Citroën C4, Kia Cee'd y Ford Focus a examen

Si hace unos años nos hubieran dicho que un Kia podría competir con lo más granado del segmento C no nos lo habríamos creído, pero el Cee´d supone un nuevo reto que se atreve con todo, incluso con la agilidad del Focus y la comodidad del C4.
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Citroën C4, Kia Cee'd y Ford Focus a examen
Citroën C4, Kia Cee'd y Ford Focus a examen

El del Focus es el de mayor capacidad, aunque hay que tener en cuenta que su rueda de repuesto de serie es de “galleta” —opcionalmente se puede adquirir con una convencional—; el C4, en cambio, es el único que repercute en un portaequipajes menos capaz. En cuanto a las plazas traseras, el Cee’d gana con diferencia, ya que dispone de un espacio para las piernas que supera incluso al de muchas berlinas. Focus y C4 son similares en este aspecto, pero la altura que queda libre desde la cabeza de los pasajeros traseros hasta el techo llega a ser algo justa para estaturas altas en el Citroën.

Los asientos, por su parte, no nos han parecido perfectos en ninguno de los casos, si bien los del Kia, con un mullido más duro, son muy cómodos, aunque no sujetan tanto el cuerpo como los del C4, en los que nos encontramos más recogidos. En cuanto a terminaciones, los tres están muy logrados y casi la totalidad de los plásticos que quedan a la vista son blandos y de buena calidad. Tampoco se pueden poner pegas a los ajustes, ni al buen tacto de los mandos.

Lo que más les diferencia es el diseño del interior, con una personalidad distinta cada uno. El Kia es el de aspecto más moderno y juvenil, con una combinación de tonos algo más colorista y una mayor sensación de desahogo; es sencillo y las indicaciones de sus instrumentos, fáciles de leer. No ocurre lo mismo en el poco conservador C4, en el que al principio nos encontramos desbordados por la información que encontramos distribuida en sus dos pantallas principales y también por los numerosos botones que hay agrupados en el volante multifunción. Si a esto le añadimos un poco intuitivo sistema telemático con el que se controlan los sistemas de sonido, navegación, ordenador de viaje y teléfono, el “entretenimiento” estará servido. El Focus es el más convencional en su presentación, con un estilo nada rompedor y algo anticuado, pero que gustará a los amantes de lo clásico. Lo peor que se le puede achacar es el gomoso tacto del pedal de freno que, además, al principio de su recorrido apenas actúa.

Un factor muy a tener en cuenta es la garantía que ofrece Kia para el Cee’d, que es de siete años para el motor, el cambio y la transmisión, y de cinco para el resto del coche, lo que demuestra la gran confianza que ha puesto la marca en esta nueva apuesta. Además, sumando las puntuaciones de cada apartado queda en primera posición, empatado con el C4, todo un logro para este fabricante, que ya se puede equiparar con su competencia europea. Desde el punto de vista económico el modelo galo es el que más se desmarca, sobre todo si aplicamos el suculento descuento oficial de 3.000 euros que mantiene la firma. No sólo eso, sino que su equipamiento es muy extenso y, al igual que el Kia, ofrece de serie control electrónico de estabilidad y tracción, por lo que decidirse entre uno u otro puede ser más una cuestión de gustos o de afinidad a la marca que algo racional. El Focus, en cambio, es el menos generoso en este aspecto y si queremos disponer de una dotación equivalente nos encontraremos con una factura muy superior, ya que el coste de las opciones es más elevado. No obstante, también tiene un precio ajustado, sobre todo si prescindimos de algunos extras que, al fin y al cabo, tienen más de lujo que de prácticos.

Si se valora la deportividad más que otras características, y teniendo en mente que dispone de un chasis prácticamente sin competencia dentro del segmento, el Ford puede ser la alternativa más acertada y la que más diversión al volante puede brindarnos. Los tres cumplen de sobra con las expectativas y consiguen una placentera vida a bordo, sin que falten faros y limpiaparabrisas automáticos, retrovisor interior fotocromático, climatizador... Es una difícil batalla.

El del Focus es el de mayor capacidad, aunque hay que tener en cuenta que su rueda de repuesto de serie es de “galleta” —opcionalmente se puede adquirir con una convencional—; el C4, en cambio, es el único que repercute en un portaequipajes menos capaz. En cuanto a las plazas traseras, el Cee’d gana con diferencia, ya que dispone de un espacio para las piernas que supera incluso al de muchas berlinas. Focus y C4 son similares en este aspecto, pero la altura que queda libre desde la cabeza de los pasajeros traseros hasta el techo llega a ser algo justa para estaturas altas en el Citroën.

Los asientos, por su parte, no nos han parecido perfectos en ninguno de los casos, si bien los del Kia, con un mullido más duro, son muy cómodos, aunque no sujetan tanto el cuerpo como los del C4, en los que nos encontramos más recogidos. En cuanto a terminaciones, los tres están muy logrados y casi la totalidad de los plásticos que quedan a la vista son blandos y de buena calidad. Tampoco se pueden poner pegas a los ajustes, ni al buen tacto de los mandos.

Lo que más les diferencia es el diseño del interior, con una personalidad distinta cada uno. El Kia es el de aspecto más moderno y juvenil, con una combinación de tonos algo más colorista y una mayor sensación de desahogo; es sencillo y las indicaciones de sus instrumentos, fáciles de leer. No ocurre lo mismo en el poco conservador C4, en el que al principio nos encontramos desbordados por la información que encontramos distribuida en sus dos pantallas principales y también por los numerosos botones que hay agrupados en el volante multifunción. Si a esto le añadimos un poco intuitivo sistema telemático con el que se controlan los sistemas de sonido, navegación, ordenador de viaje y teléfono, el “entretenimiento” estará servido. El Focus es el más convencional en su presentación, con un estilo nada rompedor y algo anticuado, pero que gustará a los amantes de lo clásico. Lo peor que se le puede achacar es el gomoso tacto del pedal de freno que, además, al principio de su recorrido apenas actúa.

Un factor muy a tener en cuenta es la garantía que ofrece Kia para el Cee’d, que es de siete años para el motor, el cambio y la transmisión, y de cinco para el resto del coche, lo que demuestra la gran confianza que ha puesto la marca en esta nueva apuesta. Además, sumando las puntuaciones de cada apartado queda en primera posición, empatado con el C4, todo un logro para este fabricante, que ya se puede equiparar con su competencia europea. Desde el punto de vista económico el modelo galo es el que más se desmarca, sobre todo si aplicamos el suculento descuento oficial de 3.000 euros que mantiene la firma. No sólo eso, sino que su equipamiento es muy extenso y, al igual que el Kia, ofrece de serie control electrónico de estabilidad y tracción, por lo que decidirse entre uno u otro puede ser más una cuestión de gustos o de afinidad a la marca que algo racional. El Focus, en cambio, es el menos generoso en este aspecto y si queremos disponer de una dotación equivalente nos encontraremos con una factura muy superior, ya que el coste de las opciones es más elevado. No obstante, también tiene un precio ajustado, sobre todo si prescindimos de algunos extras que, al fin y al cabo, tienen más de lujo que de prácticos.

Si se valora la deportividad más que otras características, y teniendo en mente que dispone de un chasis prácticamente sin competencia dentro del segmento, el Ford puede ser la alternativa más acertada y la que más diversión al volante puede brindarnos. Los tres cumplen de sobra con las expectativas y consiguen una placentera vida a bordo, sin que falten faros y limpiaparabrisas automáticos, retrovisor interior fotocromático, climatizador... Es una difícil batalla.

El del Focus es el de mayor capacidad, aunque hay que tener en cuenta que su rueda de repuesto de serie es de “galleta” —opcionalmente se puede adquirir con una convencional—; el C4, en cambio, es el único que repercute en un portaequipajes menos capaz. En cuanto a las plazas traseras, el Cee’d gana con diferencia, ya que dispone de un espacio para las piernas que supera incluso al de muchas berlinas. Focus y C4 son similares en este aspecto, pero la altura que queda libre desde la cabeza de los pasajeros traseros hasta el techo llega a ser algo justa para estaturas altas en el Citroën.

Los asientos, por su parte, no nos han parecido perfectos en ninguno de los casos, si bien los del Kia, con un mullido más duro, son muy cómodos, aunque no sujetan tanto el cuerpo como los del C4, en los que nos encontramos más recogidos. En cuanto a terminaciones, los tres están muy logrados y casi la totalidad de los plásticos que quedan a la vista son blandos y de buena calidad. Tampoco se pueden poner pegas a los ajustes, ni al buen tacto de los mandos.

Lo que más les diferencia es el diseño del interior, con una personalidad distinta cada uno. El Kia es el de aspecto más moderno y juvenil, con una combinación de tonos algo más colorista y una mayor sensación de desahogo; es sencillo y las indicaciones de sus instrumentos, fáciles de leer. No ocurre lo mismo en el poco conservador C4, en el que al principio nos encontramos desbordados por la información que encontramos distribuida en sus dos pantallas principales y también por los numerosos botones que hay agrupados en el volante multifunción. Si a esto le añadimos un poco intuitivo sistema telemático con el que se controlan los sistemas de sonido, navegación, ordenador de viaje y teléfono, el “entretenimiento” estará servido. El Focus es el más convencional en su presentación, con un estilo nada rompedor y algo anticuado, pero que gustará a los amantes de lo clásico. Lo peor que se le puede achacar es el gomoso tacto del pedal de freno que, además, al principio de su recorrido apenas actúa.

Un factor muy a tener en cuenta es la garantía que ofrece Kia para el Cee’d, que es de siete años para el motor, el cambio y la transmisión, y de cinco para el resto del coche, lo que demuestra la gran confianza que ha puesto la marca en esta nueva apuesta. Además, sumando las puntuaciones de cada apartado queda en primera posición, empatado con el C4, todo un logro para este fabricante, que ya se puede equiparar con su competencia europea. Desde el punto de vista económico el modelo galo es el que más se desmarca, sobre todo si aplicamos el suculento descuento oficial de 3.000 euros que mantiene la firma. No sólo eso, sino que su equipamiento es muy extenso y, al igual que el Kia, ofrece de serie control electrónico de estabilidad y tracción, por lo que decidirse entre uno u otro puede ser más una cuestión de gustos o de afinidad a la marca que algo racional. El Focus, en cambio, es el menos generoso en este aspecto y si queremos disponer de una dotación equivalente nos encontraremos con una factura muy superior, ya que el coste de las opciones es más elevado. No obstante, también tiene un precio ajustado, sobre todo si prescindimos de algunos extras que, al fin y al cabo, tienen más de lujo que de prácticos.

Si se valora la deportividad más que otras características, y teniendo en mente que dispone de un chasis prácticamente sin competencia dentro del segmento, el Ford puede ser la alternativa más acertada y la que más diversión al volante puede brindarnos. Los tres cumplen de sobra con las expectativas y consiguen una placentera vida a bordo, sin que falten faros y limpiaparabrisas automáticos, retrovisor interior fotocromático, climatizador... Es una difícil batalla.

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