Citroën Xsara

Sustituir a un número uno en ventas en España no es nada fácil. Para mantenerse en la brecha Citroën ha renovado su Xsara y lo pondrá en el mercado el próximo 22 de octubre. Autopista Online ya ha tomado contacto con él y aquí os contamos nuestras impresiones.
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Citroën Xsara
Citroën Xsara

La buena lectura del cuadro de instrumentos contrasta con la conseguida en la nueva pantalla de la radio, que en ocasiones se ve perjudicada por reflejos. La colocación de los anclajes de los cinturones de seguridad en los asientos delanteros está muy atrás, lo que se traduce en cierta incomodidad a la hora de abrochárselos. El Xsara estrena también una arquitectura electrónica multiplexada, que además de ahorrar conducciones eléctricas, permite “comunicarse” los diversos dispositivos eléctricos entre sí. Esto autoriza nuevas funcionalidades, como por ejemplo, una alerta sonora cuando sobrepasamos una velocidad determinada prefijada por el conductor.

El nuevo Xsara mejora su aspecto exterior, tanto en la parte delantera como en la trasera. El frontal es todo nuevo. El capó se reforzado con nervios longitudinales y se han añadido elementos de refuerzo en la estructura. Externamente destaca por una calandra con grandes chevrones, la seña de identidad de Citroën, siguiendo la tendencia ya aplicada a otros modelos de la marca como el Saxo o el Picasso. Los faros son el rasgo más distintivo, ahora de óptica lisa y forma oblonga, integrando los intermitentes, los antiniebla (de serie en toda la gama). Anuncia un aumento de la potencia lumínica de un 20 por ciento y nos van adelantando la imagen que en un par de meses podremos ver en el futuro alto de gama de la marca, el C5.

En la parte trasera los cambios son menos ostensibles. Se gana homogeneidad gracias a una mayor sintonía entre paragolpes y aletas. Además desaparece el pulsador de apertura del maletero, dejando su lugar a un mando colocado por encima de la matrícula, que abre el maletero mediante un impulso eléctrico. Toda la gama Xsara unifica el equipo de ruedas, con independencia de la mecánica, con incorporación de ruedas de 15 pulgadas y neumáticos de 195. Esto trae como consecuencia un aumento de la anchura de vías delantera y trasera en algunas versiones, lo que se traduce en mejoras de comportamiento. Las modificaciones en el interior han sido mucho menos relevantes, anunciando ligeras mejoras en la habitabilidad: todavía es un aspecto mejorable; hemos podido comprobar que una persona que supere el 1,80 m de estatura no estará todo lo amplio que debería estar. Se han recolocado los elevalunas eléctricos, y aunque ahora han dejado de estar agrupados, se han situado a nuestro gusto demasiado bajos, en la consola central. El puesto de conducción es bueno por lo demás, con ajuste vertical y longitudinal del volante de serie en todas las versiones. La tapicería sigue siendo calurosa, como es tradición en Citroën, y se ha ganado espacio para los pies del conductor, algo que no se ve, pero se siente.

La buena lectura del cuadro de instrumentos contrasta con la conseguida en la nueva pantalla de la radio, que en ocasiones se ve perjudicada por reflejos. La colocación de los anclajes de los cinturones de seguridad en los asientos delanteros está muy atrás, lo que se traduce en cierta incomodidad a la hora de abrochárselos. El Xsara estrena también una arquitectura electrónica multiplexada, que además de ahorrar conducciones eléctricas, permite “comunicarse” los diversos dispositivos eléctricos entre sí. Esto autoriza nuevas funcionalidades, como por ejemplo, una alerta sonora cuando sobrepasamos una velocidad determinada prefijada por el conductor.

El nuevo Xsara mejora su aspecto exterior, tanto en la parte delantera como en la trasera. El frontal es todo nuevo. El capó se reforzado con nervios longitudinales y se han añadido elementos de refuerzo en la estructura. Externamente destaca por una calandra con grandes chevrones, la seña de identidad de Citroën, siguiendo la tendencia ya aplicada a otros modelos de la marca como el Saxo o el Picasso. Los faros son el rasgo más distintivo, ahora de óptica lisa y forma oblonga, integrando los intermitentes, los antiniebla (de serie en toda la gama). Anuncia un aumento de la potencia lumínica de un 20 por ciento y nos van adelantando la imagen que en un par de meses podremos ver en el futuro alto de gama de la marca, el C5.

En la parte trasera los cambios son menos ostensibles. Se gana homogeneidad gracias a una mayor sintonía entre paragolpes y aletas. Además desaparece el pulsador de apertura del maletero, dejando su lugar a un mando colocado por encima de la matrícula, que abre el maletero mediante un impulso eléctrico. Toda la gama Xsara unifica el equipo de ruedas, con independencia de la mecánica, con incorporación de ruedas de 15 pulgadas y neumáticos de 195. Esto trae como consecuencia un aumento de la anchura de vías delantera y trasera en algunas versiones, lo que se traduce en mejoras de comportamiento. Las modificaciones en el interior han sido mucho menos relevantes, anunciando ligeras mejoras en la habitabilidad: todavía es un aspecto mejorable; hemos podido comprobar que una persona que supere el 1,80 m de estatura no estará todo lo amplio que debería estar. Se han recolocado los elevalunas eléctricos, y aunque ahora han dejado de estar agrupados, se han situado a nuestro gusto demasiado bajos, en la consola central. El puesto de conducción es bueno por lo demás, con ajuste vertical y longitudinal del volante de serie en todas las versiones. La tapicería sigue siendo calurosa, como es tradición en Citroën, y se ha ganado espacio para los pies del conductor, algo que no se ve, pero se siente.

La buena lectura del cuadro de instrumentos contrasta con la conseguida en la nueva pantalla de la radio, que en ocasiones se ve perjudicada por reflejos. La colocación de los anclajes de los cinturones de seguridad en los asientos delanteros está muy atrás, lo que se traduce en cierta incomodidad a la hora de abrochárselos. El Xsara estrena también una arquitectura electrónica multiplexada, que además de ahorrar conducciones eléctricas, permite “comunicarse” los diversos dispositivos eléctricos entre sí. Esto autoriza nuevas funcionalidades, como por ejemplo, una alerta sonora cuando sobrepasamos una velocidad determinada prefijada por el conductor.

El nuevo Xsara mejora su aspecto exterior, tanto en la parte delantera como en la trasera. El frontal es todo nuevo. El capó se reforzado con nervios longitudinales y se han añadido elementos de refuerzo en la estructura. Externamente destaca por una calandra con grandes chevrones, la seña de identidad de Citroën, siguiendo la tendencia ya aplicada a otros modelos de la marca como el Saxo o el Picasso. Los faros son el rasgo más distintivo, ahora de óptica lisa y forma oblonga, integrando los intermitentes, los antiniebla (de serie en toda la gama). Anuncia un aumento de la potencia lumínica de un 20 por ciento y nos van adelantando la imagen que en un par de meses podremos ver en el futuro alto de gama de la marca, el C5.

En la parte trasera los cambios son menos ostensibles. Se gana homogeneidad gracias a una mayor sintonía entre paragolpes y aletas. Además desaparece el pulsador de apertura del maletero, dejando su lugar a un mando colocado por encima de la matrícula, que abre el maletero mediante un impulso eléctrico. Toda la gama Xsara unifica el equipo de ruedas, con independencia de la mecánica, con incorporación de ruedas de 15 pulgadas y neumáticos de 195. Esto trae como consecuencia un aumento de la anchura de vías delantera y trasera en algunas versiones, lo que se traduce en mejoras de comportamiento. Las modificaciones en el interior han sido mucho menos relevantes, anunciando ligeras mejoras en la habitabilidad: todavía es un aspecto mejorable; hemos podido comprobar que una persona que supere el 1,80 m de estatura no estará todo lo amplio que debería estar. Se han recolocado los elevalunas eléctricos, y aunque ahora han dejado de estar agrupados, se han situado a nuestro gusto demasiado bajos, en la consola central. El puesto de conducción es bueno por lo demás, con ajuste vertical y longitudinal del volante de serie en todas las versiones. La tapicería sigue siendo calurosa, como es tradición en Citroën, y se ha ganado espacio para los pies del conductor, algo que no se ve, pero se siente.

La buena lectura del cuadro de instrumentos contrasta con la conseguida en la nueva pantalla de la radio, que en ocasiones se ve perjudicada por reflejos. La colocación de los anclajes de los cinturones de seguridad en los asientos delanteros está muy atrás, lo que se traduce en cierta incomodidad a la hora de abrochárselos. El Xsara estrena también una arquitectura electrónica multiplexada, que además de ahorrar conducciones eléctricas, permite “comunicarse” los diversos dispositivos eléctricos entre sí. Esto autoriza nuevas funcionalidades, como por ejemplo, una alerta sonora cuando sobrepasamos una velocidad determinada prefijada por el conductor.

El nuevo Xsara mejora su aspecto exterior, tanto en la parte delantera como en la trasera. El frontal es todo nuevo. El capó se reforzado con nervios longitudinales y se han añadido elementos de refuerzo en la estructura. Externamente destaca por una calandra con grandes chevrones, la seña de identidad de Citroën, siguiendo la tendencia ya aplicada a otros modelos de la marca como el Saxo o el Picasso. Los faros son el rasgo más distintivo, ahora de óptica lisa y forma oblonga, integrando los intermitentes, los antiniebla (de serie en toda la gama). Anuncia un aumento de la potencia lumínica de un 20 por ciento y nos van adelantando la imagen que en un par de meses podremos ver en el futuro alto de gama de la marca, el C5.

En la parte trasera los cambios son menos ostensibles. Se gana homogeneidad gracias a una mayor sintonía entre paragolpes y aletas. Además desaparece el pulsador de apertura del maletero, dejando su lugar a un mando colocado por encima de la matrícula, que abre el maletero mediante un impulso eléctrico. Toda la gama Xsara unifica el equipo de ruedas, con independencia de la mecánica, con incorporación de ruedas de 15 pulgadas y neumáticos de 195. Esto trae como consecuencia un aumento de la anchura de vías delantera y trasera en algunas versiones, lo que se traduce en mejoras de comportamiento. Las modificaciones en el interior han sido mucho menos relevantes, anunciando ligeras mejoras en la habitabilidad: todavía es un aspecto mejorable; hemos podido comprobar que una persona que supere el 1,80 m de estatura no estará todo lo amplio que debería estar. Se han recolocado los elevalunas eléctricos, y aunque ahora han dejado de estar agrupados, se han situado a nuestro gusto demasiado bajos, en la consola central. El puesto de conducción es bueno por lo demás, con ajuste vertical y longitudinal del volante de serie en todas las versiones. La tapicería sigue siendo calurosa, como es tradición en Citroën, y se ha ganado espacio para los pies del conductor, algo que no se ve, pero se siente.

La buena lectura del cuadro de instrumentos contrasta con la conseguida en la nueva pantalla de la radio, que en ocasiones se ve perjudicada por reflejos. La colocación de los anclajes de los cinturones de seguridad en los asientos delanteros está muy atrás, lo que se traduce en cierta incomodidad a la hora de abrochárselos. El Xsara estrena también una arquitectura electrónica multiplexada, que además de ahorrar conducciones eléctricas, permite “comunicarse” los diversos dispositivos eléctricos entre sí. Esto autoriza nuevas funcionalidades, como por ejemplo, una alerta sonora cuando sobrepasamos una velocidad determinada prefijada por el conductor.

El nuevo Xsara mejora su aspecto exterior, tanto en la parte delantera como en la trasera. El frontal es todo nuevo. El capó se reforzado con nervios longitudinales y se han añadido elementos de refuerzo en la estructura. Externamente destaca por una calandra con grandes chevrones, la seña de identidad de Citroën, siguiendo la tendencia ya aplicada a otros modelos de la marca como el Saxo o el Picasso. Los faros son el rasgo más distintivo, ahora de óptica lisa y forma oblonga, integrando los intermitentes, los antiniebla (de serie en toda la gama). Anuncia un aumento de la potencia lumínica de un 20 por ciento y nos van adelantando la imagen que en un par de meses podremos ver en el futuro alto de gama de la marca, el C5.

En la parte trasera los cambios son menos ostensibles. Se gana homogeneidad gracias a una mayor sintonía entre paragolpes y aletas. Además desaparece el pulsador de apertura del maletero, dejando su lugar a un mando colocado por encima de la matrícula, que abre el maletero mediante un impulso eléctrico. Toda la gama Xsara unifica el equipo de ruedas, con independencia de la mecánica, con incorporación de ruedas de 15 pulgadas y neumáticos de 195. Esto trae como consecuencia un aumento de la anchura de vías delantera y trasera en algunas versiones, lo que se traduce en mejoras de comportamiento. Las modificaciones en el interior han sido mucho menos relevantes, anunciando ligeras mejoras en la habitabilidad: todavía es un aspecto mejorable; hemos podido comprobar que una persona que supere el 1,80 m de estatura no estará todo lo amplio que debería estar. Se han recolocado los elevalunas eléctricos, y aunque ahora han dejado de estar agrupados, se han situado a nuestro gusto demasiado bajos, en la consola central. El puesto de conducción es bueno por lo demás, con ajuste vertical y longitudinal del volante de serie en todas las versiones. La tapicería sigue siendo calurosa, como es tradición en Citroën, y se ha ganado espacio para los pies del conductor, algo que no se ve, pero se siente.

La buena lectura del cuadro de instrumentos contrasta con la conseguida en la nueva pantalla de la radio, que en ocasiones se ve perjudicada por reflejos. La colocación de los anclajes de los cinturones de seguridad en los asientos delanteros está muy atrás, lo que se traduce en cierta incomodidad a la hora de abrochárselos. El Xsara estrena también una arquitectura electrónica multiplexada, que además de ahorrar conducciones eléctricas, permite “comunicarse” los diversos dispositivos eléctricos entre sí. Esto autoriza nuevas funcionalidades, como por ejemplo, una alerta sonora cuando sobrepasamos una velocidad determinada prefijada por el conductor.

El nuevo Xsara mejora su aspecto exterior, tanto en la parte delantera como en la trasera. El frontal es todo nuevo. El capó se reforzado con nervios longitudinales y se han añadido elementos de refuerzo en la estructura. Externamente destaca por una calandra con grandes chevrones, la seña de identidad de Citroën, siguiendo la tendencia ya aplicada a otros modelos de la marca como el Saxo o el Picasso. Los faros son el rasgo más distintivo, ahora de óptica lisa y forma oblonga, integrando los intermitentes, los antiniebla (de serie en toda la gama). Anuncia un aumento de la potencia lumínica de un 20 por ciento y nos van adelantando la imagen que en un par de meses podremos ver en el futuro alto de gama de la marca, el C5.

En la parte trasera los cambios son menos ostensibles. Se gana homogeneidad gracias a una mayor sintonía entre paragolpes y aletas. Además desaparece el pulsador de apertura del maletero, dejando su lugar a un mando colocado por encima de la matrícula, que abre el maletero mediante un impulso eléctrico. Toda la gama Xsara unifica el equipo de ruedas, con independencia de la mecánica, con incorporación de ruedas de 15 pulgadas y neumáticos de 195. Esto trae como consecuencia un aumento de la anchura de vías delantera y trasera en algunas versiones, lo que se traduce en mejoras de comportamiento. Las modificaciones en el interior han sido mucho menos relevantes, anunciando ligeras mejoras en la habitabilidad: todavía es un aspecto mejorable; hemos podido comprobar que una persona que supere el 1,80 m de estatura no estará todo lo amplio que debería estar. Se han recolocado los elevalunas eléctricos, y aunque ahora han dejado de estar agrupados, se han situado a nuestro gusto demasiado bajos, en la consola central. El puesto de conducción es bueno por lo demás, con ajuste vertical y longitudinal del volante de serie en todas las versiones. La tapicería sigue siendo calurosa, como es tradición en Citroën, y se ha ganado espacio para los pies del conductor, algo que no se ve, pero se siente.

La buena lectura del cuadro de instrumentos contrasta con la conseguida en la nueva pantalla de la radio, que en ocasiones se ve perjudicada por reflejos. La colocación de los anclajes de los cinturones de seguridad en los asientos delanteros está muy atrás, lo que se traduce en cierta incomodidad a la hora de abrochárselos. El Xsara estrena también una arquitectura electrónica multiplexada, que además de ahorrar conducciones eléctricas, permite “comunicarse” los diversos dispositivos eléctricos entre sí. Esto autoriza nuevas funcionalidades, como por ejemplo, una alerta sonora cuando sobrepasamos una velocidad determinada prefijada por el conductor.

El nuevo Xsara mejora su aspecto exterior, tanto en la parte delantera como en la trasera. El frontal es todo nuevo. El capó se reforzado con nervios longitudinales y se han añadido elementos de refuerzo en la estructura. Externamente destaca por una calandra con grandes chevrones, la seña de identidad de Citroën, siguiendo la tendencia ya aplicada a otros modelos de la marca como el Saxo o el Picasso. Los faros son el rasgo más distintivo, ahora de óptica lisa y forma oblonga, integrando los intermitentes, los antiniebla (de serie en toda la gama). Anuncia un aumento de la potencia lumínica de un 20 por ciento y nos van adelantando la imagen que en un par de meses podremos ver en el futuro alto de gama de la marca, el C5.

En la parte trasera los cambios son menos ostensibles. Se gana homogeneidad gracias a una mayor sintonía entre paragolpes y aletas. Además desaparece el pulsador de apertura del maletero, dejando su lugar a un mando colocado por encima de la matrícula, que abre el maletero mediante un impulso eléctrico. Toda la gama Xsara unifica el equipo de ruedas, con independencia de la mecánica, con incorporación de ruedas de 15 pulgadas y neumáticos de 195. Esto trae como consecuencia un aumento de la anchura de vías delantera y trasera en algunas versiones, lo que se traduce en mejoras de comportamiento. Las modificaciones en el interior han sido mucho menos relevantes, anunciando ligeras mejoras en la habitabilidad: todavía es un aspecto mejorable; hemos podido comprobar que una persona que supere el 1,80 m de estatura no estará todo lo amplio que debería estar. Se han recolocado los elevalunas eléctricos, y aunque ahora han dejado de estar agrupados, se han situado a nuestro gusto demasiado bajos, en la consola central. El puesto de conducción es bueno por lo demás, con ajuste vertical y longitudinal del volante de serie en todas las versiones. La tapicería sigue siendo calurosa, como es tradición en Citroën, y se ha ganado espacio para los pies del conductor, algo que no se ve, pero se siente.

La buena lectura del cuadro de instrumentos contrasta con la conseguida en la nueva pantalla de la radio, que en ocasiones se ve perjudicada por reflejos. La colocación de los anclajes de los cinturones de seguridad en los asientos delanteros está muy atrás, lo que se traduce en cierta incomodidad a la hora de abrochárselos. El Xsara estrena también una arquitectura electrónica multiplexada, que además de ahorrar conducciones eléctricas, permite “comunicarse” los diversos dispositivos eléctricos entre sí. Esto autoriza nuevas funcionalidades, como por ejemplo, una alerta sonora cuando sobrepasamos una velocidad determinada prefijada por el conductor.

El nuevo Xsara mejora su aspecto exterior, tanto en la parte delantera como en la trasera. El frontal es todo nuevo. El capó se reforzado con nervios longitudinales y se han añadido elementos de refuerzo en la estructura. Externamente destaca por una calandra con grandes chevrones, la seña de identidad de Citroën, siguiendo la tendencia ya aplicada a otros modelos de la marca como el Saxo o el Picasso. Los faros son el rasgo más distintivo, ahora de óptica lisa y forma oblonga, integrando los intermitentes, los antiniebla (de serie en toda la gama). Anuncia un aumento de la potencia lumínica de un 20 por ciento y nos van adelantando la imagen que en un par de meses podremos ver en el futuro alto de gama de la marca, el C5.

En la parte trasera los cambios son menos ostensibles. Se gana homogeneidad gracias a una mayor sintonía entre paragolpes y aletas. Además desaparece el pulsador de apertura del maletero, dejando su lugar a un mando colocado por encima de la matrícula, que abre el maletero mediante un impulso eléctrico. Toda la gama Xsara unifica el equipo de ruedas, con independencia de la mecánica, con incorporación de ruedas de 15 pulgadas y neumáticos de 195. Esto trae como consecuencia un aumento de la anchura de vías delantera y trasera en algunas versiones, lo que se traduce en mejoras de comportamiento. Las modificaciones en el interior han sido mucho menos relevantes, anunciando ligeras mejoras en la habitabilidad: todavía es un aspecto mejorable; hemos podido comprobar que una persona que supere el 1,80 m de estatura no estará todo lo amplio que debería estar. Se han recolocado los elevalunas eléctricos, y aunque ahora han dejado de estar agrupados, se han situado a nuestro gusto demasiado bajos, en la consola central. El puesto de conducción es bueno por lo demás, con ajuste vertical y longitudinal del volante de serie en todas las versiones. La tapicería sigue siendo calurosa, como es tradición en Citroën, y se ha ganado espacio para los pies del conductor, algo que no se ve, pero se siente.

La buena lectura del cuadro de instrumentos contrasta con la conseguida en la nueva pantalla de la radio, que en ocasiones se ve perjudicada por reflejos. La colocación de los anclajes de los cinturones de seguridad en los asientos delanteros está muy atrás, lo que se traduce en cierta incomodidad a la hora de abrochárselos. El Xsara estrena también una arquitectura electrónica multiplexada, que además de ahorrar conducciones eléctricas, permite “comunicarse” los diversos dispositivos eléctricos entre sí. Esto autoriza nuevas funcionalidades, como por ejemplo, una alerta sonora cuando sobrepasamos una velocidad determinada prefijada por el conductor.

El nuevo Xsara mejora su aspecto exterior, tanto en la parte delantera como en la trasera. El frontal es todo nuevo. El capó se reforzado con nervios longitudinales y se han añadido elementos de refuerzo en la estructura. Externamente destaca por una calandra con grandes chevrones, la seña de identidad de Citroën, siguiendo la tendencia ya aplicada a otros modelos de la marca como el Saxo o el Picasso. Los faros son el rasgo más distintivo, ahora de óptica lisa y forma oblonga, integrando los intermitentes, los antiniebla (de serie en toda la gama). Anuncia un aumento de la potencia lumínica de un 20 por ciento y nos van adelantando la imagen que en un par de meses podremos ver en el futuro alto de gama de la marca, el C5.

En la parte trasera los cambios son menos ostensibles. Se gana homogeneidad gracias a una mayor sintonía entre paragolpes y aletas. Además desaparece el pulsador de apertura del maletero, dejando su lugar a un mando colocado por encima de la matrícula, que abre el maletero mediante un impulso eléctrico. Toda la gama Xsara unifica el equipo de ruedas, con independencia de la mecánica, con incorporación de ruedas de 15 pulgadas y neumáticos de 195. Esto trae como consecuencia un aumento de la anchura de vías delantera y trasera en algunas versiones, lo que se traduce en mejoras de comportamiento. Las modificaciones en el interior han sido mucho menos relevantes, anunciando ligeras mejoras en la habitabilidad: todavía es un aspecto mejorable; hemos podido comprobar que una persona que supere el 1,80 m de estatura no estará todo lo amplio que debería estar. Se han recolocado los elevalunas eléctricos, y aunque ahora han dejado de estar agrupados, se han situado a nuestro gusto demasiado bajos, en la consola central. El puesto de conducción es bueno por lo demás, con ajuste vertical y longitudinal del volante de serie en todas las versiones. La tapicería sigue siendo calurosa, como es tradición en Citroën, y se ha ganado espacio para los pies del conductor, algo que no se ve, pero se siente.

La buena lectura del cuadro de instrumentos contrasta con la conseguida en la nueva pantalla de la radio, que en ocasiones se ve perjudicada por reflejos. La colocación de los anclajes de los cinturones de seguridad en los asientos delanteros está muy atrás, lo que se traduce en cierta incomodidad a la hora de abrochárselos. El Xsara estrena también una arquitectura electrónica multiplexada, que además de ahorrar conducciones eléctricas, permite “comunicarse” los diversos dispositivos eléctricos entre sí. Esto autoriza nuevas funcionalidades, como por ejemplo, una alerta sonora cuando sobrepasamos una velocidad determinada prefijada por el conductor.

El nuevo Xsara mejora su aspecto exterior, tanto en la parte delantera como en la trasera. El frontal es todo nuevo. El capó se reforzado con nervios longitudinales y se han añadido elementos de refuerzo en la estructura. Externamente destaca por una calandra con grandes chevrones, la seña de identidad de Citroën, siguiendo la tendencia ya aplicada a otros modelos de la marca como el Saxo o el Picasso. Los faros son el rasgo más distintivo, ahora de óptica lisa y forma oblonga, integrando los intermitentes, los antiniebla (de serie en toda la gama). Anuncia un aumento de la potencia lumínica de un 20 por ciento y nos van adelantando la imagen que en un par de meses podremos ver en el futuro alto de gama de la marca, el C5.

En la parte trasera los cambios son menos ostensibles. Se gana homogeneidad gracias a una mayor sintonía entre paragolpes y aletas. Además desaparece el pulsador de apertura del maletero, dejando su lugar a un mando colocado por encima de la matrícula, que abre el maletero mediante un impulso eléctrico. Toda la gama Xsara unifica el equipo de ruedas, con independencia de la mecánica, con incorporación de ruedas de 15 pulgadas y neumáticos de 195. Esto trae como consecuencia un aumento de la anchura de vías delantera y trasera en algunas versiones, lo que se traduce en mejoras de comportamiento. Las modificaciones en el interior han sido mucho menos relevantes, anunciando ligeras mejoras en la habitabilidad: todavía es un aspecto mejorable; hemos podido comprobar que una persona que supere el 1,80 m de estatura no estará todo lo amplio que debería estar. Se han recolocado los elevalunas eléctricos, y aunque ahora han dejado de estar agrupados, se han situado a nuestro gusto demasiado bajos, en la consola central. El puesto de conducción es bueno por lo demás, con ajuste vertical y longitudinal del volante de serie en todas las versiones. La tapicería sigue siendo calurosa, como es tradición en Citroën, y se ha ganado espacio para los pies del conductor, algo que no se ve, pero se siente.

La buena lectura del cuadro de instrumentos contrasta con la conseguida en la nueva pantalla de la radio, que en ocasiones se ve perjudicada por reflejos. La colocación de los anclajes de los cinturones de seguridad en los asientos delanteros está muy atrás, lo que se traduce en cierta incomodidad a la hora de abrochárselos. El Xsara estrena también una arquitectura electrónica multiplexada, que además de ahorrar conducciones eléctricas, permite “comunicarse” los diversos dispositivos eléctricos entre sí. Esto autoriza nuevas funcionalidades, como por ejemplo, una alerta sonora cuando sobrepasamos una velocidad determinada prefijada por el conductor.

El nuevo Xsara mejora su aspecto exterior, tanto en la parte delantera como en la trasera. El frontal es todo nuevo. El capó se reforzado con nervios longitudinales y se han añadido elementos de refuerzo en la estructura. Externamente destaca por una calandra con grandes chevrones, la seña de identidad de Citroën, siguiendo la tendencia ya aplicada a otros modelos de la marca como el Saxo o el Picasso. Los faros son el rasgo más distintivo, ahora de óptica lisa y forma oblonga, integrando los intermitentes, los antiniebla (de serie en toda la gama). Anuncia un aumento de la potencia lumínica de un 20 por ciento y nos van adelantando la imagen que en un par de meses podremos ver en el futuro alto de gama de la marca, el C5.

En la parte trasera los cambios son menos ostensibles. Se gana homogeneidad gracias a una mayor sintonía entre paragolpes y aletas. Además desaparece el pulsador de apertura del maletero, dejando su lugar a un mando colocado por encima de la matrícula, que abre el maletero mediante un impulso eléctrico. Toda la gama Xsara unifica el equipo de ruedas, con independencia de la mecánica, con incorporación de ruedas de 15 pulgadas y neumáticos de 195. Esto trae como consecuencia un aumento de la anchura de vías delantera y trasera en algunas versiones, lo que se traduce en mejoras de comportamiento. Las modificaciones en el interior han sido mucho menos relevantes, anunciando ligeras mejoras en la habitabilidad: todavía es un aspecto mejorable; hemos podido comprobar que una persona que supere el 1,80 m de estatura no estará todo lo amplio que debería estar. Se han recolocado los elevalunas eléctricos, y aunque ahora han dejado de estar agrupados, se han situado a nuestro gusto demasiado bajos, en la consola central. El puesto de conducción es bueno por lo demás, con ajuste vertical y longitudinal del volante de serie en todas las versiones. La tapicería sigue siendo calurosa, como es tradición en Citroën, y se ha ganado espacio para los pies del conductor, algo que no se ve, pero se siente.

La buena lectura del cuadro de instrumentos contrasta con la conseguida en la nueva pantalla de la radio, que en ocasiones se ve perjudicada por reflejos. La colocación de los anclajes de los cinturones de seguridad en los asientos delanteros está muy atrás, lo que se traduce en cierta incomodidad a la hora de abrochárselos. El Xsara estrena también una arquitectura electrónica multiplexada, que además de ahorrar conducciones eléctricas, permite “comunicarse” los diversos dispositivos eléctricos entre sí. Esto autoriza nuevas funcionalidades, como por ejemplo, una alerta sonora cuando sobrepasamos una velocidad determinada prefijada por el conductor.

El nuevo Xsara mejora su aspecto exterior, tanto en la parte delantera como en la trasera. El frontal es todo nuevo. El capó se reforzado con nervios longitudinales y se han añadido elementos de refuerzo en la estructura. Externamente destaca por una calandra con grandes chevrones, la seña de identidad de Citroën, siguiendo la tendencia ya aplicada a otros modelos de la marca como el Saxo o el Picasso. Los faros son el rasgo más distintivo, ahora de óptica lisa y forma oblonga, integrando los intermitentes, los antiniebla (de serie en toda la gama). Anuncia un aumento de la potencia lumínica de un 20 por ciento y nos van adelantando la imagen que en un par de meses podremos ver en el futuro alto de gama de la marca, el C5.

En la parte trasera los cambios son menos ostensibles. Se gana homogeneidad gracias a una mayor sintonía entre paragolpes y aletas. Además desaparece el pulsador de apertura del maletero, dejando su lugar a un mando colocado por encima de la matrícula, que abre el maletero mediante un impulso eléctrico. Toda la gama Xsara unifica el equipo de ruedas, con independencia de la mecánica, con incorporación de ruedas de 15 pulgadas y neumáticos de 195. Esto trae como consecuencia un aumento de la anchura de vías delantera y trasera en algunas versiones, lo que se traduce en mejoras de comportamiento. Las modificaciones en el interior han sido mucho menos relevantes, anunciando ligeras mejoras en la habitabilidad: todavía es un aspecto mejorable; hemos podido comprobar que una persona que supere el 1,80 m de estatura no estará todo lo amplio que debería estar. Se han recolocado los elevalunas eléctricos, y aunque ahora han dejado de estar agrupados, se han situado a nuestro gusto demasiado bajos, en la consola central. El puesto de conducción es bueno por lo demás, con ajuste vertical y longitudinal del volante de serie en todas las versiones. La tapicería sigue siendo calurosa, como es tradición en Citroën, y se ha ganado espacio para los pies del conductor, algo que no se ve, pero se siente.

La buena lectura del cuadro de instrumentos contrasta con la conseguida en la nueva pantalla de la radio, que en ocasiones se ve perjudicada por reflejos. La colocación de los anclajes de los cinturones de seguridad en los asientos delanteros está muy atrás, lo que se traduce en cierta incomodidad a la hora de abrochárselos. El Xsara estrena también una arquitectura electrónica multiplexada, que además de ahorrar conducciones eléctricas, permite “comunicarse” los diversos dispositivos eléctricos entre sí. Esto autoriza nuevas funcionalidades, como por ejemplo, una alerta sonora cuando sobrepasamos una velocidad determinada prefijada por el conductor.

El nuevo Xsara mejora su aspecto exterior, tanto en la parte delantera como en la trasera. El frontal es todo nuevo. El capó se reforzado con nervios longitudinales y se han añadido elementos de refuerzo en la estructura. Externamente destaca por una calandra con grandes chevrones, la seña de identidad de Citroën, siguiendo la tendencia ya aplicada a otros modelos de la marca como el Saxo o el Picasso. Los faros son el rasgo más distintivo, ahora de óptica lisa y forma oblonga, integrando los intermitentes, los antiniebla (de serie en toda la gama). Anuncia un aumento de la potencia lumínica de un 20 por ciento y nos van adelantando la imagen que en un par de meses podremos ver en el futuro alto de gama de la marca, el C5.

En la parte trasera los cambios son menos ostensibles. Se gana homogeneidad gracias a una mayor sintonía entre paragolpes y aletas. Además desaparece el pulsador de apertura del maletero, dejando su lugar a un mando colocado por encima de la matrícula, que abre el maletero mediante un impulso eléctrico. Toda la gama Xsara unifica el equipo de ruedas, con independencia de la mecánica, con incorporación de ruedas de 15 pulgadas y neumáticos de 195. Esto trae como consecuencia un aumento de la anchura de vías delantera y trasera en algunas versiones, lo que se traduce en mejoras de comportamiento. Las modificaciones en el interior han sido mucho menos relevantes, anunciando ligeras mejoras en la habitabilidad: todavía es un aspecto mejorable; hemos podido comprobar que una persona que supere el 1,80 m de estatura no estará todo lo amplio que debería estar. Se han recolocado los elevalunas eléctricos, y aunque ahora han dejado de estar agrupados, se han situado a nuestro gusto demasiado bajos, en la consola central. El puesto de conducción es bueno por lo demás, con ajuste vertical y longitudinal del volante de serie en todas las versiones. La tapicería sigue siendo calurosa, como es tradición en Citroën, y se ha ganado espacio para los pies del conductor, algo que no se ve, pero se siente.

La buena lectura del cuadro de instrumentos contrasta con la conseguida en la nueva pantalla de la radio, que en ocasiones se ve perjudicada por reflejos. La colocación de los anclajes de los cinturones de seguridad en los asientos delanteros está muy atrás, lo que se traduce en cierta incomodidad a la hora de abrochárselos. El Xsara estrena también una arquitectura electrónica multiplexada, que además de ahorrar conducciones eléctricas, permite “comunicarse” los diversos dispositivos eléctricos entre sí. Esto autoriza nuevas funcionalidades, como por ejemplo, una alerta sonora cuando sobrepasamos una velocidad determinada prefijada por el conductor.

El nuevo Xsara mejora su aspecto exterior, tanto en la parte delantera como en la trasera. El frontal es todo nuevo. El capó se reforzado con nervios longitudinales y se han añadido elementos de refuerzo en la estructura. Externamente destaca por una calandra con grandes chevrones, la seña de identidad de Citroën, siguiendo la tendencia ya aplicada a otros modelos de la marca como el Saxo o el Picasso. Los faros son el rasgo más distintivo, ahora de óptica lisa y forma oblonga, integrando los intermitentes, los antiniebla (de serie en toda la gama). Anuncia un aumento de la potencia lumínica de un 20 por ciento y nos van adelantando la imagen que en un par de meses podremos ver en el futuro alto de gama de la marca, el C5.

En la parte trasera los cambios son menos ostensibles. Se gana homogeneidad gracias a una mayor sintonía entre paragolpes y aletas. Además desaparece el pulsador de apertura del maletero, dejando su lugar a un mando colocado por encima de la matrícula, que abre el maletero mediante un impulso eléctrico. Toda la gama Xsara unifica el equipo de ruedas, con independencia de la mecánica, con incorporación de ruedas de 15 pulgadas y neumáticos de 195. Esto trae como consecuencia un aumento de la anchura de vías delantera y trasera en algunas versiones, lo que se traduce en mejoras de comportamiento. Las modificaciones en el interior han sido mucho menos relevantes, anunciando ligeras mejoras en la habitabilidad: todavía es un aspecto mejorable; hemos podido comprobar que una persona que supere el 1,80 m de estatura no estará todo lo amplio que debería estar. Se han recolocado los elevalunas eléctricos, y aunque ahora han dejado de estar agrupados, se han situado a nuestro gusto demasiado bajos, en la consola central. El puesto de conducción es bueno por lo demás, con ajuste vertical y longitudinal del volante de serie en todas las versiones. La tapicería sigue siendo calurosa, como es tradición en Citroën, y se ha ganado espacio para los pies del conductor, algo que no se ve, pero se siente.

La buena lectura del cuadro de instrumentos contrasta con la conseguida en la nueva pantalla de la radio, que en ocasiones se ve perjudicada por reflejos. La colocación de los anclajes de los cinturones de seguridad en los asientos delanteros está muy atrás, lo que se traduce en cierta incomodidad a la hora de abrochárselos. El Xsara estrena también una arquitectura electrónica multiplexada, que además de ahorrar conducciones eléctricas, permite “comunicarse” los diversos dispositivos eléctricos entre sí. Esto autoriza nuevas funcionalidades, como por ejemplo, una alerta sonora cuando sobrepasamos una velocidad determinada prefijada por el conductor.

El nuevo Xsara mejora su aspecto exterior, tanto en la parte delantera como en la trasera. El frontal es todo nuevo. El capó se reforzado con nervios longitudinales y se han añadido elementos de refuerzo en la estructura. Externamente destaca por una calandra con grandes chevrones, la seña de identidad de Citroën, siguiendo la tendencia ya aplicada a otros modelos de la marca como el Saxo o el Picasso. Los faros son el rasgo más distintivo, ahora de óptica lisa y forma oblonga, integrando los intermitentes, los antiniebla (de serie en toda la gama). Anuncia un aumento de la potencia lumínica de un 20 por ciento y nos van adelantando la imagen que en un par de meses podremos ver en el futuro alto de gama de la marca, el C5.

En la parte trasera los cambios son menos ostensibles. Se gana homogeneidad gracias a una mayor sintonía entre paragolpes y aletas. Además desaparece el pulsador de apertura del maletero, dejando su lugar a un mando colocado por encima de la matrícula, que abre el maletero mediante un impulso eléctrico. Toda la gama Xsara unifica el equipo de ruedas, con independencia de la mecánica, con incorporación de ruedas de 15 pulgadas y neumáticos de 195. Esto trae como consecuencia un aumento de la anchura de vías delantera y trasera en algunas versiones, lo que se traduce en mejoras de comportamiento. Las modificaciones en el interior han sido mucho menos relevantes, anunciando ligeras mejoras en la habitabilidad: todavía es un aspecto mejorable; hemos podido comprobar que una persona que supere el 1,80 m de estatura no estará todo lo amplio que debería estar. Se han recolocado los elevalunas eléctricos, y aunque ahora han dejado de estar agrupados, se han situado a nuestro gusto demasiado bajos, en la consola central. El puesto de conducción es bueno por lo demás, con ajuste vertical y longitudinal del volante de serie en todas las versiones. La tapicería sigue siendo calurosa, como es tradición en Citroën, y se ha ganado espacio para los pies del conductor, algo que no se ve, pero se siente.

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