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Corvette C6

El deportivo americano por excelencia se va adaptando cada vez más a los gustos europeos. El modelo 2008 incorpora algunas mejoras interiores y optimizaciones en el cambio, el motor y la dirección.
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Corvette C6
Corvette C6

Aunque por tacto y acabados sigue siendo algo menos refinado que sus rivales europeos comparables, el Corvette poco a poco va recortándoles distancia y ganando más atractivo con el paso del tiempo, a base de ir puliendo algunas de sus características. Su mejor baza es un precio de lo más competitivo, combinado con mucho equipamiento y unas prestaciones de infarto. Su poderoso V8 mantiene toda la personalidad de los clásicos “muscle car” de elevada cilindrada, algo que le otorga un cierto halo de exotismo. Con la ligera puesta al día que afecta a los modelos comercializados a partir de 2008, el Corvette se beneficia de una serie de modificaciones que mejoran el agrado de uso general, e incluso su funcionalidad para el día a día.

Por un lado, el interior cuenta ahora con un volante de tres radios, más superficie tapizada en piel, que puede ser bicolor, y un revestimiento más mullido en las puertas. Se añade también un conector de audio para los Corvette que no vayan equipados con navegador, así como un sistema de apertura de puertas y arranque inteligente (por botón), por fin con mando y llave integrados en una única pieza. Por otro lado, y ya entrando en la parte mecánica, se han acortado los recorridos de la palanca del cambio y se ha suavizado la dureza del embrague, lo que se agradece sobre todo en desplazamientos urbanos; se difumina ese toque deportivo y algo rudo tan característico de sus antecesores, pero a cambio se obtiene una mayor eficacia y rapidez de manejo. También se ha recalibrado la dirección para conseguir mayor precisión y sensación de control.

En cuanto a la transmisión de las versiones automáticas, que es de seis relaciones, se han modificado algunos de sus componentes, así como su gestión electrónica, para lograr una mayor inmediatez en los cambios de marcha. Mantiene los modos de funcionamiento normal (D) y deportivo (S), el segundo de ellos con más predisposición a reducir en caso hundir el pie derecho en el acelerador. Si vamos en S podemos cambiar manualmente por medio de unos pulsadores ubicados en el volante, aunque su uso no resulta demasiado intuitivo. Para subir de marcha hay que pulsar hacia delante cualquiera de las dos levas indistintamente, y en caso de querer reducir, hay que tirar de ellas hacia nosotros por detrás del volante. Se echa de menos el poder cambiar directamente con la palanca, y más en zonas de curvas, donde el Corvette permite un ritmo endiablado a pesar de su clásico esquema de suspensiones con ballesta. En modo manual se tiene control total sobre la caja, ya que se desactiva la función “kick-down” y tampoco se pasa a la siguiente velocidad cuando se alcanza la zona roja del cuentavueltas, lo que permite llegar hasta el corte de inyección, tarado a 6.600 vueltas. Éste se alcanza con suma prontitud, a pesar de que las marchas son larguísimas, sobre todo la quinta y la sexta. Circulando a 120 km/h en sexta, el motor gira a unas 1.600 rpm., que en el caso del manual se incrementan hasta poco menos de 1.900 rpm. A la hora de callejear se muestra muy pleno y utilizable desde el ralentí, sin rechistar y sin el menor atisbo de irregularidad. Todo un ejemplo de nobleza mecánica.

La cilindrada de este denominado “small block” ha pasado de 6 a 6,2 litros y ahora llega hasta los 437 CV, lo que supone 33 CV más que antes. Gracias a ello y al contundente par de casi 60 mkg, las aceleraciones son fulgurantes (0 a 100 km/h en 4,4 segundos). Sea cual sea la marcha insertada la respuesta es instantánea y va siempre acompañada de un grave e inconfundible bramido que sale de las cuatro colas de escape, lo que hace que todavía resulte más placentero exprimir el progresivo motor V8, que mueve la aguja del velocímetro como si nada. Si nos descuidamos podremos perder todos los puntos del carné en un suspiro, porque además, con la mejorada insonorización y la alta estabilidad, da la sensación de que vamos “parados”. Por eso resulta muy útil el sistema opcional de proyección de información sobre el parabrisas para ver la velocidad a la que vamos en todo momento sin desviar la mirada de la carretera y, si queremos, también puede mostrar una significativa variedad de datos adicionales, desde las revoluciones del motor, hasta la aceleración lateral medida en fuerza g. Toda la botonera que hay a la izquierda del cuadro de mandos es para controlar este dispositivo. El ordenador de viaje, por su parte, se maneja con los pulsadores que hay a la derecha del cuadro y puede indicar la presión de los neumáticos, la temperatura del aceite del motor y hasta de la transmisión: una pasada.

Los Corvette que se venden en España equipan de serie el paquete deportivo Z51, que consiste en discos de freno perforados y de mayor diámetro, neumáticos específicos, refrigeración extra, suspensión más firme y desarrollos del cambio algo más cortos en todas las marchas excepto en cuarta. Para los más sibaritas hay disponible un conjunto de amortiguadores activos que varían su dureza dependiendo de la situación, de manera que la relación entre confort y eficacia es siempre muy buena. Es un deportivo de altos vuelos capaz de desenvolverse sin problemas en circuito, pero al mismo tiempo se trata de un coche cómodo y relativamente práctico, que incluso tiene un maletero muy capaz. ¿Será esta mezcla entre pasión y razón la clave de su éxito?

Aunque por tacto y acabados sigue siendo algo menos refinado que sus rivales europeos comparables, el Corvette poco a poco va recortándoles distancia y ganando más atractivo con el paso del tiempo, a base de ir puliendo algunas de sus características. Su mejor baza es un precio de lo más competitivo, combinado con mucho equipamiento y unas prestaciones de infarto. Su poderoso V8 mantiene toda la personalidad de los clásicos “muscle car” de elevada cilindrada, algo que le otorga un cierto halo de exotismo. Con la ligera puesta al día que afecta a los modelos comercializados a partir de 2008, el Corvette se beneficia de una serie de modificaciones que mejoran el agrado de uso general, e incluso su funcionalidad para el día a día.

Por un lado, el interior cuenta ahora con un volante de tres radios, más superficie tapizada en piel, que puede ser bicolor, y un revestimiento más mullido en las puertas. Se añade también un conector de audio para los Corvette que no vayan equipados con navegador, así como un sistema de apertura de puertas y arranque inteligente (por botón), por fin con mando y llave integrados en una única pieza. Por otro lado, y ya entrando en la parte mecánica, se han acortado los recorridos de la palanca del cambio y se ha suavizado la dureza del embrague, lo que se agradece sobre todo en desplazamientos urbanos; se difumina ese toque deportivo y algo rudo tan característico de sus antecesores, pero a cambio se obtiene una mayor eficacia y rapidez de manejo. También se ha recalibrado la dirección para conseguir mayor precisión y sensación de control.

En cuanto a la transmisión de las versiones automáticas, que es de seis relaciones, se han modificado algunos de sus componentes, así como su gestión electrónica, para lograr una mayor inmediatez en los cambios de marcha. Mantiene los modos de funcionamiento normal (D) y deportivo (S), el segundo de ellos con más predisposición a reducir en caso hundir el pie derecho en el acelerador. Si vamos en S podemos cambiar manualmente por medio de unos pulsadores ubicados en el volante, aunque su uso no resulta demasiado intuitivo. Para subir de marcha hay que pulsar hacia delante cualquiera de las dos levas indistintamente, y en caso de querer reducir, hay que tirar de ellas hacia nosotros por detrás del volante. Se echa de menos el poder cambiar directamente con la palanca, y más en zonas de curvas, donde el Corvette permite un ritmo endiablado a pesar de su clásico esquema de suspensiones con ballesta. En modo manual se tiene control total sobre la caja, ya que se desactiva la función “kick-down” y tampoco se pasa a la siguiente velocidad cuando se alcanza la zona roja del cuentavueltas, lo que permite llegar hasta el corte de inyección, tarado a 6.600 vueltas. Éste se alcanza con suma prontitud, a pesar de que las marchas son larguísimas, sobre todo la quinta y la sexta. Circulando a 120 km/h en sexta, el motor gira a unas 1.600 rpm., que en el caso del manual se incrementan hasta poco menos de 1.900 rpm. A la hora de callejear se muestra muy pleno y utilizable desde el ralentí, sin rechistar y sin el menor atisbo de irregularidad. Todo un ejemplo de nobleza mecánica.

La cilindrada de este denominado “small block” ha pasado de 6 a 6,2 litros y ahora llega hasta los 437 CV, lo que supone 33 CV más que antes. Gracias a ello y al contundente par de casi 60 mkg, las aceleraciones son fulgurantes (0 a 100 km/h en 4,4 segundos). Sea cual sea la marcha insertada la respuesta es instantánea y va siempre acompañada de un grave e inconfundible bramido que sale de las cuatro colas de escape, lo que hace que todavía resulte más placentero exprimir el progresivo motor V8, que mueve la aguja del velocímetro como si nada. Si nos descuidamos podremos perder todos los puntos del carné en un suspiro, porque además, con la mejorada insonorización y la alta estabilidad, da la sensación de que vamos “parados”. Por eso resulta muy útil el sistema opcional de proyección de información sobre el parabrisas para ver la velocidad a la que vamos en todo momento sin desviar la mirada de la carretera y, si queremos, también puede mostrar una significativa variedad de datos adicionales, desde las revoluciones del motor, hasta la aceleración lateral medida en fuerza g. Toda la botonera que hay a la izquierda del cuadro de mandos es para controlar este dispositivo. El ordenador de viaje, por su parte, se maneja con los pulsadores que hay a la derecha del cuadro y puede indicar la presión de los neumáticos, la temperatura del aceite del motor y hasta de la transmisión: una pasada.

Los Corvette que se venden en España equipan de serie el paquete deportivo Z51, que consiste en discos de freno perforados y de mayor diámetro, neumáticos específicos, refrigeración extra, suspensión más firme y desarrollos del cambio algo más cortos en todas las marchas excepto en cuarta. Para los más sibaritas hay disponible un conjunto de amortiguadores activos que varían su dureza dependiendo de la situación, de manera que la relación entre confort y eficacia es siempre muy buena. Es un deportivo de altos vuelos capaz de desenvolverse sin problemas en circuito, pero al mismo tiempo se trata de un coche cómodo y relativamente práctico, que incluso tiene un maletero muy capaz. ¿Será esta mezcla entre pasión y razón la clave de su éxito?

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