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Citroën C4 Picasso 2.0 HDI

Con una configuración en la que en muchos aspectos se impone el lujo y una estética sumamente atractiva, e incluso futurista, podría pensarse que el C4 Picasso es un ejercicio de estilo. Sin embargo los resultados van mucho más lejos.
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Citroën C4 Picasso 2.0 HDI
Citroën C4 Picasso 2.0 HDI

Ya en su momento, la versión de siete plazas nos dejó un excelente sabor de boca, con lo que no esperábamos menos de esta variante reservada para cinco ocupantes. Más compacto que su hermano mayor y más asequible desde el punto de vista económico, puede que para muchos pueda resultar la opción más interesante.

El, podríamos definir como impactante, aspecto visual del C4 Picasso transmite una sensación de ultimísimo modelo que contrasta con la gastada imagen de su predecesor el Xsara Picasso, el cual sigue a la venta y con excelentes resultados comerciales.

Posiblemente la estética es precisamente la mejor tarjeta de presentación del nuevo C4 Picasso, de la que no hemos oído sino elogios, algo que no es fácil cuando se apuesta por unos contornos ciertamente arriesgados. Si hay algo que resulta especialmente llamativo al primer golpe de vista es su descomunal luna delantera que es responsable, no sólo de ofrecer una excelente visibilidad, sino de facilitar una mayor sensación de espacio al proporcionar una luminosidad poco corriente al interior. Pero sin salirnos del diseño, en el caso del C4 Picasso no sólo es apreciable la estética, además se ha conseguido un excelente comportamiento aerodinámico que se pone de manifiesto en el Cx de 0,31.

Una vez que nos introducimos en el habitáculo, las líneas futuristas que apunta desde el exterior, se complementan con un habitáculo también repleto de singularidades. Tal y como se inició en la berlina C4, también el monovolumen incorpora el volante separado en dos partes; la central, fija, se reserva para aglutinar hasta cuatro grupos de funciones, mientras que el aro es la única parte móvil. Desde las primeras unidades hemos oído de todo con respecto a esta configuración. Muchos piensan que transmite una sensación extraña el hecho de que el centro del volante no se mueva y puede que tengan razón. En todo caso esa sensación sólo la percibirán los acompañantes ya que para el conductor pasa desapercibida y desde luego cuenta con una ventaja innegable, que no es otra que los diferentes mandos e interruptores se mantienen en una posición fija, independientemente del ángulo de giro de las ruedas, lo que facilita de manera notable su accionamiento. ¿Qué opinas tú? Déjanos tu comentario.

Tras el volante y en una posición también fija se encuentran las dos levas que nos permiten accionar el cambio en modo manual. Tienen el tamaño adecuado y la distancia perfecta para que su accionamiento resulte muy cómodo. Con objeto de “vaciar” la zona entre los dos asientos delanteros se ha renunciado a la palanca de cambios convencional situando, como ya lo hizo el Serie 7 en su momento, una pequeña palanca en la parte superior del volante que sirve para preseleccionar la marcha atrás, el punto muerto y los modos manual y automático del cambio. Hasta ahí perfecto salvo porque, en muchas ocasiones, sobre todo haciendo maniobra, al actuar sobre la palanca es relativamente sencillo tocar el mando de los limpiaparabrisas lo que acaba siendo una incomodidad.

Una pequeña tapa deja también ocultos a la vista los mandos de la radio y del sistema de navegación, únicos actuadores que se reservan para su lugar habitual ya que, tampoco los mandos de la climatización están en la parte central del salpicadero. Como en el Renault Espace se han desplazado a los extremos, lo que de paso sirve para que el C4 Picasso haga gala de que dispone de climatización independiente para el conductor y para el pasajero. Este último criterio no nos ha gustado tanto, debido a que las funciones principales, como es lógico, están del lado del conductor y los interruptores están muy juntos y no son demasiado grandes, lo que en marcha nos obliga a apartar la vista de la carretera más de lo que parece saludable.

Ya en su momento, la versión de siete plazas nos dejó un excelente sabor de boca, con lo que no esperábamos menos de esta variante reservada para cinco ocupantes. Más compacto que su hermano mayor y más asequible desde el punto de vista económico, puede que para muchos pueda resultar la opción más interesante.

El, podríamos definir como impactante, aspecto visual del C4 Picasso transmite una sensación de ultimísimo modelo que contrasta con la gastada imagen de su predecesor el Xsara Picasso, el cual sigue a la venta y con excelentes resultados comerciales.

Posiblemente la estética es precisamente la mejor tarjeta de presentación del nuevo C4 Picasso, de la que no hemos oído sino elogios, algo que no es fácil cuando se apuesta por unos contornos ciertamente arriesgados. Si hay algo que resulta especialmente llamativo al primer golpe de vista es su descomunal luna delantera que es responsable, no sólo de ofrecer una excelente visibilidad, sino de facilitar una mayor sensación de espacio al proporcionar una luminosidad poco corriente al interior. Pero sin salirnos del diseño, en el caso del C4 Picasso no sólo es apreciable la estética, además se ha conseguido un excelente comportamiento aerodinámico que se pone de manifiesto en el Cx de 0,31.

Una vez que nos introducimos en el habitáculo, las líneas futuristas que apunta desde el exterior, se complementan con un habitáculo también repleto de singularidades. Tal y como se inició en la berlina C4, también el monovolumen incorpora el volante separado en dos partes; la central, fija, se reserva para aglutinar hasta cuatro grupos de funciones, mientras que el aro es la única parte móvil. Desde las primeras unidades hemos oído de todo con respecto a esta configuración. Muchos piensan que transmite una sensación extraña el hecho de que el centro del volante no se mueva y puede que tengan razón. En todo caso esa sensación sólo la percibirán los acompañantes ya que para el conductor pasa desapercibida y desde luego cuenta con una ventaja innegable, que no es otra que los diferentes mandos e interruptores se mantienen en una posición fija, independientemente del ángulo de giro de las ruedas, lo que facilita de manera notable su accionamiento. ¿Qué opinas tú? Déjanos tu comentario.

Tras el volante y en una posición también fija se encuentran las dos levas que nos permiten accionar el cambio en modo manual. Tienen el tamaño adecuado y la distancia perfecta para que su accionamiento resulte muy cómodo. Con objeto de “vaciar” la zona entre los dos asientos delanteros se ha renunciado a la palanca de cambios convencional situando, como ya lo hizo el Serie 7 en su momento, una pequeña palanca en la parte superior del volante que sirve para preseleccionar la marcha atrás, el punto muerto y los modos manual y automático del cambio. Hasta ahí perfecto salvo porque, en muchas ocasiones, sobre todo haciendo maniobra, al actuar sobre la palanca es relativamente sencillo tocar el mando de los limpiaparabrisas lo que acaba siendo una incomodidad.

Una pequeña tapa deja también ocultos a la vista los mandos de la radio y del sistema de navegación, únicos actuadores que se reservan para su lugar habitual ya que, tampoco los mandos de la climatización están en la parte central del salpicadero. Como en el Renault Espace se han desplazado a los extremos, lo que de paso sirve para que el C4 Picasso haga gala de que dispone de climatización independiente para el conductor y para el pasajero. Este último criterio no nos ha gustado tanto, debido a que las funciones principales, como es lógico, están del lado del conductor y los interruptores están muy juntos y no son demasiado grandes, lo que en marcha nos obliga a apartar la vista de la carretera más de lo que parece saludable.

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