estado de más que la gestión electrónica se hubiese programado con algo más de retención, puesto que si llegamos a una curva y levantamos el pie del acelerador bruscamente y frenamos, tarda bastante en dar la orden de reducir, obligando al conductor que precise mayor control a reducir en modo manual; quizá sea una cuestión de gustos personales, puesto que así y todo es más rápido y preciso en esta situación que un convertidor de par.

Comparando este mismo Focus pero con cambio manual, las prestaciones son similares pero el consumo medio real aumenta ligeramente, sobre todo en ciudad. El motivo es que cuando está en D parado en un semáforo, el motor consume entre 1 y 2 décimas de litro más que en punto muerto. La razón la encontramos en que, para facilitar las maniobras de aparcamiento, se ha programado el sistema para que no haya situaciones de punto muerto en D ¿Ventaja? Tenemos más control al iniciar la marcha ¿Desventaja? En cuanto soltamos el freno, el coche se pone en movimiento con más velocidad de lo que lo haríamos con un cambio manual. Con todo, se trata de un buen cambio y que combina muy bien con el 2.0 TDCi. Supone un sobreprecio de 1.500 euros, que es aproximadamente lo mismo que se paga por un DSG en Volkswagen.

Con dos embragues

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