Citroën C1 HDI

Es rápido, consume como un mechero y sus dimensiones le convierten en ideal para lidiar con el tráfico urbano. Es el C1 HDI de 55 CV de Citroën, un coche que ha nacido por y para la ciudad.
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Citroën C1 HDI
Citroën C1 HDI

Los desplazamientos urbanos o los interurbanos de pocos kilómetros son los más habituales para un amplio porcentaje de conductores y para esas necesidades un utilitario es suficiente. Este C1, además, cuenta con un motor Diesel de última generación que le convierte en un coche rápido y nada gastón.

Atasco un día sí y otro también y siempre el mínimo espacio para maniobrar y aparcar. El estrés que produce vivir en las grandes ciudades es muy grande y tener que utilizar el coche en ellas puede convertirse en casi un infierno. Por eso, los utilitarios se convierten en los vehículos ideales para desenvolverse en la jungla de asfalto y parece que, cuanto más pequeños, mejor.

Citroën lo sabe y por ello tiene una de las gamas más completas de coches menudos, formada por el C3, el C2 y el protagonista de nuestra prueba, el C1. Este modelo, al igual que el Peugeot 107 y el Toyota Aygo, surge del esfuerzo conjunto entre PSA (Peugeot-Citroën) y Toyota para fabricar un automóvil pequeño que les saliera barato –por compartir plataformas y componentes- y al que le sacaran beneficio.

Pero dejemos a un lado la vertiente económica de este C1 y centrémonos en el producto propiamente dicho. El C1 cumple perfectamente con su misión de ser un vehículo eminentemente ciudadano, que puede atreverse en viajes de mayor distancia sin demasiados complejos.

Estamos ante un modelo en el que sus limitadas dimensiones se convierten más en un punto positivo que en una traba. Los 3,43 metros de longitud del C1 hacen que sea el más pequeño de entre sus principales rivales (Picanto, Agila y Panda), sin embargo, la merma de confort interior, sobre todo en las plazas traseras, no es excesiva. Para entendernos, se va igual de poco cómodo en los cuatro modelos citados, incluso en el Panda, con mayores dimensiones exteriores, el espacio interior está peor aprovechado.

Con este tipo de vehículos, con una habitabilidad similar, centímetro arriba o abajo, hay que concienciarse de que las plazas traseras han de utilizarse ocasionalmente para adultos y de forma habitual para niños o personas no demasiado altas.

El maletero, acorde a lo esperado, es bastante limitado. Con 165 litros, es aprovechable para meter un par de mochilas o una maleta, a lo sumo. Eso sí, ofrece una capacidad menor que la del Agila (con unos meritorios 250 litros) o que el Panda (170 litros, pero con la posibilidad de ganar espacio de carga al poder avanzarse los asientos traseros).

No obstante, esta falta de espacio no es tan relevante como podría ser en otro tipo de vehículo, pero en el C1, urbanita por dimensiones y enfoque, es un problema menor.

Lo verdaderamente importante es que se trata de un coche muy agradable para desenvolverse por la gran ciudad. El motor que se encarga de animar este C1 Diesel es el ya conocido 1.4 HDI de PSA y Ford que, en esta ocasión, ha sido “capado” y se queda en 55 CV frente a los 68-70 habituales. La razón parece estar en un problema de espacio en el vano motor que obliga a Citroën a montar la caja de cambios de la versión gasolina, lo que lleva a reducir el par para adaptarlo a las especificaciones del cambio.

Cuando lo hemos sometido a nuestro banco de rodillos ha entregado algún caballo más, llegando hasta los 63,2 CV, mientras que su par también se ha visto recompensado, y ha aumentado de los 13,3 mkg oficiales a 15,7. Tener bastante par desde lo más bajo del cuentarrevoluciones es muy importante para un modelo de este tipo, ya que le permite arrancadas contundentes en los semáforos y que no tengamos que operar demasiado con el cambio.

Este par está muy bien gestionado gracias a su caja de cambios de cinco relaciones, que le permite contar con la potencia necesaria a lo largo de todo su rango de utilización, a pesar de que, los desarrollos nos han parecido más largos de lo normal. Sin embargo, esto no quita brillantez al propulsor que destaca sobremanera, como decimos, en el bajo régimen.

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Los desplazamientos urbanos o los interurbanos de pocos kilómetros son los más habituales para un amplio porcentaje de conductores y para esas necesidades un utilitario es suficiente. Este C1, además, cuenta con un motor Diesel de última generación que le convierte en un coche rápido y nada gastón.

Atasco un día sí y otro también y siempre el mínimo espacio para maniobrar y aparcar. El estrés que produce vivir en las grandes ciudades es muy grande y tener que utilizar el coche en ellas puede convertirse en casi un infierno. Por eso, los utilitarios se convierten en los vehículos ideales para desenvolverse en la jungla de asfalto y parece que, cuanto más pequeños, mejor.

Citroën lo sabe y por ello tiene una de las gamas más completas de coches menudos, formada por el C3, el C2 y el protagonista de nuestra prueba, el C1. Este modelo, al igual que el Peugeot 107 y el Toyota Aygo, surge del esfuerzo conjunto entre PSA (Peugeot-Citroën) y Toyota para fabricar un automóvil pequeño que les saliera barato –por compartir plataformas y componentes- y al que le sacaran beneficio.

Pero dejemos a un lado la vertiente económica de este C1 y centrémonos en el producto propiamente dicho. El C1 cumple perfectamente con su misión de ser un vehículo eminentemente ciudadano, que puede atreverse en viajes de mayor distancia sin demasiados complejos.

Estamos ante un modelo en el que sus limitadas dimensiones se convierten más en un punto positivo que en una traba. Los 3,43 metros de longitud del C1 hacen que sea el más pequeño de entre sus principales rivales (Picanto, Agila y Panda), sin embargo, la merma de confort interior, sobre todo en las plazas traseras, no es excesiva. Para entendernos, se va igual de poco cómodo en los cuatro modelos citados, incluso en el Panda, con mayores dimensiones exteriores, el espacio interior está peor aprovechado.

Con este tipo de vehículos, con una habitabilidad similar, centímetro arriba o abajo, hay que concienciarse de que las plazas traseras han de utilizarse ocasionalmente para adultos y de forma habitual para niños o personas no demasiado altas.

El maletero, acorde a lo esperado, es bastante limitado. Con 165 litros, es aprovechable para meter un par de mochilas o una maleta, a lo sumo. Eso sí, ofrece una capacidad menor que la del Agila (con unos meritorios 250 litros) o que el Panda (170 litros, pero con la posibilidad de ganar espacio de carga al poder avanzarse los asientos traseros).

No obstante, esta falta de espacio no es tan relevante como podría ser en otro tipo de vehículo, pero en el C1, urbanita por dimensiones y enfoque, es un problema menor.

Lo verdaderamente importante es que se trata de un coche muy agradable para desenvolverse por la gran ciudad. El motor que se encarga de animar este C1 Diesel es el ya conocido 1.4 HDI de PSA y Ford que, en esta ocasión, ha sido “capado” y se queda en 55 CV frente a los 68-70 habituales. La razón parece estar en un problema de espacio en el vano motor que obliga a Citroën a montar la caja de cambios de la versión gasolina, lo que lleva a reducir el par para adaptarlo a las especificaciones del cambio.

Cuando lo hemos sometido a nuestro banco de rodillos ha entregado algún caballo más, llegando hasta los 63,2 CV, mientras que su par también se ha visto recompensado, y ha aumentado de los 13,3 mkg oficiales a 15,7. Tener bastante par desde lo más bajo del cuentarrevoluciones es muy importante para un modelo de este tipo, ya que le permite arrancadas contundentes en los semáforos y que no tengamos que operar demasiado con el cambio.

Este par está muy bien gestionado gracias a su caja de cambios de cinco relaciones, que le permite contar con la potencia necesaria a lo largo de todo su rango de utilización, a pesar de que, los desarrollos nos han parecido más largos de lo normal. Sin embargo, esto no quita brillantez al propulsor que destaca sobremanera, como decimos, en el bajo régimen.

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