BMW M5 Touring

Lo tiene todo: lujo y potencia a raudales, eficacia sin par, comodidad, capacidad de carga, sonido espectacular, imagen de representación... ¿Quién dijo que un familiar de 507 CV no podía ser práctico?
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BMW M5 Touring
BMW M5 Touring

De todas las posibilidades de configuración dinámica, ya sólo queda por hablar del M Dynamic Mode (MDM). Se trata de una función muy permisiva del control de estabilidad, con la que cualquier conductor con un cierto nivel puede sentirse piloto y exprimir las capacidades del M5 sin que la electrónica interfiera demasiado, pero con una alta reserva de seguridad. Con este dispositivo es fácil ir rápido creyendo que conducimos nosotros, y hasta es factible llegar a cruzar el coche si aguantamos con el pie derecho en el acelerador al abordar un giro cerrado, aunque todo exceso vuelve a su sitio al dejar de dar gas o al hacer un leve contravolante. El MDM se selecciona mediante una tecla programable del volante, con la que también se activan otras preferencias previamente memorizas —cómo no, mediante un menú específico del iDrive— sobre todos los sistemas antes mencionados y algún otro, como el reglaje eléctrico del asiento. Así no es necesario perder ni un solo segundo para transformar el cómodo M5 en una exigente máquina casi de circuito ávida de sensaciones.

Sacar todo su potencial no es tarea sencilla y requiere mucha concentración. Todo ocurre muy rápido y las levas del volante facilitan la conducción. Las reacciones son deportivas, pero muy equilibradas, y se suceden con la misma inmediatez con la que el coche obedece a nuestras órdenes. Incluso los frenos responden a la perfección y con un excelente tacto, mejor aún que el de la dirección. Sin embargo hay que cuidarlos, porque si los sometemos a un uso despiadado acaban por desfallecer, aunque seguro que lo hacemos antes nosotros si tratamos de poner al límite el bastidor durante mucho tiempo. A este ritmo el tanque de gasolina se vacía pronto y la reserva se enciende al llegar a un cuarto de depósito.

De vuelta al garaje, algún que otro pisotón en el pedal derecho nos sirve para sentir de nuevo el tremendo empuje del motor, sobre todo entre 6.000 y 8.000 vueltas, y escuchar su exquisito sonido... por cierto, relativamente discreto desde el interior si se compara con el bramido que suena fuera, que en cuidad hace girar las cabezas de los peatones mucho antes de que pasemos a su lado. Para no llamar la atención es mejor tratar con mimo el acelerador.

Por culpa de este V10 y de una postura de conducción perfecta ni siquiera habíamos reparado en el equipadísimo y bien realizado interior tapizado en cuero, digno de una berlina de representación. Además, resulta muy versátil gracias al portón y a los respaldos traseros abatibles que dejan una superficie de carga muy amplia, aunque no completamente horizontal. Si no consumiese tanto seria perfecto.

— Carga tecnológica
— Motor y cambio SMG III
— Prestaciones

— Consumo elevado
— Manejo del iDrive
— Sin rueda de repuesto

Superfamiliar

De todas las posibilidades de configuración dinámica, ya sólo queda por hablar del M Dynamic Mode (MDM). Se trata de una función muy permisiva del control de estabilidad, con la que cualquier conductor con un cierto nivel puede sentirse piloto y exprimir las capacidades del M5 sin que la electrónica interfiera demasiado, pero con una alta reserva de seguridad. Con este dispositivo es fácil ir rápido creyendo que conducimos nosotros, y hasta es factible llegar a cruzar el coche si aguantamos con el pie derecho en el acelerador al abordar un giro cerrado, aunque todo exceso vuelve a su sitio al dejar de dar gas o al hacer un leve contravolante. El MDM se selecciona mediante una tecla programable del volante, con la que también se activan otras preferencias previamente memorizas —cómo no, mediante un menú específico del iDrive— sobre todos los sistemas antes mencionados y algún otro, como el reglaje eléctrico del asiento. Así no es necesario perder ni un solo segundo para transformar el cómodo M5 en una exigente máquina casi de circuito ávida de sensaciones.

Sacar todo su potencial no es tarea sencilla y requiere mucha concentración. Todo ocurre muy rápido y las levas del volante facilitan la conducción. Las reacciones son deportivas, pero muy equilibradas, y se suceden con la misma inmediatez con la que el coche obedece a nuestras órdenes. Incluso los frenos responden a la perfección y con un excelente tacto, mejor aún que el de la dirección. Sin embargo hay que cuidarlos, porque si los sometemos a un uso despiadado acaban por desfallecer, aunque seguro que lo hacemos antes nosotros si tratamos de poner al límite el bastidor durante mucho tiempo. A este ritmo el tanque de gasolina se vacía pronto y la reserva se enciende al llegar a un cuarto de depósito.

De vuelta al garaje, algún que otro pisotón en el pedal derecho nos sirve para sentir de nuevo el tremendo empuje del motor, sobre todo entre 6.000 y 8.000 vueltas, y escuchar su exquisito sonido... por cierto, relativamente discreto desde el interior si se compara con el bramido que suena fuera, que en cuidad hace girar las cabezas de los peatones mucho antes de que pasemos a su lado. Para no llamar la atención es mejor tratar con mimo el acelerador.

Por culpa de este V10 y de una postura de conducción perfecta ni siquiera habíamos reparado en el equipadísimo y bien realizado interior tapizado en cuero, digno de una berlina de representación. Además, resulta muy versátil gracias al portón y a los respaldos traseros abatibles que dejan una superficie de carga muy amplia, aunque no completamente horizontal. Si no consumiese tanto seria perfecto.

— Carga tecnológica
— Motor y cambio SMG III
— Prestaciones

— Consumo elevado
— Manejo del iDrive
— Sin rueda de repuesto

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