Citroën DS5 2.0 HDi/160 Sport

Claro y buen acercamiento a la elite de las berlinas medias, dónde no sólo se llega con diseño, aunque es precisamente eso lo que hace que este Citroën sea uno de los modelos más exclusivos y rompedores del mercado.
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Citroën DS5 2.0 HDi/160 Sport
Citroën DS5 2.0 HDi/160 Sport

Hoy día, visto un modelo, vista una gama. Con sus di­ferenciaciones de materiales, dimensiones, motorizaciones, etc. Pero la ima­gen de marca puede estar cer­cenando el talento de grandes diseñadores, que se ciñen a unas bases de estilo que se prolongan en tales dimensiones que se acaba perdiendo identidad de modelo. Así que, tal como está el nivel y calidad de fabricación europea, cualquier elemento ajeno a lo estric­tamente dinámico o prestacional puede ser el gran diferencial de conquista para un público que empieza a estar más sensibilizado que nun­ca con la tecnología, la ecología, la seguridad, las formas y el entretenimiento a bordo para consigo y el resto de viajeros.

Y aquí es donde este Citroën DS5 tiene mucho que de­cir. Van tres modelos de la gama DS. Ya empie­za a ser conocida esta cara con la que Citroën aspira a la clase premium, pero cada cual es un mundo diferente. Estamos en el "top" de la saga, claro pretendiente a traspasar esa fron­tera que delimita, primero VW con el Passat, y luego, algo más allá, BMW, Audi o Mercedes con sus tres representantes: Serie 3, A4 y Clase C. Y si bien es cierto que el aire es común con los otros DS más pequeños, el DS5 se puede considerar mucho más rompedor que aquellos, porque, en lo técnico, también Citroën puede presumir de tecnología híbrida combinando Diesel con eléctrico, algo de momento sólo al alcance de PSA.  

Además de diseño, hay factor sorpresa. Dentro, su inspiración aeroespacial se entre­mezcla con una postura de conducción algo más elevada que en un turismo normal, divi­sando un mayor campo de visión que en un C5, por ejemplo. Y si no ves los chevrones en el vo­lante, nada te haría pensar que estás a bordo de un Citroën, porque la calidad de realización aparenta ser de primera línea. También hay apuntar cosas en el debe, de menor importancia, pero que la marca debería pulir. Mezcla relojes digitales y analógicos que requieren un cierto periodo de adaptación; salvo los dos botones de temperatura del cli­matizador, ninguno de los otros del salpicadero tiene el mismo tacto y la prolongación (y masi­ficación) de botones entre los asientos delante­ros impide que haya huecos donde dejar peque­ños objetos a mano. Los hay arriba, con su tapa justo al lado de las dos "carlingas" de cristal (no se abren, pero adornan, dejan entrar la luz y dan un aspecto muy deportivo) aunque en marcha no es fácil acceder a ellos. Justo delante, luces de lectura (de led, no podía ser de otra manera), la apertura y cie­rre de las cortinas de sendos techos y configu­ración del Head-Up Display con su pantalla de metacrilato, idéntica a la de Peugeot.

Como hemos dicho, su presentación, materiales y ajustes sí hacen justicia al coche, aunque ocasional­mente se escucha algún "grillo" de fondo cuan­do se hace trabajar a la suspensión a destajo. Y esto nos lleva a preguntarnos qué escon­de el DS5 de carrocería para abajo o qué esperas encontrar. Porque su denominación, tal vez, pueda resultar algo engañosa para el clien­te que ve aquí una extrapolación más exótica de la clásica berlina media. Vayamos por partes.

Dimensionalmente, este DS5 es demasiado cor­to para tacharlo como un estricto segmento D, aunque bien es cierto que su estructura más elevada permi­te ciertos beneficios en el aprovechamiento del espacio interior —tampoco sobra un centíme­tro—. Pero queremos ir aún "más abajo". 2,73 m de batalla, generosa anchura de vías, grandes discos en el eje delantero... ¿Pero dónde está la suspensión hidroneumática? Realmente, el DS5 no sólo es 25 cm más corto que el C5 —con una versión de muelle metálico que, por cierto, va de cine—, sino que ninguna pieza es común a él. Plataforma de DS4, C4... o 5008 de Peugeot, sin esas arquitecturas nobles de su

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p>Combinado ese chasis con la rueda de 19 pulgadas de la versión Sport, el resultado es, en lo estético, demoledor, resolutivo en lo dinámico pero, en conjunto, no del todo equilibrado cuando entra en juego el factor confort.

Aunque su amortiguación asimila bien los movimientos de carrocería amplios y de baja frecuencia, el bache o las crestas de asfalto provocan despla­zamientos de rueda de forma muy rápida y seca. Ahí es donde, desde un prisma tan críti­co como podemos ser comparándolo con coches que pueden costar los mismo, al DS5 le echa­mos en falta el bagaje histórico de la marca con sus excelentes (también peculiares) suspensio­nes hidroneumáticas.

En parte, la generosa rueda de 19 pulgadas tiene mucho que decir en esa falta de capacidad de absorción. Sin embargo, también puede que la ausencia de hidroneumáti­ca pueda conquistarte si ves en ella com­plejidad, excesivo filtro y peculiares movimien­tos parásitos, dentro de que, las que lleva un C5 han superado claramente todos aquellos obstá­culos. Cierto y verdad es que, dinámicamente, este DS5 está más que cualificado, más aún en cualquiera de estas versiones no híbridas (como el 3008, también Diesel+eléctrico) en las que su tren trasero está excesivamente aligerado de peso y se manifiesta con una agilidad de natura­leza poco frecuente en coches de tracción delan­tera como éste, que sin pretender llevar la agi­lidad al extremo, sí resulta bastante reactivo de dirección, siendo evidente una pretendida com­ponente deportiva en la puesta a punto.

A sumar al conjunto, un motor HDi que, com­binado con el cambio de convertidor de par de seis relaciones no logra hacer que el DS5 despunte en nada concreto, aunque prestacionalmente va más que sobrado. Es curioso, sin embar­go, como el fabricante con el mejor Stop-Start del mercado se permite el lujo de sacar un nuevo coche sin ese dispositivo, más cuando su consu­mo en ciudad se mueve en cifras más altas que de costumbre. Para concluir, puede que el DS5 no logre tras­pasar fronteras, pero se agradece la llegada de nuevas promesas al sector. Si continente y con­tenido pesan más que la imagen de marca, el DS5 puede ser un gran coche para ti

Qué difícil tiene que ser encontrar ese último ajuste que permita escalar ese peldaño que delimita los buenos generalistas de los productos más exquisitos del mercado, aunque Ci­troën lleva años en pleno progreso. Como aficionado, me cuesta entender un DS5 sin hidroneumática, aunque reconozco que di­námicamente va sobrado de cualidades. Apuesto también por esta regre­sión en tamaño exterior.

Aceleración: Tal vez por un mayor resbalamiento que de costumbre del convertidor de par, el DS5 no ha sido tan brillante como otros coches con esta misma mecánica.

Cambio: Relaciones bien escalonadas, aporta buen filtro mecánico pero falta rapidez de respuesta.

Frenada: Buenos discos de tamaño generoso en el eje delantero y mucha superficie de rueda en contacto con el suelo. Sensacional

Consumos: Moderado en carretera, su media está penalizada por el gasto en ciudad. ¿Dónde está el Stop-Start?

Adelantamiento: Esta versión del 2.0 HDi tiene mucha fuerza a bajo y medio régimen y así lo demuestran sus cifras en estos ejercicios.

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