BMW 320 Cd

Consume casi como un mechero, aunque corre como un diablo. Es un BMW coupé, aunque es Diesel. El 320 Cd está lleno de contradicciones internas, aunque es clara: en pocos coches gozaremos de la conducción como en él.
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BMW 320 Cd
BMW 320 Cd

Hace unos meses que pasó por nuestras manos el primer coupé Diesel de la marca bávara. El 330 Cd, de 204 CV, dejó en todos los integrantes de la redacción una impronta casi innolvidable. Recuerdo, incluso, que alguno sostuvo que, de poseer en ese momento el dinero en el banco ( 40.000 euros), lo adquiriría sin pensárselo

Por eso, cuando llegó a nuestro poder su “hermano pequeño”, el 320 Cd, todos estábamos deseando probarlo para comprobar si 54 CV menos iban a suponer una merma notable de las capacidades de este BMW.

La respuesta no pudo ser más favorable: el 320 Cd cumple de sobra con lo que se puede esperar de esa nueva especie que es la de los Diesel deportivos: tiene imagen, prestaciones y un consumo mínimo. Aparte, su precio, 32.000 euros (8.000 menos que el 330 Cd) lo hace más accesible, aunque, obviamente, seguimos hablamos de un coche que supera los cinco millones de las antiguas pesetas.

Las diferencias estéticas entre 330 Cd y 320 Cd no existen. Los podemos ver por la carretera y el único detalle que denunciará que nos encontramos ante la versión “”pobre”” (con muchas comillas) es el logo que se sitúa en su zona trasera derecha.

Es su propulsor el que deja claro que nos encontramos ante dos vehículos diferentes. El motor de este coupé es mucho más racional, ofrece una potencia de 150 CV y una cifras de consumo envidiables, aunque superiores a las del 320 Cd.

Su nivel prestacional es bastante destacado y su principal pero es, a nuestro parecer, que se muestra algo perezoso por debajo de las 1.500 vueltas. Su asociación con una caja de cambios automática de cinco relaciones Steptronic le reporta muy buenos resultados, ya que su gestión es la adecuada para que no nos encontremos faltos de par en ninguna situación. Este cambio cuenta con tres modos de uso: automático, Sport y secuencial.

En el primero es la propia gestión de la caja la que establece cuando cambiar a una marcha superior o engarzar una relación inferior; en el modo Sport, que se selecciona moviendo la palanca suavemente a la izquierda, se sigue el mismo patrón, aunque en este caso se “estira” más al motor y pasar a una relación superior se realiza en un rango de revoluciones mayor (unas 500 rpm más). Finalmente, en el modo secuencial somos nosotros los que moviendo la palanca adelante y atrás seleccionamos la marcha deseada, aunque siempre el sistema se encarga de que el motor no corra peligro. Si lo detecta, se pasará a la relación más adecuada.

Nosotros optamos por el manejo automático, dejando la función Sport para contadas ocasiones y el modo secuencial para conducción en curvas o descensos en carreteras de montaña, cuando queremos dejar descansar los frenos y usar el freno motor para las deceleraciones. En toda situación da muestras de su suavidad y nos evita los tirones a los que nos tienen acostumbrados cajas de cambios automáticas de otras marcas.

Por lo demás, el motor nos ha gustado por su capacidad de entregar potencia y por cómo la entrega. Tiene un carácter más similar a un gasolina que a una mecánica de gasóleo, ya que le gusta girar en lo alto del cuentarrevoluciones y en ese rango las sensaciones deportivas aumentan. Aparte, es bastante suave y progresivo, aunque no carece de la fiereza propia que ha de tener el propulsor de un coupé. No es tan brusco como un TDI del Grupo Volkswagen, por poner un ejemplo conocido por todos, y se muestra más silencioso, aunque el ruido que emerge del motor es algo bronco, sobre todo a bajas vueltas.

Hace unos meses que pasó por nuestras manos el primer coupé Diesel de la marca bávara. El 330 Cd, de 204 CV, dejó en todos los integrantes de la redacción una impronta casi innolvidable. Recuerdo, incluso, que alguno sostuvo que, de poseer en ese momento el dinero en el banco ( 40.000 euros), lo adquiriría sin pensárselo

Por eso, cuando llegó a nuestro poder su “hermano pequeño”, el 320 Cd, todos estábamos deseando probarlo para comprobar si 54 CV menos iban a suponer una merma notable de las capacidades de este BMW.

La respuesta no pudo ser más favorable: el 320 Cd cumple de sobra con lo que se puede esperar de esa nueva especie que es la de los Diesel deportivos: tiene imagen, prestaciones y un consumo mínimo. Aparte, su precio, 32.000 euros (8.000 menos que el 330 Cd) lo hace más accesible, aunque, obviamente, seguimos hablamos de un coche que supera los cinco millones de las antiguas pesetas.

Las diferencias estéticas entre 330 Cd y 320 Cd no existen. Los podemos ver por la carretera y el único detalle que denunciará que nos encontramos ante la versión “”pobre”” (con muchas comillas) es el logo que se sitúa en su zona trasera derecha.

Es su propulsor el que deja claro que nos encontramos ante dos vehículos diferentes. El motor de este coupé es mucho más racional, ofrece una potencia de 150 CV y una cifras de consumo envidiables, aunque superiores a las del 320 Cd.

Su nivel prestacional es bastante destacado y su principal pero es, a nuestro parecer, que se muestra algo perezoso por debajo de las 1.500 vueltas. Su asociación con una caja de cambios automática de cinco relaciones Steptronic le reporta muy buenos resultados, ya que su gestión es la adecuada para que no nos encontremos faltos de par en ninguna situación. Este cambio cuenta con tres modos de uso: automático, Sport y secuencial.

En el primero es la propia gestión de la caja la que establece cuando cambiar a una marcha superior o engarzar una relación inferior; en el modo Sport, que se selecciona moviendo la palanca suavemente a la izquierda, se sigue el mismo patrón, aunque en este caso se “estira” más al motor y pasar a una relación superior se realiza en un rango de revoluciones mayor (unas 500 rpm más). Finalmente, en el modo secuencial somos nosotros los que moviendo la palanca adelante y atrás seleccionamos la marcha deseada, aunque siempre el sistema se encarga de que el motor no corra peligro. Si lo detecta, se pasará a la relación más adecuada.

Nosotros optamos por el manejo automático, dejando la función Sport para contadas ocasiones y el modo secuencial para conducción en curvas o descensos en carreteras de montaña, cuando queremos dejar descansar los frenos y usar el freno motor para las deceleraciones. En toda situación da muestras de su suavidad y nos evita los tirones a los que nos tienen acostumbrados cajas de cambios automáticas de otras marcas.

Por lo demás, el motor nos ha gustado por su capacidad de entregar potencia y por cómo la entrega. Tiene un carácter más similar a un gasolina que a una mecánica de gasóleo, ya que le gusta girar en lo alto del cuentarrevoluciones y en ese rango las sensaciones deportivas aumentan. Aparte, es bastante suave y progresivo, aunque no carece de la fiereza propia que ha de tener el propulsor de un coupé. No es tan brusco como un TDI del Grupo Volkswagen, por poner un ejemplo conocido por todos, y se muestra más silencioso, aunque el ruido que emerge del motor es algo bronco, sobre todo a bajas vueltas.

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