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Citroën C5, Ford Mondeo, Opel Insignia y VW Passat

Órdago a grande: ya están todas las cartas boca arriba. Profundamente renovadas, entre las berlinas se apuesta más fuerte que nunca. Selectos Audi y BMW al margen, llegó la timba de triunfadores: cara a cara, las cuatro más vendidas. Imagen, espacio, comportamiento… distintas personalidades para no cerrar el duelo a 'todo o nada', aunque, como en el juego, ¿Cuál es mejor?
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Citroën C5, Ford Mondeo, Opel Insignia y VW Passat
Citroën C5, Ford Mondeo, Opel Insignia y VW Passat

La mano es, desde hace unos meses, espectacular. Consolidadas ya las últimas y avanzadas novedades, las partidas por coronar a la reina berlina se han vuelto muy duras. Una, la de ventas, se libra al mes. Habla el pueblo, incontestable resultado: aquí, Audi A4 y un activo VW Passat mantienen batalla, alejadas sólo por decenas de unidades. Curioso, en todo caso, que Audi y BMW figuren en el cajón de líderes… Más cuando ni en habitabilidad, ni en maletero, sobresalen. Síntoma ya de que más relevancia cobra ahora el empaque y la prestancia. Casi un factor de representación, al que todas las marcas generalistas dirigen ya sus propuestas.

Bordeando la frontera premium emergen, por orden tras VW, grandes candidatos. Como el exuberante Opel Insignia, que escala posiciones de ránking, o el Ford Mondeo, primero en avanzar a mayor tamaño y calidad de realización. Imponente. Cierra el cuarteto de superventas populares el Citroën C5, rodador mayúsculo y que hasta en sus eslogan tira al blanco. ¿Recuerdan lo de “carácter alemán”?

Apariencia… pero también realidad, todas forman ya el club de berlinas más aceptadas, donde el tiempo dirá si se cuela el nuevo Seat Exeo, derivado directamente de un Audi A4 de anterior generación, y al que no acaba de acceder el Renault Laguna, ahora encaminado hacia la tecnología y sus 4 ruedas directrices. Olvidándonos también de imágenes de marca… ¿cuál es realmente la más satisfactoria? Segunda partida que libramos en AUTOPISTA para no fallar en la elección. Además, con sus versiones más demandadas, las turbodiésel de potencia media. Abran también ya sus apuestas.

Prácticamente, ni mejores, ni peores. Sí matices, gustos y personalidades para valorar este cuarteto mágico. Modernas y sofisticadas, todas nuestras berlinas pasan con nota el más exigente examen, aunque con mejor aplicación según materia. Para establecer diferencias, nada como marcar primero los polos extremos. No opuestos, pero de diferente camino.

A un lado, Citroën C5. Rodador de vías rápidas sin cuartel, es paradigma de aislamiento ya desde ralentí. Suavidad, la menor sonoridad a bordo, excelente absorción… berlina premium en toda regla. Eso sí, su elaborada suspensión neumática Hidractiva (también se ofrece con muelle clásico) genera tanto admirador como detractor, con la ventaja de no variar su comportamiento a plena carga por su autonivelamiento de carrocería. El C5 apuesta siempre por la filtración, y hasta en modo “Sport” tiende a confort, trabajando algo más rápido y apenas limitando ligeramente la amortiguación en extensión. Es decir, viajas casi “flotando” con la conclusión de que, entre curvas y a pesar de su buen agarre, el conductor siente menos información de reacciones y una conducta más “aparatosa”, no olvidando que es el más pesado y el que mayor carga asume en el tren delantero.

El Ford Mondeo, en cambio, al contrario. También cuenta con una opcional suspensión adaptativa, pero guardando siempre un buen tono dinámico gracias a una amortiguación firme aun con muelle blando. Podríamos decir que es el más deportivo, con influencia también de sus neumáticos 235/40 R18, único con semejante medida. Con la mayor batalla y anchura de vías, el Ford Mondeo avanza recto como un rodillo y con aplomo fuera de lo común. No se mueve, y en apoyos salva también su evidente volumen con un tren delantero muy directo y un trasero de gran fidelidad. Muy bueno en bastidor y tacto. En comodidad también aprueba, pero se aleja del Citroën C5, además de en absorción, sobre todo por contar con el peor aislamiento acústico. Sin embargo, creemos que en este punto está más cerca de él, que el C5 del Ford en tono dinámico.

Intachable la respuesta de todas las berlinas, con buenos controles de estabilidad siempre en ayuda y más que correctas distancias de frenada… aunque aquí la palma se la llevan Opel Insignia y Citroën C5. Además, C5 y Mondeo dan un paso al frente al ser los únicos en montar airbag de rodilla.

Entre medias, sin una personalidad tan definida, aparecen Opel Insignia y VW Passat. ¿Más equilibrados? Puede. Ambos cuentan ya también en sus gamas con amortiguación regulable, pero en esta ocasión los probamos de serie. Uno, el Insignia, sigue sorprendiendo. Con gran pisada y muy baja sonoridad, de largo es el más grande, y junto al Mondeo el más pesado. Sin embargo, el Opel Insignia se observa ágil en todo trazado, incluso en rápidos cambios de apoyo. Sin torpezas y, una vez más, con la mejor frenada del segmento. Eso sí, la dirección no termina de convencer en tacto, lo mismo que su mala visibilidad. Y un defecto que volvemos a constatar: en máxima exigencia de adherencia –sólo en esa circunstancia- peca de peor motricidad y breves colapsos de dirección. ¿Electrónica o un último punto de afinación?

Al VW Passat, en cambio, imposible buscarle las cosquillas. Puede que no sea el mejor en ningún apartado, pero en todos raya a gran nivel. Todo un aparato funcional. Como el Insignia, muy equilibrado de suspensiones, incluso más flexible y capaz de sujetar sin tachas la carrocería. El VW Passat es cómodo, de gran motricidad y bien aislado, aunque su más contenida plataforma (con la menor batalla y anchura de vías del conjunto) supone una calidad de rodadura ligeramente menos asentada. Eso sí, entre curvas, es casi un compacto: el más directo de dirección, con gran tacto de cambio y una trasera inamovible. Como todo VW, fácil y eficaz… aunque menos emocional. Cuestión de gustos.

Motor y espacio

La mano es, desde hace unos meses, espectacular. Consolidadas ya las últimas y avanzadas novedades, las partidas por coronar a la reina berlina se han vuelto muy duras. Una, la de ventas, se libra al mes. Habla el pueblo, incontestable resultado: aquí, Audi A4 y un activo VW Passat mantienen batalla, alejadas sólo por decenas de unidades. Curioso, en todo caso, que Audi y BMW figuren en el cajón de líderes… Más cuando ni en habitabilidad, ni en maletero, sobresalen. Síntoma ya de que más relevancia cobra ahora el empaque y la prestancia. Casi un factor de representación, al que todas las marcas generalistas dirigen ya sus propuestas.

Bordeando la frontera premium emergen, por orden tras VW, grandes candidatos. Como el exuberante Opel Insignia, que escala posiciones de ránking, o el Ford Mondeo, primero en avanzar a mayor tamaño y calidad de realización. Imponente. Cierra el cuarteto de superventas populares el Citroën C5, rodador mayúsculo y que hasta en sus eslogan tira al blanco. ¿Recuerdan lo de “carácter alemán”?

Apariencia… pero también realidad, todas forman ya el club de berlinas más aceptadas, donde el tiempo dirá si se cuela el nuevo Seat Exeo, derivado directamente de un Audi A4 de anterior generación, y al que no acaba de acceder el Renault Laguna, ahora encaminado hacia la tecnología y sus 4 ruedas directrices. Olvidándonos también de imágenes de marca… ¿cuál es realmente la más satisfactoria? Segunda partida que libramos en AUTOPISTA para no fallar en la elección. Además, con sus versiones más demandadas, las turbodiésel de potencia media. Abran también ya sus apuestas.

Prácticamente, ni mejores, ni peores. Sí matices, gustos y personalidades para valorar este cuarteto mágico. Modernas y sofisticadas, todas nuestras berlinas pasan con nota el más exigente examen, aunque con mejor aplicación según materia. Para establecer diferencias, nada como marcar primero los polos extremos. No opuestos, pero de diferente camino.

A un lado, Citroën C5. Rodador de vías rápidas sin cuartel, es paradigma de aislamiento ya desde ralentí. Suavidad, la menor sonoridad a bordo, excelente absorción… berlina premium en toda regla. Eso sí, su elaborada suspensión neumática Hidractiva (también se ofrece con muelle clásico) genera tanto admirador como detractor, con la ventaja de no variar su comportamiento a plena carga por su autonivelamiento de carrocería. El C5 apuesta siempre por la filtración, y hasta en modo “Sport” tiende a confort, trabajando algo más rápido y apenas limitando ligeramente la amortiguación en extensión. Es decir, viajas casi “flotando” con la conclusión de que, entre curvas y a pesar de su buen agarre, el conductor siente menos información de reacciones y una conducta más “aparatosa”, no olvidando que es el más pesado y el que mayor carga asume en el tren delantero.

El Ford Mondeo, en cambio, al contrario. También cuenta con una opcional suspensión adaptativa, pero guardando siempre un buen tono dinámico gracias a una amortiguación firme aun con muelle blando. Podríamos decir que es el más deportivo, con influencia también de sus neumáticos 235/40 R18, único con semejante medida. Con la mayor batalla y anchura de vías, el Ford Mondeo avanza recto como un rodillo y con aplomo fuera de lo común. No se mueve, y en apoyos salva también su evidente volumen con un tren delantero muy directo y un trasero de gran fidelidad. Muy bueno en bastidor y tacto. En comodidad también aprueba, pero se aleja del Citroën C5, además de en absorción, sobre todo por contar con el peor aislamiento acústico. Sin embargo, creemos que en este punto está más cerca de él, que el C5 del Ford en tono dinámico.

Intachable la respuesta de todas las berlinas, con buenos controles de estabilidad siempre en ayuda y más que correctas distancias de frenada… aunque aquí la palma se la llevan Opel Insignia y Citroën C5. Además, C5 y Mondeo dan un paso al frente al ser los únicos en montar airbag de rodilla.

Entre medias, sin una personalidad tan definida, aparecen Opel Insignia y VW Passat. ¿Más equilibrados? Puede. Ambos cuentan ya también en sus gamas con amortiguación regulable, pero en esta ocasión los probamos de serie. Uno, el Insignia, sigue sorprendiendo. Con gran pisada y muy baja sonoridad, de largo es el más grande, y junto al Mondeo el más pesado. Sin embargo, el Opel Insignia se observa ágil en todo trazado, incluso en rápidos cambios de apoyo. Sin torpezas y, una vez más, con la mejor frenada del segmento. Eso sí, la dirección no termina de convencer en tacto, lo mismo que su mala visibilidad. Y un defecto que volvemos a constatar: en máxima exigencia de adherencia –sólo en esa circunstancia- peca de peor motricidad y breves colapsos de dirección. ¿Electrónica o un último punto de afinación?

Al VW Passat, en cambio, imposible buscarle las cosquillas. Puede que no sea el mejor en ningún apartado, pero en todos raya a gran nivel. Todo un aparato funcional. Como el Insignia, muy equilibrado de suspensiones, incluso más flexible y capaz de sujetar sin tachas la carrocería. El VW Passat es cómodo, de gran motricidad y bien aislado, aunque su más contenida plataforma (con la menor batalla y anchura de vías del conjunto) supone una calidad de rodadura ligeramente menos asentada. Eso sí, entre curvas, es casi un compacto: el más directo de dirección, con gran tacto de cambio y una trasera inamovible. Como todo VW, fácil y eficaz… aunque menos emocional. Cuestión de gustos.

Motor y espacio

La mano es, desde hace unos meses, espectacular. Consolidadas ya las últimas y avanzadas novedades, las partidas por coronar a la reina berlina se han vuelto muy duras. Una, la de ventas, se libra al mes. Habla el pueblo, incontestable resultado: aquí, Audi A4 y un activo VW Passat mantienen batalla, alejadas sólo por decenas de unidades. Curioso, en todo caso, que Audi y BMW figuren en el cajón de líderes… Más cuando ni en habitabilidad, ni en maletero, sobresalen. Síntoma ya de que más relevancia cobra ahora el empaque y la prestancia. Casi un factor de representación, al que todas las marcas generalistas dirigen ya sus propuestas.

Bordeando la frontera premium emergen, por orden tras VW, grandes candidatos. Como el exuberante Opel Insignia, que escala posiciones de ránking, o el Ford Mondeo, primero en avanzar a mayor tamaño y calidad de realización. Imponente. Cierra el cuarteto de superventas populares el Citroën C5, rodador mayúsculo y que hasta en sus eslogan tira al blanco. ¿Recuerdan lo de “carácter alemán”?

Apariencia… pero también realidad, todas forman ya el club de berlinas más aceptadas, donde el tiempo dirá si se cuela el nuevo Seat Exeo, derivado directamente de un Audi A4 de anterior generación, y al que no acaba de acceder el Renault Laguna, ahora encaminado hacia la tecnología y sus 4 ruedas directrices. Olvidándonos también de imágenes de marca… ¿cuál es realmente la más satisfactoria? Segunda partida que libramos en AUTOPISTA para no fallar en la elección. Además, con sus versiones más demandadas, las turbodiésel de potencia media. Abran también ya sus apuestas.

Prácticamente, ni mejores, ni peores. Sí matices, gustos y personalidades para valorar este cuarteto mágico. Modernas y sofisticadas, todas nuestras berlinas pasan con nota el más exigente examen, aunque con mejor aplicación según materia. Para establecer diferencias, nada como marcar primero los polos extremos. No opuestos, pero de diferente camino.

A un lado, Citroën C5. Rodador de vías rápidas sin cuartel, es paradigma de aislamiento ya desde ralentí. Suavidad, la menor sonoridad a bordo, excelente absorción… berlina premium en toda regla. Eso sí, su elaborada suspensión neumática Hidractiva (también se ofrece con muelle clásico) genera tanto admirador como detractor, con la ventaja de no variar su comportamiento a plena carga por su autonivelamiento de carrocería. El C5 apuesta siempre por la filtración, y hasta en modo “Sport” tiende a confort, trabajando algo más rápido y apenas limitando ligeramente la amortiguación en extensión. Es decir, viajas casi “flotando” con la conclusión de que, entre curvas y a pesar de su buen agarre, el conductor siente menos información de reacciones y una conducta más “aparatosa”, no olvidando que es el más pesado y el que mayor carga asume en el tren delantero.

El Ford Mondeo, en cambio, al contrario. También cuenta con una opcional suspensión adaptativa, pero guardando siempre un buen tono dinámico gracias a una amortiguación firme aun con muelle blando. Podríamos decir que es el más deportivo, con influencia también de sus neumáticos 235/40 R18, único con semejante medida. Con la mayor batalla y anchura de vías, el Ford Mondeo avanza recto como un rodillo y con aplomo fuera de lo común. No se mueve, y en apoyos salva también su evidente volumen con un tren delantero muy directo y un trasero de gran fidelidad. Muy bueno en bastidor y tacto. En comodidad también aprueba, pero se aleja del Citroën C5, además de en absorción, sobre todo por contar con el peor aislamiento acústico. Sin embargo, creemos que en este punto está más cerca de él, que el C5 del Ford en tono dinámico.

Intachable la respuesta de todas las berlinas, con buenos controles de estabilidad siempre en ayuda y más que correctas distancias de frenada… aunque aquí la palma se la llevan Opel Insignia y Citroën C5. Además, C5 y Mondeo dan un paso al frente al ser los únicos en montar airbag de rodilla.

Entre medias, sin una personalidad tan definida, aparecen Opel Insignia y VW Passat. ¿Más equilibrados? Puede. Ambos cuentan ya también en sus gamas con amortiguación regulable, pero en esta ocasión los probamos de serie. Uno, el Insignia, sigue sorprendiendo. Con gran pisada y muy baja sonoridad, de largo es el más grande, y junto al Mondeo el más pesado. Sin embargo, el Opel Insignia se observa ágil en todo trazado, incluso en rápidos cambios de apoyo. Sin torpezas y, una vez más, con la mejor frenada del segmento. Eso sí, la dirección no termina de convencer en tacto, lo mismo que su mala visibilidad. Y un defecto que volvemos a constatar: en máxima exigencia de adherencia –sólo en esa circunstancia- peca de peor motricidad y breves colapsos de dirección. ¿Electrónica o un último punto de afinación?

Al VW Passat, en cambio, imposible buscarle las cosquillas. Puede que no sea el mejor en ningún apartado, pero en todos raya a gran nivel. Todo un aparato funcional. Como el Insignia, muy equilibrado de suspensiones, incluso más flexible y capaz de sujetar sin tachas la carrocería. El VW Passat es cómodo, de gran motricidad y bien aislado, aunque su más contenida plataforma (con la menor batalla y anchura de vías del conjunto) supone una calidad de rodadura ligeramente menos asentada. Eso sí, entre curvas, es casi un compacto: el más directo de dirección, con gran tacto de cambio y una trasera inamovible. Como todo VW, fácil y eficaz… aunque menos emocional. Cuestión de gustos.

Motor y espacio

La mano es, desde hace unos meses, espectacular. Consolidadas ya las últimas y avanzadas novedades, las partidas por coronar a la reina berlina se han vuelto muy duras. Una, la de ventas, se libra al mes. Habla el pueblo, incontestable resultado: aquí, Audi A4 y un activo VW Passat mantienen batalla, alejadas sólo por decenas de unidades. Curioso, en todo caso, que Audi y BMW figuren en el cajón de líderes… Más cuando ni en habitabilidad, ni en maletero, sobresalen. Síntoma ya de que más relevancia cobra ahora el empaque y la prestancia. Casi un factor de representación, al que todas las marcas generalistas dirigen ya sus propuestas.

Bordeando la frontera premium emergen, por orden tras VW, grandes candidatos. Como el exuberante Opel Insignia, que escala posiciones de ránking, o el Ford Mondeo, primero en avanzar a mayor tamaño y calidad de realización. Imponente. Cierra el cuarteto de superventas populares el Citroën C5, rodador mayúsculo y que hasta en sus eslogan tira al blanco. ¿Recuerdan lo de “carácter alemán”?

Apariencia… pero también realidad, todas forman ya el club de berlinas más aceptadas, donde el tiempo dirá si se cuela el nuevo Seat Exeo, derivado directamente de un Audi A4 de anterior generación, y al que no acaba de acceder el Renault Laguna, ahora encaminado hacia la tecnología y sus 4 ruedas directrices. Olvidándonos también de imágenes de marca… ¿cuál es realmente la más satisfactoria? Segunda partida que libramos en AUTOPISTA para no fallar en la elección. Además, con sus versiones más demandadas, las turbodiésel de potencia media. Abran también ya sus apuestas.

Prácticamente, ni mejores, ni peores. Sí matices, gustos y personalidades para valorar este cuarteto mágico. Modernas y sofisticadas, todas nuestras berlinas pasan con nota el más exigente examen, aunque con mejor aplicación según materia. Para establecer diferencias, nada como marcar primero los polos extremos. No opuestos, pero de diferente camino.

A un lado, Citroën C5. Rodador de vías rápidas sin cuartel, es paradigma de aislamiento ya desde ralentí. Suavidad, la menor sonoridad a bordo, excelente absorción… berlina premium en toda regla. Eso sí, su elaborada suspensión neumática Hidractiva (también se ofrece con muelle clásico) genera tanto admirador como detractor, con la ventaja de no variar su comportamiento a plena carga por su autonivelamiento de carrocería. El C5 apuesta siempre por la filtración, y hasta en modo “Sport” tiende a confort, trabajando algo más rápido y apenas limitando ligeramente la amortiguación en extensión. Es decir, viajas casi “flotando” con la conclusión de que, entre curvas y a pesar de su buen agarre, el conductor siente menos información de reacciones y una conducta más “aparatosa”, no olvidando que es el más pesado y el que mayor carga asume en el tren delantero.

El Ford Mondeo, en cambio, al contrario. También cuenta con una opcional suspensión adaptativa, pero guardando siempre un buen tono dinámico gracias a una amortiguación firme aun con muelle blando. Podríamos decir que es el más deportivo, con influencia también de sus neumáticos 235/40 R18, único con semejante medida. Con la mayor batalla y anchura de vías, el Ford Mondeo avanza recto como un rodillo y con aplomo fuera de lo común. No se mueve, y en apoyos salva también su evidente volumen con un tren delantero muy directo y un trasero de gran fidelidad. Muy bueno en bastidor y tacto. En comodidad también aprueba, pero se aleja del Citroën C5, además de en absorción, sobre todo por contar con el peor aislamiento acústico. Sin embargo, creemos que en este punto está más cerca de él, que el C5 del Ford en tono dinámico.

Intachable la respuesta de todas las berlinas, con buenos controles de estabilidad siempre en ayuda y más que correctas distancias de frenada… aunque aquí la palma se la llevan Opel Insignia y Citroën C5. Además, C5 y Mondeo dan un paso al frente al ser los únicos en montar airbag de rodilla.

Entre medias, sin una personalidad tan definida, aparecen Opel Insignia y VW Passat. ¿Más equilibrados? Puede. Ambos cuentan ya también en sus gamas con amortiguación regulable, pero en esta ocasión los probamos de serie. Uno, el Insignia, sigue sorprendiendo. Con gran pisada y muy baja sonoridad, de largo es el más grande, y junto al Mondeo el más pesado. Sin embargo, el Opel Insignia se observa ágil en todo trazado, incluso en rápidos cambios de apoyo. Sin torpezas y, una vez más, con la mejor frenada del segmento. Eso sí, la dirección no termina de convencer en tacto, lo mismo que su mala visibilidad. Y un defecto que volvemos a constatar: en máxima exigencia de adherencia –sólo en esa circunstancia- peca de peor motricidad y breves colapsos de dirección. ¿Electrónica o un último punto de afinación?

Al VW Passat, en cambio, imposible buscarle las cosquillas. Puede que no sea el mejor en ningún apartado, pero en todos raya a gran nivel. Todo un aparato funcional. Como el Insignia, muy equilibrado de suspensiones, incluso más flexible y capaz de sujetar sin tachas la carrocería. El VW Passat es cómodo, de gran motricidad y bien aislado, aunque su más contenida plataforma (con la menor batalla y anchura de vías del conjunto) supone una calidad de rodadura ligeramente menos asentada. Eso sí, entre curvas, es casi un compacto: el más directo de dirección, con gran tacto de cambio y una trasera inamovible. Como todo VW, fácil y eficaz… aunque menos emocional. Cuestión de gustos.

Motor y espacio