BMW Z4 M Roadster

Todavía en estos tiempos de profilaxis vial se puede disfrutar de coches que ofrecen la posibilidad de saborear la conducción como era antes, pura, sin filtrar, extrema y muy exigente. Uno de esos coches es el BMW Z4 M Roadster, una de las creaciones más deportivas y eficaces que haya puesto a la venta la firma alemana. Conducirlo es, además de una dura experiencia atlética, una explosión para los sentidos.
Autopista -
BMW Z4 M Roadster
BMW Z4 M Roadster
Ver vídeosVer vídeo
<table border=0 cellspacing=0 cellpadding=0 class=visu4>
<tr align=right><td colspan=3 class=visu2><img src="http://www.terra.es/img/visu_aub.gif" alt=""></td></tr>
<tr> 
<td class=visu2><img src="http://www.terra.es/img/au.gif" width=1 height=1 alt=""></td>
<td id=visu5><ul> 



    <li><a href="javascript:abrir_ventana

('http://multimedia.terra.es/viewer/portada.cfm?cod_media=60100&mapnivel1=MUS','','width=765,height=470') ">BMW Z4 Roadster M

En BMW no han querido andar en bromas con este Z4. Sobre su muy eficiente bastidor han montado el sobrecogedor corazón del M3, el más legendario y extremado de sus deportivos. Después han endurecido la suspensiones, han ajustado la electrónica y han dibujado un vehículo precioso de formas y respetuoso con el canon de los deportivos clásicos. Una capota eléctrica pone la guinda y, después, sólo diversión.

Así es, en muy pocas palabras, el BMW Z4, un coche que cuesta 67.200 euros y que, a cambio de ese precio, nos permite saborear sensaciones que ya no se encuentran fácilmente con un volante entre las manos.
Y eso, que no es poco, es lo mejor que se puede decir de el Z4, un coche que, por lo demás, es incómodo, duro, ruidoso y “gastón”. Pero todos estos defectos se olvidan cuando se enfila la primera curva…

Si el Z4 es ya de por sí un coche audaz, esta variante M, realizada por el preparador deportivo de BMW, Motorsport, es, sencillamente, un vehículo apabullante. Se ha montado sobre un chasis magnífico, con una gran huella de rodadura y una distribución de pesos exquisita: 50 por ciento para cada eje.

Después, se ha tomado el motor del M3, ese imponente 3,2 de seis cilindros en línea que, una vez arrancado, es como un martillo de demolición: golpea sin parar con toda la violencia de sus 343 CV y su inagotable par máximo de 38,2 mkg… Conectado a un cambio de seis velocidades, el motor mueve el eje trasero, equilibrando todavía más el reparto de masas y dejando claro cuáles son las intenciones del fabricante al concebir el coche.
Pero, claro, semejante corazón no encajaba bien con el chasis convencional del Z4 y se ha hecho necesaria una pequeña batería de reformas con respecto al modelo convencional. Así, en Motorsport han introducido nuevas columnas McPherson en el eje delantero, incrementando su rigidez gracias a muelles y amortiguadores de mayor firmeza que, además, reducen la altura del coche en unos 10 mm. También se han retocado diversos elementos elásticos y, sobre todo, el apartado de los frenos, que se importa directamente del M3. Así, los 345 mm de diámetro de los discos supera en 25 mm al de los discos que lleva el Z4 normal. Un autoblocante para el eje trasero pone todavía un peldaño más arriba el elevadísimo nivel de eficacia dinámica que, al menos sobre el papel, promete esta arquitectura.

Pero, claro, delante de un cabrio rojo brillante, promisorio, seductor como el amor furtivo, nadie se pone a pensar en los números y piezas que encierra su carrocería. Hasta el mayor adicto a los datos técnicos se dejará llevar por la pasión y dará lo que sea por ponerse al volante. Así pues, fuera teoría. Pasemos a la acción.

Sentarse al volante ya exige un cierto propósito deportivo. Con los asientos casi a ras del suelo, hay que contorsionarse un poco para entrar. Pero una vez acomodado sobre la dura banqueta, el conductor se siente inmediatamente acoplado al coche, sintonizado con su frecuencia.
En ese momento, poco importa que el interior sea espartano, que predominen los tonos sobrios y que apenas haya sitio para dejar nada. Así son los BMW más radicales, coches esenciales, puros, sin efectos.

No hace falta mucho más. Los asientos sujetan con fiereza, el volante tiene un tacto inolvidable y el cambio, a medio palmo del propio volante, resulta delicioso por tacto, rapidez, precisión… Todo está a favor…

<

p> Y, entonces, el contacto pone en marcha ese demonio de motor que ruge como un monstruo de metal y empieza lo bueno. Desde el primer momento, la dureza del embrague nos deja claro que este coche exige algo más que buenas intenciones para rodar. Impetuoso, impaciente, violento en exceso, el motor entrega mucho más de lo que necesitamos para hacer cualquier movimiento. Es un torrente que no entiende de cauces y, apenas habremos llegado a la primera esquina cuando ya nos habrá dejado claro que, sobre el pedal, el pie derecho ha de ser ligero como una libélula. Puro mimo...

Lo malo que tiene un coche como el Z4 es que uno no se pasa la vida haciendo contravolantes por solitarias carreteras de la sierra. Uno quiere un coche que le sirva para ir al trabajo, a la compra, al cine… Y, claro, en estas facetas el Z4 M suspende con claridad. Es un coche mínimamente utilizable, incómodo y espartano que es mejor comprar para utilizar como segundo o tercer vehículo.
En el reducido habitáculo no hay apenas huecos para nada, aunque los dos ocupantes que admite tienen un espacio más que razonable. Pero poco más: no cabe ni una chaqueta. Y, encima, el maletero es muy poquita cosa. Con 270 litros de capacidad, se nos antoja muy pequeño. Pero lo peor son sus formas, porque, invadido por el mecanismo de la capota, es de lo más irregular y poco práctico.

<

p> Tiene, eso sí, el bello detalle de la capota eléctrica. Es verdad que en estos tiempos de cabrios-coupés ya podría llevar un techo duro plegable, pero en BMW siguen fieles al romanticismo de la capota de lona. Como contrapartida, el automatismo es muy eficaz y el techo se pliega rápidamente. Después, a cielo abierto, el coche gana en elegancia y en glamour. Pasear con él descubierto es una experiencia sugerente que nos reconcilia con la conducción en un coche tan incómodo. Además, el estudio aerodinámico es muy bueno y el ruido del viento molesta muy poco a los ocupantes.

A quien nunca haya visto un BMW, el Z4 M puede parecerle muy discreto. Su interior, acabado en un color negro carbono, resulta austero a la vista, casi soso. Hay detalles deportivos, claro, como los remates cromados y el cuero cosido que reviste volante y pomo. También los pedales perforados ponen una nota rácing y, sobre todo, los asientos, que, tapizados en cuero, son casi bacquets.

<

p> Pero esa sobriedad no es más que una especie de modestia de noble, porque el coche está acabado con primor, con magníficos remates, un ensamblaje de piezas muy bien resuelto y materiales de alto nivel.
El equipamiento, aunque profuso, es igual de discreto y no se exhibe con la ostentación tan de moda en otros modelos y marcas. Aun así, a un cumplidísimo capítulo de elementos mecánicos y de seguridad se suma una importante dotación de confort que incluye climatizador bizona, ordenador, equipo de sonido con mandos en el volante y cargador de discos y tapicería de cuero. Además, nuestra unidad llevaba el navegador, una opción que cuesta 1.300 euros. Entre las opciones hay otras recomendables, como el control de crucero o los sensores de aparcamiento.

Ver vídeosVer vídeo
<table border=0 cellspacing=0 cellpadding=0 class=visu4>
<tr align=right><td colspan=3 class=visu2><img src="http://www.terra.es/img/visu_aub.gif" alt=""></td></tr>
<tr> 
<td class=visu2><img src="http://www.terra.es/img/au.gif" width=1 height=1 alt=""></td>
<td id=visu5><ul> 



    <li><a href="javascript:abrir_ventana

('http://multimedia.terra.es/viewer/portada.cfm?cod_media=60100&mapnivel1=MUS','','width=765,height=470') ">BMW Z4 Roadster M

En BMW no han querido andar en bromas con este Z4. Sobre su muy eficiente bastidor han montado el sobrecogedor corazón del M3, el más legendario y extremado de sus deportivos. Después han endurecido la suspensiones, han ajustado la electrónica y han dibujado un vehículo precioso de formas y respetuoso con el canon de los deportivos clásicos. Una capota eléctrica pone la guinda y, después, sólo diversión.

Así es, en muy pocas palabras, el BMW Z4, un coche que cuesta 67.200 euros y que, a cambio de ese precio, nos permite saborear sensaciones que ya no se encuentran fácilmente con un volante entre las manos.
Y eso, que no es poco, es lo mejor que se puede decir de el Z4, un coche que, por lo demás, es incómodo, duro, ruidoso y “gastón”. Pero todos estos defectos se olvidan cuando se enfila la primera curva…

Si el Z4 es ya de por sí un coche audaz, esta variante M, realizada por el preparador deportivo de BMW, Motorsport, es, sencillamente, un vehículo apabullante. Se ha montado sobre un chasis magnífico, con una gran huella de rodadura y una distribución de pesos exquisita: 50 por ciento para cada eje.

Después, se ha tomado el motor del M3, ese imponente 3,2 de seis cilindros en línea que, una vez arrancado, es como un martillo de demolición: golpea sin parar con toda la violencia de sus 343 CV y su inagotable par máximo de 38,2 mkg… Conectado a un cambio de seis velocidades, el motor mueve el eje trasero, equilibrando todavía más el reparto de masas y dejando claro cuáles son las intenciones del fabricante al concebir el coche.
Pero, claro, semejante corazón no encajaba bien con el chasis convencional del Z4 y se ha hecho necesaria una pequeña batería de reformas con respecto al modelo convencional. Así, en Motorsport han introducido nuevas columnas McPherson en el eje delantero, incrementando su rigidez gracias a muelles y amortiguadores de mayor firmeza que, además, reducen la altura del coche en unos 10 mm. También se han retocado diversos elementos elásticos y, sobre todo, el apartado de los frenos, que se importa directamente del M3. Así, los 345 mm de diámetro de los discos supera en 25 mm al de los discos que lleva el Z4 normal. Un autoblocante para el eje trasero pone todavía un peldaño más arriba el elevadísimo nivel de eficacia dinámica que, al menos sobre el papel, promete esta arquitectura.

Pero, claro, delante de un cabrio rojo brillante, promisorio, seductor como el amor furtivo, nadie se pone a pensar en los números y piezas que encierra su carrocería. Hasta el mayor adicto a los datos técnicos se dejará llevar por la pasión y dará lo que sea por ponerse al volante. Así pues, fuera teoría. Pasemos a la acción.

Sentarse al volante ya exige un cierto propósito deportivo. Con los asientos casi a ras del suelo, hay que contorsionarse un poco para entrar. Pero una vez acomodado sobre la dura banqueta, el conductor se siente inmediatamente acoplado al coche, sintonizado con su frecuencia.
En ese momento, poco importa que el interior sea espartano, que predominen los tonos sobrios y que apenas haya sitio para dejar nada. Así son los BMW más radicales, coches esenciales, puros, sin efectos.

No hace falta mucho más. Los asientos sujetan con fiereza, el volante tiene un tacto inolvidable y el cambio, a medio palmo del propio volante, resulta delicioso por tacto, rapidez, precisión… Todo está a favor…

<

p> Y, entonces, el contacto pone en marcha ese demonio de motor que ruge como un monstruo de metal y empieza lo bueno. Desde el primer momento, la dureza del embrague nos deja claro que este coche exige algo más que buenas intenciones para rodar. Impetuoso, impaciente, violento en exceso, el motor entrega mucho más de lo que necesitamos para hacer cualquier movimiento. Es un torrente que no entiende de cauces y, apenas habremos llegado a la primera esquina cuando ya nos habrá dejado claro que, sobre el pedal, el pie derecho ha de ser ligero como una libélula. Puro mimo...

Lo malo que tiene un coche como el Z4 es que uno no se pasa la vida haciendo contravolantes por solitarias carreteras de la sierra. Uno quiere un coche que le sirva para ir al trabajo, a la compra, al cine… Y, claro, en estas facetas el Z4 M suspende con claridad. Es un coche mínimamente utilizable, incómodo y espartano que es mejor comprar para utilizar como segundo o tercer vehículo.
En el reducido habitáculo no hay apenas huecos para nada, aunque los dos ocupantes que admite tienen un espacio más que razonable. Pero poco más: no cabe ni una chaqueta. Y, encima, el maletero es muy poquita cosa. Con 270 litros de capacidad, se nos antoja muy pequeño. Pero lo peor son sus formas, porque, invadido por el mecanismo de la capota, es de lo más irregular y poco práctico.

<

p> Tiene, eso sí, el bello detalle de la capota eléctrica. Es verdad que en estos tiempos de cabrios-coupés ya podría llevar un techo duro plegable, pero en BMW siguen fieles al romanticismo de la capota de lona. Como contrapartida, el automatismo es muy eficaz y el techo se pliega rápidamente. Después, a cielo abierto, el coche gana en elegancia y en glamour. Pasear con él descubierto es una experiencia sugerente que nos reconcilia con la conducción en un coche tan incómodo. Además, el estudio aerodinámico es muy bueno y el ruido del viento molesta muy poco a los ocupantes.

A quien nunca haya visto un BMW, el Z4 M puede parecerle muy discreto. Su interior, acabado en un color negro carbono, resulta austero a la vista, casi soso. Hay detalles deportivos, claro, como los remates cromados y el cuero cosido que reviste volante y pomo. También los pedales perforados ponen una nota rácing y, sobre todo, los asientos, que, tapizados en cuero, son casi bacquets.

<

p> Pero esa sobriedad no es más que una especie de modestia de noble, porque el coche está acabado con primor, con magníficos remates, un ensamblaje de piezas muy bien resuelto y materiales de alto nivel.
El equipamiento, aunque profuso, es igual de discreto y no se exhibe con la ostentación tan de moda en otros modelos y marcas. Aun así, a un cumplidísimo capítulo de elementos mecánicos y de seguridad se suma una importante dotación de confort que incluye climatizador bizona, ordenador, equipo de sonido con mandos en el volante y cargador de discos y tapicería de cuero. Además, nuestra unidad llevaba el navegador, una opción que cuesta 1.300 euros. Entre las opciones hay otras recomendables, como el control de crucero o los sensores de aparcamiento.

Galería relacionada

BMW Z4 Roadster M

Historias
LOS MEJORES VÍDEOS
Te recomendamos

Una historia de amor de ida y vuelta a bordo de un MINI....

Por espacio y tecnología, el MINI Countryman se establece como una de las opciones má...

No es una afirmación gratuita, sino el resultado de un estudio del INSIA, uno de los ...

Por la ciudad, a la montaña, de viaje, solo, en pareja o en familia... pero siempre d...

Con las proporciones más deportivas y el dinamismo de conducción de un turismo, pero ...

Los ganadores de un juego de neumáticos todo tiempo Bridgestone Weather Control A005 ...