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Chevrolet Spark 1.2 LT

Tiene todo lo que se le puede pedir a un vehículo urbano y lo complementa con un diseño atrevido, algo más agresivo que lo habitual en su segmento. Su consistente tacto general y una gran comodidad de suspensiones se lo pondrán difícil a muchos de sus competidores.
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Chevrolet Spark 1.2 LT
Chevrolet Spark 1.2 LT

La oferta de vehículos ciudadanos es cada vez mayor y más atractiva. Un ejemplo de ello es el Chevrolet Spark, un modelo de nuevo desarrollo realizado sobre la arquitectura "mini" de General Motors y que supone un gran salto respecto al Matiz, tanto mecánicamente como en cuanto a calidad percibida. Sus propulsores están por debajo de la barrera de los 120 g/km de emisiones de CO2, de modo que quedan exentos de Impuesto de Matriculación, logrando así un precio muy competitivo. El más potente es el 1.2 de 81 CV que nos ocupa, cuya cifra de potencia le hace más versátil que el 1.0 (68 CV) a la hora de salir a carretera abierta, así como ágil en trayectos urbanos, ya que tiene una respuesta más viva al circular en marchas largas y nos da menos trabajo a la hora de adaptarnos al ritmo del tráfico.

De los cinco acabados disponibles, el LT es el más completo. Está adornado con detalles exteriores ciertamente originales, como las barras del techo o el escape encastrado en el faldón, algo que aporta un apetecible toque de deportividad, al igual que el deflector aerodinámico sobre la luneta posterior y las llantas de aleación. En cuanto al habitáculo, aun siendo sencillo, no peca de la austeridad reinante en este segmento. Lógicamente, los materiales empleados para el salpicadero son plásticos duros, pero combinados con buen gusto y con terminaciones vistosas, tanto satinadas como de efecto aluminio. Lo más llamativo del interior del Chevrolet Spark es el reducido cuadro de mandos adosado a la columna de la dirección, con un velocímetro analógico y un cuentavueltas digital inspirado claramente en el mundo de las dos ruedas. En su pantalla se muestran los datos de un ordenador de viaje no demasiado completo, pero que al menos cuenta con autonomía, velocidad media, distancia de viaje, termómetro exterior y reloj. Inexplicablemente, carece de datos sobre el consumo de combustible, ni medio ni instantáneo. Tampoco hay termómetro de agua, ni testigo que nos avise cuando el motor está frío, pero no nos podemos quejar, pues no es lo habitual en este tipo de automóvil.

El climatizador —de serie— es otro de los pequeños "lujos" de este acabado, además ha mejorado notablemente su funcionamiento respecto a otros modelos anteriores de Chevrolet. Cuenta con mandos circulares que se repiten en la radio, otro elemento en el que no se ha escatimado, pues reproduce archivos en formato MP3 y cuenta con buen sonido gracias a sus altavoces delanteros y traseros. Como no podía ser de otra manera para captar el interés de los más jóvenes, dispone de tomas de entrada auxiliar y mini-USB (requiere un cable específico para conectar nuestros dispositivos portátiles). Los mandos integrados en el volante son de serie.

Otra grata sorpresa del Chevrolet Spark son los múltiples y prácticos recovecos para depositar objetos, que son más de los habituales en el segmento de los micro urbanos; se encuentran repartidos por la consola central, el salpicadero y las puertas delanteras —en la zona trasera sólo hay un posavasos central y una bolsa en el respaldo del acompañante—, de modo que no tendremos problemas para vaciarnos los bolsillos ni para llevar refrescos o una botella de agua grande. Incluso hay un portagafas en el lugar del asidero del techo de la puerta del conductor. El maletero, en cambio, no resulta tan capaz debido a su contenido volumen, incluso llevando un kit reparapinchazos en lugar de rueda de repuesto. Si queremos cargar algún bulto o maleta de gran tamaño tendremos que abatir, al menos, uno de los asientos traseros, algo que se hace al estilo tradicional, es decir, primero la banqueta y después el respaldo. Esta es la única modularidad del Chevrolet Spark, que apuesta ante todo por la sencillez. Respecto a la habitabilidad, está homologado para cinco pasajeros, algo de lo que no puede presumir gran parte de su competencia, a la que gana en anchura disponible. Delante no sobra espacio, sin embargo es relativamente amplio para su tamaño, además, el mínimo recorrido lateral de la palanca de cambios evita que golpeemos a nuestro acompañante en la rodilla al insertar 5ª. La postura al volante —regulable en altura— resulta bastante elevada, incluso en la posición más rebajada del asiento, que cuenta con reglaje vertical para el conductor. Esta es la única plaza cuyo cinturón de seguridad es regulable en altura. El ajuste del respaldo, mediante palanca en lugar de rueda giratoria, no es tan preciso como quisiéramos, ya que el salto entre las posiciones prefijadas resulta excesivamente espaciado. Por último, las puertas traseras y la forma tan cuadrada de su marco hacen que el acceso al habitáculo sea bastante sencillo, si bien no hay demasiada distancia libre entre la base del asiento y el pilar B. Por otra parte, tanto los elevalunas delanteros como los traseros son eléctricos en la terminación LT.

Giramos la llave de contacto y comprobamos que el motor del Chevrolet Spark al ralentí apenas vibra ni suena. Acostumbrados a los Diesel, es casi como si estuviera parado. El tacto de la dirección hidráulica también resulta muy de nuestro agrado, aunque en marcha apenas informa de lo que ocurre bajo los neumáticos y en situaciones muy determinadas, como al acelerar a fondo en curvas bacheadas, puede transmitirnos algún tirón. Uno de los puntos fuertes del urbano de Chevrolet es el confort de suspensiones. Absorbe los baches con mucha suavidad y no por ello sacrifica ni un ápice de estabilidad. Su comportamiento es predecible y de reacciones progresivas, por lo que consigue transmitirnos bastante confianza e incluso diversión al volante. No es un coche deportivo, pero responde con unas maneras impecables si le buscamos las cosquillas, gracias a una trasera capaz de cooperar redondeando los giros ante situaciones críticas, pero sólo lo justo para mantener la facilidad de conducción. Sus reducidas dimensiones y corta batalla le brindan buena agilidad en curva. Como opción, es posible incorporar control electrónico de estabilidad, un elemento siempre recomendable y, en este caso, asequible (250 euros).

En autopistas y autovías es donde aparecen algunas de sus limitaciones. Resulta algo sensible al viento lateral y su aerodinámica penaliza el consumo si mantenemos un crucero elevado. Por otro lado, el motor resulta ruidoso en aceleración y a velocidades altas, algo que se mitiga en parte con unos desarrollos del cambio muy largos. En 1ª alcanza 50 km/h, en 2ª, más de 90 km/h y en 3ª, 145 km/h si llegamos al corte de inyección. Para lograr un buen nivel de prestaciones es imprescindible hacer un uso frecuente del cambio, además es en la zona alta del cuentavueltas donde se obtiene lo mejor de este motor. Si viaja el conductor solo no hay problema para lograr un buen dinamismo de marcha, ya que el pequeño 1.2 se desenvuelve con suficiente soltura, pero a la hora de adelantar o superar algún repecho acusa el peso del resto de los ocupantes. Afortunadamente el tacto del cambio del Spark es, junto con la dirección, digno de categoría superior, gracias a su accionamiento preciso y sensación de robustez. En definitiva, estamos ante un modelo agradable de usar y a tener en cuenta, ya sea como segundo coche o como medio de transporte económico.

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