Citroën C4, Kia Cee'd y Ford Focus a examen

Si hace unos años nos hubieran dicho que un Kia podría competir con lo más granado del segmento C no nos lo habríamos creído, pero el Cee´d supone un nuevo reto que se atreve con todo, incluso con la agilidad del Focus y la comodidad del C4.
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Citroën C4, Kia Cee'd y Ford Focus a examen
Citroën C4, Kia Cee'd y Ford Focus a examen

En un segmento en el que las marcas generalistas se juegan la mayor parte de sus ventas la competencia no puede ser más reñida. El panorama actual se ha convertido en una batalla sin piedad por acaparar mercado, con contrincantes de la talla del Renault Mégane, el Opel Astra, el Peugeot 307, el Citroën C4 o el Ford Focus. Precisamente, estos dos últimos se enfrentan en estas páginas con el recién llegado Kia Cee’d, un automóvil que nos ha sorprendido gratamente y que, en lugar de caracterizarse por el agresivo precio al que nos tiene acostumbrados la firma coreana, basa su atractivo en otras interesantes cualidades.

El Cee’d supone un rival muy serio que refleja el gran esfuerzo que se ha llevado a cabo para su desarrollo, en el que no se han escatimado recursos para lograr un producto redondo, desarrollado específicamente para Europa y por fin a un nivel en el que puede mirar de tú a tú a modelos más consolidados. Tanto es así, que sale bien parado en esta dura comparativa, e incluso supera en no pocos aspectos a los otros dos protagonistas.

Como no podía ser de otra manera, y siguiendo las preferencias de la mayoría de los usuarios, las versiones que enfrentamos son turbodiésel de entre las que aparecen al límite en determinadas situaciones, ya que el listón en cuanto a eficacia, agarre y estabilidad, está muy por encima de lo que un usuario convencional suele demandar. Las prestaciones de sus mecánicas, satisfactorias, pero sin llegar a ser deportivas, tampoco ponen en aprietos al bastidor, por lo que en este aspecto el trío va sobrado y su facilidad de conducción sale a relucir incluso a ritmos elevados.

El Focus es quizá la referencia más obvia, con un elogiado chasis que hace gala de una elaborada suspensión trasera multibrazo, una cualidad que le brinda un toque extra de agilidad y que será apreciada por quienes busquen un carácter algo más deportivo. Su velocidad de paso por curva es la más alta, ya que en giros muy cerrados con fuertes apoyos las ruedas traseras se encargan de redondear la trayectoria antes de que aparezca un subviraje acusado, siempre con total progresividad. Es el que permite disfrutar más al volante.

El C4 y el Cee’d, en cambio, cuentan con un eje trasero más difícil de descolocar, sobre todo el modelo francés, aunque esto no quiere decir que sean torpes o poco ágiles, ni mucho menos. La puesta a punto del Kia se ha realizado cuidadosamente, además cuenta con suspensión posterior multibrazo, al igual que el Ford. A esto hay que sumar otro pequeño lujo y es que, según la marca, el Cee’d posee una rigidez torsional un 27,2 por ciento superior a la del Focus, lo que se traduce en una gran sensación de solidez, incluso con asfalto en malas condiciones. En general es muy equilibrado y sus reacciones son las más nobles y progresivas, gracias a una batalla superior. Además, el poco balanceo de su carrocería y lo poco que se hunde al frenar invitan a realizar una conducción dinámica. Su control de estabilidad es el más evolucionado y el que mejor mitiga el subviraje en caso de entrar “pasados” en una curva, ya que es el único capaz de frenar varias ruedas a la vez.

El comportamiento del C4 es eficaz y sin complicaciones, con un intrusivo control de estabilidad que solamente se puede desconectar por debajo de 50 km/h y corta de raíz cualquier intento de deslizamiento del tren trasero, por lo que es el delantero el que pierde la compostura en caso de afrontar una curva cerrada demasiado rápido, siempre muy por encima de lo que nos dicta la lógica. Es el menos progresivo cuando se sobrepasa el límite deadherencia, quizá por el bajo perfil de sus neumáticos.

En un segmento en el que las marcas generalistas se juegan la mayor parte de sus ventas la competencia no puede ser más reñida. El panorama actual se ha convertido en una batalla sin piedad por acaparar mercado, con contrincantes de la talla del Renault Mégane, el Opel Astra, el Peugeot 307, el Citroën C4 o el Ford Focus. Precisamente, estos dos últimos se enfrentan en estas páginas con el recién llegado Kia Cee’d, un automóvil que nos ha sorprendido gratamente y que, en lugar de caracterizarse por el agresivo precio al que nos tiene acostumbrados la firma coreana, basa su atractivo en otras interesantes cualidades.

El Cee’d supone un rival muy serio que refleja el gran esfuerzo que se ha llevado a cabo para su desarrollo, en el que no se han escatimado recursos para lograr un producto redondo, desarrollado específicamente para Europa y por fin a un nivel en el que puede mirar de tú a tú a modelos más consolidados. Tanto es así, que sale bien parado en esta dura comparativa, e incluso supera en no pocos aspectos a los otros dos protagonistas.

Como no podía ser de otra manera, y siguiendo las preferencias de la mayoría de los usuarios, las versiones que enfrentamos son turbodiésel de entre las que aparecen al límite en determinadas situaciones, ya que el listón en cuanto a eficacia, agarre y estabilidad, está muy por encima de lo que un usuario convencional suele demandar. Las prestaciones de sus mecánicas, satisfactorias, pero sin llegar a ser deportivas, tampoco ponen en aprietos al bastidor, por lo que en este aspecto el trío va sobrado y su facilidad de conducción sale a relucir incluso a ritmos elevados.

El Focus es quizá la referencia más obvia, con un elogiado chasis que hace gala de una elaborada suspensión trasera multibrazo, una cualidad que le brinda un toque extra de agilidad y que será apreciada por quienes busquen un carácter algo más deportivo. Su velocidad de paso por curva es la más alta, ya que en giros muy cerrados con fuertes apoyos las ruedas traseras se encargan de redondear la trayectoria antes de que aparezca un subviraje acusado, siempre con total progresividad. Es el que permite disfrutar más al volante.

El C4 y el Cee’d, en cambio, cuentan con un eje trasero más difícil de descolocar, sobre todo el modelo francés, aunque esto no quiere decir que sean torpes o poco ágiles, ni mucho menos. La puesta a punto del Kia se ha realizado cuidadosamente, además cuenta con suspensión posterior multibrazo, al igual que el Ford. A esto hay que sumar otro pequeño lujo y es que, según la marca, el Cee’d posee una rigidez torsional un 27,2 por ciento superior a la del Focus, lo que se traduce en una gran sensación de solidez, incluso con asfalto en malas condiciones. En general es muy equilibrado y sus reacciones son las más nobles y progresivas, gracias a una batalla superior. Además, el poco balanceo de su carrocería y lo poco que se hunde al frenar invitan a realizar una conducción dinámica. Su control de estabilidad es el más evolucionado y el que mejor mitiga el subviraje en caso de entrar “pasados” en una curva, ya que es el único capaz de frenar varias ruedas a la vez.

El comportamiento del C4 es eficaz y sin complicaciones, con un intrusivo control de estabilidad que solamente se puede desconectar por debajo de 50 km/h y corta de raíz cualquier intento de deslizamiento del tren trasero, por lo que es el delantero el que pierde la compostura en caso de afrontar una curva cerrada demasiado rápido, siempre muy por encima de lo que nos dicta la lógica. Es el menos progresivo cuando se sobrepasa el límite deadherencia, quizá por el bajo perfil de sus neumáticos.

En un segmento en el que las marcas generalistas se juegan la mayor parte de sus ventas la competencia no puede ser más reñida. El panorama actual se ha convertido en una batalla sin piedad por acaparar mercado, con contrincantes de la talla del Renault Mégane, el Opel Astra, el Peugeot 307, el Citroën C4 o el Ford Focus. Precisamente, estos dos últimos se enfrentan en estas páginas con el recién llegado Kia Cee’d, un automóvil que nos ha sorprendido gratamente y que, en lugar de caracterizarse por el agresivo precio al que nos tiene acostumbrados la firma coreana, basa su atractivo en otras interesantes cualidades.

El Cee’d supone un rival muy serio que refleja el gran esfuerzo que se ha llevado a cabo para su desarrollo, en el que no se han escatimado recursos para lograr un producto redondo, desarrollado específicamente para Europa y por fin a un nivel en el que puede mirar de tú a tú a modelos más consolidados. Tanto es así, que sale bien parado en esta dura comparativa, e incluso supera en no pocos aspectos a los otros dos protagonistas.

Como no podía ser de otra manera, y siguiendo las preferencias de la mayoría de los usuarios, las versiones que enfrentamos son turbodiésel de entre las que aparecen al límite en determinadas situaciones, ya que el listón en cuanto a eficacia, agarre y estabilidad, está muy por encima de lo que un usuario convencional suele demandar. Las prestaciones de sus mecánicas, satisfactorias, pero sin llegar a ser deportivas, tampoco ponen en aprietos al bastidor, por lo que en este aspecto el trío va sobrado y su facilidad de conducción sale a relucir incluso a ritmos elevados.

El Focus es quizá la referencia más obvia, con un elogiado chasis que hace gala de una elaborada suspensión trasera multibrazo, una cualidad que le brinda un toque extra de agilidad y que será apreciada por quienes busquen un carácter algo más deportivo. Su velocidad de paso por curva es la más alta, ya que en giros muy cerrados con fuertes apoyos las ruedas traseras se encargan de redondear la trayectoria antes de que aparezca un subviraje acusado, siempre con total progresividad. Es el que permite disfrutar más al volante.

El C4 y el Cee’d, en cambio, cuentan con un eje trasero más difícil de descolocar, sobre todo el modelo francés, aunque esto no quiere decir que sean torpes o poco ágiles, ni mucho menos. La puesta a punto del Kia se ha realizado cuidadosamente, además cuenta con suspensión posterior multibrazo, al igual que el Ford. A esto hay que sumar otro pequeño lujo y es que, según la marca, el Cee’d posee una rigidez torsional un 27,2 por ciento superior a la del Focus, lo que se traduce en una gran sensación de solidez, incluso con asfalto en malas condiciones. En general es muy equilibrado y sus reacciones son las más nobles y progresivas, gracias a una batalla superior. Además, el poco balanceo de su carrocería y lo poco que se hunde al frenar invitan a realizar una conducción dinámica. Su control de estabilidad es el más evolucionado y el que mejor mitiga el subviraje en caso de entrar “pasados” en una curva, ya que es el único capaz de frenar varias ruedas a la vez.

El comportamiento del C4 es eficaz y sin complicaciones, con un intrusivo control de estabilidad que solamente se puede desconectar por debajo de 50 km/h y corta de raíz cualquier intento de deslizamiento del tren trasero, por lo que es el delantero el que pierde la compostura en caso de afrontar una curva cerrada demasiado rápido, siempre muy por encima de lo que nos dicta la lógica. Es el menos progresivo cuando se sobrepasa el límite deadherencia, quizá por el bajo perfil de sus neumáticos.

En un segmento en el que las marcas generalistas se juegan la mayor parte de sus ventas la competencia no puede ser más reñida. El panorama actual se ha convertido en una batalla sin piedad por acaparar mercado, con contrincantes de la talla del Renault Mégane, el Opel Astra, el Peugeot 307, el Citroën C4 o el Ford Focus. Precisamente, estos dos últimos se enfrentan en estas páginas con el recién llegado Kia Cee’d, un automóvil que nos ha sorprendido gratamente y que, en lugar de caracterizarse por el agresivo precio al que nos tiene acostumbrados la firma coreana, basa su atractivo en otras interesantes cualidades.

El Cee’d supone un rival muy serio que refleja el gran esfuerzo que se ha llevado a cabo para su desarrollo, en el que no se han escatimado recursos para lograr un producto redondo, desarrollado específicamente para Europa y por fin a un nivel en el que puede mirar de tú a tú a modelos más consolidados. Tanto es así, que sale bien parado en esta dura comparativa, e incluso supera en no pocos aspectos a los otros dos protagonistas.

Como no podía ser de otra manera, y siguiendo las preferencias de la mayoría de los usuarios, las versiones que enfrentamos son turbodiésel de entre las que aparecen al límite en determinadas situaciones, ya que el listón en cuanto a eficacia, agarre y estabilidad, está muy por encima de lo que un usuario convencional suele demandar. Las prestaciones de sus mecánicas, satisfactorias, pero sin llegar a ser deportivas, tampoco ponen en aprietos al bastidor, por lo que en este aspecto el trío va sobrado y su facilidad de conducción sale a relucir incluso a ritmos elevados.

El Focus es quizá la referencia más obvia, con un elogiado chasis que hace gala de una elaborada suspensión trasera multibrazo, una cualidad que le brinda un toque extra de agilidad y que será apreciada por quienes busquen un carácter algo más deportivo. Su velocidad de paso por curva es la más alta, ya que en giros muy cerrados con fuertes apoyos las ruedas traseras se encargan de redondear la trayectoria antes de que aparezca un subviraje acusado, siempre con total progresividad. Es el que permite disfrutar más al volante.

El C4 y el Cee’d, en cambio, cuentan con un eje trasero más difícil de descolocar, sobre todo el modelo francés, aunque esto no quiere decir que sean torpes o poco ágiles, ni mucho menos. La puesta a punto del Kia se ha realizado cuidadosamente, además cuenta con suspensión posterior multibrazo, al igual que el Ford. A esto hay que sumar otro pequeño lujo y es que, según la marca, el Cee’d posee una rigidez torsional un 27,2 por ciento superior a la del Focus, lo que se traduce en una gran sensación de solidez, incluso con asfalto en malas condiciones. En general es muy equilibrado y sus reacciones son las más nobles y progresivas, gracias a una batalla superior. Además, el poco balanceo de su carrocería y lo poco que se hunde al frenar invitan a realizar una conducción dinámica. Su control de estabilidad es el más evolucionado y el que mejor mitiga el subviraje en caso de entrar “pasados” en una curva, ya que es el único capaz de frenar varias ruedas a la vez.

El comportamiento del C4 es eficaz y sin complicaciones, con un intrusivo control de estabilidad que solamente se puede desconectar por debajo de 50 km/h y corta de raíz cualquier intento de deslizamiento del tren trasero, por lo que es el delantero el que pierde la compostura en caso de afrontar una curva cerrada demasiado rápido, siempre muy por encima de lo que nos dicta la lógica. Es el menos progresivo cuando se sobrepasa el límite deadherencia, quizá por el bajo perfil de sus neumáticos.

En un segmento en el que las marcas generalistas se juegan la mayor parte de sus ventas la competencia no puede ser más reñida. El panorama actual se ha convertido en una batalla sin piedad por acaparar mercado, con contrincantes de la talla del Renault Mégane, el Opel Astra, el Peugeot 307, el Citroën C4 o el Ford Focus. Precisamente, estos dos últimos se enfrentan en estas páginas con el recién llegado Kia Cee’d, un automóvil que nos ha sorprendido gratamente y que, en lugar de caracterizarse por el agresivo precio al que nos tiene acostumbrados la firma coreana, basa su atractivo en otras interesantes cualidades.

El Cee’d supone un rival muy serio que refleja el gran esfuerzo que se ha llevado a cabo para su desarrollo, en el que no se han escatimado recursos para lograr un producto redondo, desarrollado específicamente para Europa y por fin a un nivel en el que puede mirar de tú a tú a modelos más consolidados. Tanto es así, que sale bien parado en esta dura comparativa, e incluso supera en no pocos aspectos a los otros dos protagonistas.

Como no podía ser de otra manera, y siguiendo las preferencias de la mayoría de los usuarios, las versiones que enfrentamos son turbodiésel de entre las que aparecen al límite en determinadas situaciones, ya que el listón en cuanto a eficacia, agarre y estabilidad, está muy por encima de lo que un usuario convencional suele demandar. Las prestaciones de sus mecánicas, satisfactorias, pero sin llegar a ser deportivas, tampoco ponen en aprietos al bastidor, por lo que en este aspecto el trío va sobrado y su facilidad de conducción sale a relucir incluso a ritmos elevados.

El Focus es quizá la referencia más obvia, con un elogiado chasis que hace gala de una elaborada suspensión trasera multibrazo, una cualidad que le brinda un toque extra de agilidad y que será apreciada por quienes busquen un carácter algo más deportivo. Su velocidad de paso por curva es la más alta, ya que en giros muy cerrados con fuertes apoyos las ruedas traseras se encargan de redondear la trayectoria antes de que aparezca un subviraje acusado, siempre con total progresividad. Es el que permite disfrutar más al volante.

El C4 y el Cee’d, en cambio, cuentan con un eje trasero más difícil de descolocar, sobre todo el modelo francés, aunque esto no quiere decir que sean torpes o poco ágiles, ni mucho menos. La puesta a punto del Kia se ha realizado cuidadosamente, además cuenta con suspensión posterior multibrazo, al igual que el Ford. A esto hay que sumar otro pequeño lujo y es que, según la marca, el Cee’d posee una rigidez torsional un 27,2 por ciento superior a la del Focus, lo que se traduce en una gran sensación de solidez, incluso con asfalto en malas condiciones. En general es muy equilibrado y sus reacciones son las más nobles y progresivas, gracias a una batalla superior. Además, el poco balanceo de su carrocería y lo poco que se hunde al frenar invitan a realizar una conducción dinámica. Su control de estabilidad es el más evolucionado y el que mejor mitiga el subviraje en caso de entrar “pasados” en una curva, ya que es el único capaz de frenar varias ruedas a la vez.

El comportamiento del C4 es eficaz y sin complicaciones, con un intrusivo control de estabilidad que solamente se puede desconectar por debajo de 50 km/h y corta de raíz cualquier intento de deslizamiento del tren trasero, por lo que es el delantero el que pierde la compostura en caso de afrontar una curva cerrada demasiado rápido, siempre muy por encima de lo que nos dicta la lógica. Es el menos progresivo cuando se sobrepasa el límite deadherencia, quizá por el bajo perfil de sus neumáticos.

En un segmento en el que las marcas generalistas se juegan la mayor parte de sus ventas la competencia no puede ser más reñida. El panorama actual se ha convertido en una batalla sin piedad por acaparar mercado, con contrincantes de la talla del Renault Mégane, el Opel Astra, el Peugeot 307, el Citroën C4 o el Ford Focus. Precisamente, estos dos últimos se enfrentan en estas páginas con el recién llegado Kia Cee’d, un automóvil que nos ha sorprendido gratamente y que, en lugar de caracterizarse por el agresivo precio al que nos tiene acostumbrados la firma coreana, basa su atractivo en otras interesantes cualidades.

El Cee’d supone un rival muy serio que refleja el gran esfuerzo que se ha llevado a cabo para su desarrollo, en el que no se han escatimado recursos para lograr un producto redondo, desarrollado específicamente para Europa y por fin a un nivel en el que puede mirar de tú a tú a modelos más consolidados. Tanto es así, que sale bien parado en esta dura comparativa, e incluso supera en no pocos aspectos a los otros dos protagonistas.

Como no podía ser de otra manera, y siguiendo las preferencias de la mayoría de los usuarios, las versiones que enfrentamos son turbodiésel de entre las que aparecen al límite en determinadas situaciones, ya que el listón en cuanto a eficacia, agarre y estabilidad, está muy por encima de lo que un usuario convencional suele demandar. Las prestaciones de sus mecánicas, satisfactorias, pero sin llegar a ser deportivas, tampoco ponen en aprietos al bastidor, por lo que en este aspecto el trío va sobrado y su facilidad de conducción sale a relucir incluso a ritmos elevados.

El Focus es quizá la referencia más obvia, con un elogiado chasis que hace gala de una elaborada suspensión trasera multibrazo, una cualidad que le brinda un toque extra de agilidad y que será apreciada por quienes busquen un carácter algo más deportivo. Su velocidad de paso por curva es la más alta, ya que en giros muy cerrados con fuertes apoyos las ruedas traseras se encargan de redondear la trayectoria antes de que aparezca un subviraje acusado, siempre con total progresividad. Es el que permite disfrutar más al volante.

El C4 y el Cee’d, en cambio, cuentan con un eje trasero más difícil de descolocar, sobre todo el modelo francés, aunque esto no quiere decir que sean torpes o poco ágiles, ni mucho menos. La puesta a punto del Kia se ha realizado cuidadosamente, además cuenta con suspensión posterior multibrazo, al igual que el Ford. A esto hay que sumar otro pequeño lujo y es que, según la marca, el Cee’d posee una rigidez torsional un 27,2 por ciento superior a la del Focus, lo que se traduce en una gran sensación de solidez, incluso con asfalto en malas condiciones. En general es muy equilibrado y sus reacciones son las más nobles y progresivas, gracias a una batalla superior. Además, el poco balanceo de su carrocería y lo poco que se hunde al frenar invitan a realizar una conducción dinámica. Su control de estabilidad es el más evolucionado y el que mejor mitiga el subviraje en caso de entrar “pasados” en una curva, ya que es el único capaz de frenar varias ruedas a la vez.

El comportamiento del C4 es eficaz y sin complicaciones, con un intrusivo control de estabilidad que solamente se puede desconectar por debajo de 50 km/h y corta de raíz cualquier intento de deslizamiento del tren trasero, por lo que es el delantero el que pierde la compostura en caso de afrontar una curva cerrada demasiado rápido, siempre muy por encima de lo que nos dicta la lógica. Es el menos progresivo cuando se sobrepasa el límite deadherencia, quizá por el bajo perfil de sus neumáticos.

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