BMW Z4

La nueva generación del roadster alemán adopta techo duro retráctil, una inteligente solución con la que el Z4 se vuelve más atractivo que nunca, pero no es la única sorpresa que atesora el modelo más caprichoso de BMW.
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BMW Z4
BMW Z4

Pese a que la calidad de realización de las capotas de lona ha llegado a niveles que hace unos años resultaban impensables, era cuestión de tiempo que el BMW Z4 se rindiese al empleo del techo duro retráctil, algo que ofreció desde el principio su más directo rival, el Mercedes SLK, con las ventajas que ello conlleva en cuanto a versatilidad y seguridad. La nueva edición del BMW Z4, por tanto, también hace las veces de coupé, de modo que desaparece el BMW Z4 Coupé.

El nuevo BMW Z4 es más sofisticado y va un paso más allá en términos de refinamiento, tamaño e incluso deportividad, pese a que por el momento BMW ha cancelado el desarrollo de futuras versiones Z4 M. En un principio la gama BMW Z4 estará compuesta por tres variantes mecánicas de seis cilindros en línea, denominadas Z4 sDrive23i, Z4 sDrive30i y Z4 sDrive35i, de 204, 258 y 306 CV, respectivamente. Posiblemente en un futuro hagan su aparición motorizaciones menos potentes, puede que de cuatro cilindros con turbo, aunque todavía es muy pronto para asegurarlo.

Lo que más llama la atención a primera vista en el nuevo BMW Z4 es su cuidado diseño de proporciones clásicas, en el que no falta un largo capó, ni las características branquias laterales presentes tradicionalmente en los roadster de BMW, aunque en este caso su función es meramente estética, ya que no sirven para refrigerar el motor. La zaga rompe completamente con la imagen del BMW Z4 anterior y realza la sensación de anchura, aunque ésta sólo se ha incrementado en un centímetro. Lo que sí ha variado considerablemente es la longitud, nada menos que 15 cm, de manera que estamos ante un automóvil con una mayor presencia, pero que ya no resulta tan compacto. A esto hay que sumar la moderna iluminación mediante tecnología LED de los pilotos traseros, que le otorgan una apariencia muy actual.

Pero vayamos a lo importante, a lo que se siente desde el puesto del conductor. Hemos tenido ocasión de probar un BMW Z4 sDrive35i, dotado del ya conocido y espectacular motor biturbo de 306 CV, y equipado con una larga lista de extras, entre ellos cambio DKG de doble embrague de siete marchas (2.960 euros) y suspensión adaptativa M (unos 1.500 euros), caracterizada por una reducción de la altura en 10 mm y control de la dureza —en compresión y extensión— de los amortiguadores de gas de doble tubo a través del interruptor del Dynamic Driving Control, que permite seleccionar entre tres modos de funcionamiento: Normal, Sport y Sport +. Según el programa elegido varía la dureza de la suspensión, la asistencia de la dirección, la rapidez del cambio y los parámetros de actuación del control de estabilidad que, en Sport +, activa por defecto la función DTC, con la que se puede realizar una conducción sumamente deportiva gracias a que la electrónica sólo interviene si realmente es necesario, e incluso permite el deslizamiento controlado del tren trasero. Del prodigioso motor poco podemos decir que no hayamos contado ya, salvo que su sonido en esta ocasión es todavía más deportivo gracias a un afinado sistema de escape que, sobre todo a cielo abierto, nos permite disfrutar como niños de su sinfonía desde el momento en que arrancamos. El cambio resulta perfecto por respuesta, inmediatez y suavidad, aunque, debido a que la consola central es relativamente alta, al manejarlo en modo manual-secuencial es fácil apretar involuntariamente con el brazo el mando del iDrive, con el que se controlan las funciones telemáticas del coche, incluido el acceso a Internet o el completo navegador Professional con gráficos en 3D y pantalla abatible de 8,8 pulgadas. Por suerte, las levas del volante son de serie en todas las versiones automáticas. Los otros dos motores pueden disponer de una caja automática de convertidor de par.

Como en todo BMW, el comportamiento es impecable y muy preciso, con una eficacia excepcional y un logrado equilibrio entre trenes. Pero lo que más nos ha sorprendido es que, a pesar de ello, resulta un coche cómodo, incluso con la suspensión en modo deportivo —según BMW, el tiempo de respuesta de los amortiguadores es mínimo, por lo que, cuando la rueda delantera pasa sobre un bache, el sistema es capaz de ajustar a tiempo la dureza del amortiguador posterior antes de volver a pisar dicho bache—, algo que no esperábamos en un modelo de este tipo, y más teniendo en cuenta que incorpora neumáticos Runflat.

El interior del BMW Z4 es uno de los apartados que más ha evolucionado, no sólo por diseño sino también por espacio y por una mayor superficie acristalada —la luna delantera es un 52% más grande que en el anterior BMW Z4—. Las puertas cuentan con un rebaje para garantizar una mayor amplitud a la altura de los codos (4,2 cm), además, el aspecto de la consola central aporta un estilo clásico muy acorde con la personalidad del Z4. Las terminaciones están muy cuidadas, así como los materiales elegidos. El acabado Pure White que se muestra en las fotografías combina tapicería de piel para los asientos con inserciones de madera y cuero a lo largo del salpicadero, así como Alcantara en los revestimientos de las puertas; todo un lujo para los sentidos, aunque para acceder a este nivel hay que desembolsar entre 2.529 y 3.972 euros adicionales, según motorización. Excepto en la versión menos potente, la tapicería de cuero es de serie.

El techo del BMW Z4 está formado por dos piezas de aluminio y su accionamiento corre a cargo de un silencioso sistema electrohidráulico que emplea 20 segundos para abrirlo o cerrarlo completamente a golpe de botón, siempre con el coche parado. Cuando se pliega queda albergado en el maletero, que se reduce entonces de 310 a 180 litros, pero incluso en este caso es posible transportar objetos de hasta 170 cm de largo si se equipa un práctico hueco portaesquíes que ofrece la marca. Sin embargo, la boca de carga en modo descapotable resulta algo reducida para cargar o descargar objetos voluminosos, por lo que, de cara a facilitar esta labor, no es mala idea incorporar una función opcional que permite colocar el techo en una posición intermedia desde el propio mando a distancia. El cierre de la tapa del portaequipajes es eléctrico, otro refinamiento indicativo de que el nuevo BMW Z4 se ha vuelto más aspiracional que nunca.

Pese a que la calidad de realización de las capotas de lona ha llegado a niveles que hace unos años resultaban impensables, era cuestión de tiempo que el BMW Z4 se rindiese al empleo del techo duro retráctil, algo que ofreció desde el principio su más directo rival, el Mercedes SLK, con las ventajas que ello conlleva en cuanto a versatilidad y seguridad. La nueva edición del BMW Z4, por tanto, también hace las veces de coupé, de modo que desaparece el BMW Z4 Coupé.

El nuevo BMW Z4 es más sofisticado y va un paso más allá en términos de refinamiento, tamaño e incluso deportividad, pese a que por el momento BMW ha cancelado el desarrollo de futuras versiones Z4 M. En un principio la gama BMW Z4 estará compuesta por tres variantes mecánicas de seis cilindros en línea, denominadas Z4 sDrive23i, Z4 sDrive30i y Z4 sDrive35i, de 204, 258 y 306 CV, respectivamente. Posiblemente en un futuro hagan su aparición motorizaciones menos potentes, puede que de cuatro cilindros con turbo, aunque todavía es muy pronto para asegurarlo.

Lo que más llama la atención a primera vista en el nuevo BMW Z4 es su cuidado diseño de proporciones clásicas, en el que no falta un largo capó, ni las características branquias laterales presentes tradicionalmente en los roadster de BMW, aunque en este caso su función es meramente estética, ya que no sirven para refrigerar el motor. La zaga rompe completamente con la imagen del BMW Z4 anterior y realza la sensación de anchura, aunque ésta sólo se ha incrementado en un centímetro. Lo que sí ha variado considerablemente es la longitud, nada menos que 15 cm, de manera que estamos ante un automóvil con una mayor presencia, pero que ya no resulta tan compacto. A esto hay que sumar la moderna iluminación mediante tecnología LED de los pilotos traseros, que le otorgan una apariencia muy actual.

Pero vayamos a lo importante, a lo que se siente desde el puesto del conductor. Hemos tenido ocasión de probar un BMW Z4 sDrive35i, dotado del ya conocido y espectacular motor biturbo de 306 CV, y equipado con una larga lista de extras, entre ellos cambio DKG de doble embrague de siete marchas (2.960 euros) y suspensión adaptativa M (unos 1.500 euros), caracterizada por una reducción de la altura en 10 mm y control de la dureza —en compresión y extensión— de los amortiguadores de gas de doble tubo a través del interruptor del Dynamic Driving Control, que permite seleccionar entre tres modos de funcionamiento: Normal, Sport y Sport +. Según el programa elegido varía la dureza de la suspensión, la asistencia de la dirección, la rapidez del cambio y los parámetros de actuación del control de estabilidad que, en Sport +, activa por defecto la función DTC, con la que se puede realizar una conducción sumamente deportiva gracias a que la electrónica sólo interviene si realmente es necesario, e incluso permite el deslizamiento controlado del tren trasero. Del prodigioso motor poco podemos decir que no hayamos contado ya, salvo que su sonido en esta ocasión es todavía más deportivo gracias a un afinado sistema de escape que, sobre todo a cielo abierto, nos permite disfrutar como niños de su sinfonía desde el momento en que arrancamos. El cambio resulta perfecto por respuesta, inmediatez y suavidad, aunque, debido a que la consola central es relativamente alta, al manejarlo en modo manual-secuencial es fácil apretar involuntariamente con el brazo el mando del iDrive, con el que se controlan las funciones telemáticas del coche, incluido el acceso a Internet o el completo navegador Professional con gráficos en 3D y pantalla abatible de 8,8 pulgadas. Por suerte, las levas del volante son de serie en todas las versiones automáticas. Los otros dos motores pueden disponer de una caja automática de convertidor de par.

Como en todo BMW, el comportamiento es impecable y muy preciso, con una eficacia excepcional y un logrado equilibrio entre trenes. Pero lo que más nos ha sorprendido es que, a pesar de ello, resulta un coche cómodo, incluso con la suspensión en modo deportivo —según BMW, el tiempo de respuesta de los amortiguadores es mínimo, por lo que, cuando la rueda delantera pasa sobre un bache, el sistema es capaz de ajustar a tiempo la dureza del amortiguador posterior antes de volver a pisar dicho bache—, algo que no esperábamos en un modelo de este tipo, y más teniendo en cuenta que incorpora neumáticos Runflat.

El interior del BMW Z4 es uno de los apartados que más ha evolucionado, no sólo por diseño sino también por espacio y por una mayor superficie acristalada —la luna delantera es un 52% más grande que en el anterior BMW Z4—. Las puertas cuentan con un rebaje para garantizar una mayor amplitud a la altura de los codos (4,2 cm), además, el aspecto de la consola central aporta un estilo clásico muy acorde con la personalidad del Z4. Las terminaciones están muy cuidadas, así como los materiales elegidos. El acabado Pure White que se muestra en las fotografías combina tapicería de piel para los asientos con inserciones de madera y cuero a lo largo del salpicadero, así como Alcantara en los revestimientos de las puertas; todo un lujo para los sentidos, aunque para acceder a este nivel hay que desembolsar entre 2.529 y 3.972 euros adicionales, según motorización. Excepto en la versión menos potente, la tapicería de cuero es de serie.

El techo del BMW Z4 está formado por dos piezas de aluminio y su accionamiento corre a cargo de un silencioso sistema electrohidráulico que emplea 20 segundos para abrirlo o cerrarlo completamente a golpe de botón, siempre con el coche parado. Cuando se pliega queda albergado en el maletero, que se reduce entonces de 310 a 180 litros, pero incluso en este caso es posible transportar objetos de hasta 170 cm de largo si se equipa un práctico hueco portaesquíes que ofrece la marca. Sin embargo, la boca de carga en modo descapotable resulta algo reducida para cargar o descargar objetos voluminosos, por lo que, de cara a facilitar esta labor, no es mala idea incorporar una función opcional que permite colocar el techo en una posición intermedia desde el propio mando a distancia. El cierre de la tapa del portaequipajes es eléctrico, otro refinamiento indicativo de que el nuevo BMW Z4 se ha vuelto más aspiracional que nunca.

Pese a que la calidad de realización de las capotas de lona ha llegado a niveles que hace unos años resultaban impensables, era cuestión de tiempo que el BMW Z4 se rindiese al empleo del techo duro retráctil, algo que ofreció desde el principio su más directo rival, el Mercedes SLK, con las ventajas que ello conlleva en cuanto a versatilidad y seguridad. La nueva edición del BMW Z4, por tanto, también hace las veces de coupé, de modo que desaparece el BMW Z4 Coupé.

El nuevo BMW Z4 es más sofisticado y va un paso más allá en términos de refinamiento, tamaño e incluso deportividad, pese a que por el momento BMW ha cancelado el desarrollo de futuras versiones Z4 M. En un principio la gama BMW Z4 estará compuesta por tres variantes mecánicas de seis cilindros en línea, denominadas Z4 sDrive23i, Z4 sDrive30i y Z4 sDrive35i, de 204, 258 y 306 CV, respectivamente. Posiblemente en un futuro hagan su aparición motorizaciones menos potentes, puede que de cuatro cilindros con turbo, aunque todavía es muy pronto para asegurarlo.

Lo que más llama la atención a primera vista en el nuevo BMW Z4 es su cuidado diseño de proporciones clásicas, en el que no falta un largo capó, ni las características branquias laterales presentes tradicionalmente en los roadster de BMW, aunque en este caso su función es meramente estética, ya que no sirven para refrigerar el motor. La zaga rompe completamente con la imagen del BMW Z4 anterior y realza la sensación de anchura, aunque ésta sólo se ha incrementado en un centímetro. Lo que sí ha variado considerablemente es la longitud, nada menos que 15 cm, de manera que estamos ante un automóvil con una mayor presencia, pero que ya no resulta tan compacto. A esto hay que sumar la moderna iluminación mediante tecnología LED de los pilotos traseros, que le otorgan una apariencia muy actual.

Pero vayamos a lo importante, a lo que se siente desde el puesto del conductor. Hemos tenido ocasión de probar un BMW Z4 sDrive35i, dotado del ya conocido y espectacular motor biturbo de 306 CV, y equipado con una larga lista de extras, entre ellos cambio DKG de doble embrague de siete marchas (2.960 euros) y suspensión adaptativa M (unos 1.500 euros), caracterizada por una reducción de la altura en 10 mm y control de la dureza —en compresión y extensión— de los amortiguadores de gas de doble tubo a través del interruptor del Dynamic Driving Control, que permite seleccionar entre tres modos de funcionamiento: Normal, Sport y Sport +. Según el programa elegido varía la dureza de la suspensión, la asistencia de la dirección, la rapidez del cambio y los parámetros de actuación del control de estabilidad que, en Sport +, activa por defecto la función DTC, con la que se puede realizar una conducción sumamente deportiva gracias a que la electrónica sólo interviene si realmente es necesario, e incluso permite el deslizamiento controlado del tren trasero. Del prodigioso motor poco podemos decir que no hayamos contado ya, salvo que su sonido en esta ocasión es todavía más deportivo gracias a un afinado sistema de escape que, sobre todo a cielo abierto, nos permite disfrutar como niños de su sinfonía desde el momento en que arrancamos. El cambio resulta perfecto por respuesta, inmediatez y suavidad, aunque, debido a que la consola central es relativamente alta, al manejarlo en modo manual-secuencial es fácil apretar involuntariamente con el brazo el mando del iDrive, con el que se controlan las funciones telemáticas del coche, incluido el acceso a Internet o el completo navegador Professional con gráficos en 3D y pantalla abatible de 8,8 pulgadas. Por suerte, las levas del volante son de serie en todas las versiones automáticas. Los otros dos motores pueden disponer de una caja automática de convertidor de par.

Como en todo BMW, el comportamiento es impecable y muy preciso, con una eficacia excepcional y un logrado equilibrio entre trenes. Pero lo que más nos ha sorprendido es que, a pesar de ello, resulta un coche cómodo, incluso con la suspensión en modo deportivo —según BMW, el tiempo de respuesta de los amortiguadores es mínimo, por lo que, cuando la rueda delantera pasa sobre un bache, el sistema es capaz de ajustar a tiempo la dureza del amortiguador posterior antes de volver a pisar dicho bache—, algo que no esperábamos en un modelo de este tipo, y más teniendo en cuenta que incorpora neumáticos Runflat.

El interior del BMW Z4 es uno de los apartados que más ha evolucionado, no sólo por diseño sino también por espacio y por una mayor superficie acristalada —la luna delantera es un 52% más grande que en el anterior BMW Z4—. Las puertas cuentan con un rebaje para garantizar una mayor amplitud a la altura de los codos (4,2 cm), además, el aspecto de la consola central aporta un estilo clásico muy acorde con la personalidad del Z4. Las terminaciones están muy cuidadas, así como los materiales elegidos. El acabado Pure White que se muestra en las fotografías combina tapicería de piel para los asientos con inserciones de madera y cuero a lo largo del salpicadero, así como Alcantara en los revestimientos de las puertas; todo un lujo para los sentidos, aunque para acceder a este nivel hay que desembolsar entre 2.529 y 3.972 euros adicionales, según motorización. Excepto en la versión menos potente, la tapicería de cuero es de serie.

El techo del BMW Z4 está formado por dos piezas de aluminio y su accionamiento corre a cargo de un silencioso sistema electrohidráulico que emplea 20 segundos para abrirlo o cerrarlo completamente a golpe de botón, siempre con el coche parado. Cuando se pliega queda albergado en el maletero, que se reduce entonces de 310 a 180 litros, pero incluso en este caso es posible transportar objetos de hasta 170 cm de largo si se equipa un práctico hueco portaesquíes que ofrece la marca. Sin embargo, la boca de carga en modo descapotable resulta algo reducida para cargar o descargar objetos voluminosos, por lo que, de cara a facilitar esta labor, no es mala idea incorporar una función opcional que permite colocar el techo en una posición intermedia desde el propio mando a distancia. El cierre de la tapa del portaequipajes es eléctrico, otro refinamiento indicativo de que el nuevo BMW Z4 se ha vuelto más aspiracional que nunca.

Pese a que la calidad de realización de las capotas de lona ha llegado a niveles que hace unos años resultaban impensables, era cuestión de tiempo que el BMW Z4 se rindiese al empleo del techo duro retráctil, algo que ofreció desde el principio su más directo rival, el Mercedes SLK, con las ventajas que ello conlleva en cuanto a versatilidad y seguridad. La nueva edición del BMW Z4, por tanto, también hace las veces de coupé, de modo que desaparece el BMW Z4 Coupé.

El nuevo BMW Z4 es más sofisticado y va un paso más allá en términos de refinamiento, tamaño e incluso deportividad, pese a que por el momento BMW ha cancelado el desarrollo de futuras versiones Z4 M. En un principio la gama BMW Z4 estará compuesta por tres variantes mecánicas de seis cilindros en línea, denominadas Z4 sDrive23i, Z4 sDrive30i y Z4 sDrive35i, de 204, 258 y 306 CV, respectivamente. Posiblemente en un futuro hagan su aparición motorizaciones menos potentes, puede que de cuatro cilindros con turbo, aunque todavía es muy pronto para asegurarlo.

Lo que más llama la atención a primera vista en el nuevo BMW Z4 es su cuidado diseño de proporciones clásicas, en el que no falta un largo capó, ni las características branquias laterales presentes tradicionalmente en los roadster de BMW, aunque en este caso su función es meramente estética, ya que no sirven para refrigerar el motor. La zaga rompe completamente con la imagen del BMW Z4 anterior y realza la sensación de anchura, aunque ésta sólo se ha incrementado en un centímetro. Lo que sí ha variado considerablemente es la longitud, nada menos que 15 cm, de manera que estamos ante un automóvil con una mayor presencia, pero que ya no resulta tan compacto. A esto hay que sumar la moderna iluminación mediante tecnología LED de los pilotos traseros, que le otorgan una apariencia muy actual.

Pero vayamos a lo importante, a lo que se siente desde el puesto del conductor. Hemos tenido ocasión de probar un BMW Z4 sDrive35i, dotado del ya conocido y espectacular motor biturbo de 306 CV, y equipado con una larga lista de extras, entre ellos cambio DKG de doble embrague de siete marchas (2.960 euros) y suspensión adaptativa M (unos 1.500 euros), caracterizada por una reducción de la altura en 10 mm y control de la dureza —en compresión y extensión— de los amortiguadores de gas de doble tubo a través del interruptor del Dynamic Driving Control, que permite seleccionar entre tres modos de funcionamiento: Normal, Sport y Sport +. Según el programa elegido varía la dureza de la suspensión, la asistencia de la dirección, la rapidez del cambio y los parámetros de actuación del control de estabilidad que, en Sport +, activa por defecto la función DTC, con la que se puede realizar una conducción sumamente deportiva gracias a que la electrónica sólo interviene si realmente es necesario, e incluso permite el deslizamiento controlado del tren trasero. Del prodigioso motor poco podemos decir que no hayamos contado ya, salvo que su sonido en esta ocasión es todavía más deportivo gracias a un afinado sistema de escape que, sobre todo a cielo abierto, nos permite disfrutar como niños de su sinfonía desde el momento en que arrancamos. El cambio resulta perfecto por respuesta, inmediatez y suavidad, aunque, debido a que la consola central es relativamente alta, al manejarlo en modo manual-secuencial es fácil apretar involuntariamente con el brazo el mando del iDrive, con el que se controlan las funciones telemáticas del coche, incluido el acceso a Internet o el completo navegador Professional con gráficos en 3D y pantalla abatible de 8,8 pulgadas. Por suerte, las levas del volante son de serie en todas las versiones automáticas. Los otros dos motores pueden disponer de una caja automática de convertidor de par.

Como en todo BMW, el comportamiento es impecable y muy preciso, con una eficacia excepcional y un logrado equilibrio entre trenes. Pero lo que más nos ha sorprendido es que, a pesar de ello, resulta un coche cómodo, incluso con la suspensión en modo deportivo —según BMW, el tiempo de respuesta de los amortiguadores es mínimo, por lo que, cuando la rueda delantera pasa sobre un bache, el sistema es capaz de ajustar a tiempo la dureza del amortiguador posterior antes de volver a pisar dicho bache—, algo que no esperábamos en un modelo de este tipo, y más teniendo en cuenta que incorpora neumáticos Runflat.

El interior del BMW Z4 es uno de los apartados que más ha evolucionado, no sólo por diseño sino también por espacio y por una mayor superficie acristalada —la luna delantera es un 52% más grande que en el anterior BMW Z4—. Las puertas cuentan con un rebaje para garantizar una mayor amplitud a la altura de los codos (4,2 cm), además, el aspecto de la consola central aporta un estilo clásico muy acorde con la personalidad del Z4. Las terminaciones están muy cuidadas, así como los materiales elegidos. El acabado Pure White que se muestra en las fotografías combina tapicería de piel para los asientos con inserciones de madera y cuero a lo largo del salpicadero, así como Alcantara en los revestimientos de las puertas; todo un lujo para los sentidos, aunque para acceder a este nivel hay que desembolsar entre 2.529 y 3.972 euros adicionales, según motorización. Excepto en la versión menos potente, la tapicería de cuero es de serie.

El techo del BMW Z4 está formado por dos piezas de aluminio y su accionamiento corre a cargo de un silencioso sistema electrohidráulico que emplea 20 segundos para abrirlo o cerrarlo completamente a golpe de botón, siempre con el coche parado. Cuando se pliega queda albergado en el maletero, que se reduce entonces de 310 a 180 litros, pero incluso en este caso es posible transportar objetos de hasta 170 cm de largo si se equipa un práctico hueco portaesquíes que ofrece la marca. Sin embargo, la boca de carga en modo descapotable resulta algo reducida para cargar o descargar objetos voluminosos, por lo que, de cara a facilitar esta labor, no es mala idea incorporar una función opcional que permite colocar el techo en una posición intermedia desde el propio mando a distancia. El cierre de la tapa del portaequipajes es eléctrico, otro refinamiento indicativo de que el nuevo BMW Z4 se ha vuelto más aspiracional que nunca.

Pese a que la calidad de realización de las capotas de lona ha llegado a niveles que hace unos años resultaban impensables, era cuestión de tiempo que el BMW Z4 se rindiese al empleo del techo duro retráctil, algo que ofreció desde el principio su más directo rival, el Mercedes SLK, con las ventajas que ello conlleva en cuanto a versatilidad y seguridad. La nueva edición del BMW Z4, por tanto, también hace las veces de coupé, de modo que desaparece el BMW Z4 Coupé.

El nuevo BMW Z4 es más sofisticado y va un paso más allá en términos de refinamiento, tamaño e incluso deportividad, pese a que por el momento BMW ha cancelado el desarrollo de futuras versiones Z4 M. En un principio la gama BMW Z4 estará compuesta por tres variantes mecánicas de seis cilindros en línea, denominadas Z4 sDrive23i, Z4 sDrive30i y Z4 sDrive35i, de 204, 258 y 306 CV, respectivamente. Posiblemente en un futuro hagan su aparición motorizaciones menos potentes, puede que de cuatro cilindros con turbo, aunque todavía es muy pronto para asegurarlo.

Lo que más llama la atención a primera vista en el nuevo BMW Z4 es su cuidado diseño de proporciones clásicas, en el que no falta un largo capó, ni las características branquias laterales presentes tradicionalmente en los roadster de BMW, aunque en este caso su función es meramente estética, ya que no sirven para refrigerar el motor. La zaga rompe completamente con la imagen del BMW Z4 anterior y realza la sensación de anchura, aunque ésta sólo se ha incrementado en un centímetro. Lo que sí ha variado considerablemente es la longitud, nada menos que 15 cm, de manera que estamos ante un automóvil con una mayor presencia, pero que ya no resulta tan compacto. A esto hay que sumar la moderna iluminación mediante tecnología LED de los pilotos traseros, que le otorgan una apariencia muy actual.

Pero vayamos a lo importante, a lo que se siente desde el puesto del conductor. Hemos tenido ocasión de probar un BMW Z4 sDrive35i, dotado del ya conocido y espectacular motor biturbo de 306 CV, y equipado con una larga lista de extras, entre ellos cambio DKG de doble embrague de siete marchas (2.960 euros) y suspensión adaptativa M (unos 1.500 euros), caracterizada por una reducción de la altura en 10 mm y control de la dureza —en compresión y extensión— de los amortiguadores de gas de doble tubo a través del interruptor del Dynamic Driving Control, que permite seleccionar entre tres modos de funcionamiento: Normal, Sport y Sport +. Según el programa elegido varía la dureza de la suspensión, la asistencia de la dirección, la rapidez del cambio y los parámetros de actuación del control de estabilidad que, en Sport +, activa por defecto la función DTC, con la que se puede realizar una conducción sumamente deportiva gracias a que la electrónica sólo interviene si realmente es necesario, e incluso permite el deslizamiento controlado del tren trasero. Del prodigioso motor poco podemos decir que no hayamos contado ya, salvo que su sonido en esta ocasión es todavía más deportivo gracias a un afinado sistema de escape que, sobre todo a cielo abierto, nos permite disfrutar como niños de su sinfonía desde el momento en que arrancamos. El cambio resulta perfecto por respuesta, inmediatez y suavidad, aunque, debido a que la consola central es relativamente alta, al manejarlo en modo manual-secuencial es fácil apretar involuntariamente con el brazo el mando del iDrive, con el que se controlan las funciones telemáticas del coche, incluido el acceso a Internet o el completo navegador Professional con gráficos en 3D y pantalla abatible de 8,8 pulgadas. Por suerte, las levas del volante son de serie en todas las versiones automáticas. Los otros dos motores pueden disponer de una caja automática de convertidor de par.

Como en todo BMW, el comportamiento es impecable y muy preciso, con una eficacia excepcional y un logrado equilibrio entre trenes. Pero lo que más nos ha sorprendido es que, a pesar de ello, resulta un coche cómodo, incluso con la suspensión en modo deportivo —según BMW, el tiempo de respuesta de los amortiguadores es mínimo, por lo que, cuando la rueda delantera pasa sobre un bache, el sistema es capaz de ajustar a tiempo la dureza del amortiguador posterior antes de volver a pisar dicho bache—, algo que no esperábamos en un modelo de este tipo, y más teniendo en cuenta que incorpora neumáticos Runflat.

El interior del BMW Z4 es uno de los apartados que más ha evolucionado, no sólo por diseño sino también por espacio y por una mayor superficie acristalada —la luna delantera es un 52% más grande que en el anterior BMW Z4—. Las puertas cuentan con un rebaje para garantizar una mayor amplitud a la altura de los codos (4,2 cm), además, el aspecto de la consola central aporta un estilo clásico muy acorde con la personalidad del Z4. Las terminaciones están muy cuidadas, así como los materiales elegidos. El acabado Pure White que se muestra en las fotografías combina tapicería de piel para los asientos con inserciones de madera y cuero a lo largo del salpicadero, así como Alcantara en los revestimientos de las puertas; todo un lujo para los sentidos, aunque para acceder a este nivel hay que desembolsar entre 2.529 y 3.972 euros adicionales, según motorización. Excepto en la versión menos potente, la tapicería de cuero es de serie.

El techo del BMW Z4 está formado por dos piezas de aluminio y su accionamiento corre a cargo de un silencioso sistema electrohidráulico que emplea 20 segundos para abrirlo o cerrarlo completamente a golpe de botón, siempre con el coche parado. Cuando se pliega queda albergado en el maletero, que se reduce entonces de 310 a 180 litros, pero incluso en este caso es posible transportar objetos de hasta 170 cm de largo si se equipa un práctico hueco portaesquíes que ofrece la marca. Sin embargo, la boca de carga en modo descapotable resulta algo reducida para cargar o descargar objetos voluminosos, por lo que, de cara a facilitar esta labor, no es mala idea incorporar una función opcional que permite colocar el techo en una posición intermedia desde el propio mando a distancia. El cierre de la tapa del portaequipajes es eléctrico, otro refinamiento indicativo de que el nuevo BMW Z4 se ha vuelto más aspiracional que nunca.

Pese a que la calidad de realización de las capotas de lona ha llegado a niveles que hace unos años resultaban impensables, era cuestión de tiempo que el BMW Z4 se rindiese al empleo del techo duro retráctil, algo que ofreció desde el principio su más directo rival, el Mercedes SLK, con las ventajas que ello conlleva en cuanto a versatilidad y seguridad. La nueva edición del BMW Z4, por tanto, también hace las veces de coupé, de modo que desaparece el BMW Z4 Coupé.

El nuevo BMW Z4 es más sofisticado y va un paso más allá en términos de refinamiento, tamaño e incluso deportividad, pese a que por el momento BMW ha cancelado el desarrollo de futuras versiones Z4 M. En un principio la gama BMW Z4 estará compuesta por tres variantes mecánicas de seis cilindros en línea, denominadas Z4 sDrive23i, Z4 sDrive30i y Z4 sDrive35i, de 204, 258 y 306 CV, respectivamente. Posiblemente en un futuro hagan su aparición motorizaciones menos potentes, puede que de cuatro cilindros con turbo, aunque todavía es muy pronto para asegurarlo.

Lo que más llama la atención a primera vista en el nuevo BMW Z4 es su cuidado diseño de proporciones clásicas, en el que no falta un largo capó, ni las características branquias laterales presentes tradicionalmente en los roadster de BMW, aunque en este caso su función es meramente estética, ya que no sirven para refrigerar el motor. La zaga rompe completamente con la imagen del BMW Z4 anterior y realza la sensación de anchura, aunque ésta sólo se ha incrementado en un centímetro. Lo que sí ha variado considerablemente es la longitud, nada menos que 15 cm, de manera que estamos ante un automóvil con una mayor presencia, pero que ya no resulta tan compacto. A esto hay que sumar la moderna iluminación mediante tecnología LED de los pilotos traseros, que le otorgan una apariencia muy actual.

Pero vayamos a lo importante, a lo que se siente desde el puesto del conductor. Hemos tenido ocasión de probar un BMW Z4 sDrive35i, dotado del ya conocido y espectacular motor biturbo de 306 CV, y equipado con una larga lista de extras, entre ellos cambio DKG de doble embrague de siete marchas (2.960 euros) y suspensión adaptativa M (unos 1.500 euros), caracterizada por una reducción de la altura en 10 mm y control de la dureza —en compresión y extensión— de los amortiguadores de gas de doble tubo a través del interruptor del Dynamic Driving Control, que permite seleccionar entre tres modos de funcionamiento: Normal, Sport y Sport +. Según el programa elegido varía la dureza de la suspensión, la asistencia de la dirección, la rapidez del cambio y los parámetros de actuación del control de estabilidad que, en Sport +, activa por defecto la función DTC, con la que se puede realizar una conducción sumamente deportiva gracias a que la electrónica sólo interviene si realmente es necesario, e incluso permite el deslizamiento controlado del tren trasero. Del prodigioso motor poco podemos decir que no hayamos contado ya, salvo que su sonido en esta ocasión es todavía más deportivo gracias a un afinado sistema de escape que, sobre todo a cielo abierto, nos permite disfrutar como niños de su sinfonía desde el momento en que arrancamos. El cambio resulta perfecto por respuesta, inmediatez y suavidad, aunque, debido a que la consola central es relativamente alta, al manejarlo en modo manual-secuencial es fácil apretar involuntariamente con el brazo el mando del iDrive, con el que se controlan las funciones telemáticas del coche, incluido el acceso a Internet o el completo navegador Professional con gráficos en 3D y pantalla abatible de 8,8 pulgadas. Por suerte, las levas del volante son de serie en todas las versiones automáticas. Los otros dos motores pueden disponer de una caja automática de convertidor de par.

Como en todo BMW, el comportamiento es impecable y muy preciso, con una eficacia excepcional y un logrado equilibrio entre trenes. Pero lo que más nos ha sorprendido es que, a pesar de ello, resulta un coche cómodo, incluso con la suspensión en modo deportivo —según BMW, el tiempo de respuesta de los amortiguadores es mínimo, por lo que, cuando la rueda delantera pasa sobre un bache, el sistema es capaz de ajustar a tiempo la dureza del amortiguador posterior antes de volver a pisar dicho bache—, algo que no esperábamos en un modelo de este tipo, y más teniendo en cuenta que incorpora neumáticos Runflat.

El interior del BMW Z4 es uno de los apartados que más ha evolucionado, no sólo por diseño sino también por espacio y por una mayor superficie acristalada —la luna delantera es un 52% más grande que en el anterior BMW Z4—. Las puertas cuentan con un rebaje para garantizar una mayor amplitud a la altura de los codos (4,2 cm), además, el aspecto de la consola central aporta un estilo clásico muy acorde con la personalidad del Z4. Las terminaciones están muy cuidadas, así como los materiales elegidos. El acabado Pure White que se muestra en las fotografías combina tapicería de piel para los asientos con inserciones de madera y cuero a lo largo del salpicadero, así como Alcantara en los revestimientos de las puertas; todo un lujo para los sentidos, aunque para acceder a este nivel hay que desembolsar entre 2.529 y 3.972 euros adicionales, según motorización. Excepto en la versión menos potente, la tapicería de cuero es de serie.

El techo del BMW Z4 está formado por dos piezas de aluminio y su accionamiento corre a cargo de un silencioso sistema electrohidráulico que emplea 20 segundos para abrirlo o cerrarlo completamente a golpe de botón, siempre con el coche parado. Cuando se pliega queda albergado en el maletero, que se reduce entonces de 310 a 180 litros, pero incluso en este caso es posible transportar objetos de hasta 170 cm de largo si se equipa un práctico hueco portaesquíes que ofrece la marca. Sin embargo, la boca de carga en modo descapotable resulta algo reducida para cargar o descargar objetos voluminosos, por lo que, de cara a facilitar esta labor, no es mala idea incorporar una función opcional que permite colocar el techo en una posición intermedia desde el propio mando a distancia. El cierre de la tapa del portaequipajes es eléctrico, otro refinamiento indicativo de que el nuevo BMW Z4 se ha vuelto más aspiracional que nunca.

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