Citroën C4 1.6 e-HDI 110 CMP

Buen arranque—el de gama, por un lado, y el del Stop&Start por otro, el mejor del mercado— por el momento; mejor final cuando se sumen a la cita los DS4, la versión que sumará diseño emocional a esta nueva generación del C4. Calidad por encima de todo, la que se ve y la que se siente, junto con unos niveles de equipamiento de referencia entre sus semejantes. Exalta su vocación de coche rodador por chasis y, con este 1.6 HDi automático, también por mecánica.
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Citroën C4 1.6 e-HDI 110 CMP
Citroën C4 1.6 e-HDI 110 CMP

A puntualizar que de momento no todas las combinaciones de motor/ transmisión/acabado son posibles — hasta abril— ya que, por ahora, todos los e-HDi —la denominación del Stop/ Start—son CMP. Matizamos el interés de la rueda de 16 pulgadas al ser estas unas Michelin Energy Saver de segunda generación con las que se logra una rebaja de emisiones adicional en, aunque todos los 1.6 HDi tenga o no la «e» delante, sean manuales o automáticos, emiten menos de 120 g/km de CO2.

El 1.6 HDi se manifiesta como siempre, con muchísima suavidad y elasticidad, por más que el cambio CMP enmascare alguno de sus mejores valores. Sobre su rendimiento, con las imposiciones de Euro V para los Diesel, todo lo que no suponga un claro retroceso se puede considerar un gran avance, como ocurre con esta nueva generación, aunque puestos a buscar diferencias, se aprecia un alto régimen menos consistente: poco o nada interesa superar ahora las 3.500 rpm. Iguala los registros de aceleración y recuperación del anterior. Calca valores de rendimiento en banco. Pero la nueva mecánica se siente más refinada. A la baja, los consumos; e-HDi aporta una rebaja sustancial en ciudad a la que se debe sumar la mayor eficiencia mecánica o aerodinámica en carretera abierta. Resultado, un consumo excepcional.

Hoy día, el CMP no es un automático de referencia, pero al menos exime la necesidad de usar el embrague. Cuesta encontrar una ventaja más allá de eso, porque la rapidez o suavidad de funcionamiento está más que superada en los «doble embrague» o incluso en convertidores de nueva generación, ya que requiere sincronizar muy bien el acelerador con el momento del cambio para lograr un cambio de marcha suave, al tiempo de tener la sensación de estar demasiado en sus manos cuando se conduce en modo totalmente automático.

Tal vez sea la única «fisura» en lo mecánico en el nuevo C4, unos cambios automáticos algo desfasados. Pese a todo, se lo recomendaríamos a quienes se decanten por la cara más burguesa del C4. La alternativa, el cambio manual también con 6 velocidades, suave como siempre, con el añadido de estar disponible en los acabados de acceso, a precio rompedor. Misma base de sustentación y esquemas de suspensión. Misma filosofía: o gusta y enamora o puede generar cierta animadversión y rechazo.

Cara o cruz
Confort y comportamiento han ido claramente a más, pero ni lo uno ni lo otro llegan a ofrecer ese rendimiento lineal que cabría esperar en un producto de nueva factura. Son, tal vez, los aspectos donde menor evolución real se siente. Pero matizamos porque el producto en sí es francamente bueno. Esa inicial sensación de alfombra rodadora desaparece de golpe ante el bache aislado más que por la sequedad en si de la suspensión, por el tiempo que perduran sus efectos en el habitáculo, del mismo modo que una ligerísima variación de la velocidad de paso sobre asfalto irregular implica un trato de amortiguación radicalmente diferente, del absoluto confort a una evidente falta de refinamiento, como si hubiéramos pasado con dos coches diferentes. Tal vez la rueda sobredimensionada de nuestra unidad de pruebas tenga mucho que decir. Seguiremos la pista y les mantendremos informados tan pronto podamos probar otro C4 similar con llanta de 16 pulgadas.

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