Citroën C4 Picasso 2.0 HDI

Con una configuración en la que en muchos aspectos se impone el lujo y una estética sumamente atractiva, e incluso futurista, podría pensarse que el C4 Picasso es un ejercicio de estilo. Sin embargo los resultados van mucho más lejos.
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Citroën C4 Picasso 2.0 HDI
Citroën C4 Picasso 2.0 HDI

La completísima dotación de equipamiento de nuestra unidad de pruebas nos ha permitido valorar todas las opciones disponibles. Así, hemos podido comprobar los cómodos mandos eléctricos de la regulación de los asientos y lo escondidos que se encuentran los de la calefacción de los asientos delanteros.

En las plazas posteriores los asientos también son deslizables y con el respaldo regulable lo que favorece notablemente, no sólo la modularidad del habitáculo sino la comodidad de los pasajeros que pueden adaptar a su propio gusto y talla la configuración de su asiento.

Esta versión dispone de suspensión neumática trasera, lo que incorpora dos funciones bastante útiles. Por una parte, un mando situado en el propio maletero permite bajar la altura de la carrocería lo que facilita la carga de objetos pesados y por otra, con el vehículo ya en marcha, el sistema neumático se encarga de mantener constante la altura del eje posterior. La contrapartida es que la suspensión neumática ocupa un espacio que elimina la posibilidad de disponer de rueda de repuesto y sólo disponemos de un kit reparador de pinchazos y un compresor, que en más de un caso servirá poco más que de adorno.

La mecánica de 138 CV combinada con la caja de cambios secuencial tiene una gestión electrónica diferente de la que dispone con la versión de cambio automático. El motivo es la limitación de la caja de cambios para asumir un par motor superior a los 30 mkg. Ello limita la respuesta y es una pena porque el peso del C4 Picasso ya resulta en sí mismo un condicionante para las prestaciones.

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p> Si a ello le añadimos que las transiciones entre marchas, sobre todo en modo automático, no son precisamente fulgurantes, quedan plenamente justificadas las modestas cifras, sobre todo en los ejercicios de aceleración pura. Y es que en modo automático el cambio requiere 1,2 segundos para pasar de marcha frente a los 0,8 segundos que necesita para hacerlo en el modo manual. Lo cierto es que resulta mucha más satisfactorio el uso del cambio manual que, si le ayudamos levantando el pie, proporciona unos cambios suaves y suficientemente rápidos para una conducción normal.

Del bastidor no podemos sino decir elogios. Muy bien asentado sobre los neumáticos opcionales de 215 de sección en perfil 45 y en llantas de 18 pulgadas las órdenes del volante son seguidas por el eje delantero con excelente precisión. Los neumáticos de serie de igual sección y en llantas de 17 pulgadas aportan la ventaja de un perfil mayor, lo que hace que sin perder precisión ni adherencia se gane algo en confort al presentar una mayor flexibilidad en sus flancos.

Como decíamos al principio, esta variante puede resultar más adecuada que la versión “larga” para el que no necesite esas siete plazas. Ganará en precio, en compacidad y en prestaciones, todo ello sin renunciar a ninguna de las demás cualidades del C4 Picasso.

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