BMW Z4 M Roadster

Todavía en estos tiempos de profilaxis vial se puede disfrutar de coches que ofrecen la posibilidad de saborear la conducción como era antes, pura, sin filtrar, extrema y muy exigente. Uno de esos coches es el BMW Z4 M Roadster, una de las creaciones más deportivas y eficaces que haya puesto a la venta la firma alemana. Conducirlo es, además de una dura experiencia atlética, una explosión para los sentidos.
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BMW Z4 M Roadster
BMW Z4 M Roadster

Rodando de una forma rutinaria, el Z4 M puede ser incluso una pesadilla. Muy duro de suspensiones, sin apenas tamices entre el suelo y nuestra espalda, el coche se nos antoja incomodísimo para un uso cotidiano. Lo mismo para los viajes largos: terriblemente ruidoso, seco, enemigo del descanso… No, no se pasa un buen rato cuando se viaja con él… Además, con lo que corre, hay que ir muy atento para no vivir siempre al margen de la ley. Claro, a cambio, con su aceleración de nave espacial, este BMW se mueve por las autopistas como en vuelo rasante, dejando atrás cualquier obstáculo y ofreciendo unos adelantamientos relampagueantes.

Pero entonces, con un dulce giro de volante dejamos atrás la autopista y nos internamos en carreteras de segundo o tercer orden y, de repente, todo cambia. El ruido del coche deja de molestarnos y se convierte en música. La dureza de las suspensiones pasa a ser garantía de eficacia en las curvas y la violencia del motor, nuestra mejor aliada para dejar atrás cuanto antes el trámite de asfalto que lleva de un giro al siguiente.

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p> Ahí, en ese terreno, el coche es demoledor, y también muy delicado de conducir, sobre todo si se quiere ir rápido. Hay que entender que tiene más o menos los mimbres de un M3, pero que, con sus 4,11 metros, es bastante más corto, con lo que todo sucede mucho más deprisa y con mucho más ímpetu. Es decir, no hay que perder nunca de vista la carretera y es necesario dosificar mucho el gas.

Lo bueno es que la electrónica está de nuestro lado. El control de estabilidad, calibrado para intervenir con cierta indulgencia, nos dejará hacer y experimentar antes de poner orden. Es relativamente fácil llevar el coche rápido con esta ayuda. Sólo intervendrá cuando ya las cosas pasen realmente a mayores y, además, lo hará con progresividad, dejando que el conductor siente que, a medias con la electrónica, es él quien tiene la última palabra y quien pone todo en su sitio. Así, a poco que abusemos del acelerador a la salida de las curvas, aparecerá un sobreviraje claro y bastante violento que inmediatamente es dominado por el DSC y, después, corregido por las manos del conductor.

Antes, al entrar en la curva, puede que haya aparecido un brusco latigazo del eje trasero si no atendemos con cuidado al embrague en las retenciones. Después, al iniciar la trazada, suele aparecer un leve subviraje. Es poca cosa, pero sirve para avisar de que llega el límite y para que levantemos el pie y metamos volante. No hay problema: el coche lo asume y obedece. En ese tramo de la maniobra, la dirección resulta fabulosa por precisa y rápida. Además, la carrocería, tan bien sujeta por la suspensión, no se mueve lo más mínimo, con lo que la sensación es de total aplomo y confianza. Una vez dentro, el coche traza sin dudar y sale de la curva pidiendo batalla. Es ahí, justo ahí, donde hay que ser piadoso con el acelerador. El menor exceso desatará el sobreviraje que hemos descrito antes.

El 3.2 que lleva este Z4 M es una de las creaciones más admiradas de BMW. Estructuralmente es un “sencillo” seis cilindros en línea montado en el sentido de la marcha, una disposición tradicional, pero muy efectiva a la hora de entregar la potencia. Cuenta, además, con el sistema Vanos de distribución variable, que permite reducir el consumo de combustible y mejorar la generación de potencia.
Así, esta máquina anuncia 343 CV a 7.900 vueltas, aunque nuestro Centro Técnico no ha medido más de 333 CV a 6.800 giros. A cambio, el par máximo oficial, 37,2 mkg, ha esponjado hasta los 40,5 mkg, cifra que se entrega a 4.780 rpm.
En marcha, es una bestia. Empuja con ferocidad desde prácticamente el inicio, con un 80 por ciento del par disponible a sólo 2.000 vueltas y una pasmosa capacidad para estirarse hasta las 8.000. Flexible, ágil, siempre poderoso, es un motor que no deja frío a nadie, porque siempre está dispuesto a entregar mucha más fuerza de la que hace falta para catapultar un coche que, en vacío, pesa 1.485 kg.

Hasta aquí, todo lo contado sucede bajo el gobierno sereno del control de estabilidad, puesto a punto con un equilibrio difícil de igualar. Pero cuando apretamos el botón que lo desactiva, todo cambia. Las fuerzas salvajes que anidan dentro de este Z4 M se liberan y el coche se transforma. Ahora ya nada frena sus instintos y el conductor está solo con su talento y su prudencia para domarlo.

En esas condiciones todo es violencia y los subvirajes, cruzadas de escándalo, se suceden a cualquier velocidad. Esto último es importante, porque el coche se atraviesa cuando rueda despacio, así que hay que tener mucho tacto cuando se va deprisa, porque dominar esos latigazos a gran velocidad exige unas manos que no las tiene todo el mundo. Y, ojo, que este coche corre una auténtica barbaridad…

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p> Por suerte, los frenos son infatigables y la dirección obedece con abnegación. De no ser así, este coche casi no se podría conducir sin control de estabilidad. Al menos, no se podría conducir en carretera abierta, haría falta un circuito para minimizar riesgos.

Pero si tomamos algunas precauciones, el Z4 M es la diversión pura. Sus sobrevirajes son adrenalina en vena y exigen un continuo contravolante y nervios bien templados. Aun así, después de unos pocos kilómetros se suda como si fuéramos dando pedales…Una auténtica gozada. Simplemente eso.

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p> En el lado negativo hay que hablar, claro del consumo: 12,1 litros de media según nuestro Centro Técnico, una cifra que palidece a poquito que abusemos del acelerador. Pero, la verdad, pudiendo disfrutar de todo lo anterior, ¿a quién le preocupa el gasto en combustible?

LO MEJOR
LO PEOR

* Impresionante potencial deportivo
* Motor muy potente
* Elegante estética clásica

* Ruido excesivo
* Suspensión incómoda para viajar
* Mínimo maletero

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