Citroën C5 2.0 Hdi S

Citroën ha hecho, y muy bien, sus deberes a la hora de buscar el relevo a su berlina media. Mantiene su denominación pero no tiene mucho que ver con su predecesor. Es, por decirlo en pocas palabras, más en todo; eso sí también lo es en el precio.
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Citroën C5 2.0 Hdi S
Citroën C5 2.0 Hdi S

Para esta primera prueba hemos escogido el que será, con toda probabilidad, el motor más demandado, el 2.0 HDI de 136 CV con filtro de partículas y caja de cambios manual de seis relaciones.

Este motor es un “viejo conocido” y mantiene sus bondades y puntos flacos, aunque estos últimos se acrecentan en esta nueva generación ya que el nuevo Citroën C5 “ha cogido” 150 kg de sobrepeso con respecto a la generación anterior. Ello hace que las salidas desde parado no sean muy rápidas y que hasta la zona de las 2.000 rpm se note una cierta falta de empuje. Una vez superadas esas revoluciones, el motor sube con rapidez hasta la zona roja del cuentarrevoluciones, lo que nos permite realizar ejercicios como los adelantamientos, con un buen margen de seguridad.

Comparado con una versión equivalente de la anterior generación –ya sabemos que las comparaciones son odiosas, pero son una referencia- el nuevo C5 sólo pierde 91 centésimas en la aceleración 1.000 m, pero en los adelantamientos se encuentra siempre entre 1 y 3 segundos más lento, dependiendo de la marcha insertada. Eso sí, en su descargo hay que apuntar que la última unidad del C5 anterior, era “pata negra” y contaba con más potencia y, sobre todo, entregó mucho más par que esta nueva. Los consumos están acordes a lo que se estila en la categoría, con una autonomía en carretera manteniendo cruceros de velocidad legales que puede llegar a superar los 1.300 km.

El motor 2 litros HDI de 138 CV es un “viejo conocido” en la marca. El aumento de peso de esta generación hace que sus prestaciones sean ligeramente inferiores, pero siguen estando en la media del segmento.

Algunos modelos de Citroën han tenido un "sanbenito" -que era cierto, por otro lado- que no era otro de que la suspensión neumática -se llame activa, hidractiva o con cualquiera de sus denominaciones-, podía marear a algunos.

Así, el Citroën C5 navega con la suavidad de una alfombra mágica en zonas con asfalto en perfecto estado, consiguiendo un confort interior muy apreciable, absorbiendo y mitigando las imperfecciones del terreno y dando al conductor una confianza total al abordar las largas curvas de las autovías/autopistas sin que la carrocería balancee lo más mínimo.

La dirección informa muy bien al conductor que se puede compenetrar a la perfección con el coche y hacer trazadas limpias y llevando el coche al lugar exacto donde apunta con el volante. El nuevo Citroën C5 nos ha gustado.

Es bonito por fuera y por dentro, está bien equipado, es confortable y resulta un buen compañero para viajes largos. Eso sí, el precio recomendado ha dado también un salto generacional, aunque está dentro de lo que se estila en la categoría.

El buen trabajo que realizan suspensiones y bastidor hace que no se eche en falta en ningún momento a la peculiar suspensión neumática.

Con los deberes hechos

Para esta primera prueba hemos escogido el que será, con toda probabilidad, el motor más demandado, el 2.0 HDI de 136 CV con filtro de partículas y caja de cambios manual de seis relaciones.

Este motor es un “viejo conocido” y mantiene sus bondades y puntos flacos, aunque estos últimos se acrecentan en esta nueva generación ya que el nuevo Citroën C5 “ha cogido” 150 kg de sobrepeso con respecto a la generación anterior. Ello hace que las salidas desde parado no sean muy rápidas y que hasta la zona de las 2.000 rpm se note una cierta falta de empuje. Una vez superadas esas revoluciones, el motor sube con rapidez hasta la zona roja del cuentarrevoluciones, lo que nos permite realizar ejercicios como los adelantamientos, con un buen margen de seguridad.

Comparado con una versión equivalente de la anterior generación –ya sabemos que las comparaciones son odiosas, pero son una referencia- el nuevo C5 sólo pierde 91 centésimas en la aceleración 1.000 m, pero en los adelantamientos se encuentra siempre entre 1 y 3 segundos más lento, dependiendo de la marcha insertada. Eso sí, en su descargo hay que apuntar que la última unidad del C5 anterior, era “pata negra” y contaba con más potencia y, sobre todo, entregó mucho más par que esta nueva. Los consumos están acordes a lo que se estila en la categoría, con una autonomía en carretera manteniendo cruceros de velocidad legales que puede llegar a superar los 1.300 km.

El motor 2 litros HDI de 138 CV es un “viejo conocido” en la marca. El aumento de peso de esta generación hace que sus prestaciones sean ligeramente inferiores, pero siguen estando en la media del segmento.

Algunos modelos de Citroën han tenido un "sanbenito" -que era cierto, por otro lado- que no era otro de que la suspensión neumática -se llame activa, hidractiva o con cualquiera de sus denominaciones-, podía marear a algunos.

Así, el Citroën C5 navega con la suavidad de una alfombra mágica en zonas con asfalto en perfecto estado, consiguiendo un confort interior muy apreciable, absorbiendo y mitigando las imperfecciones del terreno y dando al conductor una confianza total al abordar las largas curvas de las autovías/autopistas sin que la carrocería balancee lo más mínimo.

La dirección informa muy bien al conductor que se puede compenetrar a la perfección con el coche y hacer trazadas limpias y llevando el coche al lugar exacto donde apunta con el volante. El nuevo Citroën C5 nos ha gustado.

Es bonito por fuera y por dentro, está bien equipado, es confortable y resulta un buen compañero para viajes largos. Eso sí, el precio recomendado ha dado también un salto generacional, aunque está dentro de lo que se estila en la categoría.

El buen trabajo que realizan suspensiones y bastidor hace que no se eche en falta en ningún momento a la peculiar suspensión neumática.

Con los deberes hechos
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