Citroën C4 1.6 e-HDi CMP vs Ford Focus 1.6 TDCi, Mazda3 1.6 CRTD y Peugeot 308 1.6 e.HDi CMP

Uno de los acuerdos técnicos de colaboración más fructuosos, es el que mantienen en materia Diesel los Grupos PSA y Ford. Una sinergia de la que se aprovechan estos cuatro modelos de ambos grupos, pero que no por compartir mecánica y plataforma dentro de la misma compañía, renuncian a una propia identidad.
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Citroën C4 1.6 e-HDi CMP vs Ford Focus 1.6 TDCi, Mazda3 1.6 CRTD y Peugeot 308 1.6 e.HDi CMP
Citroën C4 1.6 e-HDi CMP vs Ford Focus 1.6 TDCi, Mazda3 1.6 CRTD y Peugeot 308 1.6 e.HDi CMP

Otro ejemplo de sinergia industrial aparece en los bastidores de estos cuatro coches, compartidos entre Fo­cus y Mazda, por un lado, y C4 y 308 por otro. Pero aquí la filosofía de cada marca asume menos compromisos. Si los franceses repuntan el confort, Ford y Mazda, que se enorgullecen entre los modelos compactos por es­trenar en el segmento una estructura posterior multibrazo, repuntan el di­namismo de sus reacciones. En estos dos últimos hay una mayor similitud de sensaciones y reacciones que en­tre los C4 y 308.

 Focus y Mazda3 se muestran muy rápidos de dirección y sus reaccio­nes «quitan» peso al conjunto sin que esto suponga estresar al conductor. So­bre todo en secuencias de curvas, am­bos coches se llevan muy rápido por la sencillez que transmiten.

El C4 y el 308 parecen coches más grandes, por sus reacciones algo más pesados, pero aun así, el Peu­geot nos ha resultado un coche con una pisada extraordinaria. Su calidad de rodadura está unos puntos por en­cima de sus rivales, en la gestión de absorber baches y badenes en plena curva, y en definitiva en transmitir una quietud en sus movimientos que aporta mucha seguridad. Quizás no es tan reactivo como el Focus y Mazda3, pero se desenvuelve con mucha agi­lidad cuando se requiere y su mayor progresividad transmite, de nuevo, un plus de estabilidad.

El Citroën C4 es el coche más per­sonal de todos. Es un Citroën y qui­zás con esto ya muchos conductores sabrán lo que se van a encontrar a sus mandos. Su amortiguación es, con mucho, la que más aísla la carroce­ría del asfalto, para lo bueno y para lo malo. La suavidad de rodadura pa­rece de coche bueno de segmento su­perior, pero tenemos que aceptar ma­yores balanceos laterales (en curva) y longitudinales (en aceleración y fre­nada), que de alguna manera restan precisión y sensación de guiado al conductor. Y esta suavidad no siem­pre responde como esperamos en ba­ches y badenes, favoreciendo la pre­sencia de vibraciones y movimientos acusados en la carrocería que rom­pen con el confort de marcha espe­rado hasta ese momento.

En el desplazamiento cotidiano salen a relucir las mejores virtudes del cambio CMP de los modelos franceses y su ma­yor finura mecánica y de rodadura, ade­más del excelente funcionamiento del sistema Stop-Start antes comentado. Por espacio y sensación, el 308 ofrece el habitáculo más amplio, con cierto aroma a monovolumen, por la altura al techo y profundidad del salpicadero.

Parecido ambiente transmite el C4, pero penaliza mucho la cota de altura trasera para acoger adultos. Como buenos modelos franceses, los asientos son de grandes dimensiones y en general trans­miten un acomodo muy agradable.

Ford y Mazda miman al conductor en­tusiasta, con un puesto de conducción que lo arropa, por una distribución de volante, pedales, cambio y formas de asiento muy integradora. Entre estos, el maletero del Mazda3 no se corres­ponde con su tamaño, el más pequeño para la carrocería más larga.

Ser el modelo más nuevo se refleja en el equipamiento del Focus, con solucio­nes más vanguardistas en materia de seguridad, como el asistente de carril que, o bien avisa con una trepidación sobre el volante (también puede dispo­ner el C4 de un sistema similar) o va más allá y actúa sobre el volante para retomar la trayectoria. También ofrece un sistema de vigilancia de los puntos ciegos (y el C4) y otro sistema de de­tección de peligro por colisión, solu­ciones que lo sitúan en una posición ventajosa, cuando los equipamientos básicos de todos se han estandarizado con el control de estabilidad y los air­bag frontales, laterales y de cortina.

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blockquote> - Un motor para cuatro jinetes

Otro ejemplo de sinergia industrial aparece en los bastidores de estos cuatro coches, compartidos entre Fo­cus y Mazda, por un lado, y C4 y 308 por otro. Pero aquí la filosofía de cada marca asume menos compromisos. Si los franceses repuntan el confort, Ford y Mazda, que se enorgullecen entre los modelos compactos por es­trenar en el segmento una estructura posterior multibrazo, repuntan el di­namismo de sus reacciones. En estos dos últimos hay una mayor similitud de sensaciones y reacciones que en­tre los C4 y 308.

 Focus y Mazda3 se muestran muy rápidos de dirección y sus reaccio­nes «quitan» peso al conjunto sin que esto suponga estresar al conductor. So­bre todo en secuencias de curvas, am­bos coches se llevan muy rápido por la sencillez que transmiten.

El C4 y el 308 parecen coches más grandes, por sus reacciones algo más pesados, pero aun así, el Peu­geot nos ha resultado un coche con una pisada extraordinaria. Su calidad de rodadura está unos puntos por en­cima de sus rivales, en la gestión de absorber baches y badenes en plena curva, y en definitiva en transmitir una quietud en sus movimientos que aporta mucha seguridad. Quizás no es tan reactivo como el Focus y Mazda3, pero se desenvuelve con mucha agi­lidad cuando se requiere y su mayor progresividad transmite, de nuevo, un plus de estabilidad.

El Citroën C4 es el coche más per­sonal de todos. Es un Citroën y qui­zás con esto ya muchos conductores sabrán lo que se van a encontrar a sus mandos. Su amortiguación es, con mucho, la que más aísla la carroce­ría del asfalto, para lo bueno y para lo malo. La suavidad de rodadura pa­rece de coche bueno de segmento su­perior, pero tenemos que aceptar ma­yores balanceos laterales (en curva) y longitudinales (en aceleración y fre­nada), que de alguna manera restan precisión y sensación de guiado al conductor. Y esta suavidad no siem­pre responde como esperamos en ba­ches y badenes, favoreciendo la pre­sencia de vibraciones y movimientos acusados en la carrocería que rom­pen con el confort de marcha espe­rado hasta ese momento.

En el desplazamiento cotidiano salen a relucir las mejores virtudes del cambio CMP de los modelos franceses y su ma­yor finura mecánica y de rodadura, ade­más del excelente funcionamiento del sistema Stop-Start antes comentado. Por espacio y sensación, el 308 ofrece el habitáculo más amplio, con cierto aroma a monovolumen, por la altura al techo y profundidad del salpicadero.

Parecido ambiente transmite el C4, pero penaliza mucho la cota de altura trasera para acoger adultos. Como buenos modelos franceses, los asientos son de grandes dimensiones y en general trans­miten un acomodo muy agradable.

Ford y Mazda miman al conductor en­tusiasta, con un puesto de conducción que lo arropa, por una distribución de volante, pedales, cambio y formas de asiento muy integradora. Entre estos, el maletero del Mazda3 no se corres­ponde con su tamaño, el más pequeño para la carrocería más larga.

Ser el modelo más nuevo se refleja en el equipamiento del Focus, con solucio­nes más vanguardistas en materia de seguridad, como el asistente de carril que, o bien avisa con una trepidación sobre el volante (también puede dispo­ner el C4 de un sistema similar) o va más allá y actúa sobre el volante para retomar la trayectoria. También ofrece un sistema de vigilancia de los puntos ciegos (y el C4) y otro sistema de de­tección de peligro por colisión, solu­ciones que lo sitúan en una posición ventajosa, cuando los equipamientos básicos de todos se han estandarizado con el control de estabilidad y los air­bag frontales, laterales y de cortina.

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Otro ejemplo de sinergia industrial aparece en los bastidores de estos cuatro coches, compartidos entre Fo­cus y Mazda, por un lado, y C4 y 308 por otro. Pero aquí la filosofía de cada marca asume menos compromisos. Si los franceses repuntan el confort, Ford y Mazda, que se enorgullecen entre los modelos compactos por es­trenar en el segmento una estructura posterior multibrazo, repuntan el di­namismo de sus reacciones. En estos dos últimos hay una mayor similitud de sensaciones y reacciones que en­tre los C4 y 308.

 Focus y Mazda3 se muestran muy rápidos de dirección y sus reaccio­nes «quitan» peso al conjunto sin que esto suponga estresar al conductor. So­bre todo en secuencias de curvas, am­bos coches se llevan muy rápido por la sencillez que transmiten.

El C4 y el 308 parecen coches más grandes, por sus reacciones algo más pesados, pero aun así, el Peu­geot nos ha resultado un coche con una pisada extraordinaria. Su calidad de rodadura está unos puntos por en­cima de sus rivales, en la gestión de absorber baches y badenes en plena curva, y en definitiva en transmitir una quietud en sus movimientos que aporta mucha seguridad. Quizás no es tan reactivo como el Focus y Mazda3, pero se desenvuelve con mucha agi­lidad cuando se requiere y su mayor progresividad transmite, de nuevo, un plus de estabilidad.

El Citroën C4 es el coche más per­sonal de todos. Es un Citroën y qui­zás con esto ya muchos conductores sabrán lo que se van a encontrar a sus mandos. Su amortiguación es, con mucho, la que más aísla la carroce­ría del asfalto, para lo bueno y para lo malo. La suavidad de rodadura pa­rece de coche bueno de segmento su­perior, pero tenemos que aceptar ma­yores balanceos laterales (en curva) y longitudinales (en aceleración y fre­nada), que de alguna manera restan precisión y sensación de guiado al conductor. Y esta suavidad no siem­pre responde como esperamos en ba­ches y badenes, favoreciendo la pre­sencia de vibraciones y movimientos acusados en la carrocería que rom­pen con el confort de marcha espe­rado hasta ese momento.

En el desplazamiento cotidiano salen a relucir las mejores virtudes del cambio CMP de los modelos franceses y su ma­yor finura mecánica y de rodadura, ade­más del excelente funcionamiento del sistema Stop-Start antes comentado. Por espacio y sensación, el 308 ofrece el habitáculo más amplio, con cierto aroma a monovolumen, por la altura al techo y profundidad del salpicadero.

Parecido ambiente transmite el C4, pero penaliza mucho la cota de altura trasera para acoger adultos. Como buenos modelos franceses, los asientos son de grandes dimensiones y en general trans­miten un acomodo muy agradable.

Ford y Mazda miman al conductor en­tusiasta, con un puesto de conducción que lo arropa, por una distribución de volante, pedales, cambio y formas de asiento muy integradora. Entre estos, el maletero del Mazda3 no se corres­ponde con su tamaño, el más pequeño para la carrocería más larga.

Ser el modelo más nuevo se refleja en el equipamiento del Focus, con solucio­nes más vanguardistas en materia de seguridad, como el asistente de carril que, o bien avisa con una trepidación sobre el volante (también puede dispo­ner el C4 de un sistema similar) o va más allá y actúa sobre el volante para retomar la trayectoria. También ofrece un sistema de vigilancia de los puntos ciegos (y el C4) y otro sistema de de­tección de peligro por colisión, solu­ciones que lo sitúan en una posición ventajosa, cuando los equipamientos básicos de todos se han estandarizado con el control de estabilidad y los air­bag frontales, laterales y de cortina.

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Otro ejemplo de sinergia industrial aparece en los bastidores de estos cuatro coches, compartidos entre Fo­cus y Mazda, por un lado, y C4 y 308 por otro. Pero aquí la filosofía de cada marca asume menos compromisos. Si los franceses repuntan el confort, Ford y Mazda, que se enorgullecen entre los modelos compactos por es­trenar en el segmento una estructura posterior multibrazo, repuntan el di­namismo de sus reacciones. En estos dos últimos hay una mayor similitud de sensaciones y reacciones que en­tre los C4 y 308.

 Focus y Mazda3 se muestran muy rápidos de dirección y sus reaccio­nes «quitan» peso al conjunto sin que esto suponga estresar al conductor. So­bre todo en secuencias de curvas, am­bos coches se llevan muy rápido por la sencillez que transmiten.

El C4 y el 308 parecen coches más grandes, por sus reacciones algo más pesados, pero aun así, el Peu­geot nos ha resultado un coche con una pisada extraordinaria. Su calidad de rodadura está unos puntos por en­cima de sus rivales, en la gestión de absorber baches y badenes en plena curva, y en definitiva en transmitir una quietud en sus movimientos que aporta mucha seguridad. Quizás no es tan reactivo como el Focus y Mazda3, pero se desenvuelve con mucha agi­lidad cuando se requiere y su mayor progresividad transmite, de nuevo, un plus de estabilidad.

El Citroën C4 es el coche más per­sonal de todos. Es un Citroën y qui­zás con esto ya muchos conductores sabrán lo que se van a encontrar a sus mandos. Su amortiguación es, con mucho, la que más aísla la carroce­ría del asfalto, para lo bueno y para lo malo. La suavidad de rodadura pa­rece de coche bueno de segmento su­perior, pero tenemos que aceptar ma­yores balanceos laterales (en curva) y longitudinales (en aceleración y fre­nada), que de alguna manera restan precisión y sensación de guiado al conductor. Y esta suavidad no siem­pre responde como esperamos en ba­ches y badenes, favoreciendo la pre­sencia de vibraciones y movimientos acusados en la carrocería que rom­pen con el confort de marcha espe­rado hasta ese momento.

En el desplazamiento cotidiano salen a relucir las mejores virtudes del cambio CMP de los modelos franceses y su ma­yor finura mecánica y de rodadura, ade­más del excelente funcionamiento del sistema Stop-Start antes comentado. Por espacio y sensación, el 308 ofrece el habitáculo más amplio, con cierto aroma a monovolumen, por la altura al techo y profundidad del salpicadero.

Parecido ambiente transmite el C4, pero penaliza mucho la cota de altura trasera para acoger adultos. Como buenos modelos franceses, los asientos son de grandes dimensiones y en general trans­miten un acomodo muy agradable.

Ford y Mazda miman al conductor en­tusiasta, con un puesto de conducción que lo arropa, por una distribución de volante, pedales, cambio y formas de asiento muy integradora. Entre estos, el maletero del Mazda3 no se corres­ponde con su tamaño, el más pequeño para la carrocería más larga.

Ser el modelo más nuevo se refleja en el equipamiento del Focus, con solucio­nes más vanguardistas en materia de seguridad, como el asistente de carril que, o bien avisa con una trepidación sobre el volante (también puede dispo­ner el C4 de un sistema similar) o va más allá y actúa sobre el volante para retomar la trayectoria. También ofrece un sistema de vigilancia de los puntos ciegos (y el C4) y otro sistema de de­tección de peligro por colisión, solu­ciones que lo sitúan en una posición ventajosa, cuando los equipamientos básicos de todos se han estandarizado con el control de estabilidad y los air­bag frontales, laterales y de cortina.

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