Citroën C5 vs. Ford Mondeo y Mazda6

Comprar cualquiera de los tres modelos Diesel es apostar sobre seguro. Los tres son buenos coches y ofrecen un rendimiento general similar, pero cada uno tiene su propia personalidad que conviene tener clara para que la elección sea acertada.
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Citroën C5 vs. Ford Mondeo y Mazda6
Citroën C5 vs. Ford Mondeo y Mazda6

El Mazda muestra un carácter más dinámico. De los tres modelos es el que tiene mayor agilidad en zonas reviradas. A velocidades legales, cualquiera de ellos muestra la suficiente seguridad como para satisfacer a todo el mundo, pero el Mazda aporta un cierto plus de deportividad en cualquier situación. El Mondeo por su parte, está más cercano en dinamismo del Mazda que del Citroën. Conduciendo rápido, su carrocería se mueve menos que la del 6 pero también le cuesta un poco más a su tren delantero mantener la trazada. Con todo, en los tres casos hay unos buenos controles de estabilidad y tracción alerta —son de serie en los tres-.

Los tres coches cuentan con mecánicas muy parecidas, con cuatro cilindros, culata multiválvula, 2,2 litros de cilindrada e inyección directa por conducto común. Se diferencian principalmente en la sobrealimentación; Mazda y Ford llevan sus correspondientes turbos de geometría variable —no comparten motor—, mientras que Citroën opta por dos turbos de geometría fija, el más pequeño para bajas vueltas y el grande para la zona alta del cuentavueltas. El Mazda es el más potente y el C5 el menos, aunque en banco nos han dado potencias muy parecidas.

De los tres propulsores el del Mazda 6 es el que nos parece mejor ya que, con un rendimiento similar al resto, es el que menos ha gastado y menos emisiones —según datos oficiales— genera. Así, a la hora de acelerar tenemos muy poca diferencia entre los tres, con apenas 2 décimas de separación entre el mejor o el peor. A la hora de adelantar, el japonés se beneficia de unos desarrollos más cortos, que le hacen ser más rápido que los otros dos. Con todo, no es una diferencia insalvable. Donde sí encontramos diferencias destacables es en el apartado del consumo, con 6,5 l/100 km de media para el Mazda frente a los 7,7 l/100 km del Mondeo y los 8 litros del C5; su mejor aerodinámica y peso más bajos —149 kg menos que el C5— juegan a su favor a pesar de los desarrollos más cortos. A la hora de frenar, el Mondeo registra las mejores distancias de la comparativa, y de las mejores con respecto al resto de sus rivales.

Vida a bordo

Si lo que buscamos es una berlina Diesel de tamaño medio pero potente, en el mercado existe una amplia oferta. Prácticamente todas las marcas cuentan con su propia versión, si bien encontramos dos límites de potencias bien distintas. Por un lado están los siempre caros premium, A4, Serie 3 o Clase C, con variantes que disparan el nivel de potencia muy por encima de los 200 CV, mientras que por el otro, buscando ser más modestos en su precio, la mayoría de las marcas generalistas parecen haber puesto el límite en la franja comprendida entre los 170 y 190 CV, y siempre con motores de cuatro cilindros. Dentro de estas últimas, les proponemos tres interesantes alternativas que pueden entrar dentro de sus exigencias.

La igualdad mostrada por los modelos que ahora comparamos llega hasta tal punto, que lo bueno y lo malo de cada uno, más que grandes defectos o virtudes, son una característica diferenciadora; si ahora nos preguntan por cuál es el peor, no tendríamos suficientes argumentos para contestar, en cambio, sí podemos decirle cuál nos parece el más completo, o mejor dicho, cuál se puede adaptar mejor a sus expectativas. Hablamos del Citroën C5 2.2 HDi, el Ford Mondeo 2.2 TDCI y el Mazda 6 2.2 CRTD, todos ellos con cajas de cambio manuales, carrocerías de cinco puertas y 170, 175 y 185 CV respectivamente. La principal diferencia de estos modelos con respecto al resto de coches de sus segmento, y que es lo que les une, estaría en la utilización de motores de 2,2 litros —faltaría el Peugeot 407—, puesto que rivales como el Passat, el Laguna o el recién llegado Opel Insignia, recurren a los 2 litros para ofrecer una potencia similar.

El Citroën se desmarca en el apartado de comportamiento con su habitual suspensión hidroneumática, que será la que marque las diferencias más radicales de comportamiento. Tecnológicamente es una suspensión mucho más elaborada que la del tradicional conjunto muelle/amortiguador que llevan los Ford y Mazda, aunque eso no significa que sea mejor; al igual que ocurre en la calle, en nuestra propia redacción existen admiradores y detractores de esta tecnología. El principal motivo lo encontramos en la capacidad de filtrado, sin lugar a dudas la mejor de su segmento.

El C5 —que en esta generación también se puede pedir con suspensión mecánica convencional— absorbe las irregularidades como ninguno, es cómodo, evita que la carrocería balancee y es efectivo a la hora de ir rápido, por no hablar de lo poco que varía su comportamiento cuando va cargado por las ventajas de su autonivelamiento —conserva siempre la misma geometría—. El «problema» es que todo esto lo hace sin apenas transmitir información a su conductor y eso, su principal virtud, es lo que a no todo el mundo le gusta y a otros enamora. Para una conducción urbana o de autopista es confortable, mientras que en zonas de curvas es efectivo y transmite sensación de seguridad. Sin embargo, si usted es de los que les gusta un bastidor más dinámico, será mejor que se olvide de este coche, no porque vaya mal, sino porque no avisa de dónde está el límite, generando a este tipo de conductores en particular cierta sensación de inseguridad. Para ellos tanto el Mondeo como el Mazda serán una mejor opción.

El Mazda muestra un carácter más dinámico. De los tres modelos es el que tiene mayor agilidad en zonas reviradas. A velocidades legales, cualquiera de ellos muestra la suficiente seguridad como para satisfacer a todo el mundo, pero el Mazda aporta un cierto plus de deportividad en cualquier situación. El Mondeo por su parte, está más cercano en dinamismo del Mazda que del Citroën. Conduciendo rápido, su carrocería se mueve menos que la del 6 pero también le cuesta un poco más a su tren delantero mantener la trazada. Con todo, en los tres casos hay unos buenos controles de estabilidad y tracción alerta —son de serie en los tres-.

Los tres coches cuentan con mecánicas muy parecidas, con cuatro cilindros, culata multiválvula, 2,2 litros de cilindrada e inyección directa por conducto común. Se diferencian principalmente en la sobrealimentación; Mazda y Ford llevan sus correspondientes turbos de geometría variable —no comparten motor—, mientras que Citroën opta por dos turbos de geometría fija, el más pequeño para bajas vueltas y el grande para la zona alta del cuentavueltas. El Mazda es el más potente y el C5 el menos, aunque en banco nos han dado potencias muy parecidas.

De los tres propulsores el del Mazda 6 es el que nos parece mejor ya que, con un rendimiento similar al resto, es el que menos ha gastado y menos emisiones —según datos oficiales— genera. Así, a la hora de acelerar tenemos muy poca diferencia entre los tres, con apenas 2 décimas de separación entre el mejor o el peor. A la hora de adelantar, el japonés se beneficia de unos desarrollos más cortos, que le hacen ser más rápido que los otros dos. Con todo, no es una diferencia insalvable. Donde sí encontramos diferencias destacables es en el apartado del consumo, con 6,5 l/100 km de media para el Mazda frente a los 7,7 l/100 km del Mondeo y los 8 litros del C5; su mejor aerodinámica y peso más bajos —149 kg menos que el C5— juegan a su favor a pesar de los desarrollos más cortos. A la hora de frenar, el Mondeo registra las mejores distancias de la comparativa, y de las mejores con respecto al resto de sus rivales.

Vida a bordo

Si lo que buscamos es una berlina Diesel de tamaño medio pero potente, en el mercado existe una amplia oferta. Prácticamente todas las marcas cuentan con su propia versión, si bien encontramos dos límites de potencias bien distintas. Por un lado están los siempre caros premium, A4, Serie 3 o Clase C, con variantes que disparan el nivel de potencia muy por encima de los 200 CV, mientras que por el otro, buscando ser más modestos en su precio, la mayoría de las marcas generalistas parecen haber puesto el límite en la franja comprendida entre los 170 y 190 CV, y siempre con motores de cuatro cilindros. Dentro de estas últimas, les proponemos tres interesantes alternativas que pueden entrar dentro de sus exigencias.

La igualdad mostrada por los modelos que ahora comparamos llega hasta tal punto, que lo bueno y lo malo de cada uno, más que grandes defectos o virtudes, son una característica diferenciadora; si ahora nos preguntan por cuál es el peor, no tendríamos suficientes argumentos para contestar, en cambio, sí podemos decirle cuál nos parece el más completo, o mejor dicho, cuál se puede adaptar mejor a sus expectativas. Hablamos del Citroën C5 2.2 HDi, el Ford Mondeo 2.2 TDCI y el Mazda 6 2.2 CRTD, todos ellos con cajas de cambio manuales, carrocerías de cinco puertas y 170, 175 y 185 CV respectivamente. La principal diferencia de estos modelos con respecto al resto de coches de sus segmento, y que es lo que les une, estaría en la utilización de motores de 2,2 litros —faltaría el Peugeot 407—, puesto que rivales como el Passat, el Laguna o el recién llegado Opel Insignia, recurren a los 2 litros para ofrecer una potencia similar.

El Citroën se desmarca en el apartado de comportamiento con su habitual suspensión hidroneumática, que será la que marque las diferencias más radicales de comportamiento. Tecnológicamente es una suspensión mucho más elaborada que la del tradicional conjunto muelle/amortiguador que llevan los Ford y Mazda, aunque eso no significa que sea mejor; al igual que ocurre en la calle, en nuestra propia redacción existen admiradores y detractores de esta tecnología. El principal motivo lo encontramos en la capacidad de filtrado, sin lugar a dudas la mejor de su segmento.

El C5 —que en esta generación también se puede pedir con suspensión mecánica convencional— absorbe las irregularidades como ninguno, es cómodo, evita que la carrocería balancee y es efectivo a la hora de ir rápido, por no hablar de lo poco que varía su comportamiento cuando va cargado por las ventajas de su autonivelamiento —conserva siempre la misma geometría—. El «problema» es que todo esto lo hace sin apenas transmitir información a su conductor y eso, su principal virtud, es lo que a no todo el mundo le gusta y a otros enamora. Para una conducción urbana o de autopista es confortable, mientras que en zonas de curvas es efectivo y transmite sensación de seguridad. Sin embargo, si usted es de los que les gusta un bastidor más dinámico, será mejor que se olvide de este coche, no porque vaya mal, sino porque no avisa de dónde está el límite, generando a este tipo de conductores en particular cierta sensación de inseguridad. Para ellos tanto el Mondeo como el Mazda serán una mejor opción.

El Mazda muestra un carácter más dinámico. De los tres modelos es el que tiene mayor agilidad en zonas reviradas. A velocidades legales, cualquiera de ellos muestra la suficiente seguridad como para satisfacer a todo el mundo, pero el Mazda aporta un cierto plus de deportividad en cualquier situación. El Mondeo por su parte, está más cercano en dinamismo del Mazda que del Citroën. Conduciendo rápido, su carrocería se mueve menos que la del 6 pero también le cuesta un poco más a su tren delantero mantener la trazada. Con todo, en los tres casos hay unos buenos controles de estabilidad y tracción alerta —son de serie en los tres-.

Los tres coches cuentan con mecánicas muy parecidas, con cuatro cilindros, culata multiválvula, 2,2 litros de cilindrada e inyección directa por conducto común. Se diferencian principalmente en la sobrealimentación; Mazda y Ford llevan sus correspondientes turbos de geometría variable —no comparten motor—, mientras que Citroën opta por dos turbos de geometría fija, el más pequeño para bajas vueltas y el grande para la zona alta del cuentavueltas. El Mazda es el más potente y el C5 el menos, aunque en banco nos han dado potencias muy parecidas.

De los tres propulsores el del Mazda 6 es el que nos parece mejor ya que, con un rendimiento similar al resto, es el que menos ha gastado y menos emisiones —según datos oficiales— genera. Así, a la hora de acelerar tenemos muy poca diferencia entre los tres, con apenas 2 décimas de separación entre el mejor o el peor. A la hora de adelantar, el japonés se beneficia de unos desarrollos más cortos, que le hacen ser más rápido que los otros dos. Con todo, no es una diferencia insalvable. Donde sí encontramos diferencias destacables es en el apartado del consumo, con 6,5 l/100 km de media para el Mazda frente a los 7,7 l/100 km del Mondeo y los 8 litros del C5; su mejor aerodinámica y peso más bajos —149 kg menos que el C5— juegan a su favor a pesar de los desarrollos más cortos. A la hora de frenar, el Mondeo registra las mejores distancias de la comparativa, y de las mejores con respecto al resto de sus rivales.

Vida a bordo

Si lo que buscamos es una berlina Diesel de tamaño medio pero potente, en el mercado existe una amplia oferta. Prácticamente todas las marcas cuentan con su propia versión, si bien encontramos dos límites de potencias bien distintas. Por un lado están los siempre caros premium, A4, Serie 3 o Clase C, con variantes que disparan el nivel de potencia muy por encima de los 200 CV, mientras que por el otro, buscando ser más modestos en su precio, la mayoría de las marcas generalistas parecen haber puesto el límite en la franja comprendida entre los 170 y 190 CV, y siempre con motores de cuatro cilindros. Dentro de estas últimas, les proponemos tres interesantes alternativas que pueden entrar dentro de sus exigencias.

La igualdad mostrada por los modelos que ahora comparamos llega hasta tal punto, que lo bueno y lo malo de cada uno, más que grandes defectos o virtudes, son una característica diferenciadora; si ahora nos preguntan por cuál es el peor, no tendríamos suficientes argumentos para contestar, en cambio, sí podemos decirle cuál nos parece el más completo, o mejor dicho, cuál se puede adaptar mejor a sus expectativas. Hablamos del Citroën C5 2.2 HDi, el Ford Mondeo 2.2 TDCI y el Mazda 6 2.2 CRTD, todos ellos con cajas de cambio manuales, carrocerías de cinco puertas y 170, 175 y 185 CV respectivamente. La principal diferencia de estos modelos con respecto al resto de coches de sus segmento, y que es lo que les une, estaría en la utilización de motores de 2,2 litros —faltaría el Peugeot 407—, puesto que rivales como el Passat, el Laguna o el recién llegado Opel Insignia, recurren a los 2 litros para ofrecer una potencia similar.

El Citroën se desmarca en el apartado de comportamiento con su habitual suspensión hidroneumática, que será la que marque las diferencias más radicales de comportamiento. Tecnológicamente es una suspensión mucho más elaborada que la del tradicional conjunto muelle/amortiguador que llevan los Ford y Mazda, aunque eso no significa que sea mejor; al igual que ocurre en la calle, en nuestra propia redacción existen admiradores y detractores de esta tecnología. El principal motivo lo encontramos en la capacidad de filtrado, sin lugar a dudas la mejor de su segmento.

El C5 —que en esta generación también se puede pedir con suspensión mecánica convencional— absorbe las irregularidades como ninguno, es cómodo, evita que la carrocería balancee y es efectivo a la hora de ir rápido, por no hablar de lo poco que varía su comportamiento cuando va cargado por las ventajas de su autonivelamiento —conserva siempre la misma geometría—. El «problema» es que todo esto lo hace sin apenas transmitir información a su conductor y eso, su principal virtud, es lo que a no todo el mundo le gusta y a otros enamora. Para una conducción urbana o de autopista es confortable, mientras que en zonas de curvas es efectivo y transmite sensación de seguridad. Sin embargo, si usted es de los que les gusta un bastidor más dinámico, será mejor que se olvide de este coche, no porque vaya mal, sino porque no avisa de dónde está el límite, generando a este tipo de conductores en particular cierta sensación de inseguridad. Para ellos tanto el Mondeo como el Mazda serán una mejor opción.

El Mazda muestra un carácter más dinámico. De los tres modelos es el que tiene mayor agilidad en zonas reviradas. A velocidades legales, cualquiera de ellos muestra la suficiente seguridad como para satisfacer a todo el mundo, pero el Mazda aporta un cierto plus de deportividad en cualquier situación. El Mondeo por su parte, está más cercano en dinamismo del Mazda que del Citroën. Conduciendo rápido, su carrocería se mueve menos que la del 6 pero también le cuesta un poco más a su tren delantero mantener la trazada. Con todo, en los tres casos hay unos buenos controles de estabilidad y tracción alerta —son de serie en los tres-.

Los tres coches cuentan con mecánicas muy parecidas, con cuatro cilindros, culata multiválvula, 2,2 litros de cilindrada e inyección directa por conducto común. Se diferencian principalmente en la sobrealimentación; Mazda y Ford llevan sus correspondientes turbos de geometría variable —no comparten motor—, mientras que Citroën opta por dos turbos de geometría fija, el más pequeño para bajas vueltas y el grande para la zona alta del cuentavueltas. El Mazda es el más potente y el C5 el menos, aunque en banco nos han dado potencias muy parecidas.

De los tres propulsores el del Mazda 6 es el que nos parece mejor ya que, con un rendimiento similar al resto, es el que menos ha gastado y menos emisiones —según datos oficiales— genera. Así, a la hora de acelerar tenemos muy poca diferencia entre los tres, con apenas 2 décimas de separación entre el mejor o el peor. A la hora de adelantar, el japonés se beneficia de unos desarrollos más cortos, que le hacen ser más rápido que los otros dos. Con todo, no es una diferencia insalvable. Donde sí encontramos diferencias destacables es en el apartado del consumo, con 6,5 l/100 km de media para el Mazda frente a los 7,7 l/100 km del Mondeo y los 8 litros del C5; su mejor aerodinámica y peso más bajos —149 kg menos que el C5— juegan a su favor a pesar de los desarrollos más cortos. A la hora de frenar, el Mondeo registra las mejores distancias de la comparativa, y de las mejores con respecto al resto de sus rivales.

Vida a bordo

Si lo que buscamos es una berlina Diesel de tamaño medio pero potente, en el mercado existe una amplia oferta. Prácticamente todas las marcas cuentan con su propia versión, si bien encontramos dos límites de potencias bien distintas. Por un lado están los siempre caros premium, A4, Serie 3 o Clase C, con variantes que disparan el nivel de potencia muy por encima de los 200 CV, mientras que por el otro, buscando ser más modestos en su precio, la mayoría de las marcas generalistas parecen haber puesto el límite en la franja comprendida entre los 170 y 190 CV, y siempre con motores de cuatro cilindros. Dentro de estas últimas, les proponemos tres interesantes alternativas que pueden entrar dentro de sus exigencias.

La igualdad mostrada por los modelos que ahora comparamos llega hasta tal punto, que lo bueno y lo malo de cada uno, más que grandes defectos o virtudes, son una característica diferenciadora; si ahora nos preguntan por cuál es el peor, no tendríamos suficientes argumentos para contestar, en cambio, sí podemos decirle cuál nos parece el más completo, o mejor dicho, cuál se puede adaptar mejor a sus expectativas. Hablamos del Citroën C5 2.2 HDi, el Ford Mondeo 2.2 TDCI y el Mazda 6 2.2 CRTD, todos ellos con cajas de cambio manuales, carrocerías de cinco puertas y 170, 175 y 185 CV respectivamente. La principal diferencia de estos modelos con respecto al resto de coches de sus segmento, y que es lo que les une, estaría en la utilización de motores de 2,2 litros —faltaría el Peugeot 407—, puesto que rivales como el Passat, el Laguna o el recién llegado Opel Insignia, recurren a los 2 litros para ofrecer una potencia similar.

El Citroën se desmarca en el apartado de comportamiento con su habitual suspensión hidroneumática, que será la que marque las diferencias más radicales de comportamiento. Tecnológicamente es una suspensión mucho más elaborada que la del tradicional conjunto muelle/amortiguador que llevan los Ford y Mazda, aunque eso no significa que sea mejor; al igual que ocurre en la calle, en nuestra propia redacción existen admiradores y detractores de esta tecnología. El principal motivo lo encontramos en la capacidad de filtrado, sin lugar a dudas la mejor de su segmento.

El C5 —que en esta generación también se puede pedir con suspensión mecánica convencional— absorbe las irregularidades como ninguno, es cómodo, evita que la carrocería balancee y es efectivo a la hora de ir rápido, por no hablar de lo poco que varía su comportamiento cuando va cargado por las ventajas de su autonivelamiento —conserva siempre la misma geometría—. El «problema» es que todo esto lo hace sin apenas transmitir información a su conductor y eso, su principal virtud, es lo que a no todo el mundo le gusta y a otros enamora. Para una conducción urbana o de autopista es confortable, mientras que en zonas de curvas es efectivo y transmite sensación de seguridad. Sin embargo, si usted es de los que les gusta un bastidor más dinámico, será mejor que se olvide de este coche, no porque vaya mal, sino porque no avisa de dónde está el límite, generando a este tipo de conductores en particular cierta sensación de inseguridad. Para ellos tanto el Mondeo como el Mazda serán una mejor opción.

El Mazda muestra un carácter más dinámico. De los tres modelos es el que tiene mayor agilidad en zonas reviradas. A velocidades legales, cualquiera de ellos muestra la suficiente seguridad como para satisfacer a todo el mundo, pero el Mazda aporta un cierto plus de deportividad en cualquier situación. El Mondeo por su parte, está más cercano en dinamismo del Mazda que del Citroën. Conduciendo rápido, su carrocería se mueve menos que la del 6 pero también le cuesta un poco más a su tren delantero mantener la trazada. Con todo, en los tres casos hay unos buenos controles de estabilidad y tracción alerta —son de serie en los tres-.

Los tres coches cuentan con mecánicas muy parecidas, con cuatro cilindros, culata multiválvula, 2,2 litros de cilindrada e inyección directa por conducto común. Se diferencian principalmente en la sobrealimentación; Mazda y Ford llevan sus correspondientes turbos de geometría variable —no comparten motor—, mientras que Citroën opta por dos turbos de geometría fija, el más pequeño para bajas vueltas y el grande para la zona alta del cuentavueltas. El Mazda es el más potente y el C5 el menos, aunque en banco nos han dado potencias muy parecidas.

De los tres propulsores el del Mazda 6 es el que nos parece mejor ya que, con un rendimiento similar al resto, es el que menos ha gastado y menos emisiones —según datos oficiales— genera. Así, a la hora de acelerar tenemos muy poca diferencia entre los tres, con apenas 2 décimas de separación entre el mejor o el peor. A la hora de adelantar, el japonés se beneficia de unos desarrollos más cortos, que le hacen ser más rápido que los otros dos. Con todo, no es una diferencia insalvable. Donde sí encontramos diferencias destacables es en el apartado del consumo, con 6,5 l/100 km de media para el Mazda frente a los 7,7 l/100 km del Mondeo y los 8 litros del C5; su mejor aerodinámica y peso más bajos —149 kg menos que el C5— juegan a su favor a pesar de los desarrollos más cortos. A la hora de frenar, el Mondeo registra las mejores distancias de la comparativa, y de las mejores con respecto al resto de sus rivales.

Vida a bordo

Si lo que buscamos es una berlina Diesel de tamaño medio pero potente, en el mercado existe una amplia oferta. Prácticamente todas las marcas cuentan con su propia versión, si bien encontramos dos límites de potencias bien distintas. Por un lado están los siempre caros premium, A4, Serie 3 o Clase C, con variantes que disparan el nivel de potencia muy por encima de los 200 CV, mientras que por el otro, buscando ser más modestos en su precio, la mayoría de las marcas generalistas parecen haber puesto el límite en la franja comprendida entre los 170 y 190 CV, y siempre con motores de cuatro cilindros. Dentro de estas últimas, les proponemos tres interesantes alternativas que pueden entrar dentro de sus exigencias.

La igualdad mostrada por los modelos que ahora comparamos llega hasta tal punto, que lo bueno y lo malo de cada uno, más que grandes defectos o virtudes, son una característica diferenciadora; si ahora nos preguntan por cuál es el peor, no tendríamos suficientes argumentos para contestar, en cambio, sí podemos decirle cuál nos parece el más completo, o mejor dicho, cuál se puede adaptar mejor a sus expectativas. Hablamos del Citroën C5 2.2 HDi, el Ford Mondeo 2.2 TDCI y el Mazda 6 2.2 CRTD, todos ellos con cajas de cambio manuales, carrocerías de cinco puertas y 170, 175 y 185 CV respectivamente. La principal diferencia de estos modelos con respecto al resto de coches de sus segmento, y que es lo que les une, estaría en la utilización de motores de 2,2 litros —faltaría el Peugeot 407—, puesto que rivales como el Passat, el Laguna o el recién llegado Opel Insignia, recurren a los 2 litros para ofrecer una potencia similar.

El Citroën se desmarca en el apartado de comportamiento con su habitual suspensión hidroneumática, que será la que marque las diferencias más radicales de comportamiento. Tecnológicamente es una suspensión mucho más elaborada que la del tradicional conjunto muelle/amortiguador que llevan los Ford y Mazda, aunque eso no significa que sea mejor; al igual que ocurre en la calle, en nuestra propia redacción existen admiradores y detractores de esta tecnología. El principal motivo lo encontramos en la capacidad de filtrado, sin lugar a dudas la mejor de su segmento.

El C5 —que en esta generación también se puede pedir con suspensión mecánica convencional— absorbe las irregularidades como ninguno, es cómodo, evita que la carrocería balancee y es efectivo a la hora de ir rápido, por no hablar de lo poco que varía su comportamiento cuando va cargado por las ventajas de su autonivelamiento —conserva siempre la misma geometría—. El «problema» es que todo esto lo hace sin apenas transmitir información a su conductor y eso, su principal virtud, es lo que a no todo el mundo le gusta y a otros enamora. Para una conducción urbana o de autopista es confortable, mientras que en zonas de curvas es efectivo y transmite sensación de seguridad. Sin embargo, si usted es de los que les gusta un bastidor más dinámico, será mejor que se olvide de este coche, no porque vaya mal, sino porque no avisa de dónde está el límite, generando a este tipo de conductores en particular cierta sensación de inseguridad. Para ellos tanto el Mondeo como el Mazda serán una mejor opción.

El Mazda muestra un carácter más dinámico. De los tres modelos es el que tiene mayor agilidad en zonas reviradas. A velocidades legales, cualquiera de ellos muestra la suficiente seguridad como para satisfacer a todo el mundo, pero el Mazda aporta un cierto plus de deportividad en cualquier situación. El Mondeo por su parte, está más cercano en dinamismo del Mazda que del Citroën. Conduciendo rápido, su carrocería se mueve menos que la del 6 pero también le cuesta un poco más a su tren delantero mantener la trazada. Con todo, en los tres casos hay unos buenos controles de estabilidad y tracción alerta —son de serie en los tres-.

Los tres coches cuentan con mecánicas muy parecidas, con cuatro cilindros, culata multiválvula, 2,2 litros de cilindrada e inyección directa por conducto común. Se diferencian principalmente en la sobrealimentación; Mazda y Ford llevan sus correspondientes turbos de geometría variable —no comparten motor—, mientras que Citroën opta por dos turbos de geometría fija, el más pequeño para bajas vueltas y el grande para la zona alta del cuentavueltas. El Mazda es el más potente y el C5 el menos, aunque en banco nos han dado potencias muy parecidas.

De los tres propulsores el del Mazda 6 es el que nos parece mejor ya que, con un rendimiento similar al resto, es el que menos ha gastado y menos emisiones —según datos oficiales— genera. Así, a la hora de acelerar tenemos muy poca diferencia entre los tres, con apenas 2 décimas de separación entre el mejor o el peor. A la hora de adelantar, el japonés se beneficia de unos desarrollos más cortos, que le hacen ser más rápido que los otros dos. Con todo, no es una diferencia insalvable. Donde sí encontramos diferencias destacables es en el apartado del consumo, con 6,5 l/100 km de media para el Mazda frente a los 7,7 l/100 km del Mondeo y los 8 litros del C5; su mejor aerodinámica y peso más bajos —149 kg menos que el C5— juegan a su favor a pesar de los desarrollos más cortos. A la hora de frenar, el Mondeo registra las mejores distancias de la comparativa, y de las mejores con respecto al resto de sus rivales.

Vida a bordo

Si lo que buscamos es una berlina Diesel de tamaño medio pero potente, en el mercado existe una amplia oferta. Prácticamente todas las marcas cuentan con su propia versión, si bien encontramos dos límites de potencias bien distintas. Por un lado están los siempre caros premium, A4, Serie 3 o Clase C, con variantes que disparan el nivel de potencia muy por encima de los 200 CV, mientras que por el otro, buscando ser más modestos en su precio, la mayoría de las marcas generalistas parecen haber puesto el límite en la franja comprendida entre los 170 y 190 CV, y siempre con motores de cuatro cilindros. Dentro de estas últimas, les proponemos tres interesantes alternativas que pueden entrar dentro de sus exigencias.

La igualdad mostrada por los modelos que ahora comparamos llega hasta tal punto, que lo bueno y lo malo de cada uno, más que grandes defectos o virtudes, son una característica diferenciadora; si ahora nos preguntan por cuál es el peor, no tendríamos suficientes argumentos para contestar, en cambio, sí podemos decirle cuál nos parece el más completo, o mejor dicho, cuál se puede adaptar mejor a sus expectativas. Hablamos del Citroën C5 2.2 HDi, el Ford Mondeo 2.2 TDCI y el Mazda 6 2.2 CRTD, todos ellos con cajas de cambio manuales, carrocerías de cinco puertas y 170, 175 y 185 CV respectivamente. La principal diferencia de estos modelos con respecto al resto de coches de sus segmento, y que es lo que les une, estaría en la utilización de motores de 2,2 litros —faltaría el Peugeot 407—, puesto que rivales como el Passat, el Laguna o el recién llegado Opel Insignia, recurren a los 2 litros para ofrecer una potencia similar.

El Citroën se desmarca en el apartado de comportamiento con su habitual suspensión hidroneumática, que será la que marque las diferencias más radicales de comportamiento. Tecnológicamente es una suspensión mucho más elaborada que la del tradicional conjunto muelle/amortiguador que llevan los Ford y Mazda, aunque eso no significa que sea mejor; al igual que ocurre en la calle, en nuestra propia redacción existen admiradores y detractores de esta tecnología. El principal motivo lo encontramos en la capacidad de filtrado, sin lugar a dudas la mejor de su segmento.

El C5 —que en esta generación también se puede pedir con suspensión mecánica convencional— absorbe las irregularidades como ninguno, es cómodo, evita que la carrocería balancee y es efectivo a la hora de ir rápido, por no hablar de lo poco que varía su comportamiento cuando va cargado por las ventajas de su autonivelamiento —conserva siempre la misma geometría—. El «problema» es que todo esto lo hace sin apenas transmitir información a su conductor y eso, su principal virtud, es lo que a no todo el mundo le gusta y a otros enamora. Para una conducción urbana o de autopista es confortable, mientras que en zonas de curvas es efectivo y transmite sensación de seguridad. Sin embargo, si usted es de los que les gusta un bastidor más dinámico, será mejor que se olvide de este coche, no porque vaya mal, sino porque no avisa de dónde está el límite, generando a este tipo de conductores en particular cierta sensación de inseguridad. Para ellos tanto el Mondeo como el Mazda serán una mejor opción.

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