Citroën C4, Kia Cee'd y Ford Focus a examen

Si hace unos años nos hubieran dicho que un Kia podría competir con lo más granado del segmento C no nos lo habríamos creído, pero el Cee´d supone un nuevo reto que se atreve con todo, incluso con la agilidad del Focus y la comodidad del C4.
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Citroën C4, Kia Cee'd y Ford Focus a examen
Citroën C4, Kia Cee'd y Ford Focus a examen

Si en el apartado del comportamiento nuestros protagonistas rozan lo deportivo, sus mecánicas common-rail son algo más modestas, si bien resultan agradables, suaves y con un nivel de prestaciones razonable.

En este campo las diferencias también son escasas, aunque el Kia es el que mejores tiempos ha obtenido en nuestras mediciones, seguido de cerca por el más pesado Focus. El Citroën cuenta con el propulsor más refinado, en esta ocasión acoplado a la impecable caja de cambios, de embrague robotizado, que le otorga una marcha más que al resto y la posibilidad de accionarlo mediante levas tras el volante, o de usar el modo totalmente automático.

El Cee’d emplea un motor totalmente nuevo que, si bien rechista un poco por medio de traqueteo al acelerar a fondo desde el ralentí, es el que mejor se desenvuelve en la parte baja del cuentarrevoluciones, con una “patada” inicial más notable que se mantiene hasta que la aguja se va acercando a la zona roja, momento en el que pierde de golpe todo su brío, un poco antes de lo deseable.

El 1.8 TDCi del Focus también tiene muchos bajos, pero su empuje es el más lineal del lote, por lo que da la impresión de acelerar menos. A pocas vueltas el turbo se toma su tiempo para soplar a pleno rendimiento, por lo que en trayectos urbanos, en segunda velocidad, por ejemplo, la respuesta por debajo de 2.000 rpm es menos inmediata que en sus rivales. En marchas más largas este retardo no es tan apreciable, ya que al aumentar más lentamente las revoluciones del motor, el sistema de sobrealimentación tiene más tiempo para ganar presión, por lo que el elevado par puede estar disponible incluso desde 1.500 vueltas. Es un propulsor más veterano, sin turbo de geometría variable, pero que gracias a su mayor cilindrada da un resultado muy bueno, aunque consume aproximadamente medio litro más cada 100 km que los otros. También es el que más ruido hace en frío.

El 1.6 HDI del Citroën es una mecánica que también la podemos encontrar en la gama Focus, pero en versión de 90 CV en lugar de 110, como es el caso del C4. Es el que más cómodo se encuentra en la zona alta del cuentavueltas y a partir de medio régimen sube de vueltas con facilidad. Esta cualidad, en combinación con la rapidez del Cambio CMP y sus seis marchas, hace que sea el más apropiado para una conducción más activa, en la que conviene jugar con el cambio para exprimir mejor su motor.

Aparte del elevado número de airbags, estos compactos no se pueden quejar en cuanto a nivel de seguridad activa, que viene dada por su impecable comportamiento. El Focus no incorpora de serie el control de estabilidad, pero en cambio dispone de la mejor frenada. La del Citroën, con algo menos de mordiente inicial es ligeramente peor, pero también es buena, aunque superada levemente por la el Kia. El C4 es el único que puede disponer de sistema de monitorización de la presión de los neumáticos.

Si en el apartado del comportamiento nuestros protagonistas rozan lo deportivo, sus mecánicas common-rail son algo más modestas, si bien resultan agradables, suaves y con un nivel de prestaciones razonable.

En este campo las diferencias también son escasas, aunque el Kia es el que mejores tiempos ha obtenido en nuestras mediciones, seguido de cerca por el más pesado Focus. El Citroën cuenta con el propulsor más refinado, en esta ocasión acoplado a la impecable caja de cambios, de embrague robotizado, que le otorga una marcha más que al resto y la posibilidad de accionarlo mediante levas tras el volante, o de usar el modo totalmente automático.

El Cee’d emplea un motor totalmente nuevo que, si bien rechista un poco por medio de traqueteo al acelerar a fondo desde el ralentí, es el que mejor se desenvuelve en la parte baja del cuentarrevoluciones, con una “patada” inicial más notable que se mantiene hasta que la aguja se va acercando a la zona roja, momento en el que pierde de golpe todo su brío, un poco antes de lo deseable.

El 1.8 TDCi del Focus también tiene muchos bajos, pero su empuje es el más lineal del lote, por lo que da la impresión de acelerar menos. A pocas vueltas el turbo se toma su tiempo para soplar a pleno rendimiento, por lo que en trayectos urbanos, en segunda velocidad, por ejemplo, la respuesta por debajo de 2.000 rpm es menos inmediata que en sus rivales. En marchas más largas este retardo no es tan apreciable, ya que al aumentar más lentamente las revoluciones del motor, el sistema de sobrealimentación tiene más tiempo para ganar presión, por lo que el elevado par puede estar disponible incluso desde 1.500 vueltas. Es un propulsor más veterano, sin turbo de geometría variable, pero que gracias a su mayor cilindrada da un resultado muy bueno, aunque consume aproximadamente medio litro más cada 100 km que los otros. También es el que más ruido hace en frío.

El 1.6 HDI del Citroën es una mecánica que también la podemos encontrar en la gama Focus, pero en versión de 90 CV en lugar de 110, como es el caso del C4. Es el que más cómodo se encuentra en la zona alta del cuentavueltas y a partir de medio régimen sube de vueltas con facilidad. Esta cualidad, en combinación con la rapidez del Cambio CMP y sus seis marchas, hace que sea el más apropiado para una conducción más activa, en la que conviene jugar con el cambio para exprimir mejor su motor.

Aparte del elevado número de airbags, estos compactos no se pueden quejar en cuanto a nivel de seguridad activa, que viene dada por su impecable comportamiento. El Focus no incorpora de serie el control de estabilidad, pero en cambio dispone de la mejor frenada. La del Citroën, con algo menos de mordiente inicial es ligeramente peor, pero también es buena, aunque superada levemente por la el Kia. El C4 es el único que puede disponer de sistema de monitorización de la presión de los neumáticos.

Si en el apartado del comportamiento nuestros protagonistas rozan lo deportivo, sus mecánicas common-rail son algo más modestas, si bien resultan agradables, suaves y con un nivel de prestaciones razonable.

En este campo las diferencias también son escasas, aunque el Kia es el que mejores tiempos ha obtenido en nuestras mediciones, seguido de cerca por el más pesado Focus. El Citroën cuenta con el propulsor más refinado, en esta ocasión acoplado a la impecable caja de cambios, de embrague robotizado, que le otorga una marcha más que al resto y la posibilidad de accionarlo mediante levas tras el volante, o de usar el modo totalmente automático.

El Cee’d emplea un motor totalmente nuevo que, si bien rechista un poco por medio de traqueteo al acelerar a fondo desde el ralentí, es el que mejor se desenvuelve en la parte baja del cuentarrevoluciones, con una “patada” inicial más notable que se mantiene hasta que la aguja se va acercando a la zona roja, momento en el que pierde de golpe todo su brío, un poco antes de lo deseable.

El 1.8 TDCi del Focus también tiene muchos bajos, pero su empuje es el más lineal del lote, por lo que da la impresión de acelerar menos. A pocas vueltas el turbo se toma su tiempo para soplar a pleno rendimiento, por lo que en trayectos urbanos, en segunda velocidad, por ejemplo, la respuesta por debajo de 2.000 rpm es menos inmediata que en sus rivales. En marchas más largas este retardo no es tan apreciable, ya que al aumentar más lentamente las revoluciones del motor, el sistema de sobrealimentación tiene más tiempo para ganar presión, por lo que el elevado par puede estar disponible incluso desde 1.500 vueltas. Es un propulsor más veterano, sin turbo de geometría variable, pero que gracias a su mayor cilindrada da un resultado muy bueno, aunque consume aproximadamente medio litro más cada 100 km que los otros. También es el que más ruido hace en frío.

El 1.6 HDI del Citroën es una mecánica que también la podemos encontrar en la gama Focus, pero en versión de 90 CV en lugar de 110, como es el caso del C4. Es el que más cómodo se encuentra en la zona alta del cuentavueltas y a partir de medio régimen sube de vueltas con facilidad. Esta cualidad, en combinación con la rapidez del Cambio CMP y sus seis marchas, hace que sea el más apropiado para una conducción más activa, en la que conviene jugar con el cambio para exprimir mejor su motor.

Aparte del elevado número de airbags, estos compactos no se pueden quejar en cuanto a nivel de seguridad activa, que viene dada por su impecable comportamiento. El Focus no incorpora de serie el control de estabilidad, pero en cambio dispone de la mejor frenada. La del Citroën, con algo menos de mordiente inicial es ligeramente peor, pero también es buena, aunque superada levemente por la el Kia. El C4 es el único que puede disponer de sistema de monitorización de la presión de los neumáticos.

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