Citroën DS3 Racing vs Mini John Cooper Works y Peugeot RCZ

Comparten la misma mecánica, cuestan más o menos igual y van dirigidos a un mismo tipo de cliente. Son tres coches de capricho, tres auténticos matagigantes a cual más excitante, divertido y eficaz.
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Citroën DS3 Racing vs Mini John Cooper Works y Peugeot RCZ
Citroën DS3 Racing vs Mini John Cooper Works y Peugeot RCZ

Desarrollado y construido por Citroën Sport, el DS3 Racing pretende convertirse en el modelo más deportivo y rápido de la categoría. Con permiso, claro está, del Mini John Cooper Works, con el que comparte el motor 1.6 litros turboalimentado desarrollado conjuntamente por BMW y PSA y que, curiosamente, también se monta en el Peugeot RCZ que protagoniza esta comparativa.

El
1.6 litros turboalimentado de inyección directa es básicamente el mismo en los tres, si bien hay que tener en cuenta que cada fabricante escoge sus propias especificaciones y también se pueden encontrar algunas diferencias en sus piezas internas, lo que explica que en el RCZ se declaren 200 CV, 207 en el DS3 y 211 en el Cooper Works. Lo que es evidente, en cualquier caso, es que esta mecánica es hoy por hoy la referencia entre las de su cilindrada, como así lo atestigua el premio Engine of The Year, obtenido por quinto año consecutivo en la categoría entre 1.4 y 1.8 litros.

Centrándonos en el DS3 Racing, que es el principal protagonista de esta comparativa, conviene apuntar que, para su construcción, Citroën Sport toma como base de partida el DS3 1.6 THP de 156 CV. En la versión Racing se emplea una gestión electrónica que aumenta la presión de sobrealimentación de 1.8 a 2.2 bar y gracias a ello la potencia se eleva hasta los 207 CV. Para asimilar el aumento de potencia se montan muelles de suspensión un 15 por ciento más duros que disminuyen en 1,5 cm la altura de casco y amortiguadores más enérgicos, se ensanchan las vías delantera y trasera 20 mm y también se emplean espectaculares llantas de 18 pulgadas generosamente calzadas. La preparación se completa con la adopción de un equipo de frenos delantero firmado por Brembo que incluye pinzas de cuatro pistones y discos de 323 mm de diámetro. 

Lo más llamativo del RS3 Racing es, no obstante, y como se puede observar por las imágenes, su espectacular decoración y el diseño de las llantas de aleación. Existen dos posibilidades en este sentido: la combinación de colores negro y naranja como en el coche que ilustra esta comparativa o blanco y gris, algo más discreta. No menos llamativo y colorista es el interior, que también incluye asientos deportivos tapizados en mezcla de tela y Alcántara, pedales de aluminio, volante forrado en piel, entre otros. Si uno se deja seducir por la extensa y atractiva lista de personalización que se ofrece, el Mini también puede ser un coche bastante provocador desde el punto de vista estético, mientras que a los mandos del atractivo coupé de Peugeot tampoco es fácil pasar desapercibido, si bien es verdad que el estilo es, por decirlo de alguna manera, diferente.

En el RCZ hay que tener en cuenta las limitaciones que ofrecen las plazas traseras, sólo aptas para niños de corta edad, mientras que el maletero es bastante más espacioso de lo que pudiera parecer. Tanto en el Mini como en el DS3 pueden viajar cuatro personas sin demasiadas apreturas, si bien es verdad que el espacio para equipaje disponible en el modelo británico es absolutamente ridículo. 

Dejando al margen cuestiones prácticas que en coches de marcado talante deportivo y con un alto contenido lúdico  pasan a un segundo plano, de lo que no cabe duda es que los tres están concebidos para disfrutar conduciendo. Pero antes de pasar a la acción conviene apuntar que el DS3,  aunque ofrecen múltiples posibilidades de reglaje tanto el volante como el asiento, cuesta conseguir una postura óptima a los mandos y a los más altos es fácil que las piernas les queden un tanto encogidas. Afortunadamente, esto no ocurre de igual manera en sus oponentes, especialmente en el Mini que en este sentido está muy bien resuelto. En el DS3 Racing, tampoco convencen los asientos deportivos que incorpora, ya que si bien son cómodos, resultan demasiado blandos y la sujeción lateral es menor de lo que cabía esperar.

Nada radicales en marcha

Todo esto pasa a un segundo plano una vez iniciada la marcha. Se aprecia rápidamente que el DS3 Racing es un coche para recrearse con cada curva, cada cambio de marcha y cada apurada de frenada; tiene un tacto muy deportivo y transmite mucha emoción a los mandos. El motor, por ejemplo, es muy potente y responde siempre con contundencia, si bien es verdad que tiene una respuesta bastante más suave que del Mini JCW; algo que por otra parte se ha podido comprobar también por los datos obtenidos en el banco de rodillos, donde el modelo inglés sorprende con unos valores que superan de forma espectacular los anunciados por el fabricante. En la criatura de Citroën Sport también se ha optado por unos desarrollos del cambio claramente más largos que en sus oponentes, con el objetivo de optimizar el consumo de carburante, lo que le resta bastante carácter al cuatro cilindros turbo. Con todo esto no es de extrañar que el Mini supere con holgura a sus oponentes tanto en aceleración, como sobre todo en recuperaciones, donde el DS3 Racing se ve bastante penalizado, ya que las tres últimas marchas están muy desmultiplicadas.

Parece lógico que el que más carburante consuma sea el Mini JCW, ya que la aerodinámica es además mucho peor que la de sus oponentes, lo que se nota especialmente en los trazados más veloces. El modelo inglés es, por tanto, el menos apropiado para viajes de largo recorrido, ya que es algo más ruidoso a alta velocidad y también se ve condicionado por unos tarados de suspensión decididamente enérgicos, que no favorecen demasiado el confort. Aunque su personalidad es también muy deportiva, el DS3 Racing no es en absoluto un coche radical en este sentido, con unas suspensiones enérgicas, pero que absorben con sorprendente eficacia las irregularidades del firme y en unos términos bastante similares se puede hablar del RCZ. 

De todas formas, no cabe duda que donde más se disfruta de estos tres matagigantes es en carreteras con muchas curvas, cuanto más viradas, mejor. En estas condiciones el Mini JCW se desenvuelve a las mil maravillas, demostrando una agilidad sorprendente y resultando el más gratificante, aunque también el más exigente, ya que es más rápido de reacciones, tiene una dirección más directa, mientras que la trasera también resulta más nerviosa. El Peugeot RCZ también es un coche muy ágil, que se inscribe con suma facilidad en los virajes más cerrados, gracia a un tren delantero preciso y que responde con total rapidez. La parte trasera va más sujeta que en el Mini, pero se muestra suficientemente receptiva a los cambios de apoyo. El DS3 Racing, por su parte, también es un coche muy divertido de conducir, que enlaza las curvas con suma facilidad y sin exigir grandes esfuerzos al conductor, si bien es verdad que tiene un tacto algo menos deportivo, sus reacciones parecen más lentas, es menos receptivo a los cambios de apoyo y también se aprecian pérdidas de motricidad en los virajes más cerrados, pero la sensación es que resulta un coche muy eficaz y fácil de pilotar. Como se ha podido comprobar y para nuestra sorpresa, en el circuito de pruebas del INTA ha demostrado ser el más rápido, si bien es verdad que las diferencias con sus oponentes son mínimas y en ningún caso determinantes.

Lo que es evidente es que con los tres se obtiene un disfrute difícil de igual; uno estaría dando vueltas al circuito sin parar hasta que se consumiera el combustible o hasta que el desgaste de los neumáticos obligara a parar, ya que ni la mecánica ni los frenos parecen acusar el esfuerzo. Una verdadera gozada.
 

En este caso el precio no será el motivo que incline la balanza a favor de uno de ellos, ya que los tres se sitúan prácticamente al mismo nivel. Tampoco las prestaciones o las cualidades ruteras serán determinantes a la hora de elegir, ya que se encuentran muy igualados, como se ha podido comprobar y las diferencias son más que nada de matiz. En este caso, seguramente, contarán mucho más otros aspectos como la estética, la imagen de marca o el poder de seducción de cada uno. Al fin y al cabo, son coches que se compran por puro capricho.  

Desarrollado y construido por Citroën Sport, el DS3 Racing pretende convertirse en el modelo más deportivo y rápido de la categoría. Con permiso, claro está, del Mini John Cooper Works, con el que comparte el motor 1.6 litros turboalimentado desarrollado conjuntamente por BMW y PSA y que, curiosamente, también se monta en el Peugeot RCZ que protagoniza esta comparativa.

El
1.6 litros turboalimentado de inyección directa es básicamente el mismo en los tres, si bien hay que tener en cuenta que cada fabricante escoge sus propias especificaciones y también se pueden encontrar algunas diferencias en sus piezas internas, lo que explica que en el RCZ se declaren 200 CV, 207 en el DS3 y 211 en el Cooper Works. Lo que es evidente, en cualquier caso, es que esta mecánica es hoy por hoy la referencia entre las de su cilindrada, como así lo atestigua el premio Engine of The Year, obtenido por quinto año consecutivo en la categoría entre 1.4 y 1.8 litros.

Centrándonos en el DS3 Racing, que es el principal protagonista de esta comparativa, conviene apuntar que, para su construcción, Citroën Sport toma como base de partida el DS3 1.6 THP de 156 CV. En la versión Racing se emplea una gestión electrónica que aumenta la presión de sobrealimentación de 1.8 a 2.2 bar y gracias a ello la potencia se eleva hasta los 207 CV. Para asimilar el aumento de potencia se montan muelles de suspensión un 15 por ciento más duros que disminuyen en 1,5 cm la altura de casco y amortiguadores más enérgicos, se ensanchan las vías delantera y trasera 20 mm y también se emplean espectaculares llantas de 18 pulgadas generosamente calzadas. La preparación se completa con la adopción de un equipo de frenos delantero firmado por Brembo que incluye pinzas de cuatro pistones y discos de 323 mm de diámetro. 

Lo más llamativo del RS3 Racing es, no obstante, y como se puede observar por las imágenes, su espectacular decoración y el diseño de las llantas de aleación. Existen dos posibilidades en este sentido: la combinación de colores negro y naranja como en el coche que ilustra esta comparativa o blanco y gris, algo más discreta. No menos llamativo y colorista es el interior, que también incluye asientos deportivos tapizados en mezcla de tela y Alcántara, pedales de aluminio, volante forrado en piel, entre otros. Si uno se deja seducir por la extensa y atractiva lista de personalización que se ofrece, el Mini también puede ser un coche bastante provocador desde el punto de vista estético, mientras que a los mandos del atractivo coupé de Peugeot tampoco es fácil pasar desapercibido, si bien es verdad que el estilo es, por decirlo de alguna manera, diferente.

En el RCZ hay que tener en cuenta las limitaciones que ofrecen las plazas traseras, sólo aptas para niños de corta edad, mientras que el maletero es bastante más espacioso de lo que pudiera parecer. Tanto en el Mini como en el DS3 pueden viajar cuatro personas sin demasiadas apreturas, si bien es verdad que el espacio para equipaje disponible en el modelo británico es absolutamente ridículo. 

Dejando al margen cuestiones prácticas que en coches de marcado talante deportivo y con un alto contenido lúdico  pasan a un segundo plano, de lo que no cabe duda es que los tres están concebidos para disfrutar conduciendo. Pero antes de pasar a la acción conviene apuntar que el DS3,  aunque ofrecen múltiples posibilidades de reglaje tanto el volante como el asiento, cuesta conseguir una postura óptima a los mandos y a los más altos es fácil que las piernas les queden un tanto encogidas. Afortunadamente, esto no ocurre de igual manera en sus oponentes, especialmente en el Mini que en este sentido está muy bien resuelto. En el DS3 Racing, tampoco convencen los asientos deportivos que incorpora, ya que si bien son cómodos, resultan demasiado blandos y la sujeción lateral es menor de lo que cabía esperar.

Nada radicales en marcha

Todo esto pasa a un segundo plano una vez iniciada la marcha. Se aprecia rápidamente que el DS3 Racing es un coche para recrearse con cada curva, cada cambio de marcha y cada apurada de frenada; tiene un tacto muy deportivo y transmite mucha emoción a los mandos. El motor, por ejemplo, es muy potente y responde siempre con contundencia, si bien es verdad que tiene una respuesta bastante más suave que del Mini JCW; algo que por otra parte se ha podido comprobar también por los datos obtenidos en el banco de rodillos, donde el modelo inglés sorprende con unos valores que superan de forma espectacular los anunciados por el fabricante. En la criatura de Citroën Sport también se ha optado por unos desarrollos del cambio claramente más largos que en sus oponentes, con el objetivo de optimizar el consumo de carburante, lo que le resta bastante carácter al cuatro cilindros turbo. Con todo esto no es de extrañar que el Mini supere con holgura a sus oponentes tanto en aceleración, como sobre todo en recuperaciones, donde el DS3 Racing se ve bastante penalizado, ya que las tres últimas marchas están muy desmultiplicadas.

Parece lógico que el que más carburante consuma sea el Mini JCW, ya que la aerodinámica es además mucho peor que la de sus oponentes, lo que se nota especialmente en los trazados más veloces. El modelo inglés es, por tanto, el menos apropiado para viajes de largo recorrido, ya que es algo más ruidoso a alta velocidad y también se ve condicionado por unos tarados de suspensión decididamente enérgicos, que no favorecen demasiado el confort. Aunque su personalidad es también muy deportiva, el DS3 Racing no es en absoluto un coche radical en este sentido, con unas suspensiones enérgicas, pero que absorben con sorprendente eficacia las irregularidades del firme y en unos términos bastante similares se puede hablar del RCZ. 

De todas formas, no cabe duda que donde más se disfruta de estos tres matagigantes es en carreteras con muchas curvas, cuanto más viradas, mejor. En estas condiciones el Mini JCW se desenvuelve a las mil maravillas, demostrando una agilidad sorprendente y resultando el más gratificante, aunque también el más exigente, ya que es más rápido de reacciones, tiene una dirección más directa, mientras que la trasera también resulta más nerviosa. El Peugeot RCZ también es un coche muy ágil, que se inscribe con suma facilidad en los virajes más cerrados, gracia a un tren delantero preciso y que responde con total rapidez. La parte trasera va más sujeta que en el Mini, pero se muestra suficientemente receptiva a los cambios de apoyo. El DS3 Racing, por su parte, también es un coche muy divertido de conducir, que enlaza las curvas con suma facilidad y sin exigir grandes esfuerzos al conductor, si bien es verdad que tiene un tacto algo menos deportivo, sus reacciones parecen más lentas, es menos receptivo a los cambios de apoyo y también se aprecian pérdidas de motricidad en los virajes más cerrados, pero la sensación es que resulta un coche muy eficaz y fácil de pilotar. Como se ha podido comprobar y para nuestra sorpresa, en el circuito de pruebas del INTA ha demostrado ser el más rápido, si bien es verdad que las diferencias con sus oponentes son mínimas y en ningún caso determinantes.

Lo que es evidente es que con los tres se obtiene un disfrute difícil de igual; uno estaría dando vueltas al circuito sin parar hasta que se consumiera el combustible o hasta que el desgaste de los neumáticos obligara a parar, ya que ni la mecánica ni los frenos parecen acusar el esfuerzo. Una verdadera gozada.
 

En este caso el precio no será el motivo que incline la balanza a favor de uno de ellos, ya que los tres se sitúan prácticamente al mismo nivel. Tampoco las prestaciones o las cualidades ruteras serán determinantes a la hora de elegir, ya que se encuentran muy igualados, como se ha podido comprobar y las diferencias son más que nada de matiz. En este caso, seguramente, contarán mucho más otros aspectos como la estética, la imagen de marca o el poder de seducción de cada uno. Al fin y al cabo, son coches que se compran por puro capricho.  

Desarrollado y construido por Citroën Sport, el DS3 Racing pretende convertirse en el modelo más deportivo y rápido de la categoría. Con permiso, claro está, del Mini John Cooper Works, con el que comparte el motor 1.6 litros turboalimentado desarrollado conjuntamente por BMW y PSA y que, curiosamente, también se monta en el Peugeot RCZ que protagoniza esta comparativa.

El
1.6 litros turboalimentado de inyección directa es básicamente el mismo en los tres, si bien hay que tener en cuenta que cada fabricante escoge sus propias especificaciones y también se pueden encontrar algunas diferencias en sus piezas internas, lo que explica que en el RCZ se declaren 200 CV, 207 en el DS3 y 211 en el Cooper Works. Lo que es evidente, en cualquier caso, es que esta mecánica es hoy por hoy la referencia entre las de su cilindrada, como así lo atestigua el premio Engine of The Year, obtenido por quinto año consecutivo en la categoría entre 1.4 y 1.8 litros.

Centrándonos en el DS3 Racing, que es el principal protagonista de esta comparativa, conviene apuntar que, para su construcción, Citroën Sport toma como base de partida el DS3 1.6 THP de 156 CV. En la versión Racing se emplea una gestión electrónica que aumenta la presión de sobrealimentación de 1.8 a 2.2 bar y gracias a ello la potencia se eleva hasta los 207 CV. Para asimilar el aumento de potencia se montan muelles de suspensión un 15 por ciento más duros que disminuyen en 1,5 cm la altura de casco y amortiguadores más enérgicos, se ensanchan las vías delantera y trasera 20 mm y también se emplean espectaculares llantas de 18 pulgadas generosamente calzadas. La preparación se completa con la adopción de un equipo de frenos delantero firmado por Brembo que incluye pinzas de cuatro pistones y discos de 323 mm de diámetro. 

Lo más llamativo del RS3 Racing es, no obstante, y como se puede observar por las imágenes, su espectacular decoración y el diseño de las llantas de aleación. Existen dos posibilidades en este sentido: la combinación de colores negro y naranja como en el coche que ilustra esta comparativa o blanco y gris, algo más discreta. No menos llamativo y colorista es el interior, que también incluye asientos deportivos tapizados en mezcla de tela y Alcántara, pedales de aluminio, volante forrado en piel, entre otros. Si uno se deja seducir por la extensa y atractiva lista de personalización que se ofrece, el Mini también puede ser un coche bastante provocador desde el punto de vista estético, mientras que a los mandos del atractivo coupé de Peugeot tampoco es fácil pasar desapercibido, si bien es verdad que el estilo es, por decirlo de alguna manera, diferente.

En el RCZ hay que tener en cuenta las limitaciones que ofrecen las plazas traseras, sólo aptas para niños de corta edad, mientras que el maletero es bastante más espacioso de lo que pudiera parecer. Tanto en el Mini como en el DS3 pueden viajar cuatro personas sin demasiadas apreturas, si bien es verdad que el espacio para equipaje disponible en el modelo británico es absolutamente ridículo. 

Dejando al margen cuestiones prácticas que en coches de marcado talante deportivo y con un alto contenido lúdico  pasan a un segundo plano, de lo que no cabe duda es que los tres están concebidos para disfrutar conduciendo. Pero antes de pasar a la acción conviene apuntar que el DS3,  aunque ofrecen múltiples posibilidades de reglaje tanto el volante como el asiento, cuesta conseguir una postura óptima a los mandos y a los más altos es fácil que las piernas les queden un tanto encogidas. Afortunadamente, esto no ocurre de igual manera en sus oponentes, especialmente en el Mini que en este sentido está muy bien resuelto. En el DS3 Racing, tampoco convencen los asientos deportivos que incorpora, ya que si bien son cómodos, resultan demasiado blandos y la sujeción lateral es menor de lo que cabía esperar.

Nada radicales en marcha

Todo esto pasa a un segundo plano una vez iniciada la marcha. Se aprecia rápidamente que el DS3 Racing es un coche para recrearse con cada curva, cada cambio de marcha y cada apurada de frenada; tiene un tacto muy deportivo y transmite mucha emoción a los mandos. El motor, por ejemplo, es muy potente y responde siempre con contundencia, si bien es verdad que tiene una respuesta bastante más suave que del Mini JCW; algo que por otra parte se ha podido comprobar también por los datos obtenidos en el banco de rodillos, donde el modelo inglés sorprende con unos valores que superan de forma espectacular los anunciados por el fabricante. En la criatura de Citroën Sport también se ha optado por unos desarrollos del cambio claramente más largos que en sus oponentes, con el objetivo de optimizar el consumo de carburante, lo que le resta bastante carácter al cuatro cilindros turbo. Con todo esto no es de extrañar que el Mini supere con holgura a sus oponentes tanto en aceleración, como sobre todo en recuperaciones, donde el DS3 Racing se ve bastante penalizado, ya que las tres últimas marchas están muy desmultiplicadas.

Parece lógico que el que más carburante consuma sea el Mini JCW, ya que la aerodinámica es además mucho peor que la de sus oponentes, lo que se nota especialmente en los trazados más veloces. El modelo inglés es, por tanto, el menos apropiado para viajes de largo recorrido, ya que es algo más ruidoso a alta velocidad y también se ve condicionado por unos tarados de suspensión decididamente enérgicos, que no favorecen demasiado el confort. Aunque su personalidad es también muy deportiva, el DS3 Racing no es en absoluto un coche radical en este sentido, con unas suspensiones enérgicas, pero que absorben con sorprendente eficacia las irregularidades del firme y en unos términos bastante similares se puede hablar del RCZ. 

De todas formas, no cabe duda que donde más se disfruta de estos tres matagigantes es en carreteras con muchas curvas, cuanto más viradas, mejor. En estas condiciones el Mini JCW se desenvuelve a las mil maravillas, demostrando una agilidad sorprendente y resultando el más gratificante, aunque también el más exigente, ya que es más rápido de reacciones, tiene una dirección más directa, mientras que la trasera también resulta más nerviosa. El Peugeot RCZ también es un coche muy ágil, que se inscribe con suma facilidad en los virajes más cerrados, gracia a un tren delantero preciso y que responde con total rapidez. La parte trasera va más sujeta que en el Mini, pero se muestra suficientemente receptiva a los cambios de apoyo. El DS3 Racing, por su parte, también es un coche muy divertido de conducir, que enlaza las curvas con suma facilidad y sin exigir grandes esfuerzos al conductor, si bien es verdad que tiene un tacto algo menos deportivo, sus reacciones parecen más lentas, es menos receptivo a los cambios de apoyo y también se aprecian pérdidas de motricidad en los virajes más cerrados, pero la sensación es que resulta un coche muy eficaz y fácil de pilotar. Como se ha podido comprobar y para nuestra sorpresa, en el circuito de pruebas del INTA ha demostrado ser el más rápido, si bien es verdad que las diferencias con sus oponentes son mínimas y en ningún caso determinantes.

Lo que es evidente es que con los tres se obtiene un disfrute difícil de igual; uno estaría dando vueltas al circuito sin parar hasta que se consumiera el combustible o hasta que el desgaste de los neumáticos obligara a parar, ya que ni la mecánica ni los frenos parecen acusar el esfuerzo. Una verdadera gozada.
 

En este caso el precio no será el motivo que incline la balanza a favor de uno de ellos, ya que los tres se sitúan prácticamente al mismo nivel. Tampoco las prestaciones o las cualidades ruteras serán determinantes a la hora de elegir, ya que se encuentran muy igualados, como se ha podido comprobar y las diferencias son más que nada de matiz. En este caso, seguramente, contarán mucho más otros aspectos como la estética, la imagen de marca o el poder de seducción de cada uno. Al fin y al cabo, son coches que se compran por puro capricho.  

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