Daewoo Lacetti

La Daewoo de General Motors prosigue el avance de su agenda con una revisión completa de su gama. El Nubira lanzado en 2003 ya sentó algunas bases, pero la primera apuesta de verdad es este Lacetti, un compacto de cinco puertas que sustituirá al Lanos y que hará imposible el lanzamiento de un Nubira compacto.
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Daewoo Lacetti
Daewoo Lacetti

El Lacetti es un compacto de cinco puertas, con un diseño exterior muy atractivo -¡vaya trasera!-, un interior de sorprendente amplitud (responsable: una batalla de 2,6 metros), una gama de motores con tres variantes (1.4, 1.6 y 1.8), y un precio muy asequible (a partir de 12.200 euros). Con estas cartas en la mano, Daewoo se enfrenta al segmento de mercado más competido, el que más convence a los compradores (2,5 millones de unidades vendidas en toda Europa en 2002) y en el que se mide con colegas como el Renault Mégane, el Peugeot 307, el Citroën Xsara, el Ford Focus y el Seat Leon.

Los responsables de Márketing de Daewoo GM han centrado su ofensiva, sobre todo, en tres puntos: diseño italiano firmado por Giugiaro, gran habitabilidad y una relación calidad/precio muy competitiva. ¿Han conseguido centrar el tiro?

Pues la verdad es que sí o, al menos, ésa ha sido nuestra impresión tras el primer contacto con el Lacetti, que transcurrió entre San Sebastián y Biarritz, con buen tiempo y sobre trazados tanto urbanos como de autopista y carreteras estrechas con curvas.

Sobre el exterior, obviamos las descripciones. Observad las fotos y sacad vuestras conclusiones, aunque no olvidéis fijaros en tres puntos: el frontal, con los faros en forma de almendra; el lateral, en el que destacan los gruesos pasos de rueda, los cortos voladizos y la línea de cintura ascendente hacia atrás; la trasera, con unos pilotos llenos de personalidad. El autor es Italdesign, el estudio de Giugiaro, de cuyo lápiz –lo sigue utilizando en el primer boceto de los modelos que crea- ya han salido otros Daewoo (Lanos, Leganza, Matiz, Kalos y Evanda).

A nosotros, el exterior nos gusta, especialmente por su espíritu deportivo, pero el cambio cualitativo lo percibimos ante todo en el interior. La calidad de los plásticos es irreprochable, todo parece bien ajustado, los tapizados son agradables al tacto y sufridos para el uso continuado. El salpicadero da una idea de orden y concierto: los mandos más importantes están colocados más a mano, se encuentran intuitivamente y son de fácil accionamiento; las salidas de aire, redondas y con bordes metálicos, están perfectamente integradas en un salpicadero dividido en realidad en dos partes por una banda metálica horizontal. En la columna central, pequeña pantalla informativa, 2 salidas de aire, tecla de warning, radio-CD y mandos para el aire acondicionado o el climatizador (según las versiones). Por todas partes hay huecos, cajones, gavetas y bolsas para depositar objetos, papeles, tarjetas y pequeños equipajes. El puesto de conducción no provoca objeciones, ya que asiento y volante son regulables y permiten encontrar la postura idónea; el aro del volante deja ver perfectamente la instrumentación, con tres círculos adosados (tacómetro, velocímetro y temperatura y combustible). El pomo de la palanca de cambios es quizás algo grueso, pero su manejo es agradable y preciso.

Y no vamos a pasar por alto la característica fundamental de este interior: su innegable amplitud, tanto delante como detrás. Con un conductor de 1,75 metros de altura al volante, el ocupante de la plaza inmediata trasera cuenta con buen espacio para las piernas. Tampoco los demás compañeros de viaje tendrán problemas para acomodarse, éste es un auténtico cinco plazas. El maletero es justo (275 litros), no sorprende: el habitáculo se ha llevado todos los metros, y las querencias deportivas del diseño, con sus cortos voladizos, tampoco dan para mucho más.

Daewoo quiere que este año sea el de su transfiguración. Que, casi casi, se olvide su “made in Corea” y que prevalezca el marchamo de calidad que sugiere la marca que le salvó la vida en 2002: General Motors. Así, tienen buen cuidado al identificarse como “Daewoo GM” y, más allá del nombre, se sienten apoyados, sujetos y relanzados por las sinergias de una multinacional con éxito global. En este contexto, pues, la motivación de todos cuantos trabajan en la empresa se percibe y casi se palpa, y el entusiasmo por el proyecto que ahora presentan internacionalmente invita a juzgarlo con la mente “en blanco”, sin los inevitables prejuicios derivados de pasadas experiencias con productos coreanos.

El Lacetti es un compacto de cinco puertas, con un diseño exterior muy atractivo -¡vaya trasera!-, un interior de sorprendente amplitud (responsable: una batalla de 2,6 metros), una gama de motores con tres variantes (1.4, 1.6 y 1.8), y un precio muy asequible (a partir de 12.200 euros). Con estas cartas en la mano, Daewoo se enfrenta al segmento de mercado más competido, el que más convence a los compradores (2,5 millones de unidades vendidas en toda Europa en 2002) y en el que se mide con colegas como el Renault Mégane, el Peugeot 307, el Citroën Xsara, el Ford Focus y el Seat Leon.

Los responsables de Márketing de Daewoo GM han centrado su ofensiva, sobre todo, en tres puntos: diseño italiano firmado por Giugiaro, gran habitabilidad y una relación calidad/precio muy competitiva. ¿Han conseguido centrar el tiro?

Pues la verdad es que sí o, al menos, ésa ha sido nuestra impresión tras el primer contacto con el Lacetti, que transcurrió entre San Sebastián y Biarritz, con buen tiempo y sobre trazados tanto urbanos como de autopista y carreteras estrechas con curvas.

Sobre el exterior, obviamos las descripciones. Observad las fotos y sacad vuestras conclusiones, aunque no olvidéis fijaros en tres puntos: el frontal, con los faros en forma de almendra; el lateral, en el que destacan los gruesos pasos de rueda, los cortos voladizos y la línea de cintura ascendente hacia atrás; la trasera, con unos pilotos llenos de personalidad. El autor es Italdesign, el estudio de Giugiaro, de cuyo lápiz –lo sigue utilizando en el primer boceto de los modelos que crea- ya han salido otros Daewoo (Lanos, Leganza, Matiz, Kalos y Evanda).

A nosotros, el exterior nos gusta, especialmente por su espíritu deportivo, pero el cambio cualitativo lo percibimos ante todo en el interior. La calidad de los plásticos es irreprochable, todo parece bien ajustado, los tapizados son agradables al tacto y sufridos para el uso continuado. El salpicadero da una idea de orden y concierto: los mandos más importantes están colocados más a mano, se encuentran intuitivamente y son de fácil accionamiento; las salidas de aire, redondas y con bordes metálicos, están perfectamente integradas en un salpicadero dividido en realidad en dos partes por una banda metálica horizontal. En la columna central, pequeña pantalla informativa, 2 salidas de aire, tecla de warning, radio-CD y mandos para el aire acondicionado o el climatizador (según las versiones). Por todas partes hay huecos, cajones, gavetas y bolsas para depositar objetos, papeles, tarjetas y pequeños equipajes. El puesto de conducción no provoca objeciones, ya que asiento y volante son regulables y permiten encontrar la postura idónea; el aro del volante deja ver perfectamente la instrumentación, con tres círculos adosados (tacómetro, velocímetro y temperatura y combustible). El pomo de la palanca de cambios es quizás algo grueso, pero su manejo es agradable y preciso.

Y no vamos a pasar por alto la característica fundamental de este interior: su innegable amplitud, tanto delante como detrás. Con un conductor de 1,75 metros de altura al volante, el ocupante de la plaza inmediata trasera cuenta con buen espacio para las piernas. Tampoco los demás compañeros de viaje tendrán problemas para acomodarse, éste es un auténtico cinco plazas. El maletero es justo (275 litros), no sorprende: el habitáculo se ha llevado todos los metros, y las querencias deportivas del diseño, con sus cortos voladizos, tampoco dan para mucho más.

Daewoo quiere que este año sea el de su transfiguración. Que, casi casi, se olvide su “made in Corea” y que prevalezca el marchamo de calidad que sugiere la marca que le salvó la vida en 2002: General Motors. Así, tienen buen cuidado al identificarse como “Daewoo GM” y, más allá del nombre, se sienten apoyados, sujetos y relanzados por las sinergias de una multinacional con éxito global. En este contexto, pues, la motivación de todos cuantos trabajan en la empresa se percibe y casi se palpa, y el entusiasmo por el proyecto que ahora presentan internacionalmente invita a juzgarlo con la mente “en blanco”, sin los inevitables prejuicios derivados de pasadas experiencias con productos coreanos.

El Lacetti es un compacto de cinco puertas, con un diseño exterior muy atractivo -¡vaya trasera!-, un interior de sorprendente amplitud (responsable: una batalla de 2,6 metros), una gama de motores con tres variantes (1.4, 1.6 y 1.8), y un precio muy asequible (a partir de 12.200 euros). Con estas cartas en la mano, Daewoo se enfrenta al segmento de mercado más competido, el que más convence a los compradores (2,5 millones de unidades vendidas en toda Europa en 2002) y en el que se mide con colegas como el Renault Mégane, el Peugeot 307, el Citroën Xsara, el Ford Focus y el Seat Leon.

Los responsables de Márketing de Daewoo GM han centrado su ofensiva, sobre todo, en tres puntos: diseño italiano firmado por Giugiaro, gran habitabilidad y una relación calidad/precio muy competitiva. ¿Han conseguido centrar el tiro?

Pues la verdad es que sí o, al menos, ésa ha sido nuestra impresión tras el primer contacto con el Lacetti, que transcurrió entre San Sebastián y Biarritz, con buen tiempo y sobre trazados tanto urbanos como de autopista y carreteras estrechas con curvas.

Sobre el exterior, obviamos las descripciones. Observad las fotos y sacad vuestras conclusiones, aunque no olvidéis fijaros en tres puntos: el frontal, con los faros en forma de almendra; el lateral, en el que destacan los gruesos pasos de rueda, los cortos voladizos y la línea de cintura ascendente hacia atrás; la trasera, con unos pilotos llenos de personalidad. El autor es Italdesign, el estudio de Giugiaro, de cuyo lápiz –lo sigue utilizando en el primer boceto de los modelos que crea- ya han salido otros Daewoo (Lanos, Leganza, Matiz, Kalos y Evanda).

A nosotros, el exterior nos gusta, especialmente por su espíritu deportivo, pero el cambio cualitativo lo percibimos ante todo en el interior. La calidad de los plásticos es irreprochable, todo parece bien ajustado, los tapizados son agradables al tacto y sufridos para el uso continuado. El salpicadero da una idea de orden y concierto: los mandos más importantes están colocados más a mano, se encuentran intuitivamente y son de fácil accionamiento; las salidas de aire, redondas y con bordes metálicos, están perfectamente integradas en un salpicadero dividido en realidad en dos partes por una banda metálica horizontal. En la columna central, pequeña pantalla informativa, 2 salidas de aire, tecla de warning, radio-CD y mandos para el aire acondicionado o el climatizador (según las versiones). Por todas partes hay huecos, cajones, gavetas y bolsas para depositar objetos, papeles, tarjetas y pequeños equipajes. El puesto de conducción no provoca objeciones, ya que asiento y volante son regulables y permiten encontrar la postura idónea; el aro del volante deja ver perfectamente la instrumentación, con tres círculos adosados (tacómetro, velocímetro y temperatura y combustible). El pomo de la palanca de cambios es quizás algo grueso, pero su manejo es agradable y preciso.

Y no vamos a pasar por alto la característica fundamental de este interior: su innegable amplitud, tanto delante como detrás. Con un conductor de 1,75 metros de altura al volante, el ocupante de la plaza inmediata trasera cuenta con buen espacio para las piernas. Tampoco los demás compañeros de viaje tendrán problemas para acomodarse, éste es un auténtico cinco plazas. El maletero es justo (275 litros), no sorprende: el habitáculo se ha llevado todos los metros, y las querencias deportivas del diseño, con sus cortos voladizos, tampoco dan para mucho más.

Daewoo quiere que este año sea el de su transfiguración. Que, casi casi, se olvide su “made in Corea” y que prevalezca el marchamo de calidad que sugiere la marca que le salvó la vida en 2002: General Motors. Así, tienen buen cuidado al identificarse como “Daewoo GM” y, más allá del nombre, se sienten apoyados, sujetos y relanzados por las sinergias de una multinacional con éxito global. En este contexto, pues, la motivación de todos cuantos trabajan en la empresa se percibe y casi se palpa, y el entusiasmo por el proyecto que ahora presentan internacionalmente invita a juzgarlo con la mente “en blanco”, sin los inevitables prejuicios derivados de pasadas experiencias con productos coreanos.

El Lacetti es un compacto de cinco puertas, con un diseño exterior muy atractivo -¡vaya trasera!-, un interior de sorprendente amplitud (responsable: una batalla de 2,6 metros), una gama de motores con tres variantes (1.4, 1.6 y 1.8), y un precio muy asequible (a partir de 12.200 euros). Con estas cartas en la mano, Daewoo se enfrenta al segmento de mercado más competido, el que más convence a los compradores (2,5 millones de unidades vendidas en toda Europa en 2002) y en el que se mide con colegas como el Renault Mégane, el Peugeot 307, el Citroën Xsara, el Ford Focus y el Seat Leon.

Los responsables de Márketing de Daewoo GM han centrado su ofensiva, sobre todo, en tres puntos: diseño italiano firmado por Giugiaro, gran habitabilidad y una relación calidad/precio muy competitiva. ¿Han conseguido centrar el tiro?

Pues la verdad es que sí o, al menos, ésa ha sido nuestra impresión tras el primer contacto con el Lacetti, que transcurrió entre San Sebastián y Biarritz, con buen tiempo y sobre trazados tanto urbanos como de autopista y carreteras estrechas con curvas.

Sobre el exterior, obviamos las descripciones. Observad las fotos y sacad vuestras conclusiones, aunque no olvidéis fijaros en tres puntos: el frontal, con los faros en forma de almendra; el lateral, en el que destacan los gruesos pasos de rueda, los cortos voladizos y la línea de cintura ascendente hacia atrás; la trasera, con unos pilotos llenos de personalidad. El autor es Italdesign, el estudio de Giugiaro, de cuyo lápiz –lo sigue utilizando en el primer boceto de los modelos que crea- ya han salido otros Daewoo (Lanos, Leganza, Matiz, Kalos y Evanda).

A nosotros, el exterior nos gusta, especialmente por su espíritu deportivo, pero el cambio cualitativo lo percibimos ante todo en el interior. La calidad de los plásticos es irreprochable, todo parece bien ajustado, los tapizados son agradables al tacto y sufridos para el uso continuado. El salpicadero da una idea de orden y concierto: los mandos más importantes están colocados más a mano, se encuentran intuitivamente y son de fácil accionamiento; las salidas de aire, redondas y con bordes metálicos, están perfectamente integradas en un salpicadero dividido en realidad en dos partes por una banda metálica horizontal. En la columna central, pequeña pantalla informativa, 2 salidas de aire, tecla de warning, radio-CD y mandos para el aire acondicionado o el climatizador (según las versiones). Por todas partes hay huecos, cajones, gavetas y bolsas para depositar objetos, papeles, tarjetas y pequeños equipajes. El puesto de conducción no provoca objeciones, ya que asiento y volante son regulables y permiten encontrar la postura idónea; el aro del volante deja ver perfectamente la instrumentación, con tres círculos adosados (tacómetro, velocímetro y temperatura y combustible). El pomo de la palanca de cambios es quizás algo grueso, pero su manejo es agradable y preciso.

Y no vamos a pasar por alto la característica fundamental de este interior: su innegable amplitud, tanto delante como detrás. Con un conductor de 1,75 metros de altura al volante, el ocupante de la plaza inmediata trasera cuenta con buen espacio para las piernas. Tampoco los demás compañeros de viaje tendrán problemas para acomodarse, éste es un auténtico cinco plazas. El maletero es justo (275 litros), no sorprende: el habitáculo se ha llevado todos los metros, y las querencias deportivas del diseño, con sus cortos voladizos, tampoco dan para mucho más.

Daewoo quiere que este año sea el de su transfiguración. Que, casi casi, se olvide su “made in Corea” y que prevalezca el marchamo de calidad que sugiere la marca que le salvó la vida en 2002: General Motors. Así, tienen buen cuidado al identificarse como “Daewoo GM” y, más allá del nombre, se sienten apoyados, sujetos y relanzados por las sinergias de una multinacional con éxito global. En este contexto, pues, la motivación de todos cuantos trabajan en la empresa se percibe y casi se palpa, y el entusiasmo por el proyecto que ahora presentan internacionalmente invita a juzgarlo con la mente “en blanco”, sin los inevitables prejuicios derivados de pasadas experiencias con productos coreanos.

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