Dacia Sandero 1.6 Laureate

La gama Dacia se ensancha con el Sandero, una berlina con carrocería de dos volúmenes que mejora la estética de su hermano, el Logan. También encaminado a las economías menos pudientes el Sandero posee una presentación más cuidada y utiliza el bastidor y la mecánica de un Renault Clio de pasadas generaciones.
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Dacia Sandero 1.6 Laureate
Dacia Sandero 1.6 Laureate

— Detalles de terminación.
— Nivel sonoro.
— Algunas vibraciones.

Pasado y presente

Con el lanzamiento del primer Dacia, el Logan, la fuerte -y simpática- campaña de publicidad hacía hincapié en la vertiente práctica del modelo que, a simple vista, parecía sacado de los catálogos de cualquier marca tres décadas atrás. Naturalmente, los responsables de la marca no eran ajenos a la peculiar estética del Logan que, quieran o no, generó, y aún lo hace, un cierto rechazo en buena parte de sus potenciales clientes. Con la aparición de la segunda berlina de la marca, este Sandero, se ha corregido el tiro con mucho acierto y, desde cualquier ángulo, compite en equilibrio y modernidad de líneas con la mayoría de sus rivales.

La mejoría en el aspecto externo no implica una variación de la base sobre la que se sustenta. Con esto queremos decir que la plataforma del Sandero es la misma que la del Logan, basada en una generación anterior del Renault Clio. Por tanto, no son de esperar sustos en cuanto a fiabilidad porque casi todo lo que está debajo de la carrocería está probado y bien probado. La búsqueda de una imagen aceptable por la mayoría no implica, lamentablemente, muchas horas de túnel de viento, porque el coeficiente de penetración aerodinámica no es especialmente brillante, 0,36, y, lo peor es que las formas de la carrocería generan ruidos molestos al chocar con el aire. Afortunadamente, las cifras de sonoridad cercanas a lo inasumible aparecen por encima de los 150 km/h, por lo que, en la mayoría de los casos, no se llegarán a sufrir, dado el «estado de excepción» que se vive en nuestras carreteras. A ritmo legal, no se llega a los 72 decibelios en las plazas delanteras. Curiosamente, en el Sandero se vive un ambiente de más quietud en las plazas traseras que en las delanteras, como suele ocurrir en algunas berlinas de lujo. ¡Vivir para ver!

Entrar en el habitáculo del Sandero es recordar otros tiempos, en varios sentidos. Primero porque la anchura disponible es superior a lo habitual en modelos con plataformas de última generación. Con decir que, detrás, estamos hablando de una cota de 138 cm, nos lleva, ahora mismo, a compararlo con las actuales berlinas medias, o sea, coches que superan holgadamente los 4,5 metros de longitud. En la cota de altura, también la generosidad se plantea de inmediato y tanto delante como detrás, personas de alta talla caben con mucha holgura. El conductor disfruta de una más que razonable postura al volante, por más que éste sólo pueda regularse en altura, no disponiendo del de profundidad. Por cierto que, ciertas modificaciones realizadas en la suspensión y dirección, hacen que la dureza de ésta –relativamente alta, por cierto- se anuncie como menor que la en su momento existente en el modelo origen de este Dacia. Con todo, el coche se conduce con facilidad, porque, en contra de lo comentado de la dirección, el tacto del cambio es muy suave y su precisión, más que notable.

Las prestaciones resultan plenamente suficientes para el tipo de vehículo que Dacia presenta.

Los asientos son más confortables que envolventes y, dado que la carrocería balancea algo en las curvas, aprovechar al máximo sus posibilidades en curvas genera la conveniencia de sujetarse para evitar cierta incomodidad. El capítulo del confort se completa con unas suspensiones que, siendo firmes, no son especialmente bruscas en la absorción de los obstáculos más exagerados. Con todo, viajar en el Sandero no genera especiales problemas de aguante y se pueden hacer kilómetros y kilómetros sin gran cansancio, pese a que algunas pequeñas vibraciones, en el acelerador o espejo retrovisor, por ejemplo, molestan un poquito. Por cierto, otro de los grandes aliados para realizar viajes de entidad es el maletero, que resulta de gran amplitud para el tamaño exterior y se convierte en uno de los más grandes del segmento.

Lo mejor en este capítulo se lo llevan los asientos y la definición del reglaje de las suspensiones, por este orden.

— Comportamiento dinámico.
— Confort de marcha.
— Relación precio/utilidad.

— Detalles de terminación.
— Nivel sonoro.
— Algunas vibraciones.

Pasado y presente

Con el lanzamiento del primer Dacia, el Logan, la fuerte -y simpática- campaña de publicidad hacía hincapié en la vertiente práctica del modelo que, a simple vista, parecía sacado de los catálogos de cualquier marca tres décadas atrás. Naturalmente, los responsables de la marca no eran ajenos a la peculiar estética del Logan que, quieran o no, generó, y aún lo hace, un cierto rechazo en buena parte de sus potenciales clientes. Con la aparición de la segunda berlina de la marca, este Sandero, se ha corregido el tiro con mucho acierto y, desde cualquier ángulo, compite en equilibrio y modernidad de líneas con la mayoría de sus rivales.

La mejoría en el aspecto externo no implica una variación de la base sobre la que se sustenta. Con esto queremos decir que la plataforma del Sandero es la misma que la del Logan, basada en una generación anterior del Renault Clio. Por tanto, no son de esperar sustos en cuanto a fiabilidad porque casi todo lo que está debajo de la carrocería está probado y bien probado. La búsqueda de una imagen aceptable por la mayoría no implica, lamentablemente, muchas horas de túnel de viento, porque el coeficiente de penetración aerodinámica no es especialmente brillante, 0,36, y, lo peor es que las formas de la carrocería generan ruidos molestos al chocar con el aire. Afortunadamente, las cifras de sonoridad cercanas a lo inasumible aparecen por encima de los 150 km/h, por lo que, en la mayoría de los casos, no se llegarán a sufrir, dado el «estado de excepción» que se vive en nuestras carreteras. A ritmo legal, no se llega a los 72 decibelios en las plazas delanteras. Curiosamente, en el Sandero se vive un ambiente de más quietud en las plazas traseras que en las delanteras, como suele ocurrir en algunas berlinas de lujo. ¡Vivir para ver!

Entrar en el habitáculo del Sandero es recordar otros tiempos, en varios sentidos. Primero porque la anchura disponible es superior a lo habitual en modelos con plataformas de última generación. Con decir que, detrás, estamos hablando de una cota de 138 cm, nos lleva, ahora mismo, a compararlo con las actuales berlinas medias, o sea, coches que superan holgadamente los 4,5 metros de longitud. En la cota de altura, también la generosidad se plantea de inmediato y tanto delante como detrás, personas de alta talla caben con mucha holgura. El conductor disfruta de una más que razonable postura al volante, por más que éste sólo pueda regularse en altura, no disponiendo del de profundidad. Por cierto que, ciertas modificaciones realizadas en la suspensión y dirección, hacen que la dureza de ésta –relativamente alta, por cierto- se anuncie como menor que la en su momento existente en el modelo origen de este Dacia. Con todo, el coche se conduce con facilidad, porque, en contra de lo comentado de la dirección, el tacto del cambio es muy suave y su precisión, más que notable.

Las prestaciones resultan plenamente suficientes para el tipo de vehículo que Dacia presenta.

Los asientos son más confortables que envolventes y, dado que la carrocería balancea algo en las curvas, aprovechar al máximo sus posibilidades en curvas genera la conveniencia de sujetarse para evitar cierta incomodidad. El capítulo del confort se completa con unas suspensiones que, siendo firmes, no son especialmente bruscas en la absorción de los obstáculos más exagerados. Con todo, viajar en el Sandero no genera especiales problemas de aguante y se pueden hacer kilómetros y kilómetros sin gran cansancio, pese a que algunas pequeñas vibraciones, en el acelerador o espejo retrovisor, por ejemplo, molestan un poquito. Por cierto, otro de los grandes aliados para realizar viajes de entidad es el maletero, que resulta de gran amplitud para el tamaño exterior y se convierte en uno de los más grandes del segmento.

Lo mejor en este capítulo se lo llevan los asientos y la definición del reglaje de las suspensiones, por este orden.

— Comportamiento dinámico.
— Confort de marcha.
— Relación precio/utilidad.

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