BMW 123d Coupé

El estreno de la nueva carrocería coupé de la Serie 1 queda eclipsado por uno de los mejores motores Diesel del mercado que, con 102 CV por litro, se sitúa como el más potente de su categoría. Se combinan así la potencia y el bajo consumo, con la deportiva línea del coupé pequeño de BMW.
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BMW 123d Coupé
BMW 123d Coupé

Ser el modelo elegido para estrenar este motor es todo un privilegio. Nos ha gustado mucho y estamos deseando ver cuál será su evolución en la Serie 3, variante a la que le ha de sentar como anillo al dedo, puesto que al ahorro y limpieza que supone un motor Diesel de última generación, se le une la deportividad que permite, algo digno de todo un BMW.

El motor que se estrena en el BMW 123d es un dos litros de cuatro cilindros con 204 CV y hecho en aluminio, que emplea alimentación por raíl común y la tecnología de doble turbo en cascada, idéntico al ya conocido de seis cilindros.

Su comportamiento es menos explosivo que la variante de 177 CV pero más lineal y progresivo. Su par máximo lo ofrece mucho antes y es capaz de sacar al coche en sexta velocidad desde apenas 1.000 vueltas sin tirones ni falta de fuerza. Además su tacto es muy agradable. Se puede conducir saliendo en primera para luego sólo utilizar las marchas pares. Con el cambio manual tiene aires deportivos pero con uno automático con convertidor de par –todavía no lo hemos probado– tiene que ser una maravilla de confort y velocidad, dado lo progresivo que es.

Como ya es habitual en la Serie 1, este motor viene asociado –para las versiones manuales- del paquete Efficient Dynamics. De todos los elementos de los que dispone, el que más se aprecia por el conductor es el sistema Auto Start/Stop; con él activado –se puede quitar con un botón en la consola central– el motor se para sólo cuando detenemos la marcha y se arranca en cuanto pisamos el embrague. Su funcionamiento requiere cierta adaptación, o mejor dicho, cierta mentalización por parte del conductor, puesto que al principio genera algo de estrés estar en un atasco con el motor parado, pero con el paso del tiempo se le coge confianza e incluso se echa de menos cuando se conduce otro coche.

El “problema” es que cada vez que vuelve a arrancar el motor, se interrumpe la paz que supone estar parado escuchando la radio, sin ruido de motor y sin las características vibraciones de un Diesel, con lo que el elevado refinamiento mecánico de este motor pasa a un segundo plano, y eso que en este aspecto es de los mejores del mercado.

Las prestaciones, así como el consumo, son muy buenas. Todavía no tenemos referencia de esta carrocería con el motor de 177 CV, pero si lo comparamos con la de tres puertas –pesa 83 kg menos y la aerodinámica varía ligeramente– se aprecia una significativa reducción de los tiempos, siendo entre 5 y 7 décimas más rápido en las aceleraciones y hasta 3 segundos más rápido en los adelantamientos. Una maravilla que se redondea con un consumo medio real de 7 litros cada 100 kilómetros y una sonoridad aceptable.

La unidad de prensa que BMW nos facilitó venía equipada con los extras de la suspensión deportiva M –395 euros–, que consta de muelles y amortiguadores más firmes y la altura de la carrocería rebajada en 15 mm, y de las llantas M de 18 pulgadas –823 euros– de distinta medida las delanteras que las traseras, con neumáticos 215/40 delante y 245/35 detrás. Esta combinación, aparte de cara, no nos parece práctica y condiciona el comportamiento del vehículo.

Estéticamente son un acierto, pero para empezar, en estas ruedas no se puede montar cadenas –podrían rozar al girar o en determinados baches– A la hora de frenar se han mostrado más efectivas, puesto que detienen al vehículo en distancias muy buenas, pero sujetan demasiado al coche en su parte trasera, descompensando la entrada en curva en la parte delantera. Esta característica hace que su comportamiento sea fácil, predecible y apto para todo tipo de conductores, pero se aleja del dinamismo que BMW acostumbra a ofrecer en sus modelos. No hay problemas que afecten a la seguridad, además las ayudas a la conducción están siempre alerta, sólo es una característica a la que no estamos acostumbrados en BMW, más habitual en Audi o Mercedes.

La suspensión es firme y seca, sobre todo a alta velocidad, aunque en ningún caso supone una tortura. Estamos convencidos que con la suspensión de serie y un perfil menos agresivo, el Serie 1 Coupé ha de ser todavía mejor coche. Respecto al equipamiento… es un BMW. Lleva de serie lo imprescindible y ofrece una extensa lista de extras que pueden hacer la vida interior más agra-dable, pero que suben la factura final considerablemente. Como ejemplo sirvan los 11.000 euros en extras que lleva nuestra unidad de pruebas. El precio inicial del 123d Coupé parte de los 34.100 euros, es decir, 1.600 euros más que la variante de tres puertas. La diferencia no es mucha, a cambio tenemos un coche menos práctico pero con una imagen más particular que, para el que habitualmente no precise las plazas traseras puede ser interesante.

— Respuesta mecánica y consumos
— Efficient Dynamics
— Prestaciones y frenos

— Plazas traseras
— Ruidos aerodinámicos
— Kit M poco eficaz

Nueva carrocería

Ser el modelo elegido para estrenar este motor es todo un privilegio. Nos ha gustado mucho y estamos deseando ver cuál será su evolución en la Serie 3, variante a la que le ha de sentar como anillo al dedo, puesto que al ahorro y limpieza que supone un motor Diesel de última generación, se le une la deportividad que permite, algo digno de todo un BMW.

El motor que se estrena en el BMW 123d es un dos litros de cuatro cilindros con 204 CV y hecho en aluminio, que emplea alimentación por raíl común y la tecnología de doble turbo en cascada, idéntico al ya conocido de seis cilindros.

Su comportamiento es menos explosivo que la variante de 177 CV pero más lineal y progresivo. Su par máximo lo ofrece mucho antes y es capaz de sacar al coche en sexta velocidad desde apenas 1.000 vueltas sin tirones ni falta de fuerza. Además su tacto es muy agradable. Se puede conducir saliendo en primera para luego sólo utilizar las marchas pares. Con el cambio manual tiene aires deportivos pero con uno automático con convertidor de par –todavía no lo hemos probado– tiene que ser una maravilla de confort y velocidad, dado lo progresivo que es.

Como ya es habitual en la Serie 1, este motor viene asociado –para las versiones manuales- del paquete Efficient Dynamics. De todos los elementos de los que dispone, el que más se aprecia por el conductor es el sistema Auto Start/Stop; con él activado –se puede quitar con un botón en la consola central– el motor se para sólo cuando detenemos la marcha y se arranca en cuanto pisamos el embrague. Su funcionamiento requiere cierta adaptación, o mejor dicho, cierta mentalización por parte del conductor, puesto que al principio genera algo de estrés estar en un atasco con el motor parado, pero con el paso del tiempo se le coge confianza e incluso se echa de menos cuando se conduce otro coche.

El “problema” es que cada vez que vuelve a arrancar el motor, se interrumpe la paz que supone estar parado escuchando la radio, sin ruido de motor y sin las características vibraciones de un Diesel, con lo que el elevado refinamiento mecánico de este motor pasa a un segundo plano, y eso que en este aspecto es de los mejores del mercado.

Las prestaciones, así como el consumo, son muy buenas. Todavía no tenemos referencia de esta carrocería con el motor de 177 CV, pero si lo comparamos con la de tres puertas –pesa 83 kg menos y la aerodinámica varía ligeramente– se aprecia una significativa reducción de los tiempos, siendo entre 5 y 7 décimas más rápido en las aceleraciones y hasta 3 segundos más rápido en los adelantamientos. Una maravilla que se redondea con un consumo medio real de 7 litros cada 100 kilómetros y una sonoridad aceptable.

La unidad de prensa que BMW nos facilitó venía equipada con los extras de la suspensión deportiva M –395 euros–, que consta de muelles y amortiguadores más firmes y la altura de la carrocería rebajada en 15 mm, y de las llantas M de 18 pulgadas –823 euros– de distinta medida las delanteras que las traseras, con neumáticos 215/40 delante y 245/35 detrás. Esta combinación, aparte de cara, no nos parece práctica y condiciona el comportamiento del vehículo.

Estéticamente son un acierto, pero para empezar, en estas ruedas no se puede montar cadenas –podrían rozar al girar o en determinados baches– A la hora de frenar se han mostrado más efectivas, puesto que detienen al vehículo en distancias muy buenas, pero sujetan demasiado al coche en su parte trasera, descompensando la entrada en curva en la parte delantera. Esta característica hace que su comportamiento sea fácil, predecible y apto para todo tipo de conductores, pero se aleja del dinamismo que BMW acostumbra a ofrecer en sus modelos. No hay problemas que afecten a la seguridad, además las ayudas a la conducción están siempre alerta, sólo es una característica a la que no estamos acostumbrados en BMW, más habitual en Audi o Mercedes.

La suspensión es firme y seca, sobre todo a alta velocidad, aunque en ningún caso supone una tortura. Estamos convencidos que con la suspensión de serie y un perfil menos agresivo, el Serie 1 Coupé ha de ser todavía mejor coche. Respecto al equipamiento… es un BMW. Lleva de serie lo imprescindible y ofrece una extensa lista de extras que pueden hacer la vida interior más agra-dable, pero que suben la factura final considerablemente. Como ejemplo sirvan los 11.000 euros en extras que lleva nuestra unidad de pruebas. El precio inicial del 123d Coupé parte de los 34.100 euros, es decir, 1.600 euros más que la variante de tres puertas. La diferencia no es mucha, a cambio tenemos un coche menos práctico pero con una imagen más particular que, para el que habitualmente no precise las plazas traseras puede ser interesante.

— Respuesta mecánica y consumos
— Efficient Dynamics
— Prestaciones y frenos

— Plazas traseras
— Ruidos aerodinámicos
— Kit M poco eficaz

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