Chevrolet Cruze 2.0 VCDi

En constante evolución. Con el Cruze Chevrolet da un paso más. Deja de basar su oferta en el precio para ofrecer algo más que un bajo precio. Un agradable diseño, un original y espacioso interior y, sobre todo, unas prestaciones impresionantes son el principal valor añadido de esta nueva berlina.
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Chevrolet Cruze 2.0 VCDi
Chevrolet Cruze 2.0 VCDi

Pasado, presente y futuro. Daewoo, Cruze y Volt. Del habitual “estándar” coreano a la búsqueda de los niveles de calidad —en acabados, refinamiento o comportamiento— que rigen el mercado europeo. Y de ahí, tras un salto olímpico gracias al futuro Volt, a colocarse como un buen referente de la nueva era automovilística: los coches eléctricos. No cabe duda de que Chevrolet se ha puesto las pilas. Su participación en el WTCC ha dado sus frutos en imagen de marca y con el Cruze quiere aprovechar ese tirón.

Está basado en la nueva arquitectura del inminente Opel Astra, y de eso también se pretende sacar partido para alcanzar esa lógica evolución que tanta falta hacía en los modelos de la “era” anterior que aún quedan en el catálogo de productos de la marca —el Nubira, su antecesor, sin ir más lejos— . También se aprecia un mayor cuidado en el detalle, el diseño, las posibilidades de equipamiento y, sobre todo, en la seguridad: el Cruze llega a nuestro mercado con ESP de serie. Con el motor 2.0 VCDi de 150 CV —hay otro Diesel de acceso con este mismo bloque y 125 CV— no alcanza niveles de potencia inéditos en la categoría, pero sí en prestaciones: en su clase cuesta encontrar modelos que sean más rápidos que él. Con buena planta, cuidadas formas, una larga batalla para su longitud y excelente capacidad de carga, el Chevrolet Cruze bien podría ser una interesante alternativa a las berlinas medias, aunque donde intenta ejercer más presión es entre la oferta de sedán derivados de compactos, léase Ford Focus, Renault Mégane Sedán, Mitsubishi Lancer, <a href="Mazda3 SportSedán, VW Jetta o Skoda Octavia.

Por menos de 20.000 euros se accede al motor Chevrolet 2.0 VCDi de 150 CV en su acabado más alto de gama, el LT, una definición que deja sin grandes fisuras los apartados de confort y seguridad, aunque eso sí, dejando lugar a un número muy reducido de opciones:techo solar, navegador y pintura metalizada. En el debe, faltan airbag laterales traseros y tampoco puede llevar el de rodilla, cada vez más extendido.

Su precio sigue siendo uno de los focos de atención. Pero no el principal. Donde sobresale el Cruze es a la hora de poner toda la carne en el asador sobre el asfalto. Sus prestaciones son de nota, tanto que es capaz sonrojar a prácticamente la totalidad de berlinas medias equipadas con un turbodiesel de similar potencia, entre las cuales se encuentra todo un BMW 318d. Fuerza bruta —en mayor cantidad que la calidad— asociada a un cambio de sólo cinco relaciones son la clave de semejante proeza, y eso que el Cruze no es precisamente un peso pluma: con 1.555 kilos, tiene tanto lastre como un voluminoso VW Passat.

Recuperando de la mente otros motores de su cilindrada y potencia, no es un propulsor de refinamiento prodigioso, aunque todos los aspectos que de él derivan en ello sean más que aceptables —sonoridad, asperezas, vibraciones…—. Y es que, son “sus formas” lo que le impiden brillar en agrado de uso como lo hace en prestaciones, ya que se trata de una motorización de escasa elasticidad y algo chapado a la antigua por la forma en la que entrega sus valores de potencia y par: de la nada al todo en un santiamén —y a la inversa a altas vueltas—y, por tanto, con fogoso efecto turbo a unas 2.000 rpm y poco aprovechamiento en la frontera de las 4.000 rpm.

Fuera de carreteras amplias todas esas características citadas condicionan su conducción y agrado de utilización de este Cruze, requiriendo un adecuado empleo de su agradable cambio de marchas para lograr la fluidez deseable. En cuanto a los consumos, en autopista pasa factura el cambio de 5 marchas —con desarrollos no especialmente largos—; el motor es sensible a los cambios de ritmo; y en ciudad, su precaria elasticidad no pone las cosas fáciles a la hora de conseguir los mejores registros en estas labores, aunque el Chevrolet Cruze está lejos de ser el más glotón de la categoría.

Chevrolet se ha esforzado más que nunca en «europeizar» su puesta en escena, más cuando ahora tiene a su favor una plataforma de moderna factura, aunque al volante no parezca serlo tanto. La carrocería sí está muy bien filtrada del asfalto —ahí es donde reside el mayor avance— sin necesidad de recurrir a tarados de suspensión demasiado blandos, aunque el Cruce deja claro que lo que prevalece es el confort. Sin embargo, la precisión del conjunto no es todo lo fidedigna y directa que se espera de un automóvil de nueva generación, más, cuando la impronta del Cruze insinúa cierta deportividad. Casi todo viene derivado de la conducta de su tren delantero, demasiado lento en obedecer las órdenes dictadas, lo cual redunda en un comportamiento base poco ágil que, a su vez, deriva en una tendencia excesivamente subviradora.

Si el punto fuerte de este tipo de carrocerías reside, más que en el espacio interior, en el volumen capaz de trasportar, el Cruze no defrauda. Sus 490 litros están lejos de las cifras récord del segmento, pero hay espacio de sobra, la boca de carga no es demasiado estrecha y dispone de asientos abatibles por si hubiera que transportar objetos largos. Eso sí, las bisagras «cuello de cisne» roban algo de espacio e impiden que bajo ellas se alojen bultos rígidos, ya que no cerraría la tapa —por cierto, sin asidero—. El interior no ofrece anchura suficiente para tres pasajeros detrás, pero sí holgura en los otros dos sentidos para garantizar el confort necesario en jornadas intensivas de viaje, agradeciendo también el buen confort que proporciona la amortiguación o el bajo nivel sonoro del que también se disfruta en estas plazas. Conductor y acompañante disponen de asientos de buen agarre; los finos pilares delanteros, junto a los enormes espejos laterales proporcionan un correcto control del perímetro del coche y los amplios reglajes de volante y asientos acogen a conductores de cualquier talla. No abundan los materiales nobles, pero se solventan con ingenio y originalidad las carencias, como el recurso del tejido en el salpicadero. En líneas generales, se aprecia el progreso respecto al Nubira, aunque no tanto con la vista puesta en los productos de Renault o Ford.

— Relación precio/producto
— Motor contundente
— Original diseño y presentación

— Precisión del tren delantero
— Sólo 5 marchas
— Elasticidad del motor

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