Chrysler 300C 3.0 V6 CRD

Hay otras maneras de tener “clase” en el segmento premium más allá de los dictados de Mercedes. Te montamos en un modelo que lleva uno de los Diesel más avanzados del mercado, que tiene el tamaño casi de un Phaeton, pero al precio de un Passat, y, por si fuera poco, que no se parece en nada a ninguno de ellos.
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Chrysler 300C 3.0 V6 CRD
Chrysler 300C 3.0 V6 CRD
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('http://multimedia.terra.es/viewer/portada.cfm?cod_media=52691&mapnivel1=MUS','','width=765,height=470') ">Chrysler 300C

A pesar de sus dimensiones, el 300C se mueve con una soltura pasmosa. Su motor le permite plantar cara –y de qué manera- a modelos más pequeños y, en teoría, más ágiles.

Su propulsor de 216 CV y 52 mkg está “alerta” a cualquier situación. Desde muy pocas revoluciones, notamos fuerza y empuje. Sorprende su manera de recuperar (el mejor frente a los rivales que le hemos seleccionado). También presenta unas aceleraciones sorprendentes para su tamaño y peso: según nuestras mediciones, pasa de 0 a 100 km/h en tan sólo 7,54 segundos. No está nada mal para dos toneladas de peso y cinco metros de longitud.

Pero hay más. Estas cifras las firma con un consumo medio de 8,7 litros cada 100 kilómetros. Está en el entorno de modelos menos potentes, como, por ejemplo, un A6 con motor TDi de 180 CV.

Y todo, con muy buenos modales: sonoridad contenida, entrega de potencia lineal... Parece increíble cómo, con una imagen tan apabullante, se transforma en pura seda para la carretera.

Sin embargo, todo ese buen hacer del motor queda un poco en entredicho por el funcionamiento del cambio. Se trata de una transmisión automática de cinco velocidades, que también ofrece un manejo manual secuencial (desplazando la palanca a la posición Drive). Echamos en falta las levas en el volante porque es mejor insertar uno mismo las marchas: es lento de reacciones. Además, no tiene distintos programas de manejo automático, como un modo Sport que sí ofrecen las transmisiones automáticas de muchos de sus rivales.

Chrysler 300C 3.0 V6 CRD Audi A6 2.7 TDi V6 Peugeot 607 2.7 HDi
Potencia máxima
Par máximo
216 CV
52 mkg
180 CV
38,7 mkg
204 CV
44,9 mkg
Consumo medio 8,7 l/100 km 8,5 l/100 km 8,8 l/100 km
0-100 km/h 7,5 s 8,8 s 9,13 s
Recuperación
1000 m en 5ª
26,38 s 33,84 s 26,78 s

No sólo ocurre con el cambio automático: el 300C es un coche más pensado para el confort que para experiencias deportivas. El bastidor así lo confirma. El conductor tendrá que adaptarse a un tarado de suspensiones blandas, a las inercias de su gran carrocería y, sobre todo, a los dictados de su tracción trasera.

Este Chrysler está diseñado para ofrecer la máxima comodidad cuando viajamos en carretera o en autopista. Los tramos revirados, obviamente, no son lo suyo. Sin embargo, en ningún momento notaremos la falta de agarre: fíjate que monta unos impresionantes neumáticos 225/60 R con llantas de 18 pulgadas. Además, para cualquier imprevisto, ahí está un equipo de frenos que cumple a la perfección y un control de estabilidad de serie.

El interior del 300C es de corte clásico, pero de soluciones vanguardistas. Memoriza la postura de conducción (hasta tres distintas). Así, nada más arrancar, volante y asiento se adaptarán a nuestro cuerpo. Para salir, el volante se aparta automáticamente para que abandonemos el vehículo más cómodamente.

Al volante, uno se siente –es innegable- “como un señor”. Aparcar ya es otro tema: la luneta trasera es muy pequeña y, por delante, debido a las dimensiones del vehículo, cuesta controlar dónde termina éste. Para remediarlo, equipa un sistema de ayuda al aparcamiento: cuando insertamos la marcha atrás, además de activar los sensores de distancia, los retrovisores se regulan automáticamente para apuntar hacia el suelo.

LO MEJOR
LO PEOR
Motor: prestaciones aseguradas
Espacio interior: derroche de centímetros
Acabado y terminaciones: no a la altura de otros premium
Transmisión automática lenta
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A pesar de sus dimensiones, el 300C se mueve con una soltura pasmosa. Su motor le permite plantar cara –y de qué manera- a modelos más pequeños y, en teoría, más ágiles.

Su propulsor de 216 CV y 52 mkg está “alerta” a cualquier situación. Desde muy pocas revoluciones, notamos fuerza y empuje. Sorprende su manera de recuperar (el mejor frente a los rivales que le hemos seleccionado). También presenta unas aceleraciones sorprendentes para su tamaño y peso: según nuestras mediciones, pasa de 0 a 100 km/h en tan sólo 7,54 segundos. No está nada mal para dos toneladas de peso y cinco metros de longitud.

Pero hay más. Estas cifras las firma con un consumo medio de 8,7 litros cada 100 kilómetros. Está en el entorno de modelos menos potentes, como, por ejemplo, un A6 con motor TDi de 180 CV.

Y todo, con muy buenos modales: sonoridad contenida, entrega de potencia lineal... Parece increíble cómo, con una imagen tan apabullante, se transforma en pura seda para la carretera.

Sin embargo, todo ese buen hacer del motor queda un poco en entredicho por el funcionamiento del cambio. Se trata de una transmisión automática de cinco velocidades, que también ofrece un manejo manual secuencial (desplazando la palanca a la posición Drive). Echamos en falta las levas en el volante porque es mejor insertar uno mismo las marchas: es lento de reacciones. Además, no tiene distintos programas de manejo automático, como un modo Sport que sí ofrecen las transmisiones automáticas de muchos de sus rivales.

Chrysler 300C 3.0 V6 CRD Audi A6 2.7 TDi V6 Peugeot 607 2.7 HDi
Potencia máxima
Par máximo
216 CV
52 mkg
180 CV
38,7 mkg
204 CV
44,9 mkg
Consumo medio 8,7 l/100 km 8,5 l/100 km 8,8 l/100 km
0-100 km/h 7,5 s 8,8 s 9,13 s
Recuperación
1000 m en 5ª
26,38 s 33,84 s 26,78 s

No sólo ocurre con el cambio automático: el 300C es un coche más pensado para el confort que para experiencias deportivas. El bastidor así lo confirma. El conductor tendrá que adaptarse a un tarado de suspensiones blandas, a las inercias de su gran carrocería y, sobre todo, a los dictados de su tracción trasera.

Este Chrysler está diseñado para ofrecer la máxima comodidad cuando viajamos en carretera o en autopista. Los tramos revirados, obviamente, no son lo suyo. Sin embargo, en ningún momento notaremos la falta de agarre: fíjate que monta unos impresionantes neumáticos 225/60 R con llantas de 18 pulgadas. Además, para cualquier imprevisto, ahí está un equipo de frenos que cumple a la perfección y un control de estabilidad de serie.

El interior del 300C es de corte clásico, pero de soluciones vanguardistas. Memoriza la postura de conducción (hasta tres distintas). Así, nada más arrancar, volante y asiento se adaptarán a nuestro cuerpo. Para salir, el volante se aparta automáticamente para que abandonemos el vehículo más cómodamente.

Al volante, uno se siente –es innegable- “como un señor”. Aparcar ya es otro tema: la luneta trasera es muy pequeña y, por delante, debido a las dimensiones del vehículo, cuesta controlar dónde termina éste. Para remediarlo, equipa un sistema de ayuda al aparcamiento: cuando insertamos la marcha atrás, además de activar los sensores de distancia, los retrovisores se regulan automáticamente para apuntar hacia el suelo.

LO MEJOR
LO PEOR
Motor: prestaciones aseguradas
Espacio interior: derroche de centímetros
Acabado y terminaciones: no a la altura de otros premium
Transmisión automática lenta

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